martes, marzo 13, 2012
Caribe, con c de Calor
Jennifer Lopez - I'm Into You por UniversalMusicEspana
El Caribe está lleno de calor. Quizá por eso eso la c y la r forman parte de la palabra Caribe. El Caribe es humedad, es sexo, es exhuberancia. El canto del coquí, el café más aromático que probarás jamás, los chicos más solícitos y caballerosos del mundo, el verde más verde, el azul más azul. Todo es intenso en el Caribe quizá por eso me guste tanto; quizá por eso vivo enganchada a seis meses que pasé en el paraíso y no podré olvidar mientras viva. Los olores del Caribe, sus sabores, sus contradicciones, sus barrios marginales, sus plazas de abastos de frutos exóticos, sus familias tan parecidas a las nuestras; la importancia de la madre, sacro santa, adorada; el pálpito de la vida; los dependientes con la pistola metida en la cinturilla del pantalón, la salsa sonando por todas partes, a todas horas. Si el mundo fuese el cuerpo humano, el corazón estaría en el Caribe. Toda esa fuerza bombea la sangre de los días y las horas. El riego a veces expulsa a los caribeños fuera de su entorno y germinan calor dondequiera que van. New York, Miami, París…Extremos y valientes, su piel resucita los muertos. Su piel, la piel del Caribe es flexible, eterna e indescriptible. Me doy cuenta que el torrente de las palabras es insuficiente. Respirar el Caribe es padecer una inevitable invasión de los sentidos. Dale candela, Caribe, que este mundo frío y cruel te necesita.
miércoles, octubre 12, 2011
Edinbrrrrá!!
Edimburgo es un cuento de hadas y un cuento de terror. Sus calles y piedras rebosan lo que Camus denominaba "ruido histórico". Edimburgo son las historias de Harry Potter, sí, pero es mucho, mucho más. Es cuna de otros grandes escritores: Walter Scott, Robert Louis Stevenson... La realidad de esta ciudad es tan alucinante como sus historias. El Diácono Brody, que, a pesar de su oficio "divino" era un mujeriego y para dar de comer a sus numerosos hijos ilegítimos se dedicaba a realizar copias de las llaves donde hacía sus trabajos de ebanistería y robar furtivamente. Al final murió en una horca fabricada por él mismo. O esa mujer de vida triste, la de Maggie Dickson; abandonada por su marido que intenta rehacer su vida en Irlanda, queda embarazada y otro hombre la abandona. El niño nace muerto y a Maggie la juzgan por "ocultamiento de embarazo". La ahorcan y resucita por efecto de la catalepsia. Los jueces piensan en volverla a ejecutar pero la indultan porque la pena por ahorcamiento no es pena de muerte...y si no muere ahorcada nada se puede hacer. Maggie se instala justo al lado de la plaza donde ella fue ajusticiada y a todo aquel que iba a cumplir su pena, ella le consolaba a voz en grito: ¡Tranquilo, que no pasa nada".
Los soldados y sus Kilts, bellísimo el monumento a los soldados escoceses muertos en la I Guerra Mundia. Los escoceses actuales y sus Kilts (y nada debajo) parecen algo de leyenda pero es realidad verdadera, alguno que otro se pasea por la ciudad orgulloso con sus pendentes al aire. Dicen que lo hacen para demostrar ¡que la cosa funciona!.
Las historias de los robos de cadáveres, e incluso el comercio de muertos "food stuff" para los estudios de anatomía. El doctor Knox, los irlandeses Burke and Hare, con su técnica especial de asesinato, "el burky para ganarse hasta 17 libras por fiambre. Las torturas de Bloody Mackenzie contra los pactistas y los fantasmas de ejecutor y fallecidos que engrosan la biblia de fenómenos paranormales de este fiordo.
La leyenda de Willam Wallace que acabó degollado por las tropas de Eduardo I; la persecución de la victoria por parte de Robert de Brush, quien al final la consigue y el robo, a manos de unos estudiantes de Glasgow, de la piedra del destino que se encontraba en la Abadía de Westminster (los reyes se han de colocar encima de esta piedra en el momento de la coronación) y que finalmente se encuentra, después de dar muchas vueltas, en Edimburgo. Quizá incluso se cumpla la profecía: donde esté la piedra del destino, los escoceses reinarán.
