jueves, marzo 01, 2018
Flores del más allá
Hace cinco años murió mi amigo Juan Carlos Calderón. Quienes le amamos tenemos presente esta fecha, como la de su cumpleaños. De una forma natural, agradecidos de haber compartido tanto. En estos días a todos nos llegó alguna flor del más allá. Pero es que nunca se va. Una canción suya suena cada minuto en alguna emisora del mundo. O en la música de algún spot, esos anuncios que patrocinan tu programa y serie favoritos. ¿Casualidad?
Calderon, Cacalos llamado así por sus seres queridos, por mí, tuvo —tristemente— una conciencia muy precoz de la muerte. De la suya, de la su hijo Juanín incluso. La premonición llegó en forma de letra. Esa canción se llamaba El pequeño Chopin. Quién sabe si por su genio creador o por una manía terrible pensaba obsesivamente en ella. Como por arte de magia, ayer asistí a un concierto en el que el magnífico violinista belga Wibert Aerts interpretaba, precisamente, el Concerto fúnebre (Hartmann). Otra flor, me dije. En esas sincronías me encuentro siempre a Calderón. En vida podía llegar a ser muy pesado y gruñón... y le adorábamos por ello. Por su encantadora insistencia, por ese afán de sentirse imprescindible y hacerte sentir imprescindible; una vez traspasado el plano de los mortales aparece cuando tiene que estar. Ni antes, ni después. Como la estrella que era, que sigue siendo.
Casi por arte de magia, esta semana unos auriculares nuevos se rompieron y me obligaron a escuchar los arreglos puros de Mediterráneo. En las grabaciones antiguas, el karaoke funciona así: Serrat muy lejos, los arreglos, muy contundentes. Confieso que se me saltaron las lágrimas. Les invito a que prueben el ejercicio. Callen a Serrat. Como dirían los americanos: Fucking great! En las grabaciones antiguas todo era orgánico y nada digital. En ese soundtrack suena un ruido extraño. Es como un crujido, como la aguja del tocadiscos que raspa impertinente el vinilo. A saber qué cosa sería: ¿Un papel arrugado? ¿La grabación de un lápiz sobre el papel de partitura?. Me vinieron a la mente las gamberradas de Cacalos. En el primer disco de Luis Eduardo Aute "Diálogos de Rodrigo y Ximena" (1968) se grabaron los latidos del corazón y por ahí andan, entre guitarras eléctricas y melotrones. Estas cosas me las contaba porque me consideraba una arqueóloga musical, dado que me interesé por una "antigualla"como él. Ese ruido extraño era otra flor, otro guiño póstumo de aquel que siempre fue un mago con la música y sus maravillosas letras. Él hizo magia de sí mismo, de su vida, de sus relaciones con los demás.
Todo lo que tocaba se convertía en oro, le recriminaban chistosamente: "Nada de rey Midas del Pop, que trabajo como un cabrón". Él era un mago y creaba su destino. Nunca se rendía. A eso me enseñó Calderón. A valorarme y no rendirme. A casarme con mis sueños. A ser fiel a mi misma por encima de todo. A ser adolescente eterna, y abandonar la eterna responsabilidad de ser la hermana mayor. Me enseñó el valor de la familia, de los amigos, de los amores que nos brinda Dios. A sentirme segura. Los que le importamos algo siempre lo supimos. Nos quería y lo demostraba. Calderón era capaz de ver lo mejor de los demás, tu tesoro escondido a los ojos del mundo, pero nunca a los suyos. Su magia era tener la conciencia exacta de la grandeza que reside en el fondo de los corazones En los días importantes, su energía siempre está ahí y nos revela tesoros escondidos en la pista secreta de sus canciones.
Territorio violable
No sé en qué punto ha fallado la educación para que la violación les parezca una alternativa de ocio a una manada de descerebrados. En la sociedad Occidental criticamos mucho el Islam porque las mujeres llevan burka, porque las casan sin su consentimiento cuando son niñas, porque viven para servir al hombre sin posibilidad de redención. No miremos tanto afuera.
Lo de aquí tiene su miga, oigan. Atención al escabroso escrito de acusación contra los presuntos violadores, conocidos como La Manada: "bajaron la ropa interior de la joven y le obligaron a realizar felaciones a todos ellos, que también le penetraron, uno anal y vaginalmente, sin usar preservativo y "valiéndose de su superioridad física y numérica" y de la "imposibilidad" de la joven de "ejercer la más mínima resistencia". Ah, claro, lo grabaron. Este detalle no puede faltar en cualquier agresión de nuestros días. Por supuesto, le robaron el móvil para que no pudiera pedir auxilio.
Los whasaps encontrados donde se especifican lo necesario para consumar la infamia no dejan lugar a dudas. Reinoles "baratos", burundanga, cuerdas, "porque claro, querremos violar todos". Teresa Espuch me animó a escribir sobre esto. Difícil no repetirse a estas alturas. Sólo la reflexión final: cómo se trivializa la violación primero por los imputados y luego por sus amiguitos fieles: "follándonos a una entre los cinco, qué puta pasada de viaje" —Os envidio, esos son los viajes guapos. Después, la trivialización llega de manos de algunos comunicadores: La pregunta del periodista Nacho Abad en Espejo Público si "fue sexo consentido o violación" ya es el rizo que hizo estallar las redes sociales ¿Presunción de inocencia? Claro, lo que tu digas, machote. No somos inocentes.
Todos hemos violado a esa joven. Todos somos responsables. Hemos convertido la vida en un puto reality show donde las comidas con los amigos, los platos deliciosos y los encuentros sorpresivos con famosos se retransmiten. Cosificamos la vida.
La vida no es nada, es un paisaje de fondo. Lo que cuenta es la foto de instangram o el video que retransmitimos. Yo que trabajo en esto, que no tengo más remedio que usar las redes y los medios de comunicación masivos y no masivos he optado por quitarme de la foto. Yo no soy la protagonista. No quiero serlo. Mi vida es algo muy privado y solamente me retransmito cuando siento la paz y el convencimiento necesario para ello. Las cosas más importantes de mi vida no han pasado por cámaras, ni grabadoras, ni redes. Los mejores momentos están guardados en el corazón y acaso han logrado traspasar al campo de la palabra, o al relato oral donde todo es menos evidente. Quizá también les pase a ustedes. La mirada de mi hijo recién nacido sobre mi regazo, el estertor del mejor polvo de mi vida, amanecer en el Caribe después de un día de viaje. Nada de eso está en la nube.
Cuando uno es pleno no necesita fotos. Lo del trabajo, obviamente, es otra cosa. Estos jóvenes, culpables o no —no nos metamos encima en un lío por quitarles la palabra presunto del sujeto—miran en derredor y no ven a personas, si no sujetos anónimos a quién utilizar; territorios violables. Prefieren usurpar a amar. Qué triste. ¿No será más bonito que conquistes a la mujer que te gusta con risas y bromas y no con reinoles? El corporativismo masculino es deleznable. Lo peor, es que está anclado en nuestro subconsciente. Para muchos, una mujer de sexualidad abierta es una puerta abierta para tu barbarie. Un estercolero donde tirar tu mierda. Un territorio violable, sí.
Histeria
Resulta enternecedor que en la época victoriana los médicos confundiesen el orgasmo con el paroxismo histérico. Las mujeres, por supuesto, carecían del sentido del placer en la zona genital. El sexo era cosa de hombres en el viejo orden. Esto también ocurría en tiempos de Platón e Hypócrates: la Histeria es tan antigua que figura en los papiros egipcios. Histeria significa literalmente útero. Los antiguos tenían la fantástica teoría de que el útero viajaba por el cuerpo de la mujer, a su bola, causando todo tipo de estropicios, sobre todo si llegaba al pecho. Desfallecimientos, insomnio, retención de fluidos, pesadez abdominal, espasmos musculares, “tendencia a causar problemas” y dolores de cabeza. Esos eran los genéricos síntomas de la Histeria. Todas éramos y somos unas histéricas porque ¿Quién se libra de algunas de estas dolencias?
Por esta misma regla de tres, todos vosotros, hombres del mundo, sois también unos histéricos. En la época victoriana la abstinencia sexual tenía a las mujeres subiéndose por las paredes y a los médicos diagnosticando lo mismo: Histeria. Pero también ocurría en el medievo. Galeno, en el siglo II, lo encontraba especialmente preocupante en viudas, monjas y vírgenes. Mujeres de poderoso fuego interior que corrían el peligro de volverse locas si no se aliviaban con un buen polvo hasta lograr el paroxismo histérico.
