viernes, septiembre 09, 2016

La flor de la canela



  Me siento en tus rodillas y cantamos La flor de la canela. Te sorprende que me sepa la canción. "De memoria. Una de mis favoritas". Relatas anécdotas de canciones y familia. Me hubiera gustado estar ahí, con los tuyos. Que los tuyos fueran los míos porque en el fondo está claro que nos parecemos. He llegado a pensar que compartimos hasta parte del ADN.

  Tú y yo somos como los personajes de mi carta de tarot favorita: El sol. Las almas gemelas, con los mismos miedos y cobardías. Nuestra misma forma de escapar de la realidad: jazmines en el pelo y rosas en la cara. Como en el naipe, nos tocamos el corazón con las manos y estamos desnudos y felices bajo un gran sol de ternura y amor incondicional. Airosa caminaba, la flor de la canela. Sentada en tus rodillas me alimentas con tus besos, como el padre amoroso que eres. Afuera, en la calle, hay ruido de camiones, cláxones y frío pero tú y yo estamos en el útero de la felicidad, inmersos en el remolino del amor, la pasión, la lascivia y el deseo. Nos tocamos como niños de escuela que descubren sus sexos, conseguimos el éxtasis del otro con felicidad y facilidad. Bailamos desnudos frente al pupitre una bachata, una salsa.

Me siento esta vez frente a ti, contigo dentro de mi y eres un balancín que me acuna y me hace flotar. Una nube de olores y feromonas, sin alcohol, sin sustancias tóxicas. Todo es limpio entre nosotros. Nuestro sudor, nuestros fluidos: "vida mía, me vuelves loco". Rosas en la cara. No articulo palabras pero los jadeos, los aullidos, son el mejor piropo que puedo ofrecerte. Los estertores y la locura. Y te derramas como en la canción. Derramas lisura. Y hay aromas de mixtura en nuestro pelo, en nuestros abrazos. No, yo tampoco quiero que termine. Quiero me lleves de tu brazo del puente a la alameda. Porque mi pie es menudo, como dice la letra. Porque nuestro amor es sabroso, dulce, picante. Más, mucho más hermoso que la flor de la canela. La vereda se estremece al ritmo de nuestras caderas.  

Decir NO (Asertividad sexual)

 


 Si no te apetece, si no te gusta, si insiste en hacerlo sin protección y tú no quieres, si no deseas mantener relaciones sexuales con alguien que insiste e insiste hay dos soluciones. Decir NO y practicar la asertividad sexual.

  La falta de diálogo, de formación y de educación sexual dan como resultado que muchos jóvenes, incluso muchos adultos estén completamente indefensos ante una propuesta sexual no deseada , o  en los términos que a uno le apetecen. ¿Qué es la asertividad sexual? Dunn, Lloyd y Phelps (1979) defienden que es «la conciencia de uno mismo como ser sexual y el uso, con poca ansiedad, de un conjunto de habilidades conductuales para obtener satisfacción sexual de uno mismo y de su pareja»

 Detrás de muchos abusos, de transmisión de enfermedades sexuales e incluso de embarazos no deseados ha faltado esta educación tan básica que nos protege como seres humanos, como personas con derechos y deberes.

 Desde los 70 se viene hablando en estos términos de la asertividad sexual y se han realizado muchos estudios en los que se ha concluido que a menor asertividad sexual mayor número de parejas sexuales y mayor inconsciencia respecto a los riesgos que puede conllevar un sexo que sea de continuo promiscuo.

Asimismo, sorprende los pocos estudios realizados sobre la asertividad sexual en los hombres. Iniciar una actividad sexual también es asertividad. Dar los pasos para llegar a estar con una persona que nos atrae no tiene nada de malo, negativo, pecaminoso o censurable. Da igual que seas hombre o mujer pero, una vez más, el sexismo está a la orden del día. Al hombre se le permite esta asertividad y si la mujer es asertiva, directamente se la tacha de fresca, ninfómana o cosas peores.

 Por tanto, insisto, si él/ella te pide algo que no quieres hacer, no lo hagas. Y si no lo entiende e insiste e insiste, eso ya no es amor, ni atracción, eso es agresión y, por supuesto, si no te gusta, ni una oportunidad. Ni la más mínima. 

Decía Frida Khalo, “donde no puedas amar, no te demores”. Entiendo que muchas personas de baja autoestima, yo misma en algún momento puntual de mi vida, pueden caer fácilmente en este tipo de casos. Se ven de pronto en situaciones desagradables sin comérselo ni bebérselo. Hay personas que no entienden el lenguaje no verbal. Hay individuos/as que no comprenden que uno sólo desea ser educado y amable. 

También es cierto que últimamente todo se ha tornado tan grosero, agresivo y competitivo que cantidad de personas confunden la amabilidad y la simpatía con el ligoteo. La línea la marcas tú. Es tu derecho, tú te mereces el respeto por el hecho de estar en este mundo. ¿Cómo conseguir ser asertivo sexualmente? La asertividad es una cualidad general y como todo en esta vida se consigue practicando. De hecho, las investigaciones demostraron que las mujeres con mayor asertividad sexual tenían una pareja estable.

Está claro que la confianza te permite ser clara y diáfana siempre. Para sobrevivir en este mundo líquido y cambiante hemos de confeccionar nuestras herramientas de vida para que nadie abuse de nosotros ni física,  psíquica, laboral y, por supuesto, sexualmente. Hablando se entiende la gente, dice el dicho. El NO es NO.  Y que una falsa concepción de la educación y la cortesía no te lleve a comulgar con ruedas de molino. A permitir que te toquen si no quieres, que te besen si no quieres o que te follen si no quieres. Y sé que la última palabra disgusta pero hay otra peor : violación.

Placer se escribe con "P"

 
  

 El placer sexual, históricamente, pertenecía al hombre. Él ejercía el poder, él penetraba y él contribuía a la procreación. Si quería permitirse ciertas licencias no habituales del ámbito conyugal, iba con prostitutas y jugaba a la perversión secreta, prohibida y pecaminosa, que tanto le excitaba.

Por suerte, todo eso ha cambiado. Tenemos a nuestra querida pareja lujuriosa, denominada así por el gran sexólogo y docente Marcos Sanz. Antes, otro sexólogo: Willy Passini, acuñó el término de perversiones blandas, toleradas porque se hacen desde la invisibilidad y casi con toda probabilidad en el estrecho círculo de esa pareja lujuriosa que, de cara a la galería es "normal"

 En el 77, llegaron un par de chavales revolucionarios Pascal Bruckner y Alain Finkielkraut y escribieron "El nuevo desorden amoroso", concluyeron que el viejo orden y el placer netamente masculino que habían dominado el mundo no dejaba de ser una visión miserable y pobre de la sexualidad. Y, de pronto, la mujer ya no es el objeto de deseo, también es sujeto, es activa y reclama su placer y ese placer con "P" se aleja de los métodos que había usado el hombre siglos y siglos atrás para satisfacerse. Ya lo "normal", lo establecido no existía. Incluso una joven Janette Winterson se preguntaba por qué tenía que escoger entre ser feliz y ser normal. Quién es nadie para dictaminar que el amor lésbico, por ejemplo, sea perverso ¿Y qué es perverso? ¿Y no habíamos quedado en que hay que legitimar la perversidad?

Lo sé, todo esto es un lío pero, por otro lado, somos enormemente afortunados de vivir en un mundo tan relativo, donde las opiniones son distintas, abiertas, contradictorias y cambiantes. Todo es positivo siempre y cuando nos enfoquemos con ahínco en despatologizar cualquier tendencia y peculiaridad sexual.