sábado, octubre 23, 2010
París: la vitalidad
París es hermoso. Nadie lo duda. De noche, de día. En cualquiera de sus calles encontramos un trozo de historia. Desde la muerte de Maria Antonieta a la de Lady Di. Los edificios cuadrados y neoclásicos nos hablan de Bonaparte, e innumerables calles lucen placas: Aquí vivió Edith Warton; aquí está enterrado Víctor Hugo. La rue de Vaneau que tanto le gusta a Vila Matas; las tiendas Louis Vuitton con, hasta, tres guardaespaldas en la puerta. Da miedo entrar. Una tienda Dior para bebés, imaginamos para vestir a los vástagos de algún jeque del petróleo. Quien puede pagar esos precios en ropa que dura unas semanas. Pero París, sobre todo, es estilo. Lo vemos en los adoquines, en los fantásticos escaparates en las imaginativas tiendas de decoración, en las golosas imágenes que nos ofrecen las boulangeries y en el vestir y deambular de los parisinos. Que se comen su pan chocolat o su baguette, al sol, o al nublo. Porque el parisino come por la calle y vive en la calle. La vitalidad de las aceras y calzadas cercanas al Montmartre (ese monumento al turista que ya no me puedo creer, con lo que me gustaba) con sus cientos de restaurantes de todos los estilos, con pequeños mercados de flores, pescado y vísceras. Y la gente. Tanta gente que come y ríe. Que se ponen sus boinas encarnadas, los gorritos de lana, los llamativos atuendos y los labios con el carmín, encantados de conocerse. El parisino lleva zapato bajo y ropa estilosa. Más cara, más barata. Depende.
Visitar por fin La Nôtre Dame sin ninguna restauración que valga ¡¡Y gratis!! fue uno de los últimos lujos de París. Encender una vela, oler esas piedras vetustas. Sí, muchos turistas, pero sigue dejándome sin palabras. Al igual que El sagrado Corazón, y el Dôme y la Victoria de Samotracia y la maravillosa sala recién arreglada del arte griego (financiada por la televisión nipona) donde Palas Atenea nos cierra la boca con su majestuosidad. Heminway decía que París era una fiesta. Y es cierto. Cada día de la semana. A la hora del petit dejéneur. A la hora de la cena, a la de la merienda. Copas de vino, velas y terracitas, cientos y cientos de ellas, donde la gente se puede sentar a contemplar la vida mientras saborea un expreso.
París es siempre la misma, aunque se nota la crisis.Se nota Sarkozy y su recuperación de "la grandeur" que, personalmente, no creo que todo lo que conlleve sea positivo.
Y las tiendecitas y parlotear con todo el mundo ¿Quien dijo que los parisinos eran estirados? En absoluto. Y en cuanto pueda, volveré. He decidido hacerme una parisina ambulante. Traje mis gorritos para vestir como ellos y sentir el carmín, el vino rojo, el olor del pan en el corazón como las miguitas de Hansel y Grettel, que me permitirán regresar a la rue Sant Antoine.
domingo, mayo 09, 2010
Wendy Schnee
Las hadas madrinas existen. Ella se llama Wendy Schnee, la maravillosa Relaciones Públicas del Beverly Hills Hotel ("The Pink Palace"). Todo es precioso en este lugar. Los bungalows con piscina y jacuzzis privados, la lujosísima grifería y preciosa piedra de las bañeras. Los cuadros diferentes para cada habitación, el mobiliario confortable de sus suites. El absolutamente increíble jardín con naranjos, limoneros, palmeras de todas las especies, los bananeros ,los jazmineros terrestres y los setos con forma de caballitos de mar, entre miles de especies diferentes...La mítica piscina donde tantas estrellas han sido fotografiadas, la exclusiva galería comercial y el relajante y completo SPA. El mejor de cuantos he visto en mi vida...Y he visto unos cuantos, incluso en el propio Beverly Hills y en otros hoteles míticos de Hollywood. He de añadir que, últimamente, se le denomina SPA a muchos espacios que no lo son.
lunes, mayo 03, 2010
Desventuras para llegar a Beverly Hills y el complicado regreso at home
Ays, para qué querrán tanta casa, con lo que hay que limpiar después
Paramount me dio con la parapuerta en las paranarices
La nena, en Rodeo Drive, dejando a cuadros con mi pose a un polite and well dressed executive
Mis valientes. Ayer fue un día terrible…el de hoy ha sido peor. Quizá la combinación de Jet Lag, desorientación y abrumadora soledad…Que sí, que, habitualmente, al cabo del día suelo pasar muchas horas sola, pero sin estar sola. Me explico. Hablo con muchísima gente por teléfono…Así que, este silencio atronador entre los grandes bloques de edificios y estas zonas tan separadas las unas de las otras, tan bonitas y asépticas (hasta los cementerios son asépticos y hermosos mis valientes) me hacen sentir una sensación de absoluta soledad. No está mal de vez en cuando…pero quizá no esté acostumbrada a ello.
