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sábado, julio 27, 2013

Vecinos




Cuando ella entraba en el ascensor el aire se transformaba en néctar de melocotón y acordes de praliné. Cuando se miraban, a él, indefectiblemente, no importaba si había desayunado o no, le temblaban las piernas. 
El primer encuentro fue un verdadero terremoto: “¿No sale?”.

 -Cre, cre, creo que he olvidado algo. 
 -Una faena, calificó 

A la frase le siguió una sonrisa llena de blancos dientes, un alzar de hombros bronceados y unos ojos que se clavaron en los de Inocencio como ascuas. Agradeció que la portezuela del ascensor se cerrase obediente y se quedó a solas en aquel aire contaminado. Se apoyó en el espejo, boqueando como un pez apunto de fenecer por asfixia. 

 En ocasiones la escuchaba gemir a través de las finas paredes de su apartamento. También los escuchaba a ellos: El de los martes se llamaba Germán: “Sí, mi amor, sigue así. Eres la mejor, esta es mi chica”. Los fines de semana, aparecía por allí Salva. Era bombero. Por las conversaciones deducía que a él le gustaba apagar sus ardores y regarla de semen: “Toma, toma, todo para ti. ¿Todo tu fuego es para mi?”. 
 -Claro, cariño—mentía . 

 La veía entra y salir del apartamento a horas fijas. “Tendrá un trabajo”, pensaba Inocencio. Cuando se tropezaban le era imposible articular sílaba. Todo era un salivar, crujir de dientes, trastabillar palabras que se atascaban en el velo del paladar. 

Cierto día, la puerta se abrió en el bajo y apareció ella con el pelo mojado, agitada. Apenas llevaba una toalla y las llaves en la mano: “Germán y Salva se han conocido”. Ella sabía que él sabía. Por la escalera atronaba una voz masculina. Resuelto, sereno, le tendió la mano, apuntó con su dedo al sexto piso y la convirtió en su refugiada.

jueves, octubre 07, 2010

Varguitas, Mon amour


Varguitas, peruanito, pichiruchi, niño bueno. Como echaba de menos al Mario amoroso de "La tía Julia y el escribidor". El Premio Nobel, Mario Vargas Llosa, sobrepasa los 70 y me pregunto porqué diablos los artistas de nuestra generación no saben hablar de amor como los viejos (en el mejor sentido de la palabra).
Gracias Varguitas por esas historias de "La niña mala"; por esa pasión ardiente, por ese encoñamiento tan bello que nos describe el autor bajo el que se vislumbra una inevitable vida; Las descripciones eróticas son sublimes, nunca vulgares, siempre mágicas, como lo es el sexo del enamorado en sí. La generosidad del protagonista, incomensurable. La generosidad del auténtico amante, del eterno galanteador, del que quiere y desea con anhelo y hondura. De aquel que se levanta con más "te quieros" tras cada desengaño ¡Quién fuera niña mala, Varguitas!
Conocí a Varguitas en una rueda de prensa hace como diez años, en mis tiempos de patita gorda. Sólo intercambiamos unas palabras, porque la gente tan lista, tan guapa, con tanta clase me impone horrores. Le dije, como si a él le importase lo más mínimo, que me acababa de leer "La Tía Julia y el escribidor" en mis días de intercambio en la Universidad de Puerto Rico. En seguida me cortó ¿Puerto Rico? No me digas, estuviste en RioPiedras? Yo fui profesor allá. Un campus precioso. Sí, claro, dije yo, más feliz que una lombriz...Precioso. Y enseguida se lo llevaron Vitorino Polo y sus secuaces. Malditos.
Varguitas, dúranos muchos años...Escribe esas maravillosas novelas de amor y política, de sentimientos intensos para que las mujeres de nuestra generación soñemos con los hombres que ya no existen. Esos que son capaces de arriesgar su hacienda, su honor por la mujer que aman. Esos que recuerdan con exactitud cada milímetro de piel de la mujer que les arrebata el aliento...y acaso, un poco la vida.

jueves, julio 30, 2009

Vivir, símplemente


A veces, el corazón es como una casa vacía. Llena de muebles, llena de ruidos pero en la absoluta soledad. Una, quisiera gritar como en la montaña rusa y se dispara según qué teclas pero encuentra el vacío a la postre. Y cerrazón. Y puertas que chirrían y que quieren abrirse. Pero cómo cuesta, diablos. Y el clasismo y los prejuicios burgueses. Mueran. Carbonizados. Nunca avanzaremos con la careta puesta. Vivamos la sana incertidumbre de la santa providencia. Símplemente, vivamos.