El tratamiento prescrito en el XIX era el denominado “masaje pélvico”. Lo que viene a ser una masturbación en toda regla. O sea, estimulación manual en los genitales de la mujer por parte del médico, eso sí, pudorosamente tapados por una cortinilla a modo de telón. Una deliciosa película titulada “Hysteria” narra estos aconteceres, y como un joven y apuesto médico acaba con tendinitis en la muñeca debido a que la mitad de la población femenina londinense pasaba por su camilla con el fin de terminar con tales dolencias. ¿La solución para lograr paroxismos sin que ninguna mano doctoril corriese peligro? El vibrador. Sí, queridos, hemos visto dildos en piedra desde el tiempo de los romanos, pero es en la época victoriana de puritanismo a ultranza cuando surge el vibrador. En lujosos balnearios e incluso asilos, se utilizaban como método sofisticado de sanación y, de esta forma, los médicos pudieron seguir aliviando la histeria de sus pacientes sin perder clientela y salvaguardar su integridad física.
Es retorcido comprobar las vueltas que dieron doctores y sociedad para eludir que la auténtica utilidad del aparatito era la de calmar los ardores. Podrían ser castas, puras y virginales, pero con necesidades fisiológicas. También es triste comprobar como la insatisfacción sexual era algo no contemplado en ningún manual de medicina y aún menos asociado —Oh, horror— a las lindas y delicadas damiselas. Lo cierto es que el famoso vibrador llegó a los hogares antes que las planchas eléctricas o los aspiradores eléctricos. Vamos, que casi es el primer chisme eléctrico que entró en las casas y que la histeria dejó de considerarse enfermedad en el año 1952. Negarle a la mujer la posibilidad de un orgasmo, de sentir placer estaba en consonancia con el papel que jugaba en la sociedad. La fémina era un mero instrumento reproductor, ajena a las decisiones políticas y avances varios. Y la que se salía de ese encuadre era una histérica, adjetivo que, por cierto, aún subsiste.
La libertad y la fiesta del cuerpo engarza con la inteligencia, el estallido creativo, el resplandor de la innovación y las infinitas posibilidades de desarrollo. Negarse al placer es negarse a la vida, es amputar aquello que nos hace humanos y divinos. El orgasmo, nada de paroxismo histérico, bien vale la libertad gloriosa de mujeres y hombres.
Mi yo superior
Desde hace unos días me voy a la cama esperando la cita con mi otro yo, mi yo cuántico. Quiero respuestas y las quiero ya. Así que con estudiado respeto me dirijo a este otro elemento superior que es la mejor versión de mi misma, la más adelantada, la que toma las decisiones correctas y le suplico, por favor, por favor, (espejito, espejito) muéstrame cual será el mejor de mis futuros posibles. Lamentablemente, los sueños no me devuelven respuestas muy claras, imagino que tendré que depurar la técnica. Es lo que toda la vida Dios se ha denominado "consultarlo con la almohada"
A Malet, premio Nobel 20106, físico y experto en la mecánica de los fluidos, por fin le han reconocido sus teorías pero muchos lo tomaron por un iluminado no hace tanto. ¿Conocen la Ley del desdoblamiento? Malet sostiene que tenemos dos tiempos diferentes a la misma vez. Un segundo en un tiempo consciente y miles de millones de segundos en otro tiempo imperceptible, en el que hacemos cosas cuya experiencia pasamos luego al consciente. Esta teoría explica de un modo científico —que me costaría horrores reproducir aquí—el por qué de los "Dejà vu", las premoniciones, las intuiciones e incluso los flechazos.
Ese alguien te impacta porque tu yo cuántico ya lo ha vivido todo antes que tú, porque, aunque tu memoria consciente lo haya olvidado, tu memoria subconsciente tiene muy presente los besos, los olores, las sábanas, los coitos, las promesas de amor y casi también todo el caos que sobreviene después: el desengaño, el dolor, las lágrimas y la depresión. No es flechazo, es que te vas de cabeza a vivir lo que ya conoces. Como nos gusta lo malo conocido. En el 2006 la revista American Institute of Physics de Nueva York y su comité científico validaron la teoría de Malet.
Llevo días escuchando a este francés quien asegura que existen infinitos planos de realidad. Existen cientos de "yoes" pululando alrededor. No los vemos, pero están ahí. Hay una miríada de opciones y de mundos posibles que coexisten en otros cientos de planos y tu yo cuántico te las acerca en sueños para que aceptes, por ejemplo, que lo mejor que pudo ocurrir fue la ruptura. Y así le das una oportunidad a tu yo consciente de abrirse a otros caminos. El yo cuántico te dice, mira tonta, esto es lo que te hubiese pasado si hubieras seguido con fulanito. Y como un fantasma de las navidades futuras, te ves a ti misma, onírica, atrapada en un bucle de frustración y aburrimiento. Imagino a Puigdemont desde hace meses escondido tras su flequillo cuántico y preguntándose por el mejor de los futuros posibles. Las greñas no le dejan ver el bosque, está claro.
Por mucho que Malet haya desarrollado esta maravillosa teoría con la que todos podemos auto ayudarnos, hay seres atrapados en un enorme ego. Ese ego que crea el fantasma de la dualidad. Ellos son malos, yo soy el bueno. Ese ego que te engaña y te lleva siempre al desastre. Despertemos. No hay otros. No hay enemigos imaginarios. Asumamos la responsabilidad. Nosotros somos los auténticos creadores de nuestra vida. Quien siembra vientos, recoge tempestades. Es lógico que en ocasiones uno se sienta perdido. En ese caso, escuchen a su intuición más que a su razón. Piensen en Malet. Pongan a dialogar a su consciente con su yo cuántico y se producirá un intercambio de información que —si su ego lo permite—le anticiparán el mejor presente posible. Y no es magia, sostiene Jean Pierre: "en física se llama hiperincusión y está perfectamente demostrada".
La bestia sutil
Siempre sucede del mismo modo. Ellos son hombres poderosos, ellas mujeres vulnerables en pos de un sueño, metidas en carreras de máxima competitividad. Quien no haya sentido la viscosidad del acoso en sus carnes que levante la mano, porque a mi ya me faltan dedos de la mía. Ese superior responsable que te toca el culo, ese señor de altísimo rango que aprovecha cuando te sientas a su lado para tomar notas y deja caer su mano distraída pero férrea en tu pierna, aquel que te pide que seas su novia aunque seas treinta años menor y él más feo que una alpargata, o aquel que, ya que estás de viaje de trabajo, te llevo de vinos y te pido que me des un piquito una y otra vez, una y otra vez, y te someto a una persecución persistente la semana que estás fuera de casa. Esto ocurre a diario sin más, de un modo inexorable.
Por eso la igualdad de la mujer en los puestos de trabajo sigue siendo una falacia. Porque nosotras queremos prosperar y ellos lo saben. Porque hasta Gwyneth Paltrow guardó silencio cuando Harvey Weinstein se propasaba en sus muestras de afecto. No quería perder su papel en Emma y, no sólo eso, el ogro le dio su rol protagonista en Shakespeare in love y ella lo recordó durante el minuto de agradecimientos cuando recogió su Oscar, así, tan digna. Porque algunas tienen claro que han de pagar un peaje por llegar a lo más alto. O incluso por sobrevivir. Porque ellos saben medir. Weinstein recibía en bata a sus estrellas, completamente desnudo, o las invitaba a un hotel para una reunión y lo que se terciara, pero con algunas llegó un poco más lejos: A Ashley Jud le pidió un masaje. A otras las violó, como sucedió con Asia Argento. Fin del camino.
No me sorprende el caso de Weinstein, su frente lleva el letrero de "soy un puto acosador. Lo verdaderamente chocante es el silencio cómplice que les ha permitido a personas como él jugar a ser los poderosos y tu la pringada. Así durante décadas. Como si formase parte de una convención no escrita. Una regla subyacente en las relaciones labores de determinados hombres con mujeres. Hemos conocido recientemente las 368 víctimas de acoso sexual de gimnastas rítmicas en Estados Unidos. Las atletas Jessica Howard y Jamie Dantzscher o Mac Kayla Maroney contra Larry Nassar. O el de la gimnasta ucraniana Tatiana Gutsu violada por el campeón olímpico Vitaly Sherboa alos 15 años, quien asegura haberse sentido en una cárcel los 27 que ha permanecido callada.
Este es un círculo vicioso interminable. Dudo que alguna vez llegue a su fin. Tú me necesitas para subir, así que harás lo que sea necesario, y yo pienso sacar tajada de ello. No me vas a denunciar porque no tienes pruebas, pero como me has rechazado una y otra vez, te voy a joder todo lo que pueda el resto de tu vida. Ellos son culpables, por supuesto, pero hacer la vista gorda es aún peor. De hecho, me sonrojo al recordar algunos casos vividos y me siento incapaz de hacer daño, no al agresor, sino a sus familias. Me digo, total no fue nada, una tontería. El agresor listo es una bestia sutil, conoce los métodos para que parezca, efectivamente, que no es nada, que es una tontería pero ¿Por qué hemos de aguantar aún semejantes situaciones? ¿Qué culpabilidad o complejo de inferioridad subsiste en nosotras para todavía tolerar palabras y manoseos fuera de tono ? Mujeres del mundo, despertad. El peaje a pagar sólo está en vuestra cabezas.