Todo es positivo si dejamos a un lado lo prescriptivo: el placer no ha de ser una obligación sino una devoción. Cuando nos metemos en una cama con alguien a quien deseamos no pretendamos batir récords en cuanto a número de orgasmos. Es ridículo. A la cama se va un con un espíritu lúdico, no competitivo. Y todo es positivo, siempre y cuando no veamos la sexualidad desde una óptica exclusiva de género. E

l sexo no es feminista ni es machista. Disfrutaremos si dejamos por fin de intelectualizar cada postura, cada acto, cada práctica. Winterson se hizo una pregunta trascendental ¿Por qué ser feliz cuando puedo ser normal? Pero yo me pregunto ¿Por qué hay que elegir? Puedo ser feliz y puedo ser un loco. Y quizá lo más saludable es permitirse momentos de locura. Si lo normal, lo establecido, era ese mundo antiguo donde la perversidad consistía en irse a ver prostitutas y luego aburrir a la parienta con un sexo monótono y aburrido, detesto la normalidad.

Y quizá sí, sea una loca, pero creo que existe esa pareja creada por Marcos Sanz. Que se puede ser feliz y fiel y perverso y divertido, dentro de un ámbito duradero de total confianza, lealtad, enamoramiento y por supuesto amor, amor del bueno. ¿Y qué es lo saludable? Lo que nos haga felices, lo que permita que nuestra felicidad se contagie a otros. Impedir el sufrimiento propio y ajeno. Crear esa dinámica donde exista la magia, el impulso hacia adelante, la experimentación y el sentirse a salvo, protegido, contento, satisfecho.

 Una buena sexualidad, una buena pareja sexual puede ayudarnos a conseguir esto y mucho más pero, por supuesto, siempre comenzando por uno mismo. En verdad, creo que ese estado es mucho más fácil de alcanzar que el nirvana. Siguiendo con el juego de las "P" lo veo completamente POSIBLE.

Ellos y ellas

      Hay un listado que circula por ahí. Cuando un hombre nos gusta, nosotras pensamos de él que es seductor, atractivo, elegante, sensual, erótico. Cuando alguna de nosotras le gusta a un hombre todo se resume en: "me la follaría". Cierto, es un chiste malo, quizá con algo de realidad. Un día charlando con una amiga comentamos acerca de esos hombres inolvidables y la conclusión nuestra es que permanecen en nuestro recuerdo no sólo porque sean seductores, atractivos, elegantes, sensuales y eróticos sino porque también pensamos como se supone que piensan en ellos.

Porque el sexo era increíble, divertido, apasionado e incluso un poco bestial. Porque nos hacían sentir la única mujer sobre la faz de la tierra y, en resumidas cuentas, porque cuando los teníamos frente a frente, no tenían escapatoria. Que nos los follábamos, vaya. Dejemos atrás ya los estereotipos de chicas igual a princesas Disney o bruja Maléfica y chico igual a Shreck o Príncipe Encantador. Los hombres románticos, por experiencia, suelen ser los más burros y animalotes. Son esos que adoran el cuerpo de la mujer de principio a fin. Y son procaces y algo atrevidos pero hay un fondo de admiración, de encantamiento.

  Luego está ese otro tipo de hombre que cuando hace el amor se mira en el espejo (puaj). Ese tío, perdonadme, jamás se entregará 100% a nadie. Se considera demasiado valioso incluso para estar en este vulgar mundo y lo único que hace es repartir migajas de lo que él considera que es su gran cuerpo, su gran amor y su gran placer. Es el gran estúpido. Si hace cosas románticas es para que lo alabes y en definitiva toda su vida persigue la aprobación de los demás.
 En el fondo es un pobre diablo. Se miente a sí mismo y se miente a los demás porque es incapaz de dar ni un sólo beso de amor verdadero, ya que estamos en clave de cuento.

En este caso, escribo basada en la experiencia y testimonios que escucho por ahí. Incluso en los comentarios que me hacen algunos señores que leen el punto G y que me consideran feminista ¡Valgame Dios! Estereotipos aparte, cada uno es de su padre y de su madre. No sólo eso, cuando interacciona con otros, igual que un elemento químico cualquiera, reacciona y evoluciona, cambia. Yo he visto auténticos capullos del tipo soberbio-me-miro-en-el espejo, brotarle un atisbo de humanidad en los ojos e incluso lágrimas auténticas. Las de cocodrilo, por ciertos son su especialidad.

Elaborar tipologías no sirve de nada porque todos crecemos, evolucionamos e incluso cambiamos de gustos y de opinión y no pasa absolutamente nada. Es más, considero altamente sospechoso aquel que se mantiene fiel a todos y cada uno de los anclajes de su vida. Algo falla, sin duda. Porque en este mundo líquido todos cambiamos de gustos. Y bebemos lo mismo Agua Vichy, que Perrier o Pellegrino. Parecen lo mismo, pero no lo son. Y si antes se llevaba esa mujer caprichosa que antes quería una cosa y después, otra. Ahora la cosa es distinta, dicen, ellos prefieren a las señoras duchas en el arte de la conquista y, casi como en todo, la clave está en el equilibrio: seducir pero no insistir

 ¿Esto no creéis que también vale para vosotros? En el fondo, todos deseamos que nos quieran. Todos queremos gustar, todos deseamos tener el valor para dejarnos llevar cuando llegue el momento. A todos nos encanta la ironía, el buen humor, la naturalidad y los buenos modales en la cama. La verdad, verdadera es que cada cual tiene su corazoncito. Y los chistes, chistes son.

Lo cortés no quita lo caliente

Llega el verano. Noches de blanco satén o de esponjosa arena. Llega el verano y las hormonas corretean libres entre la piel, el sudor, la brisa marina o el pesado calor de la ciudad. Todo es plúmbeo incluso a determinadas horas del día, pero no importa. El deseo es persistente y despierta a primera hora de la mañana y, a pesar del pegajoso ambiente no se apaga, no se extingue. Apenas se apacigua o se alivia. Y pasa lo que pasa.

El deseo,  la excitación están  muy  bien pero en ocasiones, aplacar ese ansia viva convierte a las personas en auténticos animales de bellota. Hagamos las cosas, pero hagamoslas bien.
Quizá sea momento de establecer un decálogo de modales en la cama.  ¿Lo básico? Por supuesto, la higiene. Quizá os parezca de perogrullo  pero la higiene implica no sólo una ducha básica sino también una cierta ausencia de pelos en sitios comprometidos.  No el rasuramiento completo, no, pero, ya me entienden, un término medio entre el matto grosso y el monte pelado.
A mi me podéis llamar machista o lo que queráis pero, por supuesto,  siempre, siempre, las damas primero. Una amiga me contó que un chico le pidió a ella que se terminase "si eso", que él ya había eyaculado. Un horror. Es un ejemplo extremo pero real
.
Y lo de primero, es primero para todo, no sólo para los orgasmos. No se puede llegar exigiendo determinadas cosas como una felación sin antes hacer alguna cortesía previa. Así lo veo yo. Es aquello de "manos que no dais, que esperáis". No en balde, la palabra exigir debería estar ausente de un dormitorio donde dos adultos comparten un tiempo juntos. Las obligaciones tampoco se contemplan entre los buenos modales.

Lo digo siempre, el mamotreto de 50 sombras de Grey ha sido pernicioso. Os ha hecho creer a los hombres que a nosotras nos gustan que nos sometan, nos tiren de los pelos o nos den cachetes en el culo hasta dejarlo colorado y ya os digo yo, que así, por norma general, una se va a la cama con un señor para sentir placer y no dolor.

Los amantes de masoquismo existen pero no son legión. Hombres del mundo contaminados por el fenómeno Grey, dejaros el rollo de esposas y flagelamientos. Que me encanta el cuero porque favorece. Que si me aparece un maromo vestido de cueros con una mascarilla de esas tipo luchador mejicano lo que me puede ocurrir es que me dé un ataque de risa. Y las carcajadas en la cama son buenas pero demasiadas...ya sabemos  que no ¿verdad?

A nadie le amarga un dulce. A nadie le disgusta que le digan cosas bonitas, que le traten como a una reina/rey. Todos ansiamos sentirnos especiales, sentirnos extasiados .
También parece de perogrullo,  pero lo diré por si las moscas. El sexo es para pasarlo bien. En el momento en que desaparece el placer ya no tiene gracia. Pero ninguna. Hay partenaires que eso no lo entienden. Que no va con ellos. Que no tantean si van bien o no, que no investigan,  si no que repiten una rutina como de gimnasio. Resulta, que eso está muy bien para la autogestión del placer pero es grosero si estás con alguien más.