El gran problema que tengo en L.A. es que con el maldito jet lag, no consigo levantarme pronto, que necesitaría un coche y es carísimo, y un taxi también y, para colmo, la Visa no me permite pagar en algunos sitios…y no sé porqué. Una pena.
Ah, y todo cierra a las 17.00 horas.
A lo que iba. Primer día que intento ir a Paramount Pictures pero es imposible porque está lleno cuando llego. Me quedo en la Avenida Melrose más tirada que una colilla, haciendo fotos a las supercasas. En esa Avenida (bueno, a la altura de la Paramount) no hay un alma. Todo ideal de la muerte pero sólo ves jardineros, oyes el corta césped, hueles a hierba maravillosa (a la del césped, no seáis mal pensados…) pero de lo demás nada.
El guarda de seguridad, también hijo de latinos, muy amable y me dice ¿Quiere que le pida un taxi? Pues ¿cómo? ¿si me he gastado toda la pasta prevista para taxis en llegar a la nada?
Total, que ahí voy yo con mis wonders lista para andar lo que haga falta y cuando llevo hora y media andando encuentro un lugar medio público. Les pido por favor si me pueden pedir un taxi. Aquí no es como NY y Sarah Jessicah…No hijos. Aquí al taxi hay que llamarlo, hay que esperarle pacientemente y luego soltarle una pasta gansa. Si tienes la suerte de que parar alguno…eso no es suerte. Es simplemente un milagro. Es verdad lo que decían los presuntos: “Hay ángeles entre nosotros”…A mi se me aparecen de cuando en cuando en forma de taxi.
Sigo con la odisea. En el sitio medio público conozco a Bonnie Feldman, una coordinadora de servicios sociales del Chabad Residential Treatment Center, un centro con el patronazgo de una fundación judía para la rehabilitación de hombres drogodendientes. Toma castaña. Pero Bonnie y su ayudante fueron la mar de encantadores. Mientras esperé casi una hora a que llegase el taxi estuvimos hablando de lo divino y de lo humano. Bueno, yo torturando al personal con mi awful english….en fin, al final, at the end, un taxi me condujo a Beverly Hills y me cobró casi 20 euros, y renegando porque le pagué con VISA y si no avisas tienen que hacer un procedimiento del año de la polca…¿Os acordáis de esas chequeras con papel carbón de los 80? Pues ese invento llevaba el muchacho en el taxi.
Me adentro en el Paley Media Center imaginando que me voy a encontrar algo interesantísimo..Un museo de la tele…y no, Es un archivo de documentos televisivos de todos los tiempos y de todos los países del mundo. Al menos eso es lo que pretenden, claro, tal y como me comentó Martín Gostanian.
La sede central está en NY. Ellos tienen las copias de todo.
No os puedo describir con palabras lo majo que fue Martin y lo que mola encontrarse con alguien tan entusiasta de las series de TV como la nena…y como estuvimos filosofando sobre los medios.
Hablamos por los codos…Lo malo es que él hablaba muy deprisa y a veces me perdía algo.
Varias conclusiones tras la charla con Martin:
Por un lado, algo evidente. El mundo de la televisión está cambiando. Puede ser bueno y puede ser malo, pero lo que está claro es que al final será el consumidor final el que tendrá la última palabra. El hecho de que exista la difusión por la red está permitiendo que pequeñas producciones puedan llegar a todo el mundo. Que producciones de bajo presupuesto e independientes de las grandes cadenas de TV y distribución están arrasando gracias a Internet.
Eso está ocurriendo con una serie que Martin me comentó, titulada “Hell’s Kitchen” y “Kitchen nighmares”. Lo podéis descargar de una página que Martin me recomendó (creo que judio, con grandes, grandes orejas y esa dentadura extraña que provoca que la gente hable como Rajoy). La página web es www.hulu.com
Ya sabéis mis valientes.
Ah, por supuesto, le he prometido enviarle unas copias en HD del Black Coffee…y, amados colaboradores, estaremos en el Paley Media Center de NY como fósiles audiovisuales a los que llegará por casualidad alguna estudiante de audiovisual y no gastará mas de tres minutos con nosotros. Soy muy realista. Qué queréis que os diga.