Mosso bueno, mosso malo
Me ha caído la del pulpo. Se me ha ocurrido decir que Trapero me pone y, madre mía, como se ha puesto el personal en las redes sociales. Eso sí, las señoras, la mayoría de ellas, me han dado la razón porque, por muy independentista que sea, por muy de saltarse las normas a la torera que sea, Trapote está bueno. Tiene ese punto viril, masculino, basto y algo animal que, por lo menos, a mi me encanta.
Queridos míos, con algo hemos desengrasar este panorama que nos tiene a todos de los nervios. Esta tensión insostenible entre los que queremos el AVE soterrado aunque las obras sean molestas y los que no se creen que las obras sean transitorias y entre los que amamos este país crujiente, caliente, diverso y plural que se llama España y aquellos que no se sienten españoles. La mayoría de ellos son jóvenes, incluso de mi quinta. Sus antepasados son de Jaén o Calatayud o Jumilla o Cáceres pero, quien sabe porqué, sólo se sienten catalanes y no quieren sentirse otra cosa.
Imagino que quitarse la etiqueta de charnego ha sido imperativo para algunos, así como pronunciar y escribir un correcto catalán (al final muchos de ellos no escriben bien ni el castellano ni el catalán). ¿Es una cuestión de complejos? ¿De dorarles la píldora a todos esos nombres que desde el feudalismo les han jodido y bien jodidos?¿Por qué se empeñan en buscar fuera al enemigo? El enemigo siempre ha estado dentro y son esos poderosos que siempre lo fueron y que gracias a proceder de una familia de sangre pura ostentan un cargo con sueldos de muchos ceros. Y sé de lo que hablo. Conozco casos concretos, con nombres y apellidos. Y de los otros, también. Queridos míos, amo el catalán, a sus autores, su lengua, sus campos, sus vinos, sus costumbres, sus playas pero es que eso forma parte de nuestra maravillosa España.
Yo no quiero ser sólo murciana. Quiero ser catalana y vasca y gallega y castellano-manchega y valenciana y puertorriqueña y neoyorquina y parisina. Quiero tener siete nacionalidades en vez de una y un piso franco en cada ciudad del mundo de la que me he enamorado ¡Pero qué manía de encerrarse en el terruño! Quiero decir que Trapote me pone —menudo apellido catalán, por cierto — y que nos peguemos unas risas y no montemos en cólera. Nos estamos tomando la vida demasiado en serio y la vida es un sueño, es una broma que se termina y que se termina pronto y Puigdemont es ridículo, con su chuleria y su pelo estilo perezoso y ojillos de mofeta ¿Y esas urnas para votar compradas en los chinos que parecen un tupper gigante? Todo es de chicha y nabo, aunque quedan semanas tensas y terribles y me consta que muchas amigos que viven allí lo están pasando mal. Sobre todo aquellos que ya vivieron una posguerra de mierda como la que tuvimos. No hay derecho. Porque yo soy también de donde son mis amigos. Pero volviendo a Trapero, el físico es el físico y Trapero es un señor que se cuida, no tiene michelines a sus 52 años y lleva las cejas perfectamente depiladas (con cera, diría yo) y en todo este invento del referéndum, ese cuerpo y cara de mosso, es lo único capaz de quitarme un poco el estupor. Lo otro, es lo otro, que diríamos aquí. El murciano no es tan proteccionista con lo suyo porque somos así: universalistas y adoptamos a quien haga falta. A Trapero, mismamente, si cambia de parecer político, me lo quedo yo.
Saturno
Tu historia es mi historia. Las vidas se parecen tanto las unas a las otras que se sorprenderían. Y todo el mundo quieren que cuenten la suya. Cuántas personas se han acercado a mi y me han dicho la famosa frase: si te cuento mi historia, escribes un libro. Y con algo de cinismo y mala leche les contesto que no es menester. En los últimos siete años me han despedido injustamente de un trabajo que me encantaba, han muerto familiares que quería, ha fallecido mi mejor amigo, me han traicionado personas que amaba y me he divorciado.
Les ahorro los detalles porque, efectivamente, daría para escribir un libro, pero, sobre todo, porque mi biografía y la de casi cualquiera es semejante y más con el terremoto de la crisis a nuestras espaldas. Escucho la nueva canción de Pablo Alborán, “Saturno”, y pienso que vaya una suerte que tenemos los que contamos con una vena creativa porque el desamor nos viene de perlas. Cualquiera que haya sufrido una o varias rupturas puede deducir que esa canción cuenta, efectivamente, su vida. Los cadáveres del abandono, de los amores rotos, siempre son los mismos: los hijos que no se tuvieron, los lugares que no se visitaron juntos, tantas y tantas fotos que quedaron por hacerse, la casa que se hubiese compartido.
El aborto del amor es el más cruel de los destinos. Es matar a un niño no nacido. O sea, matar la esperanza, el futuro. Aunque claro, como canta Pablo: "tuve tantos momentos felices que olvido lo triste que fue darte de mi alma, lo que tú echaste a perder".
Si vives en misma ciudad que te enamoraste y te despreciaron todo es un recordatorio permanente: aún se oyen los gritos de amor, no en Plutón, sino en el viejo barrio, en una playa; besos en la calle o en la ladera de un monte…Uno quiere pasar página pero hay demasiados cadáveres aún calientes por todos los rincones. Alborán dice que se interesó por la leyenda de Saturno, el que se comía a sus hijos. Las historias de desamor tienen eso en común: en ocasiones sientes como alguien monstruoso te desolla las entrañas para comerte crudo.
¿A quién se come Saturno? a su propio hijo no nacido. Los rompeamores son Saturnos. Unos monstruos sin corazón. No empieces algo si no estás convencido de ello. No utilices. Por otro lado, todos los que somos del signo Sagitario hemos tenido al puto Saturno retrógrado durante 3 años haciéndonos la puñeta. Con todas mis amigas Sagitario lo comento: hemos sufrido debacles increíbles. Unas más que otras. Aún cruzo los dedos para llegar a final de año con vida.
Los astrólogos, sin embargo, coinciden en señalar que Saturno es el maestro del Karma: el pasado que regresa a tu vida, conflictos no resueltos y la imperiosa necesidad de ejecutar lo que tantos años atrás has ido posponiendo. Los procastinadores perecen. Saturno te obliga a ordenarte, estructurarte y te da lecciones imposibles de olvidar. Saturno te pone a los pies de los caballos y a los pies de tus citas a esos tipos que no te convienen —una amiga los denomina follapavas —para que aprendas a esquivar de una jodida vez ese pedrusco. Todos hemos sufrido“saturnos” en nuestra vida. Esas vivencias que dejan cicatrices en vez de huellas. Todos hemos querido perdernos en la galaxia de los futuros hermosos y hemos dado con los pies en el polvo, sin una ilusión con fundamento que llevarse a la boca. Lo dicho: tu historia es mi historia y con todas, efectivamente, se escriben muchos, muchos libros.
Fallos de concordancia
Y la esperanza explota como una olla a presión. Hay caminos de no retorno. Noticias de no retorno. Uno puede sobrevivir a ellas, sobrellevarlas, aprender los días sin esa ilusión que brotaba del corazón. Es inútil que todos te digan: tranquilo, todo pasará. Porque no pasa. O si, pero uno ya no es el mismo. En la vida todo es cuestión de tiempos, de ritmo y también de concordancia. Un fallo de concordancia es que tu corazón se incline al lado derecho de tu cuerpo. Tu corazón se mete donde no le toca y el resultado es la vida en un puño. Sabes que tarde o temprano algo dentro de ti se resquebrajará. Un fallo de concordancia es que los habitantes de un mismo pedazo de tierra denominen patria a tierras supuestamente distintas.
Un fallo de concordancia es que uno ame y no lo amen. Que uno aporte y los otros no, que tu mente vaya por un lado y tu cuerpo por el suyo: terco y desobediente. Los humanos somos distópicos y discordantes y ese es nuestro encanto, nuestra magia, salvo cuando esa discordancia conduce al caos. En los últimos días he visto ejemplos de separatismo por todos sitios; con las amistades, con los compañeros, con las sociedades y con ese parlament que dice representar a todos los catalanes. Soy la primera a la que le cuesta tomar partido por determinadas personas, por determinadas causas. Me encanta vivir en mi neutralidad y, en todo caso, trazar puentes y conseguir esa meta tan absurdamente ambiciosa de que todo el mundo se lleve bien. Pero hay puntos de no retorno, como el que vive nuestro país estos días. Pase lo que pase, ya nada será como antes. Hay momentos en los que es obligatorio elegir, tomar partido. Has de apostar por lo que te salva o te destruyes.