También, cierto porno ha hecho mucho daño. Si supierais que la mayoría de las actrices son lesbianas, quizá abandonaríais la obsesión por penetrar todo lo que se os pone por delante  (vagina, boca, culo, por ejemplo)
Triunfar en el mundo real es complicado . La frase lo cortés no quita lo valiente y lo caliente, lo resume todo. Dos ingredientes para un gran cocktail de verano.

Amo mi cuerpo

   

 Llevo toda la semana sumergida en el mundo de las afirmaciones de Louise Hay. Qué deciros. Esto se ha convertido en una adicción.
Hay, a punto de cumplir 90 años es una de las precursoras del pensamiento positivo y una de las primeras triunfadoras de los libros de auto ayuda. Desde aquí lo digo, quiero ser la Louise Hay del sexo.  Algo tan rico, placentero y delicioso ha de disfrutarse siempre que le sea a uno posible. Y para ello, retomo algunas de las ideas básicas de Hays : deja de criticarte. Acéptate y quiérete. Una de sus afirmaciones más famosa es "Soy muy hermosa y todo el mundo me ama". Otra, que me encanta es "Amo mi cuerpo". Pronunciada en inglés tiene un no sé qué lascivo si apuntamos con la lengua al paladar en la palabra "Love"
 Como veis, la palabra "Amor" es clave en muchas de estas afirmaciones, que sirven para todo y que, de verdad, funcionan. Algunas personas le llaman el fenómeno de los semáforos en verde. Si uno está positivo, todo va mejor. Incluso si el entorno es hostil.

 En este mundo líquido hay dos fenómenos evidentes. Por un lado, multitud de personas volvemos  a ser solteras pasados los 40 años. Por otro, nuestra esperanza de vida se alarga. Esto da la oportunidad a poder disfrutar del encuentros eróticos y amorosos con varias parejas sexuales a lo largo de nuestra existencia. No sólo eso, el deseo, el placer permanecen aunque  pasemos los 70 y ¿Por qué negarnos la posibilidades de disfrutar? Es absurdo

 Otro de los principios de Hays es que hemos de plantearnos que estamos inmersos en la totalidad de las posibilidades. Es otras palabras: nada es imposible. Si a la auto aceptación uno le añade momentos de meditación para derribar esas barreras mentales que la sociedad, la familia, el entorno y nosotros mismos nos empeñamos en mantener a toda costa, grandes cosas pueden ocurrir. Cierto, la piel no es la misma que cuando teníamos 20. Quizá tampoco el vigor pero ¿Acaso nos damos la oportunidad de probarnos y probar otras cosas?

Quiero que las parejas longevas disfruten como adolescentes. Basta de mirar con reprobación a quienes se atreven a ser felices, a disfrutar del sexo y del amor con 80 ó 90 años. Si se da, si tienes a esa pareja que está de acuerdo contigo y que te ama ¿Qué hay de malo? En este mundo líquido espero que al menos nos quede clara la idea de que el sexo no sólo son genitales, sino que entra en juego toda nuestra erótica, toda nuestra historia y biografía sexual, toda nuestra piel, todos nuestros sentidos.
 Es absurdo circunscribirse a lo que se supone que es lo correcto socialmente . Ya que estamos en el agua, fluyamos. ¿Por qué vivir de recuerdos cuando podemos fabricar recuerdos nuevos? Los límites no existen. La pasión por vivir nos puede llevar a seguir disfrutando cada minuto que estamos en el planeta.
 Louise Hay es una señora de casi 90 años esplendorosa y muy bella. Gracias a estos mensajes que ella ha ido lanzando a su subconsciente, curó su cáncer, perdonó al padrastro que abusó de ella y al marido que la abandonó por otra mujer después de 10 años de matrimonio. En nuestra mano está la llave de la libertad. El cuerpo se subleva, duelen los huesos o quizá otros problemas nos abruman pero uno decide que todo eso le afecte más o menos. Hazle caso a Louise: mírate en el espejo, gústate, quiérete, enamórate de ti. Y di con un punto de lascivia: Amo mi cuerpo.

Asexualismos




"El amor es una especie de milicia: ¡apartaos los que seáis flojos! Estas enseñas no deben ser defendidas por gentes pusilánimes". Ovidio escribió esta frase hace más de 2.000 años. Por desgracia, gran parte del mundo está lleno de flojos. Se parapetan entre las obligaciones, el trabajo, la tradición o el estatus y prefieren lo anodino a entrar en la batalla de las almas que se aman, se desean, se adoran y comparten.

 Me parecen más valientes los que se denominan a sí mismos  asexuales que aquellos que se pasan la vida saltando de relación en relación y escapando al mínimo atisbo de intimidad real y de compromiso. Como dice Krishnamurti: podrás huir, pero siempre tendrás que regresar a ti mismo. ¿Por qué da tanto miedo hablar de amor? ¿Por qué tantos seres humanos buscan el calor del otro pero "nada de enamorarse"? Ovidio ya lo dijo: flojera. Este romano listo se tiraría de sus rizos patricios si un día lo abandonamos a su suerte en alguno de los lugares de alterne del mundo. Mucha mirada, mucha exhibición y mucha tontería. El colmo de la superficialidad y ¡¡de la pereza!!

  Los asexuales,  al menos tienen la valentía de decir: aquí estoy y por más que me metáis los anuncios de condones y me habléis de las bondades de lo bueno que es hacer el amor tengo la osadía de ir contracorriente. Los asexuales españoles se han constituido en grupo para reivindicar sus derechos. Que se les tenga en cuenta como opción. Pues vale. Son el 1%  de la población mundial y pueden vivir sin deseo sexual. Aquel sexólogo cachondo, llamado Kinsey los denómino "X", incógnita.

 Yo encuentro varias contradicciones: por un lado, la palabra asexual está mal utilizada. Salvo error, omisión o anormalidad personal, cuando alguien me atrae, desde luego, en lo primero que me fijo NO son en sus genitales, en su sexo. Eso es nombrar el todo por la parte. Por otro lado, la atracción entre los seres humanos es inevitable. Puede que lo primero que te atraiga sea su cabeza, su forma de ser, su físico, su voz, su piel. Amigos asexuales, eso es erotismo del bueno. Que luego no se consume el acto no os libra de pertenecer a este género que suda, caga, mea, se masturba y genera fluidos más o menos repugnantes cada cierto tiempo.

  Lo de los derechos es algo que tampoco entiendo. No os gusta el sexo ¿Qué problema hay? ¿Quién os va atacar por eso? Es más, estáis integrando un número cada vez más numeroso en la población mundial: el de las personas que no follan. Que harán otras cosas, que fantasearán, que tendrán cibersexo pero que no se comen una rosca. Ovidio también decía: "Mil maneras hay de amar".

 Os respeto, queridos asexuales pero si amo, tengo que morder. Es como admirar una manzana jugosa que pende de un árbol y prefieres dejarla así, como la rosa de Juan Ramón Jiménez , un señor raro de cojones (con perdón) que sufría priapismo y que tenía a una genia como era Zenobia Camprubí de secretaria y criada y a la que, presumo, tocaba en contadas ocasiones. Odio visceralmente a Juan Ramón Jiménez. Si te gusta la rosa, tócala, disfruta de ella mientras está ahí, hermosa para ti. Si la dejas, se marchitará igual y la rosa que es espectacular,  seductora, indecente, exhibicionista, ansía ser tocada. Por una vez, cerraré el Punto G de esta temporada con una frase mía: "Tu abismo y el mío son el mismo. Una ambrosía al alcance de los valientes". Feliz Verano

Stars



 Érase una noche de arena fría,  estrellas, de luna. Un vestido de inspiración hindú dejaba mi espalda descubierta. La brisa se tornaba excesiva ante tan liviana vestimenta. Y estaban tus manos. "Ven, recuestate sobre mi".  Sobre la arena, tú. Y sobre ti, yo. Eras una hamaca generosa y algo inquieta. Brazos que sobresalen y tocan mi pecho blanco, ya desnudo, ya fosforescente a la luz de la luna.

