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viernes, septiembre 09, 2016

La flor de la canela



  Me siento en tus rodillas y cantamos La flor de la canela. Te sorprende que me sepa la canción. "De memoria. Una de mis favoritas". Relatas anécdotas de canciones y familia. Me hubiera gustado estar ahí, con los tuyos. Que los tuyos fueran los míos porque en el fondo está claro que nos parecemos. He llegado a pensar que compartimos hasta parte del ADN.

  Tú y yo somos como los personajes de mi carta de tarot favorita: El sol. Las almas gemelas, con los mismos miedos y cobardías. Nuestra misma forma de escapar de la realidad: jazmines en el pelo y rosas en la cara. Como en el naipe, nos tocamos el corazón con las manos y estamos desnudos y felices bajo un gran sol de ternura y amor incondicional. Airosa caminaba, la flor de la canela. Sentada en tus rodillas me alimentas con tus besos, como el padre amoroso que eres. Afuera, en la calle, hay ruido de camiones, cláxones y frío pero tú y yo estamos en el útero de la felicidad, inmersos en el remolino del amor, la pasión, la lascivia y el deseo. Nos tocamos como niños de escuela que descubren sus sexos, conseguimos el éxtasis del otro con felicidad y facilidad. Bailamos desnudos frente al pupitre una bachata, una salsa.

Me siento esta vez frente a ti, contigo dentro de mi y eres un balancín que me acuna y me hace flotar. Una nube de olores y feromonas, sin alcohol, sin sustancias tóxicas. Todo es limpio entre nosotros. Nuestro sudor, nuestros fluidos: "vida mía, me vuelves loco". Rosas en la cara. No articulo palabras pero los jadeos, los aullidos, son el mejor piropo que puedo ofrecerte. Los estertores y la locura. Y te derramas como en la canción. Derramas lisura. Y hay aromas de mixtura en nuestro pelo, en nuestros abrazos. No, yo tampoco quiero que termine. Quiero me lleves de tu brazo del puente a la alameda. Porque mi pie es menudo, como dice la letra. Porque nuestro amor es sabroso, dulce, picante. Más, mucho más hermoso que la flor de la canela. La vereda se estremece al ritmo de nuestras caderas.  

Stars



 Érase una noche de arena fría,  estrellas, de luna. Un vestido de inspiración hindú dejaba mi espalda descubierta. La brisa se tornaba excesiva ante tan liviana vestimenta. Y estaban tus manos. "Ven, recuestate sobre mi".  Sobre la arena, tú. Y sobre ti, yo. Eras una hamaca generosa y algo inquieta. Brazos que sobresalen y tocan mi pecho blanco, ya desnudo, ya fosforescente a la luz de la luna.

Intento responder a tus caricias con otras por encima de tu pantalón pero eres una hamaca traviesa, Más fuerte. Me doblegas. Reímos. Pasa una estrella fugaz. A lo lejos suena Starry, starry night Tu mano dibuja geografías. Dices mi nombre al oído. Conoces los resortes. Me volteo y te beso fuerte. Soy una mujer desnuda al borde del mar, cubierta por un vestido de inspiración hindú. Estoy sobre ti.  Y te amo. "Paint your palette blue and grey", canta Don. Y no son los 70.

 A lo lejos, el chiringuito y sus luces de colores. En la distancia corta, mi lengua y la tuya bailan, mis manos toman el mando. Fuera camiseta. Pezones a mi boca, tu cuello a mi boca. Tu boca a mi cuello. Me muerdes. Eres un vampiro torpe. Reímos. Sin vergüenza. Los viandantes escuchan murmullos pero la playa está oscura, nos guarece del mundo.

 Desembarazarte del pantalón es complicado. Mi piel se eriza. Mi corazón galopa cuando entras en mi. "Volver a tu volcán". Si pudieras un minuto estar en mi. Pero estoy en ti. En tus jadeos, en tu entrega. En este juego adolescente de vaqueros, camisetas y vestidos livianos de inspiración hindú. En el bolero de estrellas fugaces. Lo tenemos todo. Adoro como coges mi cara entre tus manos. Cómo brillan tus ojos, como palpitan nuestros sexos, agotados tras el fuego. Los licores del sexo, la sal, las olas , la arena picante. Otra estrella fugaz. ¿Qué pides? Que se repita ¿Qué pides? Que no acabe nunca. Un aire sideral de deseos incumplidos nos acorrala. Presagio  gélido. Calla, no digas nada. Contemos estrellas : "Look out on a summer's day".

viernes, marzo 07, 2014

30 Fantasías. Fantasía 1





Le esperaba desde hacía rato. Aburrida, se quitó toda la lencería con la que quería sorprenderle. Se encontraba como una princesa en aquella espaciosa suite. El sol de media tarde se colaba tras los visillos, rebotaba en los cristales, iluminaba su pelo. Era primavera y todo allí olía a éxtasis, a naturaleza audaz. Ella misma se sentía la hembra más fecunda del planeta. 