La discordancia mata al ser humano. La incoherencia le vuelve loco, bipolar, ansioso. La inconsciencia produce binomios tan antipáticos y sobrecogedores como el de Trump-Kim Jong Un; Por cierto, lean los dos apellidos en voz alta ¿No suena a mascletá? Las palabras son sabias. Conviene de vez en cuando apearse de nuestro ego, de esas certezas que apenas son ilusiones que —lejos de darnos paz— siembran nuestra vida de vallas insalvables. La cabezonería nos estalla en el corazón, igual que la esperanza. Pero somos nosotros los artificieros suicidas de semejante ruina. Acabemos ya con el terror psicológico heredado, con el auto boicot. Abandonemos esa mecha encendida, la cuenta atrás, la que nos desconcierta, la que nos provoca el insomnio, el estrés, las enfermedades autoinmunes, los miedos inventados. Los miedos que son la trampa mortal más peligrosa que existe. Nos empeñamos en hacernos listas: para ser feliz, para tener una vida sexual saludable, para adelgazar, para comprar lo imprescindible;tips de ahorro, de limpieza, de belleza; listas de lo que hay que ver, leer, comer. Apps que nos miden el consumo calórico, los pasos andados y los pensamientos perdidos. Para qué tanto.
Queridos, en esta vida hay que elegir. Es imposible llegar a todo, no somos súper hombres ni falta que hace. No tiene porque caerte bien todo el mundo y, por supuesto, hay que perder esa manía de decir que sí a todo. Un "NO" ahorra muchos fallos de concordancia con uno mismo y nos pone más guapos y contentos. Es estupendo querer agradar a los demás pero siempre sin perder de vista la propia coherencia y esa famosa frase de Sam de Sexo en Nueva York: Te quiero mucho pero me quiero mucho más a mi.Esa es la única concordancia imprescindible.
¿Qué hacías en el 92?
Esta semana se ha conmemorado el 25 aniversario de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Barcelona 92. Aquel año fue glorioso por muchos motivos. España brillaba en el panorama Internacional lejos de las futuras FILESAS y MALESAS. Además teníamos la Expo, todos los murcianos regresaban emocionados de los chufletazos de agua que les tiraban en Sevilla para apaciguar el calor. Cuanta modernez y cuanta cola.
Todavía éramos inexpertos en Parques Temáticos. No existía Port Aventura, ni Eurodisney, así que eso de las colas para ver pabellones nos parecía un justo sacrificio en pos del enriquecimiento cultural. Hoy día, sin montaña rusa o waikiki splash no nos esforzamos tanto pero recordad cuando hasta para ver una exposición de Velázquez la gente esperaba pacientemente ¿Qué ha quedado de esa España inquieta y brillante?
Yo por mi parte ni visité la Expo ni las Olimpiadas, trabajé de becaria cubriendo festivales de Flamenco con gloriosas entrevistas a Tomatito, José Mercé, Enrique Morente y mi adorada Merche Esmeralda. El apasionante mundo del periodismo cultural, de noches sin dormir en La Unión.
No existían los teléfonos móviles, ni las cámaras digitales. Siempre estaban las socorridas cabinas, aquel tipo del bar que se solidarizaba contigo y no sólo te hacía de cuartel general sino que te invitaba a comer. Incluso si se retrasaba mucho un evento podías dictarle tu crónica a una teclista. Los gallos cantaban al alba y los días eran un tumulto de páginas, personajes y taxistas.
No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor, sin embargo, estoy convencida que la marca España debería rescatar ese espíritu del 92, ese empoderamiento de querer y poder ser los mejores; superar marcas y crear nuevos retos. Hemos de salir del engandulamiento generalizado que percibo en quienes persiguen sus sueños. Lo quieren todo, lo quieren ya pero que trabaje otro. Millenials, os diré un secreto: el éxito fácil es un badulaque de secretos y mentiras. Como viene, se va. Hay que recuperar ese poderío de Freddy Mercury y Caballé. Como dice Víctor Küper, pon a brillar tu bombilla, enciéndete y lúcete, España. Ya está bien de tanta crisis, que el mundo nos mire y exclame de nuevo: ¡Ole y ole!.
Todavía éramos inexpertos en Parques Temáticos. No existía Port Aventura, ni Eurodisney, así que eso de las colas para ver pabellones nos parecía un justo sacrificio en pos del enriquecimiento cultural. Hoy día, sin montaña rusa o waikiki splash no nos esforzamos tanto pero recordad cuando hasta para ver una exposición de Velázquez la gente esperaba pacientemente ¿Qué ha quedado de esa España inquieta y brillante?
Yo por mi parte ni visité la Expo ni las Olimpiadas, trabajé de becaria cubriendo festivales de Flamenco con gloriosas entrevistas a Tomatito, José Mercé, Enrique Morente y mi adorada Merche Esmeralda. El apasionante mundo del periodismo cultural, de noches sin dormir en La Unión.
No existían los teléfonos móviles, ni las cámaras digitales. Siempre estaban las socorridas cabinas, aquel tipo del bar que se solidarizaba contigo y no sólo te hacía de cuartel general sino que te invitaba a comer. Incluso si se retrasaba mucho un evento podías dictarle tu crónica a una teclista. Los gallos cantaban al alba y los días eran un tumulto de páginas, personajes y taxistas.
No creo que cualquier tiempo pasado fuera mejor, sin embargo, estoy convencida que la marca España debería rescatar ese espíritu del 92, ese empoderamiento de querer y poder ser los mejores; superar marcas y crear nuevos retos. Hemos de salir del engandulamiento generalizado que percibo en quienes persiguen sus sueños. Lo quieren todo, lo quieren ya pero que trabaje otro. Millenials, os diré un secreto: el éxito fácil es un badulaque de secretos y mentiras. Como viene, se va. Hay que recuperar ese poderío de Freddy Mercury y Caballé. Como dice Víctor Küper, pon a brillar tu bombilla, enciéndete y lúcete, España. Ya está bien de tanta crisis, que el mundo nos mire y exclame de nuevo: ¡Ole y ole!.
Caminante no hay camino
Machado cada día más grande. Los nacionalismos, más pequeños. Más estúpidos. Caminante no hay camino porque la meta es el camino y el pobre Antonio, enterrado en Collioure, no solo fue repudiado por la derecha rancia. También lo es por la izquierda rancia. Y no me extraña. Los grandes generan crispaciones en todos los bandos. Los grandes no son de izquierdas ni de derechas. Son grandes, son universales. Es algo que las mentes pacatas no toleran. Ellos tienen que dividir el mundo con sus escuadras de ignorancia. Dividir los mantiene a salvo, o eso creen. Pero los radicalismos no se perdonan entre ellos. Resulta incomprensible que llevemos ya más de 2.000 años de civilización occidental. No se aprende nada. Los radicalismos conducen al odio y de ahí al lado oscuro que proclamaba Yoda. Ombligo, ombligo, ombligo. Cuando más te lo miras más monumental es la hostia ¿No lo habéis visto? ¿No lo veis en Venezuela, no lo veis con el tontucio de Trump, con el horror de Daesh? ¿No lo visteis con Lehman Brothers? El bien común no solo es una utopía, es una regla de supervivencia.
Machado cada día más grande, les dije no hace mucho a un grupo de profesores de secundaria. Y se me erizó la piel. Ante tanta literatura basura de consumo rápido, el noble verso -simple, castellano, repleto de verdad, auténtico y reflexivo- sobrevive. Así pasen mil años. Y los literatos, esos que viven del consumo rápido, que escriben novelitas de encargo para ganarse unas perricas, morirán de aburrimiento y de soledad porque la soledad del escritor es carecer de lectores. Las críticas buenas no te salvan. Lo que te da la vida son los ojos del otro.
Machado cada día más grande y cada día más grande es mi certeza de que las modas literarias, los autores verdaderos, siembran de verdades y futuro el camino de la humanidad. Lo demás es bazofia. Las verdades universales que nos tocan a todos y que dejarán mudos a los estúpidos que cierran fronteras y bocas. Aquellos que llenan la mente de sus paisanos y simpatizantes de odio y necedad.
Machado el taoísta, contempla el horizonte y sentencia: se hace camino al andar.
Si tú me miras
Si te sostengo la mirada durante más de tres segundos te sentirás intimidado. Te preguntarás qué querrá esta desconocida de mí. Acaso me temas. Por eso, cuando te subes a un ascensor evitas la mirada de los otros. No solo la mía. Repasas las instrucciones de emergencia como si fuese el texto más apasionante del mundo. Cuentas los pisos con tal ímpetu mental que los números resuenan en tu cabeza como tambores: 12, 13, 14, 20. Por favor, que lleguemos ya.
