domingo, mayo 31, 2015

Bajo el arco iris







Lo confieso: esta semana me  ha costado escribir sobre el PuntoG. En realidad, me ha costado todo. El fango electoral me ha inundado las meninges.

Pero en el mundo pasan otras cosas aunque no lo creáis. Hay unas locas que se quedan en bolas en una discoteca madrileña por una botella de cava, por ejemplo. La  patética Leticia Sabater se ha restaurado el himen, en un enésimo intento de salir en los medios. Siempre tenemos los socorridos estudios, como ese de la Universidad de Brunel (Londres) que asegura que cuanto más feliz te muestres en tu perfil de Facebook, más infeliz eres. Que cuantas más relaciones muestres tener, la autoestima está más por los suelos.
Aunque lo mejor, sin duda, ha sido el anuncio de Philips que anima a todos los hombres a "podar su bosque" sin por ello poner en juego las joyas de la corona. Entre otras cosas — dicen los de la marca de electrodomésticos— porque parecerá más grande.

Si un extraterrestre bajase a la tierra, pongamos por caso, nuestro querido Gurb de Eduardo Mendoza, se haría los tentáculos un lío. ¿Qué tiene que ver el cuerpo de la mujer con el alcohol? ¿Qué importa la restauración de una membrana con la virginidad? ¿Y el bosque con el sexo masculino? ¿Y Facebook con la felicidad y la autoestima? Estamos como cabras, lo cual no es malo del todo.

Sin cierto grado de locura sería imposible aguantar a todo el politiquerío reinante. ¿Cómo es posible que algunos sean tan estrechos de miras y tengan esta visión cortoplazista del mundo?
Hoy, que ellos juegan a los cromos con nuestros votos, que algunos se aferran a la silla después de 20 años de mandato, que prefieren su ego al bien común—aquel por el que prometieron luchar— que hacen oídos sordos a las quejas de la ciudadanía y siguen sin entender el mensaje, sólo podemos sobrevivir a este ninguneo con ciertas dosis de escapismo y chulería.

Lo mismo nos sirve escuchar "Somewhere over the raimbow" o refugiarnos en una frase de Marilyn Monroe: "Los perros no me muerden. Sólo los seres humanos”. Aunque me gusta mucho más: "El amor no necesita ser perfecto, sólo verdadero".
Si encontramos algo de verdad en nuestros días, todo este galimatías habrá merecido la pena.
Y aunque esta rueda parezca no avanzar (mi prima me pregunta si de verdad en algún momento saldremos de la crisis porque ella no nota la más mínima mejoría); la vida sigue, no se detiene, el tiempo pasa y un buen día llegará el momento, ese momento que no esperamos nunca y en la pantalla veremos un clarísimo: Game over.

Así que, más nos vale disfrutar de todo lo que nos sirven en bandeja. De lo bueno, de lo malo. Aprender las lecciones y tomarnos los podados de genitales, las restauraciones de himen, los absurdos concursos, los perfectos perfiles de Facebook y los pactos políticos con ironía y distancia.

Al final, lo único que nos importa es amar y que nos amen. Al final, lo único que nos queda es algo intangible que son momentos de felicidad, recuerdos, las caricias y la cercanía de los que nos quieren a pesar de nuestros innumerables defectos. Y los que nos hacen sentir amados, a pesar de nuestra manifiesta imperfección.

Lo demás, son ríos de tinta (cada día menos tinta, por cierto),  ruido y árboles que nos impiden ver el bosque, el auténtico bosque. Nada que ver con la pelambrera masculina. Con ese camino hacia lo verdadero al que llegaremos por nosotros mismos, sin autoayudas, sin terapias y, por supuesto, sin temores.


sábado, mayo 23, 2015

Comment te dire adieu?






Hay una rara paz en la casa. 
El silencio no es molesto. 
El futuro no es turbador. 
Miro nuestra foto, elegantes,
felices.
Parece que nuestro chófer
nos recogerá para llevarnos
a dormir al hotel Beverly Hills.
Pero la realidad es otra.
Ahora escribo un artículo
en pijama.
Miro nuestra foto.
Miro el futuro no turbador.
Miro la vida con nuestros
ojos.
Con nuestros
ojos.

miércoles, mayo 20, 2015

Fofisanos y colestericidas



Hugh, el guapisano por excelencia




Ben Affleck relajado, tripita feliz



Leo, cada día más cerca del Titanic


No hay nada peor en este mundo que tener un novio que esté más  bueno que tú. Que se mire más al espejo que tú, que se pase la piedra pómez más veces al día que tú, que se depile más que tú. Un horror.

Cada día soy más fan del ejemplar “osito”, que siempre está dispuesto a protegerte en su regazo porque el vigoréxico es incapaz de abandonar un entrenamiento por una sesión de amor sin gasto calórico.

A ver, que lo que ansiamos es que nos mimen, nos quieran, estén pendientes—lo justo, sin agobiar— pero circula por el mundo un ejemplar de tío pagado de sí mismo, con complejo de príncipe azul, que siempre está en el papel pero que en el fondo no sale de él, ni de su eterno cortejo, ni de su perenne inmadurez, creyéndose el más sensible de los hombres sobre el planeta. Y no lo es. Nada le importa más que su legado amoroso de palabras vacías, huecas y mantenerse bello para saberse siempre objeto de deseo.

Por eso, no me parece tan mal la moda de los fofisanos. Vamos, el manolazo de toda la vida, con su poquito de panzita, que de vez en cuando hace algo de deporte pero que no se priva de una cerveza o una pizza y que, por supuesto, no te mira mal si osas comerte un trozo de queso parmesano.

Pero imaginad esos agonías que estudian las calorías de todo, que cada comida que hacen es casi un manifiesto de intenciones y que desconocen la palabra juego en sus vidas. Todo es competición. No saben dejarse llevar. Obsesos del control propio y ajeno.
A nadie le amarga la visión un tío guapo pero ¿Y todo lo que conlleva detrás? Los hay humildes pero los hay también chulos que se contonean como cabareteras cuando se saben observados. ¡Ay, bendito! A veces dan ganas de regalarles un litro de aceite corporal.  

La bloguera Mackenzie Pearson, con algo más de 200 seguidores en Twitter, no sabía en el lío en el que se metía cuando le dio por acuñar el término Dad Bod a ejemplares como Leo di Caprio, que solían ser esbeltos pero ya no.