Intento responder a tus caricias con otras por encima de tu pantalón pero eres una hamaca traviesa, Más fuerte. Me doblegas. Reímos. Pasa una estrella fugaz. A lo lejos suena Starry, starry night Tu mano dibuja geografías. Dices mi nombre al oído. Conoces los resortes. Me volteo y te beso fuerte. Soy una mujer desnuda al borde del mar, cubierta por un vestido de inspiración hindú. Estoy sobre ti.  Y te amo. "Paint your palette blue and grey", canta Don. Y no son los 70.

 A lo lejos, el chiringuito y sus luces de colores. En la distancia corta, mi lengua y la tuya bailan, mis manos toman el mando. Fuera camiseta. Pezones a mi boca, tu cuello a mi boca. Tu boca a mi cuello. Me muerdes. Eres un vampiro torpe. Reímos. Sin vergüenza. Los viandantes escuchan murmullos pero la playa está oscura, nos guarece del mundo.

 Desembarazarte del pantalón es complicado. Mi piel se eriza. Mi corazón galopa cuando entras en mi. "Volver a tu volcán". Si pudieras un minuto estar en mi. Pero estoy en ti. En tus jadeos, en tu entrega. En este juego adolescente de vaqueros, camisetas y vestidos livianos de inspiración hindú. En el bolero de estrellas fugaces. Lo tenemos todo. Adoro como coges mi cara entre tus manos. Cómo brillan tus ojos, como palpitan nuestros sexos, agotados tras el fuego. Los licores del sexo, la sal, las olas , la arena picante. Otra estrella fugaz. ¿Qué pides? Que se repita ¿Qué pides? Que no acabe nunca. Un aire sideral de deseos incumplidos nos acorrala. Presagio  gélido. Calla, no digas nada. Contemos estrellas : "Look out on a summer's day".

Pastelico de carne

 

 Reconoció el sonido de su moto y se apresuró a mirarse rauda en el espejo. Rápidas maniobras de corrector para borrar ojeras y despertar tras su inmersión en el trabajo. Un toque de rimmel, el rápido colorete de unos pellizcos. Un gloss de piruleta . Los hambrientos ojos de siempre.

 Ya las dos y media. Cómo pasa el tiempo. Aunque, a veces, cuando ella espera ,se enseñorea  demasiado con el  reloj y odia la teoría de la relatividad. Eres una impaciente, niña. La atmósfera está compuesto por una mezcla de aroma a café, ambientador de oficina y suave música de jazz. La luz del flexo se funde en esa amalgama: jazz, ambientador y café. En ocasiones se siente sumergida en una extraña gelatina y tiene que salir a la calle. A beberse el aire.

 Suena el timbre. Siempre abre sin preguntar, deja también entornada la puerta.  Suenan sus pasos en la escalera. Él también va raudo, con prisas, con ansias, con ganas. Mira, he traído la comida No era la primera vez.
Como buen macho cazador llega al nido a veces con dulces: las ricas milhojas, los pepitos de chocolate, desterrados para siempre de su dieta, el sushi, el vino. Unas latas de cerveza del chino. ¿Tienes hambre? Yo estoy muerto y me voy corriendo a un curso. Romper el cordel que ata el manjar es un rito. Abre el papel y lo despliega. Un olor crujiente a hojaldre se cuela entre ambos. Parte un trozo: toma, come. A él le gusta verla comer. Ella toma con sus manos el pastel: No me cabe en boca.  El pastel, me refiero. Ella se relame, chupa su dedo. Lo pasea lento y con lascivia por los labios del amado y enciende su deseo: Ya me vas a dejar sin comer otra vez. Qué pena te da.
 Anda, toma. Y coge otro trozo para él: asoma un poco la carne del pastel de carne y lo mete en su boca con delicadeza. Él se relame, chupa su dedo, lo pasea húmedo, suculento por sus labios. Y enciende el deseo de su amada: Ya me vas a dejar sin comer otra vez.

Blanco


  Tú y yo de blanco. El vino blanco. El lienzo en blanco. Y en el mundo, aquella noche, sólo existían dos personas. Tú y yo, de blanco. Al rojo. Hiciste eso tan cursi de entrelazar las copas “Por nosotros”. Tanta gente cercana alrededor y tú y yo retando al mundo con unos cuchillos  y a la carne casi cruda. Pa carne la tuya, decías.

 Olía a mar, a puerto. Manteles de papel. Canalla brisa de verano. Bronceados, bellos, jóvenes. No había ninguna ceremonia en aquel lugar. Pero tú y yo íbamos de blanco como contrayentes que se inmolan a los ardores con entusiasmo. Eres tan guapa. Tú eres el regalo, haces que todo sea especial. Pero yo te contradecía siempre. Somos los dos.  Tu boca con la mía, tu sexo con el mío.

Se te veía tan feliz, reías a carcajadas, como nunca. Y me regodeaba en tu cuello, volaban mis dedos a los botones de tu camisa. Los tuyos se hacían camino para llegar a mi pecho, para bajar a mi sexo, tan húmedo. Una extraña ósmosis transportó el vino de tu boca a la boca de mi pubis. Y nos fuimos al coche y durante dos largas horas empañamos los cristales mientras cantaba Frank Sinatra Strangers in the night. ¿Sabes? En el mundo ahora no hay nadie.

En este mundo sólo estamos tú y yo. El vino te hacía hablar y te convirtió en un procaz amante, valeroso y fuerte que sembró mi cuerpo de delicias. Y yo respondí a las tuyas con lascivia y entrega.  Me senté sobre ti. Y te cabalgué tanto rato que perdí la cuenta. Mi amazona, repetías. Me derrumbé, desmayada, transportada a una galaxia extraña, casi muerta, sobre tu pecho. Mojados por el sudor y la humedad marítima, nos dormimos.

 La noche acabó con la batería del coche agotada. Mientras llegaba el servicio técnico, volvimos al mundo. Y no,  no estábamos solos. Ambos teníamos familias y ambos convivíamos con mentiras. Cuando la batería revivió, nos despedimos con una gran felicidad y una sombra de culpabilidad en los ojos. Tu mirada a un palmo de la mía era un blanco sin palabras.

jueves, septiembre 08, 2016

Mi paraíso

    Y dimos un paso más.  Nos atrevimos. Te esperé en aquel piso frente al mar, enredado en una maraña de urbanizaciones. La brisa poderosa, el aire limpio. La mañana era inmejorable. Preparé todo con tantos nervios: agua fresca, zumos, algo de comida liviana. Te perdiste, te encontraste, me perdiste, me encontraste.
 Casi te caes en la piscina comunitaria. Te recibí con una camiseta y unas bragas a juego en tonos grises que contrastaban con mi cuerpo bronceado. Al abrir la puerta estabas ahí, sudoroso y feliz. Me besaste en la alfombra de "Bienvenido", en el recibidor, en la cocina, me tomaste y dijiste que me querías hacer el amor así, contra la pared, a horcajadas. Aguantamos como 30 segundos. Nos derrumbamos muertos de risa. Peso mucho. No qué va, es que soy un flojeras.
Te llevé al baño y te sequé el sudor amorosamente con un tissue. Sentado en aquel taburete me mirabas desde abajo y dijiste: merece la pena. Los nervios, los inventos, todo lo que hay que poner en marcha para vernos.
 —Lo sé. Yo siento igual. Mira; puse tu mano sobre mi corazón. Saltaba por encima de la camiseta. "Escucha": y pegaste tu cabeza a mi pecho. Bajamos las persianas, subimos la velocidad del ventilador y mientras trajinaba con la cama agarraste mi brazo y lo besaste hasta los hombros y luego el cuello y luego el pecho. Me quitaste la camiseta, tú ya no llevabas la tuya y fabricamos  un hombre de Vitruvio con nuestros cuerpos.
Subida en mis tacones casi te alcanzaba y agarramos nuestras manos con fuerza. Me diste la vuelta. Comenzaste a decir mi nombre al oído y a besarme por toda la espalda hasta las caderas, me tiraste al colchón. Desconté segundos, desconté tristeza, desconté la ausencia de tu ausencia. Sí, merece la pena, susurré.
 Y tras esa moviola previa volvíamos al frenesí de nuestros encuentros. Al perfecto engranaje de nuestros cuerpos, construidos por alguien más grande que nosotros, hechos el uno para el otro. Y como en las películas románticas, llegamos al clímax a la vez. Dios quiere esto, quiere vernos felices, te dije. —Esto es el paraíso —Concluiste—Mi paraíso