Sin ropa pero sin bajarse de los tacones, descorchó el vino blanco que se enfriaba, o se calentaba, desde hacía más de una hora. Se contempló en el espejo de la entrada: sus pechos de niña que tanto le gustaban a su antiguo amor. Su sexo aparecía entre sus piernas como por accidente "yo pasaba por aquí", camuflado, escondido,  a la espera de florecer por el deseo que tanto la impacientaba.

Se sirvió, sumergió los ojos en el líquido cristalino, precioso, alcohólico, algo canalla. Casi como una bruja con su bola de cristal, aparecieron ante sí los fantasmas del pasado. "El sexo es la única verdad", le decían. Todo lo demás nos lo inventamos. "El amor, si es amor de verdad, tardará en cuajar" (qué pesados). "Las emociones nos engañan" (siempre, siempre, querido Mr Scrooge) . El fantasma del pasado era voyeur y seguro que la miraba, excitado, desde su trono en el cielo. O en el infierno.  
Su sexto sentido la acercó hasta la puerta. La abrió y ahí estaba él. Algo sudoroso. También impaciente. "Pensaba que nunca descorrerías ese pestillo."

Le arrebató el vaso. Apuró su contenido, lo hizo estallar contra el parquet y la arrinconó con fuerza."Ahora, te voy a follar, querida".  Ella se agarró su cuello viril. Le mordió, le tiró del pelo. Estaba algo furiosa. En segundos se topó con la hebilla, la descorrió y encontró su miembro duro. "Ahora esto es mío, querido".  Había besos más allá del abismo, había el olor a sexo descontrolado. La sobria camisa blanca reposaba en el suelo y ella le empujó hacia la cama. Se encaramó en su pene, un juguete nuevo. Un alimento diferente. Y comenzó a alimentar a aquel coñito chiquitín y matón. Tan matón y tan mojado ¿Quién necesitaba lubricantes? Ella no. Aprisionaba aquel sexo tan dispuesto con el suyo. Inventaba espasmos. Él gemía. La miraba desde abajo. Tocaba sus pechos. Agarraba su culo y le marcaba el trote para acompasar su placer. Eran puro ritmo y sintonía. Era como lo habían soñado.

Ella paró un instante. Sabía que ningún hombre aguantaba ese ritmo mucho tiempo y quería vibrar. Oh, sí,vibrar mucho más. Se acercó a sus ojos joviales y divertidos. "En realidad yo te he follado a ti". La volteó. Subió sus piernas sobre los hombros y la embistió con ternura y con fiereza por tanto tiempo que casi perdió la cuenta. Se derramó sobre su vientre. Agotados, durmieron una breve siesta.

viernes, julio 19, 2013

París




Él susurró en su oído:"Qué pases un gran día, guapa". La despertó pero no abrió los ojos. La besó en la frente. Acarició su pelo y se quedó junto a ella. Respiraba su olor. Paula se quedó muy quieta. Le sorprendía este ataque de "intimidad". En tres años de conocerse habían sido fantásticos compañeros de trabajo. Se gustaban pero todo era extremadamente civilizado. Hasta que ella le anunció que iba a París: "los jefes me envían para vigilarte".
 -Quédate en mi casa
 -¿Estás loco? Me pagan un hotelazo
 -Hazme caso, te mandarán al quinto infierno. Yo vivo en el Marais. Te encantará.

 Así llegó ella a su cama, del modo más tonto.

 Salió a pasear en su día libre. Regresó a la Sainte Chapelle, uno de sus lugares favoritos del mundo, callejeó hasta Montmartre. Horas de tiendas, pan au chocolat y Chet Baker sonando en su iPod. "Guárdate energías para esta noche, vamos al barrio latino". La llevó a un restaurante sencillo, oscuro, con velitas "es para que no se vea la mugre", bromeó él." ¿Y Nicolette?", preguntó ella. Nicolette era su prometida. "Con sus padres",contestó. "¿Y Luis?" Luis era su prometido."Sin sus padres", zanjó ella.

 Pidió una rústica sopa de cebolla. Él una botella de Veuve Clicquot. Y otra. Al salir, la tomó por el brazo al estilo antiguo. Llegaron a tropezones hasta su minúsculo apartamento. Sin parar de discutir. Ella se quitó las botas, él los zapatos. Risas, menos prendas. De pronto, ya no había ropa y se miraron con una interrogación en sus ojos ¿Qué estamos haciendo?. Se instaló el silencio. Sin palabras hicieron el amor salvajemente. Como dos desconocidos. Se derramó en ella con desesperación y civilizadamente exclamó: "No soy yo, es París. No me lo tengas en cuenta, mademoiselle".