domingo, abril 26, 2020

Ni las mujeres son de Venus, ni los hombres de Marte






Mark Gungor sostiene que el cerebro del hombre es como una sucesión de cajones y el de la mujer como un loft donde todo se mezcla. Casi me convence las tres primeras veces que escuché su video y leí sus teorías, aunque su caja de la nada creo que es la peor excusa del hombre para que le dejemos en paz. ¿Qué piensas? En nada dicen ellos. Pero, en realidad, sólo quieren estar tranquilos y no saben cómo decírtelo sin herirte. Este fundamento y eso de que el hombre no sabe hacer más de dos cosas a la vez son paparruchas porque sí que pueden, igual que nosotras. Si no ¿A cuento de qué hay tantos directores de orquesta?

El libro Las mujeres son de Venus y los hombres de Marte es un buen divertimento y positivo como reflexión acerca de los patrones de conducta aprehendidos y heredados nada más y nada menos. Las costumbres marcan un papel importantísimo en los hábitos masculinos, erradicarlos no es tarea fácil y a las muestras históricas me remito. Ha costado mucho eliminar ciertos privilegios y costumbres del varón sobre la mujer. Y sigue costando.

Aquí tenemos las semillas de lo que se denomina el dimorfismo sexual del cerebro. Es decir, si hombres y mujeres nos diferenciamos por nuestros genitales esa diferenciación no se queda sólo en la morfología. El cerebro del hombre y la mujer es diferente y, sí, efectivamente morfológicamente lo es, pero, básicamente, porque todos los cerebros son diferentes los unos de los otros.

Es lo que concluye un estudio realizado por los investigadores de la Universidad de Tel aviv, Zohar Berman y Daphna Joel, tras analizar 1.400 cerebros. Ellos aseguran que no hay pruebas desde el punto de vista de materias gris, blanca, conexiones neuronales o el grosor de la corteza cerebral de que los cerebros de hombres y mujeres sean significativamente diferentes. Ellos hablan de mosaico cerebral y circunscribirlo todo a dos tipos es de una simplificación inexacta, aunque resulte atractiva para elaborar ciertas teorías conductuales.

En el proceso de sexuación del hombre y la mujer intervienen muchos factores: tenemos un sexo cromosómico, otro genético/proteíco, otro gonadal, el fenotípico, el psíquico y social pero de ahí al dimorfismo sexual del cerebro hay un mar de interrogantes, incluso océanos de tiempo y pléyades de caracteres en millones de seres humanos. Qué sencillo es simplificar. Esto justificaría, por ejemplo, la supuesta agresividad masculina o su supuesto amor por la pornografía.

El neurobiólogo y profesor de la Universidad de Salamanca, José R. Alonso, explica que testículos fetales producen hormonas sexuales que modifican el cerebro y lo masculinizan. Pero, el mismo señala que hay tres factores biológicos clave para entender las diferencias sexuales cerebrales: las hormonas sexuales, los cromosomas sexuales y el sistema inmunitario.
En conclusión, nada es blanco ni negro. 

El ser humano es diverso. La metáfora del mosaico de los investigadores israelíes encaja a la perfección con nuestra complejidad y también nuestra belleza. Las simplificaciones justifican siempre lo injustificable, en la ciencia y fuera de ella.


lunes, abril 13, 2020

Amor, maltrato y confinamiento






¿Acaso alguien no llamaría a la policía en caso de malos tratos? Tu vecina grita ¿y tú no vas a hacer nada? Lo dudo mucho. Creo que, salvo excepciones, todos actuamos cuando un llanto desgarra la noche, oyes golpes al otro lado de las paredes o los insultos y vejaciones se escapan por las ventanas.
En caso de maltrato, llama. Pues claro ¿Quién no lo haría? De hecho, lo único positivo que saco en claro del confinamiento es que el sentimiento de comunidad cada día es más grande.


Todo suma. Las campañas contra el maltrato femenino me parecen positivas, pero no olvidemos que una mujer que vive en una relación de maltrato o que es víctima de las redes de prostitución está confinada siempre. Cada día. Cada hora. No son dueñas de su libertad.

Pedir a los vecinos que alerten a la policía del maltrato a una mujer es algo positivo, pero me falta la otra pata: la de la educación y la prevención. Entiendo que eso son planes a largo plazo y la política no se quita las gafas de cerca casi nunca. Las campañas están muy bien, pero estas se contradicen con medidas como el pin parental. Porque el primer paso para evitar el maltrato es la educación sexo-afectiva. Ni más, ni menos.