En el Paley hay una colección de grabados muy modernos y originales de estrellas de la tele y de la música del siglo XX y un gigantesco cine donde cada día ponen series. Este mes, creo, homenajeaban a Carol Burnett.
Después, una de mis paradas más importantes: El Beverly Wilshire, donde espero poder encontrarme con Jennifer Cooke…alguien muy especial, por lo que sus subordinados hablan de ella: que si charming, que si she knows every details about the hotel. Vamos, que estoy deseando conocerla…si es que al final se deja…que el primer contacto aquí es muy fácil, pero el segundo no tanto.
Por cierto, le comenté a Paul (el jefe de conserjes) lo de las historias de amor en los hoteles y lo de Pretty Woman. Todo emocionado me contó que una mujer al entrar al lobby lloró y todo…pero yo, con mi intragable honestidad le dije que no era pa tanto…la peli, quiero decir… Al pobre lo dejé más chafao que una hamburguer.
Paul –super amable, well dressin— le pidió a Alisha –super guapa, súper delgada, súper charming, súper todo, y muy parecida a Natalie Portman— me diese una vueltecilla por el hotel. Y lo hizo. Fotos en el Spa, en los ascensores, en el magnífico Lobby. Pero la foto salió borrosa. Una pena.
Rodeo Drive me encantó, sólo la parte que imita a algo romano. El resto, sí, está muy bien, pero veo las avenidas tan desiertas, tan enormes…las tiendas tan lujosas. Nadie anda en Los Ángeles. Y es una pena, porque es una ciudad preciosa para pasear. Por desgracia todo es tan superficial, todos enseñan sus coches, sus casas, sus manifestaciones de poder y riqueza. Todo es tan perfecto, tan francamente falso, que quizá por eso es uno de los lugares donde más se suicida la gente de todo el mundo. La gente que se siente sola en una tierra donde nadie es extranjero, o donde quizá todos los son.
Segunda parte de la odisea. Coger el segundo autobús del día. Llego al Downtown, otra ciudad dentro de L.A. Puro centro de negocios. Me recordaba a Manhattan…pero, ¡ah!, pasaban de las seis de la tarde. Un frío de narices. Un día con viento como pocos he visto en mi vida. También en el lujoso Beverly Hills se le volaban los sombreros de Dolce and Gabbana a los niños pijos de la zona.
After six, in Downtown. Viejos edificios Art Decó y la pobreza de L.A en sus calles. Y las tiendas de chinos, esos bajos que vemos aquí abiertos. No glamour or details, sólo ropas colgando de sus perchas volando como en una peli de Tim Burton por el huracán de la tarde. Un armenio quería venderme una cacheta por 55 dólares. Sí, sí, qué simpático, qué encantador el Armenio. Le ví los colmillos retorcidos a kilómetros de distancia. El tío quería venderme una cutre chaqueta de hombre por 55 pavos..Sí, claro, estaba congelada, con mi top palabra de honor, mi chaleco y una pañoletita humilde y, además, nunca en mi vida he sentido miedo por llevar un reloj Guess hasta ese momento (mi regalo del día de la madre por anticipado).
Por fin di con la parada adecuada para subir a West Hollywood. Y eso que Juan (el conductor), un emigrado de Tijuana cuando tenía cinco años se portó de mondo encantador como todos los latinos que descubren que eres española, e intentó explicarme todo correcto. Pero chicos, soy el desastre de la orientación personificado.
Parecía que iba en la dirección correcta, pero todo empezó a dejar de sonarme. Los sudores de la muerte. Me acojoné tanto que llamé a España a un amigo que había vivido aquí para que me dijese algo…pero, nada, al final leí la palabras mágicas: VINE. Por esa zona me había estado yo una mañana entera…Vale, guay, me bajo. Frío, viento, ni un alma. Sólo mendigos, borrachos. Pero a lo lejos vislumbraba el reino de Oz que es Los Ángeles de noche (sólo en los lugares donde la gente se puede gastar pasta, en los demás, como Viena, mis valientes)
Cruzo a Hollywood Boulevard y encuentro una escuela de cine…¡Abierta después de las 20,00 horas! The Angeles Film School. El sitio donde me gustaría pasar una temporada si no fuesa tan vieja, si no tuviera mil obligaciones. Si nos pudiésemos trasladar una temporada toda la familia aquí…Sería algo muy grande. Y creo que hasta seríamos muy felices. Film+ Games+Animation y un año de práctica y mejora del inglés harían de mi una profesional con un perfil muy distinto.