 La traducción que más ha triunfado  en nuestro país —según la herramienta Topsy, que te permite analizar las menciones en Twitter— es la de fofisano. Cierto, es un espanto pero ¿Con qué nos quedamos? ¿gordibueno? ¿loquifofi? ¿flaquigordo? ¿ o lorzalamero como he leído por ahí? ¿Y qué pasa con nosotras? ¿Por qué la barriga de ellos nos hacer sentir mejores? No estoy de acuerdo con la estudiante de la Universidad de Clemson (Carolina del Sur). Hay tíos muy buenos que consiguen hacerte creer que eres la reina de la noche. Esa sensación de protección, de ir pisando sobre seguro es algo que está en la mente más que en el cuerpo. No hay abdominal que sustituya la paz, el remanso, la plenitud de ese milagro que se llama amor y que tan pocas veces encontramos en la vida.


El físico no es lo fundamental, lo cual no significa veda libre para descuidarse y acabar hecho un gordo seboso mientras que nosotras vivimos pendientes del gimnasio y las cremas reafirmantes. Mi chico se tiene que cuidar. Punto uno y final. Prefiero al saniguapo sin complejos, sin prejuicios ni amarguras y, por supuesto, que me adore. Y si está algo fofo pues qué se le va hacer. La ley de la gravedad es inexorable pero huyamos de los pavigordos, de los colesterocidios y de la obsolecencia autoprogramada

domingo, mayo 10, 2015

En funciones








Lleva Susana Díaz como presidenta en funciones desde el pasado 23 de marzo. Total, ná .Ese concepto me perturba. “En funciones”. Es un sí pero no. Un no pero sí. En esta vida podemos pasarnos décadas  con el cartelito “en funciones” porque lo preferimos al de “defunciones”.

El olor a muerto nos espanta pero ¿Cuántas parejas llevan décadas “en funciones”? Sé que es una pregunta que puede tocar un poco las narices y sé también que hay relaciones perennes de amor, respeto, lealtad e incluso deseo.

Me encanta el tándem conformado por el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel con su novio el arquitecto belga Gauthier Destenay. Se casan la semana que viene. Lo de ellos sería todo lo contrario de un amor “en funciones”. Todo es real y palpable. Es la coherencia total.

Después de analizar mucho los errores y defectos de nuestra sociedad occidental, creo que el más patente y terrible de todos es el de la incoherencia. Pensamos una cosa y hacemos la contraria. Deseamos algo y huimos despavoridos de aquello que nos eriza la piel y nos consterna, cuando lo más sensato es enfrentarse con nuestros fantasmas, demonios y anhelos frente a frente ¿Por qué sentir miedo de quiénes somos en verdad? Porque tenemos una programación alienante casi desde la cuna. Porque actuamos según se espera de nosotros y no según nuestros propio criterio. Lo más desconcertante es que ese criterio probablemente responda a una serie de esquemas y creencias que se han ido sedimentando en nuestro mapa genético familiar, generación tras generación, y se convierten en un lastre monstruoso que nos impide ser y estar de acuerdo a nuestra propia esencia.

Otra mochila fabulosa es el buenismo imperante. De cara a la galería ofrecemos un comportamiento estereotipado. Todos hemos de ser solidarios, enrollados, guays y sonrientes cuando la realidad es que podemos ser todo eso y por dentro guardamos a un Mr Hide de campeonato que puede convertirse en nuestra peor pesadilla.

Soy la primera fan de la cortesía, los modales, la educación, pedir las cosas con una sonrisa y mantener el tipo cuando los demás se derrumban pero he aprendido que puedo ser todo lo contrario: una ogra de muy mal genio con un repertorio de palabras hirientes y poderosas capaces de desmontar a cualquier adversario. Lo que ocurre es que he hecho una elección. Y yo elijo ser cortés y valiente y no una hija de puta que pega puñaladas traperas. Y, sobre todo, he aprendido a mostrar mi disconformidad sin alterar el color de mi cara.

Vivir con coherencia ofrece unas posibilidades inmensas de ser moderadamente feliz. Duermes en paz contigo por las noches. Comes chocolate sin remordimientos y remoloneas el fin de semana sabiendo que levantarte una hora antes para irte a correr no es la panacea y quizá las sábanas y el calor humano devuelvan a tu tez una lozanía que creías perdida. Vivir en paz con uno mismo es el mejor tratamiento de belleza. Sin embargo, resignarte a una existencia “en funciones” sólo te amargará el carácter y te convertirá en esclavo de los demás.

Un eslogan que aparece reiteradamente en los Whatsapps de mis grupos de amigos es el siguiente: “Tienes una sola vida, haz lo que te dé la gana y sé feliz”.


Podemos pasarnos los días pendientes de las opiniones ajenas o aplicar el cartesianismo estricto a nuestras horas. Decidir, elegir puede llevarnos un tiempo de soledad, de sopesar y de sacrificar la comodidad en pos de sentirnos libres, limpios, ligeros y sin tramposas mochilas que nos abotargan y amortajan en vida. 

domingo, mayo 03, 2015

El huevo y el sexo







Lo más trascendental que me ha pasado esta semana es que mi santo me contó que ahora con las claras se puede hacer de todo: yogur, natas, helados ¡Imagínate! Todo un mundo de sabores sin prohibiciones Así, me lo dijo él: “El huevo liofilizado transformará tu vida, tú que estás loca con el rollo de las calorías”. Osti, tú. Y yo tan preocupada por las flaccideces invernales. Porque eso sí, yo quiero ser una vieja de esas de anuncio. Flacas como un esparto, con el pelo blanco como la nieve y sonrisa Profident. Ya me veo como una súper-Abu montando en bici, en patines y riéndome de la muerte.

He de confesaros que lo que me dejó muy consternada es el invento del holandés Mark Sturkenboom . El muchacho ha creado un vibrador que conserva las cenizas del difunto, según él, para recuperar la memoria íntima de quien ya partió de este mundo. Lo de las cenizas me da un poco asquillo. Pero si reconocemos que el buen sexo es sucio, muy sucio ¿Para qué andarme con monsergas? Tuve un novio con el que siempre bromeaba con lo mismo: Hacer un molde de su aparato genital. Después nos veníamos arriba y llegábamos a la disecación o a meterlo en formol, como pasó con el de Rasputín. Pero ¿Qué queréis que os diga? Lo cierto y verdad es que no soy de reliquias. Fetichismo cero. Cuando algo se acaba, se acaba. Si tu amor se lo lleva la muerte, los miedos o el hartazgo, lo mejor es mirar hacia delante siempre.