¿Por qué resulta tan molesto que nos miren, así, fijamente? ¿Qué de malo puede ocurrir si me dejo traspasar por una mirada más de tres segundos, incluso cinco, incluso veinte? Podemos estallar en carcajadas, como mucho. Entonces, ¿por qué nuestra educación nos exige marcar distancias con el otro? Pues porque si miras al otro con sinceridad e inocencia te enamoras. Así de simple. Porque el otro siempre nos gusta. Porque el otro es como nosotros. Estamos hechos de la misma sustancia: los mismos temores, los mismos sueños, las mismas pesadillas. Y si haces el amor y te miras a los ojos no hay vuelta atrás. Esas relaciones jamás terminan. Por eso cuando discutes con alguien evitas mirarle a los ojos. Detenerse por un momento en otra mirada es la rendición incondicional.
Hay miradas que engarzan las historias de dos personas mucho más que contratos y papeles. El dúo Burton-Taylor; el de una madre con su hijo cuando le amamanta; las parejas que se dan el sí quiero; aquellos que prueban un manjar al mismo tiempo y el deleite escapa por entre sus párpados; los amigos que comparten un secreto o el contacto visual de aquel que te pide sin vergüenza una respuesta rápida. Una explicación. Busca la verdad en tus ojos, dentro de ellos. Sabe que -duela más, duela menos- la encontrará.
Perdamos terror al contacto visual con los desconocidos. Perdamos el miedo a relacionarnos. Aprovechemos el verano para darle unas largas vacaciones al WhatsApp de las narices, a las redes sociales, el refugio de tantas cobardías. ¿Qué de malo puede ocurrir? ¿Que alguien se moleste?¿Que alguien estalle en carcajadas? ¿Que te enamores?
Despasito
Hoy todo son prisas. Conoces a alguien y ya en la primera cita quiere meterse en tu cama. O en la segunda. Cero galanteo. Es agotador frenar la insistencia por el contacto carnal sin mediar palabras, deseos, pretensiones. Es la cultura del disparo y me largo. Un horror. Con lo divertido que es jugar.
Lo peor es que te invitan a cenar y creen que eso es el pasaporte a entrar entre tus pechos. Accedes a conocer a alguien o muestras curiosidad y lo toman como una ‘green card’ para acceder a tu anatomía. Pues no. Resulta hasta aburrido.
Señores, entiendo que el verano es muy malo. Que llevamos mucha carne al aire y que somos mortales, polvo que va al polvo, ‘carpe diem’, si total son cuatro días, etcétera… Yo lo entiendo todo pero ser divorciada no te convierte en carne de cañón, en pieza de matadero. No estamos locas, no somos unas salidas, no estamos desesperadas y, por supuesto y fundamental, a todas sin excepción nos encanta sentirnos especiales, admiradas y queridas. Las demostraciones de afecto nos entusiasman a todos por igual. Y más aún si son incondicionales. Sin esperar el hueso a cambio. En todo caso, la deliciosa golosina.
Lo hemos convertido todo en una transacción y ustedes quieren que seamos mercancía. No sé qué sentirán el resto de mis compañeras, damas y señoras, imagino que a muchas no les importa el sexo casual o de fin de semana y luego si te he visto no me acuerdo pero me atrevo a escribir esto: nuestra sexualidad es distinta y lleva otro ritmo. El sexo rico no se consigue ni con una ni con dos citas. Como todo lo rico en esta vida se ha de cocinar a fuego lento, seleccionando los condimentos, las palabras, los momentos y, por supuesto, es una alquimia que rara vez se da de forma instantánea. Si tenemos la suerte de encontrar algo así, perfecto, pero ese amor a primera vista es algo completamente excepcional.
Señores, recuperen el instinto de la caza. Señoras (la que quiera) jueguen a esconderse. Sin duda, todo será mucho más divertido. Y que me llamen antigua, que me encanta.
Volare
Se ha marchado Ángel Nieto. Él sabía volar. Como tantos seres humanos anónimos y maravillosos. Otros, vagabundean por la vida sin un mal altercado, ni una taquicardia, ni maripositas en el estómago. Dan pena. Y aún más los que conociendo ese latir desaforado, la ilusión adolescente, el prometedor futuro, optan por la cotidianidad de las lentejas. Las odio. Las lentejas. Y sí, siempre me las dejo. O las congelo para una mejor ocasión y acaban aburridas entre el hielo y el táper.
Domenico Modugno creó aquella gloriosa canción que habla de pintarse la cara y las manos de azul; fundirse con el cielo azul y volar. Pónganla de fondo cuando paseen por la playa o miren a esa persona que aman. Despegarán del suelo, cogerán altura y verán el universo con otros ojos. La felicidad existe y es esta canción.
Pronto se cumple el aniversario de la princesa que también aprendió a volar. ¿Recuerdan qué hacían el día que murió Lady Di? 31 de agosto de 1997. Su adiós fue una nube fría de verano. También se marchó en esos días otra excelente voladora: la madre Teresa de Calcuta. Las dos surcaban el cielo a su modo. Como Nieto, que quemó kilómetros de asfalto, llevado por la osadía de saberse protegido, envuelto en la nube azul «nel blu, dipinto di blu», lanzado a las estrellas.
Es cierto. Volar resulta caro. Y no me refiero al precio de los billetes de avión.
Volar cuesta. Hay que sacudirse el miedo y afrontar las consecuencias que conlleva la fidelidad a uno mismo por encima de las convenciones y el querer agradar a los demás. Pero volar te mantiene joven. A un palmo del suelo, el aire es más limpio. Allí siempre eres una chica. Los besos son más ricos y el cuerpo es templo de manjares y placeres.
Habrá momentos de ofuscación y oscuridad. Surcar el cielo conlleva sus riesgos. Los habrá que nos odien por nuestra osadía. ¿Cómo se atreven? Pero Diana se atrevió hace 20 años. Aunque su alma se estrellase contra el puente del alma, ella quiso y pudo. Desde arriba nos sonríe picarona: «A mí, que me quiten lo volao».
Abrázate
La vida es un ‘remake’. Los que te dañan lo hacen siempre del mismo modo. La traición, el abandono, el ataque, los miedos. Si somos nosotros los malignos acudimos a patrones heredados. Como nos dañaron, dañamos.
Estamos condenados a repetir la secuencia de los horrores hasta que aprendemos de nuestros errores. ¿Cuántas veces se multiplican situaciones casi punto por punto, casi con las mismas frases, las mismas caras?
En nosotros está romper ese ciclo, en frenar el aro que se precipita cuesta abajo camino de despeñarse.
La ola se estrella contra la roca una y otra vez hasta que cambia el viento. Así de simple. Tú eres el viento, has de perdonarte, abrazar tu singularidad, tus defectos, tus errores, tu pasado, tus sombras. Quizá sea preciso una tormenta, un momento de catarsis.
No perdamos un segundo en fustigarnos. Como diría Louise Hay, fallecida esta semana, es cuestión de proclamar con convicción: todo es perfecto en mi mundo. Porque lo es. Si uno lo piensa dos veces, hasta quien nos disgusta y amarga se convierte en nuestro maestro.
El primer paso para romper con todo es mirarte al espejo y enamorarte de ti y tus defectos. Esto va sobre todo para las mujeres y nuestro autodesprecio corporal. Bravo por la ‘instangrammer’ Chessie King, que ha subido sus fotos con un antes y después del retoque. Con un antes y después del cambiar la pose. Bravo por la australiana Taryn Brumfit, protagonista del documental ‘Embrace’; justo antes de acudir al cirujano para arreglar sus pechos caídos y su vientre tras haber parido y amamantado a sus tres hijos se dijo que no, que su cuerpo no estaba mal. Lo que falla es la cabeza, lo que falla son las extremas autoimposiciones en pos de un físico perfecto, irreal.
Tus días pueden ser un ‘remake’ o una noria por la que te mueves como una cobaya aburrida. Pero también pueden ser mágicos y sorprendentes. Si quieres un antes y un después de ti mismo, si te cansaste de tropezar siempre con la misma piedra no busques respuestas en el viento, tú eres el viento. Abrázate: el timón es tuyo, el mundo es tuyo.