Si una mujer crece creyendo que el amor cuanto más difícil, mejor, caerá en estas relaciones tóxicas de dependencia. Y el fallo no está en hombres ni mujeres, salvo que nazcan con un perfil psicopático. Hay patrones errados que perpetuamos sin percatarnos porque todos somos víctimas del mito del amor romántico que la cultura nos inyecta en vena desde el medievo. El amor no es dolor, ni distancia, ni ausencia, ni, por supuesto, miedo.

Una chica me contó un día en confianza que sentía miedo de su marido. Está casada y, no sólo eso, tiene una hija. Le dije que el amor es la antítesis del miedo. No podía entender ese tipo de relación. Lo comprendí de inmediato cuando me contó que ese mismo miedo lo sentía por su padre, alguien con una esquizofrenia severa. Tenía el patrón interiorizado del miedo. Esos patrones aprendidos los repetimos casi sin remedio, si no ponemos freno a esta espiral del demonio.

La educación, aunque a más a largo plazo, son semillas de futuro y evitarán que mujeres y hombres caigan en relaciones enfermas de dependencia y agresión; de víctimas y victimarios.
El buen funcionamiento de la economía es importante pero aún más la creación de lazos afectivos saludables y positivos. 
El amor no son comedias románticas o novelones dramáticos, el amor conforma los cimientos de sociedades saludables con relaciones felices; sociedades que, a la postre, son fuertes en momentos como este para hacer frente a la adversidad y la incertidumbre.

Imagen de Sergio Sánchez Isasi , de su libro Amor tóxico

lunes, abril 06, 2020

La ternura ordena el caos







Decía Vargas Llosa que la literatura ordenaba el caos. Los escritores, con la varita mágica de las palabras tornan al villano en héroe, inventan finales felices, construyen universos a su antojo. Sin menoscabar el poder mágico de las letras, hoy, en estos momentos, en situaciones excepcionales, lo único que ordena el caos es la ternura.

Con otro mes de confinamiento por delante, la supervivencia económica de miles de familias amenazadas, el año prácticamente arruinado en muchos sectores, lo único que ordena el caos es la fe en el ser humano, la solidaridad entre nosotros, la esperanza de que unos meses malos contendrán este virus que no se llama coronavirus, que ya en realidad tiene otro apelativo: miedo.

Es el virus más contagioso y letal que existe porque ya lo decía Yoda. El miedo conduce al odio y el odio te lleva al lado oscuro sin remedio.
Al desconcierto de los primeros días, de estanterías vacías y papel higiénico agotado. Ante los discursos de tú lo estás haciendo mal, yo lo habría hecho mejor, le siguen proclamas incendiarias de tomar el país por la fuerza. Y así no.
Hoy más que nunca reivindico en esta columna mi tema favorito y este es el único, el que importa: el amor. Porque la vacuna es el amor. Ante la ausencia de un medicamento específico y de una estrategia satisfactoria que nos ahorre futuros dolores; ante el panorama desolador que nos deja este enemigo invisible, la única herramienta es el amor y la ternura.

Las iniciativas para tenernos ligeramente aletargados en medio de la tragedia de tantas familias me resultan pueriles. Ya me he cansado de las cancioncitas y los jueguecitos y los retitos.
A mi, lo único que me toca el alma en estos días son los ejemplos de solidaridad entre vecinos. Como todos esos que aplaudieron a Lola en el día de su cumpleaños. Como todos esos que aplaudimos todos los días a las ocho de la tarde.

Lo único que me toca el alma son los gestos de solidaridad gratuitos hacia personas que lo necesitan sin mediar la publicidad de por medio. Un amigo médico que te da un consejo, alguien que le hace la compra a tu madre; las videollamadas de la familia y los amigos. Los mensajes que insisten en lo único verdadero de esta crisis: no estamos solos y de esta saldremos, pero no con cancioncillas sino con la lección del amor bien aprendida.

La pandemia nos iguala, nos sumerge en la tormenta a todos sin distinción. Todos vamos a perder algo en este encierro, pero también ganaremos algo. Aprenderemos una lección y es esta: el amor ordena este caos, pero también lo contiene. Sólo el amor nos ayudará a construir esta nueva realidad que se vislumbra. No te agarres a nada, no te resistas. Cede gentilmente tus horas a estos días, aprende e ilumínate con la fuerza de la ternura y del amor, porque será lo único que nos salvará de este caos.

domingo, marzo 29, 2020

El derecho al sexo en los adultos mayores







Se cierra la fábrica y se abre el parque de diversiones. Así define la terapeuta Patricia Kelly el fin de la vida reproductiva de las mujeres. Desgraciadamente, la menopausia conlleva una serie de connotaciones negativas que impiden a muchas féminas aceptarse y amarse a sí mismas llegado este momento de la vida, cuando menopausia y menstruación debieran ser procesos naturales.