Lo de masturbarse con las cenizas de un difunto me parece una profanación. Los muertos que se queden tranquilos. Si quieren visitarnos ya se colarán ellos en algún sueño húmedo pero esa manipulación artificial de meterlos en un tubito para jugar a no sé qué cosas— sin su permiso—es como montárselo con una momia. Vamos, me parece un horror, salvo para aquellos perturbados amantes de la necrofilia.

Lo peor de la semana es saber que en Francia y otros países de la UE, los homosexuales tienen prohibido donar sangre. Como si las prácticas de riesgo tuvieran algo que ver con las tendencias sexuales. Qué absurdo tan grande. De acuerdo que la sangre, como las cenizas de un finado, son asuntos serios, pero es tan fácil como exigir una analítica completa a los donantes habituales cada cierto tiempo.

Ah, es cierto, casi lo olvidaba, hay otro asunto que no puedo dejar de mencionar en este punto G y es que Instangram ha censurado el emoticono de la berenjena por considerarlo erótico de más. Vamos, que esta red social se ha pronunciado en contra de los desnudos y en contra de cualquier cosa que se le asemeje. No sea que subamos la temperatura del personal y atentemos, aún más si cabe, contra el calentamiento global. Por lo visto, la comparación de la berenjena con  los genitales masculinos es odiosa…e inevitable. Por esta regla de tres tendrían que prohibir el plátano, los cohetes y, qué se yo, las mazorcas. 


Será que tengo la mente sucia, como el buen sexo, que debe ser muy sucio, y que no me explico  qué pintan las cenizas de un muerto en un dildo, qué culpa tienen las pobres berenjenas de nuestros pensamientos calenturientos y la sangre con la orientación sexual. Así, que, después de todo, como os decía, lo más trascendental de la semana y realmente importante para mi es la liofilización del huevo que me permitirá hacer la dieta del cucurucho y hartarme de nata montada sin culpabilidad. Y dejad de pensar cosas raras, o creeré que tenéis la mente sucia… Como yo.

domingo, abril 26, 2015

Me gusto yo



Hoy me sobran todos los anillos. Me sobra la vida entera. Todos los amores pasados y presentes. Hoy me quiero yo. Haré un egoartículo porque estoy harta de darme y de darme.  Leed mis labios: si vosotros no os amáis con delectación, nadie lo hará. Nadie.

He sacado a Maléfica a pasear. Me la repanfinfla el mundo entero. ¿Qué Lincoln era homosexual? Pues peor para él. Debió pasarlo fatal. Hoy sería la reina del baile. Y lo mismo digo de Whasington y todos los grandes políticos que el escritor Larry Kramer está sacando del armario en su libro “American People”. El día que dijeron que Wagner era un fetichista de los corsés y los lucía en su intimidad más íntima se me murieron todos los mitos de golpe. Es escuchar  “La cabalgata de las Valquirias” y me lo imagino tirándose de las trenzas, preso de encajes y ballenas, gritando como un poseso, mientras Mami de “Lo que el viento se llevó”, le grita: “es peóh que la señita escahlahta”. Es más, es que vienen a mi mente Lincoln, Nixon y Whasington danzando en corro, como si fueran ninfas de Rivendel. ¿Y qué si eran gays? Es una idiotez sacarlos del armario ahora, siglos después de que acabaran con sus ojos bajo un penique.

Estoy tan exaltada, tan feliz con mi vida,  conmigo misma, que no me valen de nada los recuerdos.  Son polvo,  naftalina. Ni siquiera polvo enamorado.  Es que si estuviera sola en una isla desierta hasta me sobrarían los cocos y  las palmeras.  Yo, desnuda, libre, en el mar, nadando, flotando, mejor que en el líquido amniótico de mi madre. 

Capaz de amar a todo el mundo y de olvidar todos los momentos gratos porque los que vendrán serán mejores. Qué me importan las palabras bonitas, las ternuras, las canciones, los besos mientras suena un “Strangers in the nigth”. Qué me importa la vida de nadie.
Las ideas bullen en mi cabeza, las sonrisas de una vida de júbilo y esplendorosa rodean mi casa, mi aura, mi alma, mis sueños. Los más alocados, los más alejados. Se acabó el conformismo, se acabó cargar con las mochilas de los demás. Detesto mi pasado de rescatadora de hombres débiles, neuróticos o tristes. A la mierda. Me rescato yo, me quiero yo. Voy a llegar lejos yo. Yo sola, sin la ayuda de nadie, sin el lastre de los momentos hermosos y las emociones que me inundaban el corazón, me cortaban la respiración, me subían a las nubes pero luego me estrellaban sin misericordia contra el infierno. No quiero más heridas. No más sangre. No “Te quieros”. No más ilusiones.

Leedme los labios: lo único que importan son las realidades. Dejad a los falsos gurús. Vosotros sois Dios mismo. Vuestro destino está en vuestras manos. Abandonad los fardos del pasado y del sentimentalismo. Ya lo dijo Jesús: “Ama al prójimo como a ti mismo”. Ni más, ni menos. Tenemos una vida, apartad de ella a los endebles, a los dudosos , a los que no apuestan por nada pero tampoco se quitan de en medio. Manotazo y a otra cosa, mariposa.

Leedme en los labios: no importa nada pasar a la historia, no importa nada el futuro porque no existe. Lo único que importa es el hoy, el ahora y vuestra capacidad innata de ser felices. De recuperar la ingenuidad, la inocencia,  la sonrisa pura y cristalina.

Hoy me sobran los anillos y me sobran las pulseras y me sobran los besos que se quedaron durmiendo en mi cuerpo. Hoy no quiero nada. Sólo me quiero a mi.

lunes, abril 20, 2015

Los motivos de Hillary







Circula un chiste sobre la ex primera dama: “cualquiera que se hubiese casado con ella habría sido presidente de los Estados Unidos”. Algunos hablaban de Hillary como Lady Macbeth por su papel de indiscutible de liderazgo  cuando su marido fue tanto gobernador de Arkansas como cuando ocupó el despacho oval. El 42 presidente de USA, en realidad, tenía dos cabezas. De hecho, al presentar su candidatura como jefe de Estado, ambos se ofrecían como dos al precio de uno. Votantes y también detractores se referían a ellos como Billary.