El juego

     

 Raúl me llamó al móvil cuando más ensimismada me encontraba. No me dijo ni buenas tardes.
 —No me importa donde estés ni con quién estés, quiero que te toques. Solté una carcajada sonora
 —Sabes que ese es un modo pésimo de intentar seducirme ¿Verdad?
 —Te diría que te dieses la vuelta porque me encontrarías a tus espaldas pero lo cierto es que estoy frente a ti.
 —No lo puedo creer ¿En uno de esos balcones?
 —Soy el impresionante macho de torso desnudo y toalla blanca anudada a la cintura.

 Me asomé a la barandilla, intenté encontrarle entre aquel mosaico de cristales, cortinas, venecianas y persianas enrollables de todos los colores
 —Lo cierto es que eres un macho impresionante
 —Ya se te han quitado las ganas de reír
 —Hombre, me parece un poco psicópata de tu parte localizar donde vive mi amiga y buscarte un piso enfrente.
 —Soy así de chulo. Les pagué a los inquilinos para que me lo dejasen dos días.
 —¿Y qué vas hacer? ¿Exhibición de tus encantos?
 —Mis encantos están casi todos a la vista. ¿Me harías un favor? Quiero que te desnudes, muy despacio. Que desabroches los botones de esa camisa blanca tan monjil que llevas. Así, un botoncito; otro después.

 Le fui obedeciendo. La camisa resplandecía, salpicada por el sol y el brillo de mi laca de uñas. Le miraba divertida.
 —Quiero que te quites el sujetador. Dejé al aire mis senos. La camisa no estaba desabotonada del todo
 —Me gusta lo que veo. Son redondos, firmes, pequeños
 —Como una copa de champán, sí
 —Muéstrame un poco más, eso es...Son como naranjitas que caben en una mano. Preciosas. Y tu pezón es rosa —Raúl, creo que deberías quitarte la toalla —A la orden. —

Me encantó su obediencia, su miembro relajado y feliz pero con un considerable incremento en su grosor. —Vaya, pues sí que te gustan mis tetas —sonrisa satisfecha— ¿Y cómo termina este juego, cariño? Porque aunque no te lo creas, me estoy empezando a aburrir. — Este juego acaba de comenzar. Sonó el timbre. Apareció un camarero con una bandeja llena de frutas distintas. El juego de hoy se titula: quiero verte comer.

Hillary y el sexo

      Según el moderno concepto de sexualidad y sexuación humanas, lo de Clinton y la Lewinsky apenas si puede calificarse como sexo. Un encuentro sexual, sí. Una relación amorosa, erótica y completa, en absoluto. El antiguo orden establecido relegaba el sexo al locus genitalis y a la función reproductora. Todo lo que saliera de susodicha parte era irrelevante. Este viejo orden también destinaba a las mujeres a las labores de procreación y no tenían derecho al goce. Su papel era traer vástagos al mundo y satisfacer el placer extramatrimonial de algunos hombres. Parece mentira que tras tantos avances en la civilización muchas mujeres permanezcan asentadas en esos roles de esclavas del hogar, meros recipientes de futuros seres humanos u objetos de placer y contemplación. He leído recientemente algunos artículos escritos por la muy amiga íntima de Hillary Clinton, Diane Blair, y me quedo estupefacta  al saber que Hillary perdona esta infidelidad porque se trata de un hecho consensuado. Faltaría más. Si no, estaríamos hablando de un delito sexual. Añade después adjetivos contra Mónica Lewinsky que, francamente, me decepcionan; habla de ella como lunática y narcisista y contempla a Bill como una pobre víctima de esta mujer "mala". Es evidente que Hillary—por mucho que adore su carisma, que crea en ella como presidenta—es cómplice de la machista educación recibida. De su retrógrada visión como practicante de la religión metodista. Sé que son muchos los motivos porque Hillary pasó por alto esta y otras infidelidades de su amado marido Bill pero están fuera de lugar los comentarios contra Mónica Lewinsky. Esta actitud poco reservada  y algo barriobajera, no le suma. Todo lo contrario. El hecho de ver a su marido como una pobre víctima no deja de sorprenderme y de afirmarme en ese micro machismo o súper machismo que permanece instalado aún hoy día, incluso en las mentes de mujeres que pelean por los derechos de otras mujeres, pero que pierden todo su coeficiente intelectual cuando se trata de defender a su macho y a la manada. Por mi parte, como ser humano, escritora, sexóloga y periodista, creo que hubiese sido más noble, elegante y sincero el admitir que perdona a su marido Bill Clinton porque le ama, porque es el hombre de su vida, porque, a pesar de los años, sigue enamorada de él; Y porque ambos  gozan de aquello que es esencial en las parejas: la auténtica intimidad. ¿Que Lewinsky fue de un oportunismo descarado confesando la felación Bill? indudable pero Hillary y sus asesores no debieran haber dudado en ningún momento del papel que debía jugar la próxima presidenta de los Estados Unidos. Y este en su día fue vulgar. En este sentido, habla mi también inevitable deformación profesional como directora de comunicación de cargos públicos. Bill hizo bien dando la cara pero Hillary debió correr un tupido velo y debió tener la suficiente fuerza de voluntad para no descorrerlo jamás. Hillary es una visionaria y ella misma tenía tanta ansia o más que el propio Bill. Es una gran corredora de fondo, ya lo estamos viendo. Hillary y el sexo se han llevado igual de bien que Hillary y las mentiras, algunas imprescindibles para la supervivencia política y familiar pero sustentadas por una gran verdad esencial: la fe indestructible en sí misma y su proyecto de vida. La fe y la creencia de que ella, por sus actos, su entrega y su propio sentido religioso, es una protegida, una elegida del mismo Dios que ya escribió en el libro de su vida, antes de nacer incluso, que sería la primera presidenta de un gran país como es Estados Unidos.

sábado, junio 18, 2016

Legitimar la rareza

   

 Según ese sociólogo clarividente que es la alegría de la huerta y que responde al nombre Zygmunt Bauman, vivimos en un mundo líquido. Este mundo de hoy se caracteriza por la precariedad, por su volatilidad, por el cortoplacismo y porque, nos guste o no, hemos tenido que aprender a vivir y gestionar la incertidumbre ¿Cómo afecta eso a las relaciones amorosas? Pues analicen a su pareja, a las parejas vecinas (si es que aún se mantienen en pie).

 El mundo sólido parece que pasó a la historia. Ya nada es para siempre, ni blanco ni negro. Analicen y observen también qué parejas parecen vivir en un mundo sólido pero en el fondo pisan un lodazal apestoso desde hace décadas. No es tan difícil. De acuerdo. Hay excepciones, luego iremos a ellas La conclusión de Bauman es que el Eros sigue ahí vivito y coleando: "lo encontrarás en todas partes pero nunca demasiado tiempo en el mismo sitio" Hemos pasado del modelo familiar, al nomadismo amoroso.