Me pidieron un taxi pero, antes de eso, el milagro. El milagro…apareció uno por arte de magia. Y no creo que sea casualidad que llevase un rosario colgando…Un taxista la mar de majo. Hasta él sabía de la catastrófica situación económica de España. Y por fin en el hotel, sana y salva. Ducha caliente, albornoz y capítulo de Medium, casi, casi como en casa.
viernes, abril 30, 2010
La magia del Chinese Theatre. Darcy, Rita, Marilyn y Cross Roads
El tocador del Chinese Theatre
Con la china de la suerte...Hay que tocarle la frente, el hombro y el codo y ya eres afortunado.Eso dice la leyenda...Yo hoy he tenido un día de perros, por lo que no me creo mucho esto.
Tocador del Chinese Theatre donde se han empolvado la nariz todas, absolutamente todas las grandes estrellas de Hollywood.
Amados míos. Llamadme egoísta, pero he redescubierto el inmenso placer de viajar sola. Voy donde quiero, cuando quiero ¿Que me gusta una calle? Me paro, ¿Qué me apetece un smoothie? Pues me lo tomo ¿Qué me apetece hacerme la manicura? Pues me meto en un establecimiento humilde a más no poder regentado por una par de asiáticas, me sientan en una silla con masaje y jacuzzi de pies y, hala, que por 25 pavos me lo hacen todo. Una de ellas se llama Jennifer, tenían una foto de su padre presidiendo el negocio. También he descubierto que soy una fresca y que no se me cae la cara de vergüenza de torturar a mis queridos angelinos con mi nefasto inglés (de vez en cuando arranco, pero, ay, cuando no, es pa morirse) y que me hago amiga de todo el mundo. De Darcy, de Juan, uno de los conserjes responsables del Roosevelt (es centro americano y ha ejercido conmigo la sobrada solidaridad entre hispanos, que los españoles olvidamos a menudo practicar); me ha enseñado y fotografiado en varias estancias. Entre ellas, las escaleras donde Shirley Temple aprendió a bailar o la habitación donde se alojaba habitualmente Marilyn. También, de paso, claro me ha preguntado que qué hacía estos días, ejem…le he dicho que eso, que very busy, que married etc, etc. Lo cual es verdad. Pero Juan, que así se llamaba el tipo, tenía cara de buena, buena gente.
Con Darcy tuve la suerte de un pase privado por el Chinese Theatre. Conectamos de inmediato…la gente prefiere la horterada del Madame Tusseaud…pero vamos, yo ahí no me gasto ni un cuarto de dólar.
Primera parada. He cogido un taxi hasta llegar al Chinese Theater. Me ha llevado hasta allí un taxista armenio (como casi todos de la compañía azul, llamado Robert)
Ahí he conocido a una chica majísima llamada Darcy. No os lo vais a creer, pero he sido su única cliente. He tenido un pase absolutamente privado, tranquilo, con fotos, con todo lujo de detalles, con el entusiasmo y el calor de Darcy, a la que le encanta el cine y Rita Hayworth y “Cantando bajo la lluvia”.
¿Qué deciros de esa maravilla, misterio y fantasía que es el Chinese Theatre creado por Sid Grauman en 1927? Todo lo que pueda relataros se queda corto. Encima no había visitantes plastas…todo el teatro para mi sola. Increíble. Me da, que los nostálgicos como yo somos, cada vez má, minoría.
El Chinese Theatre fue restaurado, antes las butacas llegaban casi hasta la puerta de lo que ahora es el hall y pretendía ofrecer a la gente un mundo de fantasía y hermosura en la época de la gran depresión. Había el mundo real, y luego el cine, la fantasía…
Este teatro ha aparecido en muchas películas como, por ejemplo “Cantando bajo la lluvia” ¿Os acordáis de la escena de la premiére? ¿Y de cuando Debbie Reynolds cantaba detrás de la cortina para que no se notase al chirriosa voz de Lina Lamont?
Todo eso se rodó allí.
Imaginaos las fotos del tocador donde todas, todas las grandes estrellas se han empolvado la nariz. Os juro que se me pusieron los vellos de punta…y así estuve largo tiempo. Ya sabéis que soy algo bruja y noté muchas cosas por el mágico y misterioso pasillo del Chinese Theatre, en medio de su patio de butacas y, sobre todo, sobre todo, en el tocador. Algo magnífico, subyugante. Tengo que arreglar muchas de las fotos. He subido las que se ven más o menos bien.