Hillary Clinton, ex secretaria de Estado de Obama, ex primera dama, ex senadora por el Estado de Nueva York y ex abogada de éxito indiscutible quiere ser presidenta.
Sería la primera mujer que consiguiese tal hito, no en balde, ha sido pionera en cientos de asuntos tras un currículum realmente abrumador. Fue la primera mujer en presidir el Legal Services Corporation (1978), nombrada por Jimmy CarterLa primera socia del prestigioso bufete donde trabajó, Rose Law; La primera estudiante que pronunció el discurso de graduación en Wellesley en sus años más jóvenes e inició una huelga de hambre estudiantil tras la muerte Martin Luther King, al que conocía y admiraba.

 Fue la primera dama y la secretaria de Estado que más ha viajado de cuantas han ocupado ese cargo. Y, por supuesto, fue la primera vez que una partenaire del presidente tenía estudios de posgrado y cuyo sueldo siempre fue mayor que el de su marido hasta que éste llegó a la Casa Blanca.

Lleva en política toda su vida. Ya a los 13 años ayudó al escrutinio de unos votos procedentes del Sur de Chicago donde encontró pruebas de fraude electoral contra el candidato Richard Nixon. Hillary pasó de su educación metodista y conservadora a abanderar los derechos civiles y el empoderamiento de las mujeres. También ha sido pionera en la defensa de los derechos del niño, sentando jurisprudencia en los Estados Unidos, asegurando que los tribunales deberían considerarlos capaces, analizando caso por caso, y no de forma unilateral hasta los 18 años como era usual.

Como cualquier mujer fuerte, la opinión sobre ella es bipolar. La adoran, la odian. Su Plan de Asistencia Sanitaria Clinton fue fuertemente atacado por los republicanos. Un informe de más de 2.000 folios que posteriormente le ha venido muy bien a Obama.

¿Por qué aguantó Hillary la vergüenza de una infidelidad tan pública tras el escándalo Lewinsky? Porque quería ser presidenta de los Estados Unidos, porque tenía visión de futuro,  porque es una corredora de fondo y nunca se va a rendir. En su autobiografía aseguraba amar más a su país que a su marido.

Esta incansable guerrera está a punto de cumplir los 70 años. Dicen que pasará por el quirófano para lucir mejor, que ha perdido peso. Los hay quienes recuerdan su portada en Vogue y las declaraciones de amor a su esposo: “Nadie me conoce mejor, nadie me hace reír como él: Después de todos estos años,  él sigue siendo la persona más interesante y plenamente viva que yo he conocido”.  Sin embargo, le dio calabazas a Bill hasta en dos ocasiones antes de casarse con él.

Hillary tiene una aplastante sabiduría y conocimientos para ser la primera presidenta. También cuenta con el apoyo de las Cámaras de Comercio y la Asociación de Jubilados de América. Tiene a un fuerte oponente, Marco Rubio, senador por Florida y a sus espaldas el desgaste de Obama y dos mandatos consecutivos demócratas ….Pero todo es posible.

Los motivos de Hillary son los motivos de tantas mujeres que pelean en un mundo aún todavía de hombres. Su victoria también sería la nuestra.

lunes, abril 13, 2015

Polígamos sin complejos












El hombre es polígamo por naturaleza. Esta es la pasmosa afirmación que hace un amigo mío psiquiatra. Vamos, que todas somos cornudas en potencia. Yo disiento de él. Conozco a algunos pocos hombres buenos y fieles. Cierto, son los menos, pero los hay.
Del mismo modo, las mujeres no somos todas unas santas aunque, bien es verdad, que lo nuestro va de monogamias sucesivas y nos provoca cierta complicación emocional el tener que compartir el lecho con más de un hombre y, sobre todo, compartir la intimidad, el sexo, el abandonarse y mostrarnos vulnerables.

Hay dos eventos que esta semana me han hecho reflexionar acerca de la poligamia, tan natural en algunas culturas y religiones, y también para algunos hombres que no conciben la vida sin dos o tres mujeres en su vida sentimental. Incluso son capaces de amarlas a todas a un tiempo, aunque, eso sí, de distinto modo. Por un lado, porque las comparaciones son odiosas e inevitables. Por otro, porque la pasión amorosa y erótica  tiende a la exclusividad. No así, la afectividad, que podemos sembrar por el mundo entero sin grandes quebraderos de cabeza.

Las dos noticias son las siguientes. La primera, un chino se accidenta y acuden en tropel todas sus novias a visitarle. En total, 17. Fíjate tú. Lo que no me explico es cómo ha podido comunicarse con todas,  accidentado y todo. Porque para que vayan a visitarte a un hospital, incluso en la lejana China, son necesarias unas coordenadas básicas, como número de habitación, por ejemplo. Total, que  a una le hizo promesas de boda. Con otra tenía un hijo. Otra le estuvo ayudando económicamente. Este era un listo. Aparte de pasárselo bien, les sacaba las pelas. De hecho, pesan sobre él algunas acusaciones de fraude. Me imagino a mi abuela Micaela soltándome su frase lapidaria: ¿Los hombres? El mejor, colgado

La otra nos acerca a una terrible realidad. Irak ha presentado al Parlamento un proyecto de ley sobre la familia que pretende legalizar el matrimonio de las niñas, siguiendo los preceptos más estrictos de la Sharía. No sólo eso. Las niñas podrán divorciarse al cumplir la escandalosa edad de  9 años. Esta ley, también contempla la poligamia y regula el número de noches que el hombre puede pasar con cada una de sus esposas. O sea,  lo que en Occidente es una opción mal vista, el gobierno de Bagdad lo pretende regular con total naturalidad. Otra vez, las ideas religiosas de los  chiíes justifican la barbarie y ponen en el mismo saco a los musulmanes, haciendo una interpretación extremista y radical de El Corán.