Come prima
El verano es la estación del descubrimiento. El primer beso, el primer baño, el primer churro, la primera picadura de medusa, tus primeras quemaduras solares, el primer biquini. Los que tenemos la suerte de vivir con el mar cerca apenas tenemos memoria de esa primera vez que contemplamos un horizonte por la mañana, con el azul en calma y las gaviotas surcando el cielo. Va en nuestro ADN: “porque yo, nací en el Mediterráneo” El olor a bronceador de coco despierta jornadas memorables con mesas plegables, conejo con tomate y tortilla de patatas. Esa primera vez que no veraneas porque no hay posibilidad y descubres la grandeza de esas reuniones familiares con sombrillas sembradas por la arena que crean la urbanización efímera de los tuyos. Después llegará el otoño y las lluvias pero las risas flotan por siempre en el éter de esa felicidad compartida. Las nuevas prohiciones playeras, me temo, lo cambiarán todo. Lo de hacer pipí en el agua no es bonito, lo sé, pero tampoco tan grave: el orín mezclado con la mar salada se convierte en otra sustancia química. Alquimia natural, vamos. Ninguna tragedia ¿Cómo detectar a los que perpetran tal delito? Fácil, observa a aquellos que se meten con el agua hasta la cintura y sonrisa de alivio. Me pregunto si las autoridades costeras piensan crear una política batiscafa que vigile los bajos de la gente y alguna lista de sospechosos reincidentes. Plantar la sombrilla al amanecer para guardar sitio tiene también su punto entrañable. Es lo más cerca que muchos estarán de una verdadera competición en su vida pero ¿Prohibir los castillos de arena? eso sí que no. Es como prohibir la infancia, como prohibir soñar. ¿Recuerdan la satisfacción del constructor? Aquella primera edificación con cuevas, almenas y vasos comunicantes que llenábamos con espuma de mar y decorábamos con chapinas, piedrecitas y algas? Esas primeras veces: castillos, besos, bronceador, biquini y picnics vintage deberían ser declaradas patrimonio inmaterial de la humanidad. Esas primeras veces insobornables llenas de verdad, ilusión y brisa nos representan, nos definen. Igual que ese verano sin veraneo jugando a los “Clicks” en el caluroso balcón de tu casa.
jueves, julio 20, 2017
Relaciones no monógamas
El padre de mi amigo Juan siempre le decía: "hijo mío,
esta vida es un saco de cuernos y cuanto antes lo asumas, mejor"
Esta frase sin duda pertenece al último siglo XX, incluso al
antepenúltimo siglo XIX. Hoy la cosa es distinta.
Los estudiosos del mundo relacional del siglo XXI proponen
un mapa de relaciones a la carta en la que cabe el engaño pero en un grado muy
mínimo. El planteamiento general es el siguiente: esto de la monogamia
consecutiva suele acabar en divorcios consecutivos, así que, para qué narices
nos vamos a complicar la vida con contratos y reglas inmovilistas.
Como en todas las relaciones, la base de esta nueva forma de
intercambiar fluidos, pieles y sentimientos (o no) tienen como base un pacto,
incluso una definición o una etiqueta.
Hoy día tenemos estructuras familiares antiguas como el sol:
la poligamia religiosa (soy mormón o soy el líder de una secta y como tal tengo
derecho a un harén) y la poligamia social (se muere mi hermano y me quedo con
la propia y con la suya, que no se diga que dejamos tirada a la familia).
Pongamos también que a mi me disgusta el Sado Maso pero a él le apasiona, pues
yo, como soy tan moderna, le permito que tenga una ama —siempre y cuando le dé
latigazos y patadas en la espinilla por ser tan gilipollas— que esa pene sólo
se mete en un lugar, en mi lugar para ser exactos. Que yo podría ser ama, pero
el latex, el cuero y las fustas me dan repelús.
Luego pasamos a un término que se ha puesto muy de moda en
los últimos tiempos: las relaciones abiertas, dentro de este apartado
encontramos el ya conocido y polémico poliamor. ¿Para qué vivir con el
remordimiento de la infidelidad? Es una inutilidad. Apostemos por la honestidad
caníbal:
"Hola Hermenegildo, resulta que me he enamorado de Tomás, pero
que os amo a los dos por igual y él me quiere tanto que no le importa
compartirme. Además, si en el fondo tenéis muchas cosas en común ¡¡verás que
bien lo vamos a pasar los tres!!". Aquí no hay cuernos, aquí no hay
engaño. Eso sí, hay que tener un estómago del Cañón del Colorado para afrontar la
situación, e incluso la convivencia ante
semejante panorama. Lo reconozco, debo ser muy antigua, porque si fuera a la
inversa, si Hermenegildo me presenta a Sarita puede que la integridad física de
ambos peligrase.
Vamos, que los puedo asesinar con un destornillador si es que
no encuentro otra cosa más a mano.
Dentro del PoliIamor, como en toda estructura consensuada,
hay de todo. De parejas que admiten a un tercero pero asumiendo que es algo muy
secundario en su estructura original, a tríadas en las que todos tienen la
misma categoría y que pueden ser heteros, homos o bis. Hay estructuras de
Poliamor más o menos rígidas, a las que se pueden ir sumando componentes y los
hay que lo practican sin orden ni concierto. Sin pactos ni obligaciones.
Dentro de las relaciones no monógamas los hay que
"salen con gente" y aquí no media ningún tipo de exclusividad ni
compromiso. Pero también hay parejas establecidas en las que se tolera cierta
libertad sexual: "tú no me cuentes, que no yo te pregunto"; En otras se acepta la conocida regla de los
200 kilómetros: "si mi marido se va de viaje tengo permiso para un
escarceo"; aquí también podríamos incluir la infidelidad o el sexo de
convención. Fíjate tú, hombres y mujeres solos, de viaje de trabajo en enormes
habitaciones de hotel con camas dobles.
Entramos en el apartado de los swingers, que son aquellos
que apuestan tácitamente por el intercambio de parejas. Los hay que acuden a
sofisticadas y carísimas fiestas, como las que organiza la amiga íntima de Kate
Middleton dentro de su empresa "Matando gatitos" (Killing Kittens) y los hay que practican sexo en lugares de
intercambio de parejas pero sólo con su partenaire habitual.
Lo más común, dentro de lo
infrecuente, es el denominado swinging cerrado. Cuernos consentidos con una
pareja amiga, quizá siempre con la misma; O tríos con compañeros de trabajo e
invitados especiales (elementos exóticos que quizá acudan al ágape carnívoro a
cambio de emoluentos, o sólo por curiosidad). En este estilo de vida puede
pasar cualquier cosa: "como soy tu macho dominante te presto a mi amigo Paulo";
"O te llevo para que te
intercambies con otros mientras yo te observo"
El swinging también se da en
el mundo gay, por supuesto, e incluso en
el mundo bi: "Papi se escapa los fines de semana a saunas". Esto
incluso puede entrar en la categoría de "No me cuentes, que yo no te
pregunto" .
Están las famosa play partys
tematizadas al gusto de cada cual: bondage, sado o felaciones en grupo, como
las denominadas fiestas del arco iris, donde chicas con los labios pintados de
colores buscan a los machos para darles placer.
Para los solteros
empedernidos y amantes de su soledad está la solución de siembre. Y no, no me
refiero a la masturbación (que lleva camino de convertirse en una sofisticada
práctica, sólo tenéis que echar un vistazo a la cantidad de vibradores y dildos
masculinos y femeninos que prometen y logran orgasmos intensos y repetidos),
sino al tradicional y casi vulgar sexo esporádico, a los amores de barra y al "si
te he visto no me acuerdo". Esto se está quedando casi tan demodé como la
frase del padre de mi amigo.
Hoy se lleva quererse mucho,
quizá no de un modo intenso —alejados de los dramas dieciochescos y de pasiones
otelianas — pero quererse de buen rollito y compartirse, casi igual que los
niños se intercambian los cromos a la hora del recreo.
Como soy una mala pero una
mala antigua me niego a repartir, a ceder a mi chico para que otra lo domine.
Porque para eso ya estoy yo. El único trío o relación de poliamor que mi mente
admite es con dos macizos locos por mi, heteros hasta las trancas y dotados
física e intelectualmente. A esto le denominaría yo el paraíso de la mala.
Camas letales
Si uno lo piensa bien, el ser humano tiene un punto repugnante. Sobre todo con estos calores y nuestros cuatro kilos de piel empapados en sudor a todas horas. Un tipo llamado Philip Tierno de la Universidad de Nueva York sostiene que sudamos 94 litros al año mientras dormimos. Con lo cual, según Tierno, las camas también son algo repugnante si no cambias las sábanas al menos una vez por semana. Philip dice que es lo mismo que tocar caca de perro. Así que, con esta información en el bolsillo, que cada cual obre en consecuencia.
El microbiólogo señala con el dedo sobre todo a los más jóvenes, esa panda que comparte piso y que es posible que se peleen por zamparse los nachos pero no por poner lavadoras. La cama, que antes era tu lugar de sosiego, de solaz, espacio de paraísos compartidos y de paisajes oníricos, ahora es tu enemigo. Un nido de bacterias. Aunque no duermas en ella. La propia fuerza de la gravedad atrae a tus sábanas el polvo y no precisamente el polvo enamorado.
El Tierno este se podía haber quedado callado porque aunque yo cumplo con la normativa ahora sospecho entre mis sábanas una trepidante actividad de microcriaturas purulentas. Y con este calor, más. Imagina encima si la compartes o si haces otras cosas. Por todos los dioses, ¡la cama es una cloaca!.