viernes, febrero 09, 2007

DECIR ADIÓS


Acariciar la idea de la muerte a una edad temprana siempre resulta romántico y conmovedor. Ver los rostros descarnados de quienes se quedan nos mueve a la soledad compartida, a una desolación sin parangón. Cuantos “¿Por qués?” “Nunca hice lo suficiente”, “tenía toda la vida por delante” y los “¿Para qué?” Rondarán por sus mentes.

En la mente del suicida reina la ofuscación, el abatimiento, la desesperación. Unos ojos que miran sin ver, que no saben donde está la luz ni como buscarla. Un día olvidan que el final del túnel, --luminoso y resplandeciente-- existe también, por y para ellos. No reparan en el sol, el aire, la brisa, el mar, el sexo, las caricias, el calor...Son burdas manifestaciones de una naturaleza cruel que debasta su entendimiento. Llega un día que asomarse a un oscuro ataúd ya no es tan descabellado, ni si quiera da terror saberse devorado por seres del subsuelo. Ellos ya viven devorados por la oscuridad misma.

¡Qué pena, Erika! ¡ Qué pena tantos mortales que deciden quitarse de en medio!. Algunos lo hacen de un modo eficaz y limpio. Otros, deciden matarse lentamente con el alcohol o las drogas. ¡Cuanta impotencia a tu alrededor! La de los hombres que te amaron, la de tu familia, la tuya propia por intentar escapar en una huida hacia la nada, hacia el abandono premeditado, irremediablemente consumado, o por consumar.¿Y quién es el cupable del ennui, la melancolía, la ansiedad infinitas, de la eterna tristesse?¿Y para qué buscar culpables?

sábado, febrero 03, 2007

INGENUIDAD, COMO ANTES


Dice Carrie, la protagonista de "Sexo en Nueva York" que llega un momento en la vida que es imposible vivir sin una cierta dosis de pesimismo y no puedo estar más de acuerdo. Hay seres en el mundo que tienen una perpetua ilusión por vivir y aventurarse. Personalmente, nunca me han dado miedo los cambios, los nuevos proyectos, pero, a medida que crezco, se hace más hondo en mí un pequeño socavón donde perviven todos los sinsabores y las tantas, tantísimas ilusiones truncadas, sobre todo en el terreno profesional. Ahora, cada vez que surge una oportunidad, el miedo la acompaña como una sombra alargada que sólo me aporta una media sonrisa. No un salto, no una exclamación.
No sé a vosotros...pero ese pequeño socavón se ilumina en ocasiones como una bombilla roja que me alerte de un peligro.
Quizá, de un tiempo a esta parte, una se lleva menos chascos y, si llegan, ya tiene el parachoques preparado y no duele. No como antes. Pero igual ocurre en el caso de los triunfos. Tampoco son como antes.
Foto de Aleeka Salaam's

martes, enero 30, 2007

La certeza


La certeza es un bailarín de claqué con suelas viejas. Un dogma de nubes maltratado por los días. Una realidad tozuda, una fe de dinamita. Una espina de mentiras. ¡La certeza --inamovible, ceñuda, innoble-- mató a tantos hombres! Que se vaya con viento fresco a jugar a otras praderas. La verdad es un invento psicópata ¿Qué es verdad o mentira?¿No dependía de un cristal?Lentes de amuento, distorsiones en el callejón del gato. Mientras tanto, zafios seres se examinan. El polígrafo dice que miente. La tecnología no detecta las facetas del monstruo, la humanidad de la masa, la ternura del dictador. El color del cristal nos dará otras certezas inciertas, otras mentiras imprescindibles pera levantarnos cada día.

martes, enero 09, 2007

Pintar oportunidades


El niño Gonzalo pinta "una oportunidad". Sus dedos trazan constelaciones: Casiopea, Perseo, Pegaso. Inicia el trazo, ensimismado, pensativo. A solas con su papel y la vida interior que se adivina en la mirada viva y el gesto risueño. Pinta, niño Gonzalo. Descubre nuevas galaxias en tu libreta.