Volviendo a nuestra civilización, es cierto que los genetistas y algunos científicos aseguran que la naturaleza del hombre es sembrar con su esperma al mayor número de hembras posibles; es lo que se denomina la “propagación por esperma”, mientras que, por el contrario, nosotras, sabedoras del trabajo que da y de las necesidades materiales que conlleva gestar y criar un ser humano, seleccionamos mucho a la hora de una posible “inseminación”

Digo yo que, llegados a determinada edad, a los humanos se nos tiene que pasar el ansia procreadora, incluso al más macho de los machos. Digo yo, que en la elección de pareja han de contar otros requisitos que nuestras caderas y nuestro potencial para amamantar.


Digo yo, que el amor, el auténtico amor, el amor de pareja, tiene otra finalidad más elevada que la de generar progenie. Y que llega un momento en la vida en el que, por fin, dejamos de ser víctimas de las hormonas.  La naturaleza es sabia, sí, pero muchas veces es un tostón horrible.

lunes, abril 06, 2015

Alegría de vivir



Siempre he creído que el sufrimiento es el más inútil de los sentimientos.

Detesto a las persona que se auto compadecen. Que llevan una existencia mediocre y que no hacen ni harán nada para sentirse llenos y vivos del todo, salvo lamentarse. Incluso, ante las increíbles oportunidades que ofrecen los días, se aferran a sus miedos, a su parálisis emocional, a su tacañería de miserias consigo mismos y con los demás.

El lamentarse  es tan estéril como el sufrimiento. Nos conduce a una repetición sistemática de patrones que nos perpetúan en un estancamiento vital, que nos lleva inevitablemente a la tristeza, al pesimismo crónico. Y me reitero. La zona de confort es muy peligrosa. Podemos llegar a los 60 años y darnos cuenta de que no hemos hecho nada arriesgado ni especial con nuestra vida. Que moriremos sin dejar legado , ni recuerdos increíblemente felices y alocados para nuestros amigos y generaciones venideras.

El sufrimiento, además, es algo inhumano. Por eso nos rebelamos ante los atentados, ante la muerte sin sentido, ante los finales abruptos de algo hermoso, ante las masacres que sesgan las risas, las horas, el porvenir de tanta gente.  La muerte de los 147 estudiantes de Kenia esta semana, los 150 fallecidos en el accidente provocado por el piloto Andreas Lubitz, las víctimas del  11 S, del 11 M…El horror del Holocausto. La humanidad involuciona con actos así, se repliega en sí misma, pierde la confianza, la esperanza y no habrá nada, ni indemnización millonaria, ni Ley de Memoria Histórica que subsane la carencia de esas personas que se fueron de un modo absurdo y sin sentido.

El ser humano está hecho para la alegría, para el movimiento, para evolucionar continuamente. Cada día ha de ser un nuevo aprendizaje, incluso en la monotonía extrema podemos hallar una clave para mejorar. El amor no conlleva, o no debería conllevar, dolor ni sacrificios enormes y, por supuesto, el amor nunca debe ser sinónimo de sufrimiento. El sufrimiento en esta vida para alcanzar la felicidad en la siguiente es una película que nos han vendido algunas religiones para hacernos conformistas, para mantenernos estancados, parados, muertos en vida.

Desde luego, no sé vosotros, pero yo me niego a pertenecer a esa legión que se pregunta algunas mañanas ¿Qué habría sido de mi vida si hubiese aprovechado una o dos oportunidades de ser feliz? Alguien me enseñó que hay que arriesgar para ganar, que el mundo es de los osados y os aseguro que las oportunidades hay que cogerlas al vuelo. No hay demasiadas a lo largo de toda una vida.  El trabajo, el amor, los amigos vienen en oleadas. Podemos pasar años y años en barbecho esperando que regresen los buenos momentos. La paz, la calma y la armonía son fantásticas pero también lo es la evolución, el crecimiento, la pasión, el desafío ante una nueva tarea, relación o historia. Todo eso está alejado a años luz del sufrimiento.

Uno elige ser feliz en cada momento, salvo esas causas que nos sobrevienen con impotencia —que también las hay sin buscarlas demasiado—.Uno puede pasar página o aferrarse a un pasado dichoso pero sin visos de futuro. Qué difícil pero qué necesario es vivir el momento presente. El aquí y ahora. Decía un sabio que conseguía mantener la serenidad conspirando con lo inevitable. Y a veces, lo inevitable nos disgusta. No lo entendemos, escapa de nuestro control y nos duele. Pero podemos elegir.  Cada día tenemos la opción de extirpar ese sentimiento estéril,  la tristeza,  y aferrarnos a la alegría de vivir.

domingo, marzo 29, 2015

Chunguismo






Dice Tania Sánchez, la ex de Pablo Iglesias, que se usa lo personal de forma chunga. Por una vez, y sin que sirva de precedente, creo que le voy a dar la razón. Si bien hay gente estupenda por el mundo —mis amigos lo son— no hay nada como terminar relaciones con alguien para que acudan en masa todos los chismes de ese alguien. Es como una venganza póstuma, de relaciones póstumas (de amistad, de amor, laboral…de lo que sea) pero con personas que están vivitas y coleando. Quizá te reafirme en tu decisión pero resulta muy triste que tengamos tan mala sangre.

El deporte favorito de nuestro país no es la envidia; es hacer leña del árbol caído.
Nos permitimos el lujo de juzgar a los demás sin saber de la misa la mitad. Además, esto es como el teléfono roto. Nuestra percepción del mundo es subjetiva. Una rosa es una rosa pero cada cual la ve de un modo distinto.

Vale que hagamos chascarrillos con la Esteban; vale que nos ríamos un poquito del parecido inigualable del ministro Montoro con el personaje de Rumpelstiltskin de Shreck; vale que le saquemos punta al “caloret” de Rita Barberá, al relaxing cup of coffee de Ana Botella o a la ruptura del coletas con su chica. Todos ellos están en la esfera pública. A todos les va en el sueldo que saquemos nuestro lado chungo para echar unas risas. Pero lo otro no. No lo puedo entender.

La vida es chula pero nos empeñamos en ensuciarla. Y nuestra vida personal puede acabar en boca de todos. Tolero el cotilleo hasta cierto punto pero me parece inadmisible juzgar a los demás.