La tercera parada fue el Hollywood Museum. Una tipa estirada pero simpática (como queriéndome decir, uy, una pardilla a la que le vamos a soplar 15 euros por que es nostálgica como una tonta) me atendió bien. ..Pero chicos, estos negocios están de capa caída. Cuando le pregunté cuanta gente visitaba a la semana este lugar me salió por peteneras. Lo peor. La muy perra no me dejó hacer una sola foto y me siguió por todas partes para asegurarse. Lo mejor. La gran cantidad de fotos muy originales de Marilyn. Una con Joe di Maggio en la que saca la lengua, otra metida en la cama sonriendo como una chiquilla, que es lo que era Marilyn hasta el final de sus días.
Más cosas interesantes. Los trajes de películas muy antiguas (Greta Garbo, Mary Pickford, Mae West, Dorys Day, John Barrymore) Un apartado muy especial a Bob Hope y otro actor cuyo nombre no recuerdo, mis valientes.
La borde me recomendó un lugar muy curioso pero, comos si fuera una pieza fantasma, hermoso, iluminado y vacío…como los museos y los lugares donde reposan los recuerdos de la época más gloriosa del cine
miércoles, abril 28, 2010
Memorial y Chateau Marmont.






Hoy ha sido una mañana intensa. Espoloneada por la curiosidad y por lo tarde que me levanté debido al maldito Jet Lag he tenido tiempo de visitar dos lugares emblemáticos y uno de mis primeros destinos previstos: El Chateau Marmont. martes, abril 27, 2010
HACIA L.A ESCALA EN ATLANTA

He de decir que el personal de tierra de Delta es encantador y maravilloso. Isabel me cambió el billete de vuelta sin problema. Otra chica, si voláis con Delta la veréis en Barajas (es morena, pelo muy corto, expresión adusta pero, ojo) no recuerdo su nombre pero sí su punzante ironía. Cuando les dije que estaba escribiendo el diario, dijo, “pues anda, vamos a quedar de maravilla”.
Atlanta a L.A es otra historia. Después de dar vueltas y vueltas y montarme dos veces en el tren que te lleva a las puertas de embarque (pensé que me tenían que abrir la maleta y no, sólo el equipaje de mano) llegué sana y salva, a tiempo para mi próximo vuelo. Ahí conocí a Carmen una ex publicista que trabajaba para Warner casada con un montador del cine. El vivo reflejo del personal que habita L.A. Encantada con su vida en la ciudad y sin ningún deseo de regresar. Dice que en América todo en la vida es muy cómodo aunque, eso sí, la crisis también afecta al mundo del celuiloide y los directores se van a montar las pelis a paises como Bulgaria.
Así que, ojo Murcia, la idea de un Murciawood que esbozé como tres años atrás en 20 minutos no es tan descabellada. Por de pronto, yo ya he hecho mis pinitos como guionista.
Y sigo con la mía. Vuelo magnífico y después de seis pelis, llegada a Atlanta. Un aerpouerto gigantesco con una cantidad de personal impresionante. Ahí pasas la aduana. Un tío muy serio te pregunta hasta por tu talla de sujetador, te escanean los dedos, los ojos, examina si te pareces de verdad a la del pasaporte. Esto son controles. Me pregunto y si en España son tan estrictos.
El personal de vuelo de Atlanta a L.A., salvo un afroamericano guapísimo, era estúpido a más no poder. ¿Como puede cambiar tanto la gente dentro de una misma compañía?
La llegada a L.A fue absolutamente caótica. Mi dea principal era haber cogido un taxi y no lo hice. Craso error. Si vais a L.A. no deis la dirección, ni el número correcto…lo más importante es la zona. Yo iba a West Hollywood pero di la dirección…y me monté en un Autobús que me llevó hasta los Red Lands.,. a más de 70 kilómetros. El del autobús me cobró el recorrido (que era una pasta, el taxi me habría costado sólo 30 $) y luego le di otros 40$ por las molestias…el vivía por allí, era su última parada y me podía haber dejado tirada ahí mismo, pero no, me trajo a destino. De momento, Sunset Marquis. Un hotel megapijo donde una copa de Merlot puede costar la friolera de casi 16$..eso sí, con preciosos jardines y terrazas y habitaciones que te hacen sentir en casa. De aquí me voy a otros. Ya os iré contando la experiencia.