Este verano, he decidido dos cosas importantes. Invitar a mi lecho sólo a Gabriel, un maravilloso hombre de plástico que es un poco soso, pero no suda ni emana fluidos raros. Y la otra, comprarme un kukun body, algo así como un esnifador corporal que pita cuando te canta el alerón, para ponérselo a los partenaires de chiringuito. El bicho, inventado por Konica Minolta detecta las pestes antes de que lleguen a tu pituitaria. Si uno lo piensa bien, el ser humano es algo asquerosillo y yo he decidido quedarme este verano en el mundo de las ideas, de las camas vacías (y limpias) y de la gente inodora e insípida. El plan no es muy sarandonga, lo sé, pero me ahorro pestes y bacterias que no veas.
El microbiólogo señala con el dedo sobre todo a los más jóvenes, esa panda que comparte piso y que es posible que se peleen por zamparse los nachos pero no por poner lavadoras. La cama, que antes era tu lugar de sosiego, de solaz, espacio de paraísos compartidos y de paisajes oníricos, ahora es tu enemigo. Un nido de bacterias. Aunque no duermas en ella. La propia fuerza de la gravedad atrae a tus sábanas el polvo y no precisamente el polvo enamorado.
El Tierno este se podía haber quedado callado porque aunque yo cumplo con la normativa ahora sospecho entre mis sábanas una trepidante actividad de microcriaturas purulentas. Y con este calor, más. Imagina encima si la compartes o si haces otras cosas. Por todos los dioses, ¡la cama es una cloaca!.
Este verano, he decidido dos cosas importantes. Invitar a mi lecho sólo a Gabriel, un maravilloso hombre de plástico que es un poco soso, pero no suda ni emana fluidos raros. Y la otra, comprarme un kukun body, algo así como un esnifador corporal que pita cuando te canta el alerón, para ponérselo a los partenaires de chiringuito. El bicho, inventado por Konica Minolta detecta las pestes antes de que lleguen a tu pituitaria. Si uno lo piensa bien, el ser humano es algo asquerosillo y yo he decidido quedarme este verano en el mundo de las ideas, de las camas vacías (y limpias) y de la gente inodora e insípida. El plan no es muy sarandonga, lo sé, pero me ahorro pestes y bacterias que no veas.
Hey (o los todos los hijos de San Jujlio Iglesias)
Algunas teorías sostienen que somos nosotros los que decidimos nacer en una familia o en un entorno determinado con el objetivo de aprender singulares lecciones de vida. Que nada es fortuito. Vamos, que las casualidades no existen y que todo, todo lo que nos acontece, lo inventamos, lo creamos con nuestra fuerza subconsciente y está destinado a nuestra evolución como seres humanos. Así las cosas, no sé qué extraña fuerza empuja a nacer y reproducirse al clan Iglesias. En concreto, a todo lo procreado por Julio “y lo sabes”.
Las circunstancias que envuelven a esta tribu destilan cierto tufo a los Kennedy aunque los irlandeses siempre tuvieron una aureola trágica, casi siniestra. Ni todos los rezos a San Patricio lograron evitar catástrofes personales y muertes prematuras. Hasta las “arrimadas” en momentos puntuales como Jacqueline o Joan fueron arrastradas por las circunstancias adversas de estos fervientes cristianos. Los estudiosos de las constelaciones familiares seguro que encontrarían fascinante viajar por este árbol genealógico plagado de tormentas, incertidumbres y pesadillas.
Pero volvamos a Julio. Cuando habla sube el pan. Lo de colocarse la medalla al mejor amante de todos los tiempos ya da un poco de risa. Por supuesto, por encima de su hijo, que en el fondo es una criatura delicada, le falta añadir. Lo que ocurre, dear, es que eso de presumir a determinadas edades es respetable pero raro. Y, al igual que tu bronceado, aquello de acostarse con cuantas más mujeres mejor, está completamente obsoleto. Además, luego te salen hijos de debajo de las piedras. Algunos insisten con tanta ferocidad que son capaces de escarbar en la basura de tus otros hijos en pos de un rastro de ADN que confirme lo que es más que evidente. Los genes Iglesias cantan por todas partes. Esta semana se ha vuelto a hablar de un —todavía— hijo ilegítimo de Julio. Se trata de Javier Sánchez Santos que acaba de cumplir 40 años y vive en Valencia. Hace un tiempo intentó la aventura musical apelando a su gran parecido con el padre. Julio sigue negando lo innegable pero ahora el abogado del “chaval” anuncia que existe un aprueba de ADN, obtenida en Miami que demostraría la paternidad irrefutable del cantante.
Desde la barrera, con la frialdad y la enorme suerte de no tener nada que ver ni con el clan Kenney ni el clan Iglesias, me pregunto por qué tanto ahínco en que alguien reconozca algo que no quiere reconocer. Ya bastante humillación es que te huyan, te eviten, renieguen de ti, como para desperdiciar tu tiempo en buscar huellas de ADN de ese señor con el fin de demostrar su paternidad.
Ser padres no es algo puramente biológico. Una noche tonta la tenemos todos y eso debió pensar el bravo de Julio. Pero claro, tan demodé como sus extensiones e implantes teñidos, es su filosofía rancia de irresponsable niñato bien. Quizá con ese ego pantagruélico, de verdad se llegó a creer que todas, todas las mujeres querrían tener un hijo suyo. Dudo mucho que se trate sólo de un asunto de dinero. Javier quiere algo más pero ese algo no lo encontrará en el intérprete de “Hey”. Las relaciones con los padres ausentes son siempre frustrantes. Javier, deja de perseguir una vida que no es tu vida y disfruta de lo que tienes. Si los jueces te dan la razón, maravilloso pero, al final, ese vacío no lo llenará el dinero, ni la fama. Sólo hay que echar un vistazo a las gélidas relaciones de Julio con sus hijos. Hey, yo no pelearía jamás por tener un padre así.
Las circunstancias que envuelven a esta tribu destilan cierto tufo a los Kennedy aunque los irlandeses siempre tuvieron una aureola trágica, casi siniestra. Ni todos los rezos a San Patricio lograron evitar catástrofes personales y muertes prematuras. Hasta las “arrimadas” en momentos puntuales como Jacqueline o Joan fueron arrastradas por las circunstancias adversas de estos fervientes cristianos. Los estudiosos de las constelaciones familiares seguro que encontrarían fascinante viajar por este árbol genealógico plagado de tormentas, incertidumbres y pesadillas.
Pero volvamos a Julio. Cuando habla sube el pan. Lo de colocarse la medalla al mejor amante de todos los tiempos ya da un poco de risa. Por supuesto, por encima de su hijo, que en el fondo es una criatura delicada, le falta añadir. Lo que ocurre, dear, es que eso de presumir a determinadas edades es respetable pero raro. Y, al igual que tu bronceado, aquello de acostarse con cuantas más mujeres mejor, está completamente obsoleto. Además, luego te salen hijos de debajo de las piedras. Algunos insisten con tanta ferocidad que son capaces de escarbar en la basura de tus otros hijos en pos de un rastro de ADN que confirme lo que es más que evidente. Los genes Iglesias cantan por todas partes. Esta semana se ha vuelto a hablar de un —todavía— hijo ilegítimo de Julio. Se trata de Javier Sánchez Santos que acaba de cumplir 40 años y vive en Valencia. Hace un tiempo intentó la aventura musical apelando a su gran parecido con el padre. Julio sigue negando lo innegable pero ahora el abogado del “chaval” anuncia que existe un aprueba de ADN, obtenida en Miami que demostraría la paternidad irrefutable del cantante.
Desde la barrera, con la frialdad y la enorme suerte de no tener nada que ver ni con el clan Kenney ni el clan Iglesias, me pregunto por qué tanto ahínco en que alguien reconozca algo que no quiere reconocer. Ya bastante humillación es que te huyan, te eviten, renieguen de ti, como para desperdiciar tu tiempo en buscar huellas de ADN de ese señor con el fin de demostrar su paternidad.
Ser padres no es algo puramente biológico. Una noche tonta la tenemos todos y eso debió pensar el bravo de Julio. Pero claro, tan demodé como sus extensiones e implantes teñidos, es su filosofía rancia de irresponsable niñato bien. Quizá con ese ego pantagruélico, de verdad se llegó a creer que todas, todas las mujeres querrían tener un hijo suyo. Dudo mucho que se trate sólo de un asunto de dinero. Javier quiere algo más pero ese algo no lo encontrará en el intérprete de “Hey”. Las relaciones con los padres ausentes son siempre frustrantes. Javier, deja de perseguir una vida que no es tu vida y disfruta de lo que tienes. Si los jueces te dan la razón, maravilloso pero, al final, ese vacío no lo llenará el dinero, ni la fama. Sólo hay que echar un vistazo a las gélidas relaciones de Julio con sus hijos. Hey, yo no pelearía jamás por tener un padre así.
lunes, julio 10, 2017
Fibonacci y las flores
Todo es perfecto. Todos somos perfectos. Tienes un problema si crees que tienes un problema. Pero en verdad, el universo es sencillo, natural, fácil. Mira una flor. Su estructura, su número de pétalos, ubicados sobre el tallo siguiendo —alineadas como majorettes— la sucesión de Fibonacci. Mira las espirales del universo, el dibujo de los copos de nieve, las células vistas al microscopio. Tú eres perfecto, como una flor, como el ritmo de las mareas, como el latido constante de nuestro corazón, como el incesante murmullo de la respiración, de la cual no eres ni consciente.