El otro día, el apasionante escritor Julio Llamazares dio dos datos escalofriantes. El primero es que hay 500 pueblos sumergidos bajo pantanos o por inundaciones en nuestro país. El segundo, es que España es el único lugar del mundo, después de Camboya, donde hay más muertos bajo el suelo que en los cementerios. De igual forma, nuestra vida es como un iceberg. De cara a los demás mostramos una cara pero lo importante, lo fundamental es invisible a los ojos. Por eso me encanta conocer personas a fondo y por eso considero que esa mitad sumergida siempre es la más apasionante. Pero, al mismo tiempo, la mitad sumergida debe ser inviolable, sagrada, exclusiva.

Las relaciones —o mejor dicho, el final de las relaciones— van sembrando de cadáveres la existencia. Esos muertos vivos, fuera de la fosa que alguien nos obliga a ver desde otra perspectiva. Me parece tremendamente injusto porque nadie tiene derecho a alterar mi recuerdo de una amistad, de un amor, ni siquiera de un ex jefe. Y porque, por supuesto, el “finado” nunca está presente para dar su versión de los hechos.

Yo tengo una teoría: “todo lo que hago, vuelve a mi”. Ojo con lo que dices porque un día se dará la vuelta a la tortilla y te estallará en la cara. Y tengo otra: mi vida es tan apasionante, tan bonita, tan llena de detalles hermosos que no tengo ninguna necesidad de detenerme ni dos segundos en existencias ajenas.


El chunguismo tiene gracia cuando es inocente, cuando nos habla de la terrible operación estética de Renée Zellweger o del sorprendente cambio de look de Uma Thurman, que nos causó un disgusto de impresión. Pero la esfera íntima, nuestra parte sumergida, nuestro yo más único es patrimonio tan sólo de unos pocos seres humanos en el mundo a lo largo de la vida. Violar esa privacidad es terrorismo sentimental.

domingo, marzo 22, 2015

Rupturas







Es un jirón en el corazón. Algo se rompe. La confianza, la esperanza, la ilusión. Ya no hay mañana. Hay rupturas que son como una mortaja. El sepulturero te envuelve con primor pero te quiere lanzar al mar, y que te coman las alimañas. Y habrá muy buenas palabras, pero son para que los dejes en paz. Para que su conciencia de tíos mierdas y sin escrúpulos se sientan más aliviadas. Cierto. Ese comportamiento: el de usar y tirar no es propio de ellos. Ni siquiera corresponde con su autoimagen, pero es lo que hacen llegado el momento. Ya no me convienes, ahora me estorbas y no hay más solución que quitarte de en medio.

Lo realmente coherente en esos casos es un tiro entre los ojos. Así se acabó el sufrimiento de una vez. Pero para pegarte un tiro en los ojos hacen falta huevos, como los del protagonista de Macht Point.  Y en este caso no los hay. De ninguna clase.

No hay cojones, no hay vergüenza torera y lo único que cuenta es mantener el status quo al precio que sea. La mentira es la reina de estas situaciones. Ellos se mienten a sí mismos, mira qué bien lo he  hecho, mira qué honrado he sido, mira qué legal. Les mienten a ellas: sólo fue un pasatiempo y, lo peor, se  vuelven a mentir a sí mismos. Luego llorarán escuchando “Me cuesta tanto olvidarte” pero recompondrán el rostro, volverán a su hipocresía social y a seguir sembrando el mundo de embustes que no satisfacen a nadie.

Por supuesto, todas las promesas que te hicieron quedarán reducidas a escombros: “si necesitas algo de mi, llámame”. Olvídate, nunca es un buen momento. Pero nada. Quizá sientan algún pequeño ataque de cuernos cuando te vean paseando por la calle con otro, o en una foto donde sonríes (cómo ¿Tiene derecho a sonreír, después de tanto como me ha querido?) o incluso si consigues algún pequeño éxito profesional en un mundo del que ellos ya están excluidos.  Y eso sí que les duele algo en el fondo. Es la eterna y pomposa vanidad masculina.

Y el egoísmo masculino. Ellos que buscan tu paz, tu sosiego, tus ternezas, tu carne, tu sexo y tu amor, lo olvidarán todo. Olvidarán todo cuanto hiciste por ellos. Olvidarán todo el amor que entregaste a cambio del precio gratis total.
Ellos cambian el chip, vuelven su burguesa vida de siempre. A su vida de mierda de zona de confort. Una ciénaga pantanosa y hedionda donde nada cambia, sólo unas mentiras por otras, sólo unas amantes por otras y se sentirán tan satisfechos de sí mismos.

Cierto, no hay ruptura inocua; pero hay formas de anestesiar el dolor sin más engaños y más mentiras.
Cada día tengo más claro que vivimos una sociedad donde la verdad está mal vista y es perseguida. La verdad auténtica. Las palabras ciertas y rotundas como amor y deseo; ese amor y deseo tan insustituibles de unas personas a otras.

Cada día tengo más claro que esta sociedad española enferma, no avanza hacia ninguna parte porque está podrida de mentiras. Porque nos hemos vuelto perezosos, vagos, ineptos y pasotas hasta para eso tan imposible de encontrar a veces que es el amor. Y lo despreciamos porque da mucho trabajo, porque me saca mucho de quicio. Porque me deja exhausto y bastante tengo con llegar a casa, abrirme una cerveza y ver un partido.
Así, lo que venga, lo que haga falta.


Hasta para romper relaciones y familias hace falta estilo y clase en este mundo. Pero el mundo está lleno de gañanes.

domingo, marzo 15, 2015

El selfie más íntimo







Esto del sexo virtual se está sofisticando tanto que no sé dónde vamos a llegar. Imagino que lo próximo será ponerte un cohete en el culo y salir despedido por los aires, mientras un amigo de confianza te graba con el móvil. Pero, claro, para eso necesitas un amigo de confianza y estamos abocados a un mundo de solitarios donde falta precisamente eso, los amigos de confianza. Y por eso es que existe el mundo virtual, para erradicar la intimidad de las relaciones humanas. Y no me refiero sólo al sexo, sino a ese otro componente tan rico, tan especial de los amigos, de los amantes, cuya complicidad puede excluir hasta las palabras. Con una mirada todo está dicho. O con lo que yo llamo, contraseñas de tribu, de clan, o de pareja.





Yo lo que os quería contar es que se han inventado un vibrador con cámara para hacerte selfies de tus partes más internas. Es como un gusiluz diabólico que muestra toda la casquería que se esconde bajo nuestra piel.