viernes, diciembre 29, 2006

Explicar la vida


Intento explicarme la vida y sólo puedo maravillarme ante su presecia nueva cada mañana. Al continuo deambular de las horas, con sus brazos en jarras, o delgadas como el silencio para transcurrir sin ser vistas. Intento explicarme el dolor, el físico y el del alma, y concluyo que ambos son la misma cosa. Manifestación exacta de la emoción.
Humanos, vivimos en ocasiones maniatados por el instinto, maravillados por el regalo de los días, o clamando poque terminen y pase rápido ¿El qué? El vacío.
Foto Antona

domingo, diciembre 10, 2006

MUSA FURIOSA


Cuando se hace pronunciado el silencio entre nosotros ya me digo: "otra vez el maldito creador, quiere hacerme enmudecer"¡Pinta de una vez, elegido de los dioses!¡Dibuja el pentagrama, ilumina el lienzo, emborrona cuartillas o moriré de inanición!. Marca un dos por cuatro que yo bailaré un pais à deux ¡Trabaja, maldito, trabaja! Pues me consumirá la rabia.
Tan espaciado silencio mata mi sonrisa, me torna arisca, insoportable. ¡Oh, bello! ¡Dibuja latidos para mí, gime para mí, recrea de nuevo sentidos y lamentos. Los míos te lo agradecerán. Sin palabras, sin gestos. En el delgado silencio que contiene las verdades del mundo y sus raíces ¡Te necesito, desagradecido! ¿No ves que no he de vivir sin tu aliento ?Soy la musa, no lo olvides, así que sacúdete la pereza, crea, y sácame de este largo confinamiento.

domingo, noviembre 05, 2006

PERDIDOS

Me perdí entre los huertos para escuchar el grito agradecido de los palmerales y limoneros ante la lluvia que, por fin, decidía descargar sus gotas sobre el desierto de Sureste murciano. Decidí abandonar el atasco previo de acceso a la autovía y discurrí por la breve huerta que aún permanece entre espantosas moles de concreto, entre los modernísimos edificios de oficinas. Oí como suspiraban aliviadas las palmas que crecen junto a las acequias y me reconforté con ellas en el plácido torrente del agua, contaminada tras pasar a la capa de la atmósfera. Imbebile en estos tiempos donde reina el CO2 .No existen sendas en la huerta en las que perderse. Se acabó. Nos quedamos sin el paisaje de la infancia. Lo sustituye un frío armazón de pésimo gusto y discutible utilidad. Aún así, aspiro el olor a tierra mojada, porque algo de ella queda entre tanto asfalto, y me siento miserable por todo lo arrebatado. Los caminos de barro y agrillos, las vecinas con sus cánticos junto a la pila de la ropa y el olor a jabón casero. Los niños felices sumergidos en la corriente del riachuelo, lleno de sanguijuelas; los higos recién cogidos y los desayunos debajo de la higuera. Y la cara coloradota de mi abuela Micaela y de mi abuelo, Pepe el Gordo, con su Parkinson y su gayá.
Se acabó. Ya no hay huerta y sus antiguos pobladores vagan como fantasmas por los nuevos centros comerciales preguntándose qué extraño puente habrán cruzado para llegar al infierno. Y nosotros, acudiremos contentos a ver el último estreno y a gastar nuestro dinero en lo que, quizá, antiguamente, eran un bancal de habas.

viernes, octubre 27, 2006

ESPEJO


Estoy harta de mirarme en el espejo, cansada de la rutina, de las obligaciones, de no reirme, de no reirme. De no reirme. De que todos mis amigos tengan cosas más importantes que hacer, de que la vida me siga pareciendo un camino estrecho, con tediosas funciones. Una y otra. Con la pestaña puesta, el lápiz de labios en su sitio y mi alma a miles de kilómetros. Fantaseando en una pista de baile de Los Ángeles, perdida por las aceras mojadas de Brooklyn, colándome en los callejones del Covent Garden y muerta por dentro. Muerta como una flor pisoteada, arrancada con furia de un buen tiesto y tirada al estercolero de los sueños rotos, de los esfuerzos en vano, del insuficiente talento. Iracunda ante mi propia actitud, derrotada en el fondo, sabiendo que nada cambiará, que mi carne mortal se pudrirá en un futuro no muy lejano y que nada podré hacer para remediar el vacío. Mirando este espejo atestado de viejos fantasmas, de sueños que nunca se cumplirán...Y ya no puedo ser más niña. Ya se acabó la tregua, el tiempo muerto, las oportunidades. Un minuto y de nuevo a escena, a seguir representantdo el papel, a sonreír y mostrarle al mundo esa imagen prefabricada de papel cartón y angustia. Que ellos se crean las mentiras, mis embustes, y salgan de la sala con la convicción de que la miseria somos todos y hay existencias más tristes que las suyas...Aunque sea falso.