Si es importante aceptar nuestro cuerpo y sus características durante nuestra época fértil, igualmente hemos de hacerlo cuando se pone definitivamente fin a la etapa reproductiva. Un tanto similar sucede con los hombres. La viropausia se manifiesta con erecciones menos frecuentes y duraderas, con menos eyaculaciones por semana. El hecho de carecer del vigor de un joven de 20 años puede sumergir a algunos hombres en un estado de ansiedad o impotencia. Tampoco debiera ser así.

Vamos a eliminar algunos falsos conceptos asociados a la sexualidad y la vejez.
Socialmente sigue estando mal visto que dos viejos disfruten del sexo. Es algo cultural. Las parejas que nos muestra el cine son por norma general jóvenes, heteros, bellos y en edades reproductivas. Este concepto heteronormativo no se hereda por casualidad. Son los residuos del viejo orden, ese que está derrumbando ya sin remedio en estos días. El coronavirus lo acelera todo.

En ese viejo orden sólo se contemplaba el placer para los hombres, la cópula siempre iba en busca de la reproducción y la creación de familias. Si pasados los 60 el hombre seguía sintiendo deseo sexual se le designaba viejo verde. La mujer con ansias de ser acariciada y besada traspasada esa edad era una depravada.  Y no hablemos de las parejas con idéntico sexo.

Otro asunto importante: para algunos el sexo significa penetración y por suerte no es así, como ya he explicado en algún que otro artículo. El buen sexo no tiene porqué convertirse en un campeonato de orgasmos y embestidas. Hay otras demostraciones más sosegadas y también placenteras.

La realidad es que hoy más que nunca existen estupendas soluciones para que los adultos mayores puedan disfrutar de su sexualidad, incluso más que en su etapa reproductiva. Para los hombres, aparte del Cialis y el Viagra, existen los tratamientos con células madre. Las mujeres disponen en el mercado de lubricantes de las mil y una variedades, colores, texturas y temperaturas.

Los que tienen pareja y se encuentran en periodo de jubilación tienen más tiempo que antes para disfrutar y experimentar. No hay prisas, no hay presiones para que el hombre siempre esté dispuesto con la espada de Hyman en alto. Si el uno y el otro se conocen bien, se toleran y se aceptan, el erotismo es relajado y divertido, con muchas risas y ternura.

Para los que están solos hay otra palabra: el autoerotismo. Sí, vamos, la masturbación.
La artritis, diabetes u otros achaques propios de la edad, no son un problema en verdad. Y, por supuesto, uno tiene la vejez, la sexualidad y la relación de pareja que produce durante su vida.

El sexo en los adultos mayores también es una cuestión de derechos humanos: derecho al placer, derecho a acariciar, derecho a amar y ser amado.

martes, marzo 24, 2020

El amor y el sexo en los tiempos del coronavirus





Crisis también significa oportunidad y en estos momentos de incertidumbre total, de pesadilla y ciencia ficción, los afectos importan. Y mucho. Las parejas encerradas en casa, atrincheradas frente al enemigo invisible pueden salir reforzadas o hundirse sin remedio.

El coronavirus puede acelerar el proceso de destrucción o construcción de las parejas. Las dinámicas cambian. Los que conviven hace años, que apenas se veían de noche e intercambiaban apenas un murmullo de labores e intendencia, se verán las caras 24 horas. Los hogares con pocos metros cuadrados y muchas personas pueden sufrir fricciones, aunque yo los envidio un poquillo porque cuantos más seamos en un sitio, también más posibilidad de diversión.

Si la cosa va bien, las parejas saldrán fortalecidas. Si la cosa ya iba mal, ojo. Dicen los astrólogos que todo lo que está ocurriendo provocará un derrumbe de estructuras tradicionales. Como soy muy positiva, creo que el concepto de matrimonio y pareja cambiará. Nada de uniones por conveniencia y confort. Nada de hacer el amor una vez al mes, o cada tres meses o nunca. No. Las parejas en los tiempos del coronavirus lo harán todos los días. ¿Por qué? Porque en estos tiempos de confinamiento ¿Qué hay mejor para liberarse del estrés y la incertidumbre? El sexo, sobre todo el sexo bonito con la persona que amas y que te ama en la que confías al 100%. Y porque cuando todo esto haya pasado valoraremos lo importante, lo que quizá, en la normalidad nos pasaba por alto; salir a la naturaleza, besar y amar, tocar, reir; las cañas con los amigos, las confidencias con tus amigas, en algún caso la sonrisa de tu hijo. Arrebujarse con ellos para ver una película o cocinar. Cosas sencillas.