Casi, casi como esos videos que ponía el padre de un colega de clase que era cirujano. Lo malo es que te los colocaba a la hora de la comida. Imaginaos el espectáculo de una operación a corazón abierto mientras tú intentabas comerte un bistec. Pero sigo, que me disperso.
El artefacto, pensado sobre todo para el público gay, es un vibrador con cámara que se llama Gaga, imagino que en honor a la gran musa cantante.

Entiendo que las partes íntimas son eso, íntimas, únicas e intransferibles. Hay vaginas bonitas y otras horrendas. Hay anos que da gusto verlos y otros llenos de pelos. Y aquí quiero llegar a parar ¿No tenemos bastante con cuidar hasta la extenuación nuestro cuerpo físico externo? ¿No les basta a los cíber amantes con una fotillo del órgano en cuestión? Pues no, hay que retransmitirle al partenaire el orgasmo completo: todas entradas y salidas del vibrador hacia la cavidad susodicha y todas las contracciones del momento.

El vibrador tiene cámara y luz y es compatible con Facetime. Lo puedes retransmitir en vivo y en directo o puedes subir las fotos a Instangram, como gustes. El bicho se llama  Total, nada.

Yo soy partidaria de todos los avances, que conste, pero esto de la casquería tan pormenorizada no me pone nada de nada. Prefiero la piel con piel, el sudor, el licor de los fluidos en conjunción, las lenguas, las bocas y otras cosas ya me podéis comprender— pero, de verdad, no me pongo yo en situación con un vibrador con cámara. Que sí, que el otro puede ser mi objeto de deseo y que esté,  qué te digo yo, en Tombuctú, pero esto del vibrador con cámara me deja más fría que un polito de limón. En todo caso, para las distancias ya se inventó el sex-phone, que, personalmente lo prefiero. No hay nada como un buen jadeo, el desparramarse del otro para entrar en un éxtasis común.

No me veo retransmitiendo los pormenores de mi vulva. Quizá, vosotros, con ese punto morboso que os da mirarlo todo lo encontráis de lo más cool, pero este gusiluz que se lo meta otro por el culo, porque yo paso.


lunes, marzo 09, 2015

La otra







Por fortuna, nunca me he sentido la otra. Y esto es algo muy agradable y sacrificado al mismo tiempo. Convertirte en el centro de la vida de un hombre es complicado. Ya sabemos como son ellos: polígamos por naturaleza, de moral distraída, susceptibles a los encantos femeninos con esa genética innata que les lleva a esparcir su esperma por toda la tierra. Los acepto como son, pero sin tocar mucho los ovarios.


Da igual que una sea oficial o no. Eso carece de importancia. Lo fundamental es esto: “nena, me han ofrecido tal trabajo ¿Qué crees que debo pedir?; o “Querida, me han invitado a un programa de televisión ¿me pongo la chaqueta negra o la gris oscuro?”. Tú eres la principal; Da igual tu estado en cuestión con el susodicho: casada, divorciada, amante y siempre amada. Ellos recurren a ti en primer lugar. Ante las alegrías y las desgracias. Ante las dudas existenciales. Ante las pérdidas inevitables de la vida. Ellos te contarán sus miedos, se mostrarán vulnerables, esconderán su cabeza bajo tus hombros para que les consueles y luego se erguirán como el macho conquistador y poderoso pero que no es nadie sin ella. Ella, la que cantaba Alejandro Sanz. Esas ellas con rostros y nombres diferentes

“La otra” es esa que uno llama para un rato y … adiós muy buenas. Quizá ese rato es cada quince días; o una vez a la semana en momentos muy puntuales del tiempo. La dueña de su corazón es esa que sabe casi lo que desayuna, a qué horas mea, lo bien o mal que duerme y la que se lleva los quebraderos de cabeza —los suyos— también a su almohada…aunque no la compartan.

Y le distrae de sus preocupaciones con un chiste fácil, y le arranca una sonrisa. Y posan juntos en una foto y en esa foto no frunce el ceño. No muestra agarrotamiento. Está relajado;  es él, él mismo. El que se desliza y se atropella y vuelve a caer en ella porque con ella se siente natural, tal como es. Sin poses.

Ser la dueña es complicado por muchos motivos. Lo fácil es mirar hacia otro lado cuando él pierde el sueño. Lo fácil es esconder la cabeza cuando él piensa en otra; Lo fácil es dar por sentado que están juntos porque sí y que no hay nada por lo que luchar, porque el monte ya está conquistado. Y un rábano.

Ser la dueña, o ser la Doña, como yo digo, es un trabajo diario; minuto a minuto, segundo a segundo y hay que tener los cojones para ponerlos sobre la mesa cuando corresponda e ir ganando terreno en el egoísmo masculino que siempre campa a sus anchas. Hasta que llegará un día, ese día, en el que él no pueda pasar sin llamarte; sin escuchar tu voz. Porque te has implicado gratis total y eso ya no lo hace nadie en este mundo. Ese día en el que le falte la caricia, el beso, la palmadita y, por qué no, ese orgasmo increíble que nunca podrá otorgar “la otra”. Ese orgasmo que va repleto de alma, corazón y vida. De entrega, piel con piel y cerebro con cerebro. Ese punto de explosión al que se llega por la vía intelectual; domeñando los bajos instintos hasta convertirlos en instrumentos del placer. Un placer al servicio del Don y la Doña, dueños de la química increíble cuando el amor es el capitán de las relaciones. El amor es ese milagro que los llena de fuego en dos minutos y les libera para siempre jamás.


domingo, marzo 01, 2015

Segundas oportunidades




“Amaneció y ella ya no era ella. Tras años apegada a su mochila, creía que su perfil se desdibujaría en el aire tras abandonar esa bolsa llena de la supuesta seguridad, de la supuesta suficiencia, de la supuesta felicidad. Pero soltó lastre y se sintió liberada.
Ya no estaba maldita. Ya no estaba obligada a recorrer el itinerario marcado por sus antepasados, por sus prejuicios, por toda aquella tribu que la crió con amor pero con unas leyes que la convirtieron en alguien que se contradecía con su esencia. Hoy era el primer día de su segunda vida.  Ella misma se dio la oportunidad de perdonarse los errores, de admitir que las cosas no siempre salen como uno quiere, que es humana, frágil, mortal y que sólo tiene una existencia”.