Y esas mismas características que menciona Bauman de su mundo líquido son extrapolables al sexo y al amor, por muy romántico que sea. A mi Bauman me parece un cenizo de tres pares de narices. Cierto, no le falta razón, pero si el problema de las parejas tradicionales ( fracasadas) es que la vida sólida es incompatible con un sexo rico, lujurioso, erótico, apasionado y repleto de deseos al rojo vivo, no hay porque hundirse en la miseria.

 La solución existe. En este mundo nómada, "el domicilio permanente del buen sexo es la pareja lujuriosa" (Sanz) ¿Qué significa eso? ¿Que para que nuestra relación funcione tenemos que hacer un viaje cada quince días? Es posible. Cada cual ha de tener su método. Básicamente lo ideal sería importar lo bueno del mundo líquido: la experimentación, el afán por innovar; no dar nada por sentado y pensar que el sexo lo escribimos día a día, con las diferentes parejas sexuales que encontramos por el camino.

Esto nos garantizará— quizá no el amor y el enamoramiento eternos— relaciones satisfactorias durante largos periodo de tiempo. Como seres sexuados, conformamos nuestra sexualidad, nuestras filias, nuestras fobias, nuestras peculiaridades, conforme vivimos. Esas experiencias con sexo, erotismo y amor que escriben nuestra biografía.

 Estarán de acuerdo conmigo que inscribiremos en nuestra biografía sólo esos momentos ricos, intensos y bonitos dignos de ser mencionados. Esos y no otros son los que merecen la pena estar en nuestro haber. Por tanto, ¿Qué esperan esas parejas que se conforman con un polvo marital una vez a la semana si llega? Pues, bajo mi punto de vista, a lo máximo que pueden aspirar es a convertirse en unos maravillosos compañeros de piso. Nada más.  El ardor, el erotismo, la pasión, finalmente, lo encontrarán en otra parte: en otra pareja, en una fantasía, en triste porno.

 Me quedo con las maravillosas letras del poeta René Char que nos invitaba a legitimar nuestra rareza. La perversión ya no está en la cama de la prostitución, sino en tu dormitorio de Ikea, en tu mesilla de noche. Si los amantes (casados, o no, oficiales, o no) se comprometen a salir del territorio conocido archivado y sistemático, llegarán a la serendipia.

Al hallazgo valioso que se produce de manera casual. Hay que ser valientes, hay que ser perversos . Hay que hacer que merezca la pena y darle la vuelta a los convencionalismos. Hay que buscar  —sin buscar— la emoción. Entrenar cuerpo, cabeza y corazón para hallar serendipias cada cierto tiempo, recordarlas y sonreír con tu pareja de un modo cómplice y travieso. Legitima tu perversión y disfruta de ella.

Hombres lujuriosos pero fieles

               


Muchos de los hombres que leáis este artículo estaréis de acuerdo conmigo. Lo que quiere el varón en su fuero interno es multiplicar el sexo fugaz hasta el infinito con el mayor número de mujeres posible (en palabras del profesor  Marcos Sanz).

Esto es políticamente incorrecto. Sabéis que si vais por el mundo con esa filosofía no lograréis retener a esa mujer que os gusta. Porque, creedme, llegará un momento que digáis: ya está, tú eres con quien quiero estar. A ella no le valdrá que la pongáis en un pedestal y os vayáis a cazar otras gatitas por la noche. Y hacer valer esta postura es una conquista de la mujer en el siglo XX.

 El encuentro está muy bien pero esta nueva mujer, lujuriosa, sexualmente activa y exigente también es rebelde. Es una mujer con capacidad de impugnar. La mujer ha dicho, de acuerdo, a nosotras también nos gusta el sexo, nos encanta la pareja lujuriosa. Pero nos gusta el amor. 

La mujer (en términos generales) siempre tendrá en su objetivo una relación del tipo que sea, más estable, menos estable. El hombre vive obsesionado con el encuentro. Nos hallamos con la idea masculina del sexo y  la idea femenina del amor, dando como resultado un amor sexualizado y una sexualidad amorosa (Marcos Sanz, again). El gran desafío del hombre del siglo XX y XXI es conciliar sus deseos con la conquista social de las mujeres. 

Nosotras hemos logrado implantar  esa nueva manera de entender la lujuria y que el hombre se olvide de la teoría de la acumulación para centrarse en la relación En estos tiempos donde nada es para siempre, donde se imponen las citas de un día (con o sin sexo) virtuales (con o sin sexo), no sé ustede,s pero yo abogo no tanto por la relación de hierro -- Esa que encadena, ata y te maldice --sino por los encuentros profundos y auténticos. La duración me preocupa menos.

  El amor no es duración, la lujuria amorosa puede ser tan profunda que traspase la barrera del tiempo. Hay encuentros tan memorables que merece la pena estar en este mundo por el hecho de haberlos vivido. ¿Y qué es un encuentro profundo? Bajo mi humilde opinión, debe existir auténtico diálogo. Diálogo de los cuerpos y también del otro.

 Es lo que yo digo siempre: todo lo que merece la pena en esta vida se resume en una palabra: comunicación. El sexo, la gastronomía, la literatura, la danza, la música, la moda. Las ventajas de aunar sexo y amor son evidentes sobre todo para las mujeres y el modo en cómo funciona nuestro deseo en términos muy  generales. Las fantasías son otra cosa y las particularidades y las peculiaridades, otra.  

  La desventaja es que el sexo ahora, con este planteamiento, sostiene la pareja.  No todas las parejas aprueban siempre esta asignatura y si la cosa no funciona todo toma un tinte dramático. Pero el drama no sirve para nada, salvo para que Anna Karenina se tire bajo las ruedas de un tren y todos lloremos acongojados.  

  El hombre puede elegir vivir siempre del sexo furtivo cumpliendo esa Teoría de la Acumulación (Eva Illauz) A la mujer que le funcione, pues también y si nuestra pareja lujuriosa ya no lo es tanto, no lloremos por las esquinas. Siempre hay soluciones. El cuerpo es una fuente increíble de placer y placeres.

 Todos tenemos derecho a ello pero que la búsqueda del placer nunca sea un camino angustioso y tortuoso. La palabra mágica es fluir. Como dice mi amiga Silvia Arenas, si fluye, bien. Y si no, pues a otra cosa y a practicar el hoponopono

Respeto e identidad sexual

   


 Esta semana hemos conocido una gran noticia: la Sanidad Regional financiará a partir de ahora el pago de sexo a los transexuales. La Verdad sacó en portada un tema que preocupa a muchos afectados y con el que la sociedad demuestra, una vez más, estar escasamente sensibilizada. En la información publicada en la web encontramos los típicos comentarios de si es realmente necesario una operación de este tipo y que en la Sanidad Pública hay otras necesidades perentorias.


 Leemos opiniones de personas que ven más importante que sufragar los empastes en lugar de algo tan básico como puede ser el cambio de sexo para alguien que se está completamente desubicado con unos pechos que no siente como suyos o un pene que le sobra porque es mujer de la cabeza a los pies. Siguen existiendo las lamentables confusiones: transexual no es travesti. No lo es por hobby. Si uno nace sintiéndose mujer aunque los genitales masculinos contradigan esta cuestión sagrada de identidad, no puede hacer otra cosa.

 A la costosa operación y dolorosos post operatorios se añade que el transexual renuncia al placer en pos de vivir acorde con su identidad. Probablemente muchas personas desconocen este particular. En esta columna hemos tratado en alguna ocasión el tema y hace pocas semanas lo asocié a la difícil época de la pubertad. Aunque el transexual lo tiene complicado siempre mientras la sociedad siga patologizando el sexo en general (más que de sexo o sexuación se habla de prevención de enfermedades, como si fuera la bicha malévola).

 Hace poco tuve una discusión con un compañero en una tertulia de televisión. Y vuelvo a encontrarme que incluso los propios gais carecen de la empatía necesaria para comprender este asunto que aún hoy podemos definir como problema. Yo no soy transexual pero he sido adolescente.