jueves, octubre 19, 2006

Tus ojos, mi casa


Tus ojos son mi casa y con eso creo que ya está todo dicho. Aunque en ocasiones no nos encontremos, aunque pasemos tantas horas al día lejos el uno del otro. Tan lejos. Pero siempre puedo regresar al espacio que me da cobijo. Al sereno caminar de nuestra vida que tú conviertes en sencilla. Porque el amor no es una epopeya, ni una rapsodia. Es una canción cristalina. Es el sonido puro y azul de tus ojos.

martes, septiembre 19, 2006

ANOCHECER


No hay nada mejor. Lo susurraba mientras se abría paso mansamente entre las aguas termales de la piscina. Todos se habían marchado y apenas si se escuchaba otra cosa que los borbotones húmedos de un chorro eficaz para aliviar la tensión muscular. Y la brisa. La suave brisa de verano empalagosa, como algodón de azúcar, descarada y sexi, atrevida y tierna. Nada mejor.
Su soledad...En el atardecer del Mediterráneo. Su esencia misma parapetada por formaciones volcánicas, flores y alguna que otra palmera.
El aire se densificaba hasta convertirse en cuerpo y carne del agua que la empapaba. El mundo se redujo por segundos a la visión de un entorno caramelizado por el vapor y la borrachera del azahar. Párpados cerrados, paladar despierto, sentidos almenados como pistilos. Alma que vuela y se reconoce, y se mece en la naturaleza camaleónica.El cielo se enturbió al compás de su mente y el azul de la noche americana se fue derritiendo por obra y gracia de las horas. A ella se le antojaba el calor culpable de ese entorno desteñido. Ahora violáceo, después sanguinolento como el escenario de una tragedia lorquiana pero...No hay dolor. Todo es escandaloso silencio zúmbandole en los oídos. Y el agua. Y la noche.

domingo, agosto 20, 2006

El cielo protector


Estas nubes, casí renacentistas, gordas como algodón de azúcar, nos cuidan y miman en unos días que seguro nunca olvidaremos. Por su paz, por la absoluta despreocupación por los problemas del mundo, por las maravillosas lecturas, por la risa contagiosa de un niño feliz. No sé si regresaremos el próximo verano. Ni siquiera hemos vivido en un mar de aventuras. Todo es programable, casi rutinario, pero tan sencillo, con tan pocas prisas, que extraña. Sólo la pequeña familia, sólo el mar y el sol. La música de Julieta Venegas, toda la serie de "El Padrino", los dibus de Sreck y "Alicia en el país de las maravillas"; la cutre-feria del pueblo con su cochecito de chupa-chups. La gloriosa "Lolita" de Nabokov y muchos, muchos bikinis. Rosa, marrón, blanco, rojo, negro, naranja. Y el mercado donde venden tantas cosas inservibles, tantas gafas de imitación a tan buen precio. Y el paseíllo nocturno; corto, reposado, con el cric-cric de las pipas. Y la calma de este cálido e inusualmente pachorro verano. Ya llegarán los despertadores (más pronto que tarde), el estrés, los nervios, las angustias del no llego, no llego, no llego (me voy, me voy, me voy, que dice el conejito de Alicia). Ya llegarán los desvelos profesionales, los sinsabores y, eso sí, lo bueno. El reencuentro con los amigos. Pero mientras llega, me desperezo como una gatica panza arriba; casi feliz, casi sin soledad, con la mente y el alma repleta de amaneceres, de atardeceres, de ranas que saltan en un estanque perdido, de nuevas palabras en la boca de un infante que crece, que crece a prisa, que pide leche, pipas, dibujos y al que nunca le gusta la fruta. Hasta el amor, tan cicatero él, vuelve a hacer acto de presencia del modo sosegado y tranquilo que da la confianza y el cariño y un lazo bien fuerte que nunca se rompe por mucho que se estire.