Todos tenemos derecho a cambiar. A superar las enseñanzas de la Biblia: “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda “¿Pero qué estupidez es esta? ¿No será mejor llegar a un consenso con tus manos que recurrir al autoengaño?  

Estamos intoxicados por supuestos saberes que nos hieren de muerte, traspasados de padres a hijos con la mejor intención. Una herencia envenenada. En algunos casos, hay personas lastradas por deudas, inversiones equivocadas, por seguir la corriente de la burbuja. Maldita burbuja que los marginó al ghetto del todo black, a ser ciudadanos ectoplasmáticos que apenas pueden aparecer en papeles oficiales. También ellos creían que los bancos les aconsejaban con la mejor intención.

El Gobierno de España quiere dar una segunda oportunidad a los empresarios que se han visto castigados por la crisis fatal de la que no terminamos de salir. Se han percatado que señalar, acusar con el dedo,  engrosar listas negras y asfixiar económicamente al ciudadano los conduce a ninguna parte. Si no tienen dinero, cómo diablos van a pagar. Un poco de aire y, quizá, con un poco de suerte, podrán generar ingresos de nuevo y respirar tranquilos.

Si hasta los políticos se han dado cuenta de que es precisa una Ley de la segunda oportunidad ¿Por qué tanta gente se la niega?
Todos tenemos derecho a subsanar errores, incluso a empezar de cero. Todos tenemos derecho a cambiar de vida sin ser juzgados. Y si nos juzgan, a que nos importe un pimiento.

El derecho a elegir y decidir es sinónimo de libertad. Y las oportunidades no son otra cosa que la esperanza de mejorar. Si la justicia escasea tanto en este mundo, al menos concedámonos la justicia poética de reconciliarnos con los que se fueron sin decir adiós; con nuestra juventud y nuestra madurez, con nuestras ilusiones; con nuestra inseguridad y nuestras dudas. Reconciliémonos con nuestros deseos y concedámonos aquello que soñamos sin esperar a un mañana que nunca llegará.

A fin de cuentas, lo único importante en este mundo es cuidar a los que queremos y que nos cuiden. Pero nos dispersamos en tonterías  y olvidamos lo que en verdad nos ata a la vida.

Quizá debamos rescatar sólo lo bueno de las tradiciones de aldea: conjuros que sanan enfermedades y esa costumbre de interesarse por el vecino, por el amigo, por esa gran familia que se va conformando con el paso de la vida, de las horas, de los días. Por todos nosotros, los supervivientes de esta guerra económica que nos ha tuneado en profesionales 360 grados, dispuestos a todo con tal de ganar algo de dinero.

Si en el inconsciente todo acaba de pasar, volvamos atrás, expulsemos el veneno y cosamos la herida de nuevo, piel con piel. Amanezcamos nuevos, sanados y casi felices, como la protagonista de esta pequeña historia.


domingo, febrero 22, 2015

La vida sin filtros






Queridos, llega la primavera. No hay remedio. Es imparable. Los enfermos bipolares tendrán que subir sus dosis de litio, los ansiosos y depresivos se pertrecharán de todos los remedios posibles para mantener a raya a la impostora naturaleza que nos acelera el ritmo cardíaco, la transpiración o nos sume en un mar de dudas y perennes lamentos. Lo ex novios y ex pretendientes rebrotan como las setas tras la lluvia. 

Es la llamada de la selva.

La primavera es terrible para suicidas y especialmente maravillosa para los enamorados porque somos más hembras y machos que nunca. Las hormonas que permanecen agazapadas en el crudo invierno, vuelven a reverdecer. Comienza el baile con la FEA (hormona encargada del amor a primera vista);  la dopamina (la hormona de la adicción al placer) y de —mi favorita— la dehidroepiandrosterona , o Dhea,  responsable de producir las feromonas y la elección de pareja. No sólo eso, la Dhea  nos mantiene jóvenes. De hecho, el cuerpo cuando llega a la edad adulta produce cada vez menos Dhea. Por eso yo la tomo en comprimidos cada mañana. Es un afrodisíaco natural, sirve base para producir estrógenos y testosterona. Tiene muchos efectos saludables para el organismo: provoca el aumento de la masa muscular y de la fuerza, mejora el sistema inmunitario, la memoria y las enfermedades derivadas del estrés, sube el estado de ánimo y recarga la energía. Vamos, que soy del club de la Dhea.

Es curioso que hombres y mujeres contemos en nuestro organismo con testosterona (la hormona encargada del deseo sexual) y estrógenos (esa es la que os da ese sueño tan agradable después del coito). Es curioso, porque se supone que la testosterona es vuestra hormona, la masculina, y los estrógenos, la nuestra, la femenina. Sin embargo, en nuestro torrente sanguíneo ambas viajan en mayor y menor medida según el género y así nos conforman.

Quedan por mencionar mis amigas las endorfinas. Como buena deportista, nunca me abandonan. Da igual lo saludable o aburrida que sea tu vida sexual; esta sensación de euforia no sólo procede del sexo,  sino también del baile, de los paseos por el monte, o de recorrer kilómetros en bici. Si te acostumbras a ese chute, olvídate, ya no podrás vivir sin él. Lo cual significa que harás el amor de forma habitual o, en su defecto, correrás maratones, escalarás cumbres o bailarás bachata.

Existe esa otra hormona que tantos anhelamos en esta vida de prisas e incertidumbre: la serotonina, también conocida como la hormona del amor para siempre. Esta te provoca paz, relax y sensación de seguridad. A este estado llegamos una vez transcurridos los meses de loca pasión, si es que la cosa pasa de ahí (los expertos dicen que es a partir del tercer mes cuando sucede esto).

Por eso nos gusta ver a nuestra pareja de cerca, con sus arrugas, sus redondeces, sus descolgamientos y su humanidad desnuda sin filtros ni idealismos vanos. Por eso nos enamoramos cada  más de sus defectos, inseguridades, debilidades y esos rasgos que convierten al príncipe azul por el que nos volvimos locas en un ser humano normal, cálido, cercano que camina a nuestro lado. Por eso los hombres permanecen junto a mujeres a las que ven por la mañana sin maquillar y las adoran incluso con sus patas de gallo o quizá precisamente por eso. Y no hay ojeras ni flacidez capaz de matar al auténtico amor. Porque, en el fondo, todos deseamos una vida sin filtros. Una vida donde cada cual sea como es, sin poses, sin efectos ópticos.