Puedo entender la horrible vergüenza que se pasa a determinadas edades donde aún careces de la personalidad y el valor propios para reafirmarte en ser lo que eres y como eres, aún a riesgo de ser impopular. Vamos con el tema, por ejemplo, de los aseos públicos. Si yo fuera adolescente y transexual me gustaría entrar a un aseo donde nadie me mirase raro porque soy chica por fuera y me siento chico por dentro y voy al de los chicos.

Cambiar la mentalidad en algo así es imposible de un día para otro, por eso yo propongo la opción de aseos especiales para que cada cual los  use con libertad. Este chico hizo un comentario muy desafortunado. Entonces ¿Qué? ¿Los vas a comparar a los minusválidos? ¿Cómo si fueran bichos raros? Vaya por delante que odio las palabras minusválido y discapacitado. Deberían desaparecer del diccionario asociadas a personas que van en sillas de ruedas por accidente o por nacimiento.

 En este caso, acabaremos patologizando al mundo entero siempre y cuando no se ajuste al estereotipo marcado por esta sociedad que, por ejemplo, se empeña en meter a todas las mujeres en una talla única. Todos tenemos derecho al respeto de los demás, da igual nuestro color de piel, nuestra opción sexual o de identidad sexual, nuestra talla, los pájaros que tengamos en la cabeza, lo incoherentes que seamos o los aciertos y errores de nuestra vida. El respeto se mama y se aprende. Y también se gana, por supuesto.

 El colectivo transexual se lo ha ganado con creces. Hace algo más de 50 años a los gais se les dejó de considerar enfermos mentales. Ya va siendo hora de acabar con eso de que los transexuales de nuestro país tengan que decir que están mal de la mollera para acceder a su operación de cambio de sexo.

Muera el amor

       

Os acordáis de la famosa canción de Rocío Jurado? Parece que alguien me la ha metido en vena por vía subliminal. De un tiempo a esta parte todos los tíos me parecen sosos, aburridos, feos o muy feos. Llega la hora de la cita y comienzan los bostezos, la pereza monumental, las pocas ganas de arreglarse para nadie. Total ¿Para qué? El amor que nos venden en el cine, ese donde los dos llegan juntos al orgasmo, se da unas pocas veces.

No digo que no exista. Incluso yo he vivido en carne propia eso de conseguir ese goce brutal del uno con el otro al unísono. Una temporada me dio por bautizarlo como "follación sincronizada". Pero ya está. Se acabó. Porque después de todo eso lo que viene siempre son sinsabores, decepciones, promesas rotas o relaciones que se mantienen por un interés crematístico.

 Como dice una compañera del máster es que los orgasmos tienen mucho tirón. A las mujeres nos dan un orgasmo y nos ponemos el mundo por montera. Y qué verdad es ¿Pero qué pasa con los hombres? Pues que en general sois unos mataos. Y el orgasmo os gusta, pero la comodidad os fascina. Algunos raros son capaces de romper su rutina por un amor verdadero pero si falla, pues ponen fin a la vida amorosa. El otro día conocí a un príncipe encantador que me confesó ser un Don Juan. Hay que llegar a unos elevados niveles de desencanto para auto colocarse esa etiqueta.

 Me he tropezado con un video que os recomiendo. Apenas dura tres minutos y se titula "True romance". Y sentí envidia de mi misma algún tiempo atrás. Los protagonistas se besan en todos los sitios inimaginables: en medio de una manifestación, entre cables, por supuesto en el coche, en las estanterías de un supermercado, en la cornisa de un edificio. Son besos reales: con mucha lengua, con saliva, con barbas, con sudor.

Ese es el amor explícito, salvaje y maravilloso que cualquiera añora, no la comedia barata de Hollywood que ya nadie se cree. Cuando uno ha vivido ese amor y sale mal resulta que le pasa como al príncipe encantador, como a mi. Que ya nos hemos blindado. Que simulamos divertirnos pero en el fondo nos sabemos de memoria el guión de esa película.

De hecho, la hemos protagonizado varias veces . ¿Quién es el valiente que se atreve ahora a ir a pecho descubierto con un corazón palpitante al aire? Un video como el de "True romance "puede motivar. Quizá exista alguna terapia de cincel, pico y pala para desbloquear esa coraza. Miraré algún tutorial de Youtube que uno encuentra de todo. Es posible que encuentre el valor necesario para desterrar toda mi educación judeo cristiana y me convierta en ágama.

Los ágamos rechazan el amor, se rigen por la razón como máxima autoridad decisoria, reintegran las relaciones al ámbito de la ética. Su prédica también incluye el rechazo al concepto de género y al concepto natural de belleza (para ellos es un concepto construible). La agamia sustituye la sexualidad por erotismo, los celos por indignación (que me da la risa) y la familia por agrupación libre No sé si, con tantos pájaros cinematográficos y musicales en mi cabeza, podré desprogramar todo el romanticismo que me han inculcado y que tanto me gusta y me inspira.

 Queridos lectores del punto G: Ante los desengaños y sinsabores ¿Serían capaces de elegir algo como la agamia? ¿Serían capaces de vivir a base de folla amigos? Ojalá pudiera, de verdad. Mi vida sería más fácil. Pero, como cantaban los Panchos, lo dudo. Rocío Jurado tiene la culpa.

En cierto punto

 

 El otro día se me acercó una señora muy sigilosa para preguntarme dónde estaba el punto G. Podía haberle contestado como hablaban los surrealistas. Le podría haber dicho: en cierto punto. Y no le mentiría ¿Verdad? Hablar de sexo ante amas de casa que sobrepasan la cincuentena es algo muy rico . Se aprende. Para explicar donde se halla cualquier elemento de la geografía humana, un dibujo es lo gráfico, lo fácil, lo evidente pero, ante la imposibilidad de tener uno a mano —con un lenguaje de manos entre flamenco, simiesco y grotesco— traté de poner fin a su duda. El ser humano se mueve con especial soltura por entre lo desconocido y lo misterioso.

Quizá lo que no salta a simple vista nos emociona e intriga más que otros atributos tan o más sexuales que el tan famoso y pregonado Punto G ¿Pero yo me lo puedo palpar? Pues depende del dibujo de sus entrañas. De lo largos que sean sus dedos... Depende. Todo es en cierto punto. Como la noté algo angustiada por sus relaciones sexuales con el marido de toda la vida intenté tranquilizarla: esto no es el salto de pértiga, lo importante, amiga, es pasarlo bien ¿Ha probado a pedir que la bese en el cuello? Quizá eso la excite más que el saber que su esposo anda perdido entre sus grutas buscando tesoros. ¿Será suficientemente hábil para encontrarlos? ¿La herramienta será la adecuada? El kamasutra explicaba cómo no todos los hombres son compatibles con todas la mujeres.

Hay órganos sexuales que encajan como un puzle y otros que no hay forma, vaya. Todo es ortopédico y más complicado que una pirueta de El circo del sol. Pero más allá de los genitales buceemos precisamente ahí, en ese cierto punto, esa complicidad que se tiene o no se tiene, que se tuvo o se perdió, y que es la base de la diversión y el juego entre las sábanas. 

Si convertimos hacer el amor ,o follar en una gymkana, estamos perdidos. -Pero es que yo con el clítoris voy muy bien -Pues mejor para usted, si eso le satisface, fantástico. -Claro que lo otro no lo he probado Como ya discurríamos en esas intimidades, en confianza le comenté que el orgasmo "con clítoris" como decía ella es estupendo pero, personalmente prefiero gozar por cuantos más sitios mejor. La sonrisa de picardía era indescriptible: "lo del clítoris está bien, amiga, pero lo otro es el premio gordo. No sólo eso, que si se relaja puede encadenar un orgasmo con otro. Vamos, que es mi experiencia, pero sin obsesiones ¿vale?" No sé cómo le irá a esta señora y su marido. El caso es que me encantó esa frescura a la hora de comentar esas intimidades. Las mujeres de cierta edad son la antítesis de la mojigatería. 