La verdad es esta: respiras y es gratis y estás vivo. Y no te percatas hasta que te alguien te hace tomar conciencia de ello. La ciencia está cada segundo más cerca de Dios que de los laboratorios. Un ejemplo es la sucesión de Fibonacci: una serie de números naturales, que se suman de a 2, a partir de 0 y 1. La sucesión resulta siempre de la suma de los dos últimos números. Lo extraordinario de la serie es que cada uno de esos números se acerca a la denominada proporción áurea que era como los antiguos denominaban algo guay o cool. La proporción áurea resuena en el inconsciente humano.
Arquitectos, escultores y músicos de todas las épocas la han empleado en sus obras. Algunos la han buscado, otros la usaron de forma inconsciente. ¿Por qué los cánones de belleza clásicos no pasan nunca de moda? ¿Por qué hay autores inmortales cuyas frases traspasan la barrera del tiempo? ¿No será que en verdad no hay tiempo y que el tiempo es relativo? ¿No será por eso que te emociona una frase de Víctor Hugo, una cantata de Bach o la misma cúpula Brunelleschi? ¿Y sabes por qué? Porque en el inconsciente todo acaba de suceder y porque en el inconsciente colectivo ese tiempo no existe. No hay distancia. No hay modas . Y si el arte surgido de esa misteriosa proporción aurea extasió a los griegos también te extasiará a ti si estás en esa onda. ¿No será que todos vivimos sumergidos en una atmósfera creada por nuestras mentes, que a su vez creó una fuente a la que estamos conectados? Mozart y tú sois la misma cosa. Como Mozart y la flor, como la genialidad de Leonardo de Pisa, el auténtico nombre de Fibonacci. El universo se repite a sí mismo en un encadenamiento perfecto de formas, palabras y ritmos y casi me atrevería a decir que al ser humano le ha tocado en suerte el ADN más torpe de la cadena humana.
Hay flores que crean sus propias vacunas cuando se ven amenazadas. El instinto animal escucha con más nitidez ese ritmo hipnótico, el baile de las esferas del universo y obedece a su conservación y procreación sin hacerse preguntas estúpidas. No somos especiales, tampoco mendigos. Somos espejos de los otros y ellos de nosotros. Si entendiéramos esto, este lugar que habitamos que llamamos mundo, tendría otro sosiego. Nos empeñamos en buscar diferencias, que sí, que las hay, pero nuestra sustancia elemental es la misma. Sé que esto rompe con la tonteria millenial de distinguirse de los demás pero todos lo hicimos en su día, porque nuestros actos son una sucesión de Fibonacci y nuestra biografía está plagada actos y lugares que se repiten. Y esos actos y lugares y amores los repetirán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos en el alineamiento perfecto de los números que alcanzan esa proporción áurea. Porque los milagros existen y para eso sólo hay que mirarte a los ojos y disfrutar de tu sonrisa.
La verdad es esta: respiras y es gratis y estás vivo. Y no te percatas hasta que te alguien te hace tomar conciencia de ello. La ciencia está cada segundo más cerca de Dios que de los laboratorios. Un ejemplo es la sucesión de Fibonacci: una serie de números naturales, que se suman de a 2, a partir de 0 y 1. La sucesión resulta siempre de la suma de los dos últimos números. Lo extraordinario de la serie es que cada uno de esos números se acerca a la denominada proporción áurea que era como los antiguos denominaban algo guay o cool. La proporción áurea resuena en el inconsciente humano.
Arquitectos, escultores y músicos de todas las épocas la han empleado en sus obras. Algunos la han buscado, otros la usaron de forma inconsciente. ¿Por qué los cánones de belleza clásicos no pasan nunca de moda? ¿Por qué hay autores inmortales cuyas frases traspasan la barrera del tiempo? ¿No será que en verdad no hay tiempo y que el tiempo es relativo? ¿No será por eso que te emociona una frase de Víctor Hugo, una cantata de Bach o la misma cúpula Brunelleschi? ¿Y sabes por qué? Porque en el inconsciente todo acaba de suceder y porque en el inconsciente colectivo ese tiempo no existe. No hay distancia. No hay modas . Y si el arte surgido de esa misteriosa proporción aurea extasió a los griegos también te extasiará a ti si estás en esa onda. ¿No será que todos vivimos sumergidos en una atmósfera creada por nuestras mentes, que a su vez creó una fuente a la que estamos conectados? Mozart y tú sois la misma cosa. Como Mozart y la flor, como la genialidad de Leonardo de Pisa, el auténtico nombre de Fibonacci. El universo se repite a sí mismo en un encadenamiento perfecto de formas, palabras y ritmos y casi me atrevería a decir que al ser humano le ha tocado en suerte el ADN más torpe de la cadena humana.
Hay flores que crean sus propias vacunas cuando se ven amenazadas. El instinto animal escucha con más nitidez ese ritmo hipnótico, el baile de las esferas del universo y obedece a su conservación y procreación sin hacerse preguntas estúpidas. No somos especiales, tampoco mendigos. Somos espejos de los otros y ellos de nosotros. Si entendiéramos esto, este lugar que habitamos que llamamos mundo, tendría otro sosiego. Nos empeñamos en buscar diferencias, que sí, que las hay, pero nuestra sustancia elemental es la misma. Sé que esto rompe con la tonteria millenial de distinguirse de los demás pero todos lo hicimos en su día, porque nuestros actos son una sucesión de Fibonacci y nuestra biografía está plagada actos y lugares que se repiten. Y esos actos y lugares y amores los repetirán nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos en el alineamiento perfecto de los números que alcanzan esa proporción áurea. Porque los milagros existen y para eso sólo hay que mirarte a los ojos y disfrutar de tu sonrisa.
Los jueves del Fofó vienen este año con Cabaret y Clásicos
El
parque de Fofó de la capital murciana acoge este verano espectáculos de Cabaret
y Teatro Clásico, dentro de Los jueves del Fofó, una actividad que organiza el Ayuntamiento de
Murcia, promovido por ARENA, que
se celebra desde el año pasado con el objetivo de ofrecer una alternativa de ocio-cultural contando con destacados
actores murcianos para disfrute de todos aquellos que residan en la ciudad y dando motivos a los de alrededor para
visitarla este verano.
En
los Jueves del Fofó, el auditorio —patio
escenario— se transforma de manera especial y diferente según el espectáculo
que esté programado. En este caso, un Teatro Cabaret para la “troupe” salvaje
del Zoo Cabaret y una plaza antigua de pueblo para recibir a los mejores
músicos de la época clásica que trae La Grenouille.
Con
unos y otros, cada jueves, el auditorio cuenta con servicio de cafetería y el
espectador se dispone alrededor de mesas para una mayor comodidad en las
degustaciones. Un concepto más relajado para asistir y disfrutar del teatro.
La
actividad se iniciará el próximo jueves
13 de julio con Los Clásicos a la fresca, a cargo de la compañía La
Grenouille. El 20 y 27 de julio es el turno de Zoo Cabaret que presentará Bon
Appetit. En agosto, las fechas de Los jueves del Fofó son el 3 de agosto (La Grenouille)
y el 10 de agosto (Zoo Cabaret)
Los espectáculos
La
Greonuille ofrecerá con CLÁSICOS A LA FRESCA un delirante viaje por los
estertores del siglo de Oro de la mano de tres vetustos intérpretes, Cosme Pérez, Manuel Escamilla y Don Pedro
Alcaparrilla (interpretados por José María Bañón, Juan Pedro Alcántara y José Ortuño)
quienes ponen en escena a una
multitud de personajes tan
variopintos como Quevedo, Lope de Vega, Cervantes, Felipe IV o la Infanta María
Teresa.
Zoo
Cabaret propone con BON APPETIT en esta ocasión un “menú” variado y resfrescante
y delicioso con Elena Alone Band y su trompeta, Dimitri y sus capacidades
extransensoriales y Videoman con sus imágenes sorprendentes. El postre lo
pondrá en la mesa Paca Piqueras. Sorpresas de esta familia de “bichos” de la
que el espectador acaba formando parte a lo largo de todo el show.
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