Los que consideran que nuestra Región es retrógrada, que se asomen por algunas asociaciones de amas de casa. Quizá les pregunten algo que no sabrán siquiera responder. Mi sueño es ser como la Streisand en los "Padres de ella" y enseñar a todo el mundo a disfrutar de su sexualidad con alegría, sin complejos y sin miedos. Y si son parejas mucho mejor. Y si sobrepasan la cincuentena, mejor aún. Igual que un mapa de Murcia no huele a Murcia; es un dibujo sobre un papel; una abstracción que jamás podrá recoger las emociones de una tierra, sus playas o sus cielos increíbles; que alguien sepa exactamente donde se encuentra ubicado el punto G es sólo fundamental en la sexualidad y sexuación de una persona... hasta cierto punto  



lunes, mayo 09, 2016

¿Qué es la pubertad?

     


 La pubertad es una tormenta. Es un libro de Anais Nin, pongamos Pájaros de fuego. Es una taquicardia. Él aparece al doblar una esquina. Te regala unas zapatillas de deporte. Te da un beso tierno pero te lleva 14 años y te ve como una hermanita pequeña. Maldita sea. La pubertad son esos pechos que no quieres que crezcan porque detestas ser mayor. Es la primera experiencia sexual en grupo. Los primeros genitales que te tropiezas. Los tuyos, los de otros. Un vello incómodo. Un olor que te sobrepasa, la fealdad, la belleza.

El estirón que te transforma y ya no eres una niña nunca más. Y ahora quieres otras cosas. Y sueñas con ellos bajo mil posibilidades y formas. Aventureros que recalan en una isla recóndita, hombres con traje y corbata cuyo atractivo te desborda. Y tu corazón palpita. Toda la sangre de tu cuerpo se concentra en tu sexo y en tus sienes y casi te avergüenza descubrir esas sensaciones.

 Y te agarras a las escenas de La gata sobre el tejado de Zinc (caliente) y eres ella, Elizabeth Taylor, cuyo deseo traspasa la pantalla y lo sientes como tuyo. Y ya por siempre te gustarán esos hombres. Algo duros por fuera. Muy frágiles por dentro. Quizá incluso ambiguos y, casi siempre, con los ojos claros.

 Ahora que contemplo la pubertad y pre adolescencia de mi hijo comprendo cuán diferentes somos pero los dos tenemos algo en común. Común a todos los adolescentes. El niño deja de ser niño, se encierra en su cuarto, necesita esa soledad para crecer. Necesita sus cosas, sus amigos, su individualidad. Se está conformando como individuo. Comienza a aparecer los primeros caracteres sexuales. Se avergüenza de ellos en un principio.

Se acostumbra e ellos después. Imagino la adolescencia y pre pubertad en esos  —aún niños— que nacieron hombres y se sienten mujeres y viceversa. Los caracteres sexuales que les imprimen sus genes están en franca disonancia con lo que tienen en su interior. Actualmente hay tratamientos hormonales para frenar esos caracteres sexuales y que la cirugía posterior (si es que se atreven, quieren y pueden someterse a ella) no sea tan agresiva. Pero entramos en el terreno resbaladizo del menor. Y, por desgracia, los hay que se empeñan en mezclar la moralidad con algo que nada tiene que ver.

El sentirse hombre o mujer es algo irrenunciable para cada ser humano. La pubertad marca ese momento en el que ya puedes concebir, ya tienes capacidad reproductora. Aunque angustiosa y estresante en algunos momentos, también es una etapa de la vida de descubrimiento. Sería maravilloso poder mantener esa capacidad de sorpresa para siempre. Pero por favor, dejemos de concentrarnos en la reproducción. Dejemos de decirles a nuestros hijos: "Ahora ya eres un hombre" "Ahora ya eres una mujer". Y antes que eran ¿extraterrestres? También eran hombres y mujeres.

Nacemos sexuados y permanecemos sexuados a lo largo de toda nuestra vida. Los niños tienen su propia sexualidad, igual que los adultos, igual que los ancianos. Y si eres madre o padre de un niño adolescente, por favor, déjale su espacio, su privacidad. Imagina por un momento su mundo lleno de interrogantes ¿me debo poner sujetador? ¿Me afeito ya? ¿Con qué clase de cuchilla? ¿Este desodorante será suficiente?

 La pubertad debiera ser florecimiento y felicidad y no ansiedad y tortura. Enseñemos a nuestros hijos a quererse tal como son y tal como se sienten. A enfrentarse a la vida y a quienes quieren condenarles a ser lo que no son. La pubertad es libertad. Brindemos por ello.   Imágenes de  Isabella Connelley y Bethan Mooney

Ese no era el gallo




Esta semana me contaron una bonita historia con final feliz. Él casado, ella casada pero no entre ambos. Se conocen, se enamoran. Ambos tienen dos hijos de sus respectivos matrimonios. Inician una relación. La relación prospera en la clandestinidad un tiempo pero se percatan de lo importante que es su amor. Hace más de 30 años decidieron romper su estabilidad familiar e iniciar un camino juntos. Hoy, después de 30 años, permanecen juntos. Los comienzos fueron duros, sobre todo en la España de hace tres décadas y, en muchas ocasiones, en el hogar que compartían se juntaban los vástagos de él y de ella en plan "míos, nuestros, vuestros". Esta historia contada al calor de un vino, con la serenidad de los años transcurridos, me hizo sentir quizá un poco de envidia porque hacer algo así  hoy es casi inconcebible. El amor de ahora no mueve montañas. Es un amor conformista, lineal, cómodo. Casi comida de rancho. Hay muchas historias alrededor nuestro pero apenas encontramos este tipo de relación heroica, hermosa, valiente. Nos quejamos de la proverbial cobardía masculina. Detestamos generalizar pero sólo hay que observar el panorama: cada día hay más mujeres solas que, hartas de esperar un tipo de relación algo más comprometida e involucrada, dicen adiós, e incluso renuncian para siempre a la posibilidad de una pareja. Mi amiga Patricia Díaz tiene un dicho cuando el hombre falla: ese no es el gallo. Pero ni gallo, ni polluelo ni calimero. De un tiempo a esta parte no escucho ni una historia con final feliz y, me vais a perdonar, pero soy una romántica. Me gusta que el amor triunfe, que sea más fuerte la convicción de que hay que comerse la vida a "bocaos", como dice Rosa Montero, que el terror al cambio. En estos momentos, tirar sólo hacia adelante cuesta más que quizá hace 10 años. La vida está muy cara, el trabajo es escaso y los sueldos no crecen al ritmo de los salarios y eso, no nos engañemos, mantiene unidas a muchas parejas. Pues les digo una cosa: no se está nada mal sólo. Incluso se está mejor. En esta semana plagada de eventos literarios, me quedo con algunas historias contadas al calor de una copa de vino, con la frase"Ni pena ni miedo", del poeta chileno Raúl Zurita, que fue excavada en la zona desértica de Antofagasta y que mide medio kilómetro de ancho y tres kilómetros de largo. Rosa se ha tatuado esta palabra justo debajo de su nunca. También hay pájaros de tinta preciosos que surcan sus brazos, para recordarle su propia fuerza y resurgimiento tras una tremenda operación de espalda. Castigar el cuerpo porque él te castiga, dice. Ordenarle: aquí mando yo. Me quedo también con la cara de ese otro amigo que enterró a su esposa hace cosa de un mes que siente alivio por ella, por todos. Porque cuando amas a alguien detestas verle sufrir. A veces olvidamos por qué permanecemos al lado de alguien o por qué decidimos que ya no más. Pero, tranquilos, que la vida siempre está ahí para recordarte tantos ejemplos que sobreviven a la desidia, al miedo, al auto sabotaje. Y que lo del final feliz es siempre algo subjetivo. Quizá ese hombre que amabas, que se involucró contigo y con el que hubieras caminado un buen trecho de tu vida, no era el gallo. Te lo inventaste. Quizá te habrías aburrido de él al cabo de un año y quizá, en el fondo él llevaba razón, cuando insistía en magnificar su insignificancia. Hoy es insignificante después de todo. Ese no era el gallo.