Llegan muchos consejos para no perder la salud física y mental en estos días de confinamiento y lo básico es lo de siempre: la comunicación, las demostraciones de amor, las palabras bonitas, mantener el contacto. Si puede ser físico, genial. Si no, hay otros muchos modos.

Para todas esas parejas que tienen la suerte de convivir, llevarse bien y que están en casa sin hijos, imaginen, las posibilidades son infinitas. Con algo más de tiempo libre, sin prisas y presiones, disponen de todo un universo a explorar. Pueden probar cada rincón de su hogar. Redescubrir sus cuerpos —no olviden que aparte de los genitales, tenemos cuatro kilos de piel— atreverse con esos juegos que siempre quedaban para después, los baños sensuales, los masajes, y para aquellos a los que el coronavirus les pilla separados tienen la opción del sexting (siempre con las precauciones pertinentes).

Piensen que es una suerte amanecer cada día en su cama y no en una cama de hospital. Piensen que esto es pasajero, que será una prueba, que servirá para destruir y construir una nueva realidad, esa realidad en la que el sistema sanitario universal es necesario. Piensen que cada día es un regalo…disfrútenlo y eliminen la queja de su camino.

domingo, marzo 15, 2020

No tocar, peligro de contagio





Tantas canciones hablan del amor, del contaminame, mézclate conmigo y nosotros estamos aprendiendo a lo contrario. A saludarnos con un guiño de ojos o, como hacía mi padre, con un movimiento de cabeza. La situación de alarma es un hecho y todo nos parece raro y difícil.

Han cerrado los colegios, cierran bares y restaurantes. Trabajaremos solos, aislados en casa, acompañados de nuestro gato y saldremos a la calle lo mínimo e imprescindible. Nos mezclaremos con nuestra sangre, con los más íntimos y cuando levanten las temperaturas toda esta pesadilla habrá terminado. O no. Las consecuencias económicas de 50 días de parón no tardarán en hacerse notar. O no. Quizá, esto nos obligue a recapacitar y darnos cuenta de que el teletrabajo es posible, incluso necesario y que nuestra política debiera ser la de simplificar. Eliminar para iluminar.

Nosotros que tan barrocos somos, que nos complicamos la vida gratuitamente, que de todo tenemos veinte variedades, que vivimos con tantas facilidades, que buscamos siempre rizar el rizo, a veces de puro aburrimiento, hemos tomar esa lógica Zen de menos es más, e intentar hacer nada, o cuanto menos, mejor. Lo sé, cuesta. Personalmente a mi me da cargo de conciencia el parar. Siempre he tenido un sentido de culpabilidad si no estoy alimentando mi mente, escribiendo, leyendo, pensando cada minuto de mi existencia. Por no hablar del ejercicio físico, algo casi religioso para mi y no sé cómo solventaré aún, puesto que han cerrado los gimnasios municipales, como debe de ser.

Criticamos la huida de los madrileños, pero es humano el miedo y también ciertas dosis de irresponsabilidad y escapismo. Por eso lo mejor en estos días es huir hacia adentro. Investigarse, analizarse, estudiarse, leer ese libro gordísimo para el que nunca tenías tiempo, ordenar la biblioteca aita de polvo y años de desdén, de “ya lo haré mañana” y confinarse para estar sólo con los imprescindibles, siempre y cuando no pongas en peligro su vida. 

El mundo está haciendo un reset imponente. Creo que es más que evidente que el universo nos devuelve lecciones para que no desperdiciemos más nuestra vida, ni nuestros recursos. Para que valoremos algo tan simple como la libertad de movimientos, el aire de las grandes ciudades, los bares y los amigos a los que en estos días echaremos de menos.

La alegría del movimiento la sustituiremos por la paz de la quietud porque necesitamos parar. Es una orden que llega de no sabemos qué lugar pero que nos invitará a ser más solidarios, a volver al hogar, a las ollas grandes, a las familias que se ayudan y al contacto que nos permita el maldito virus.
Los teatros y bibliotecas cerrados como símbolo de una vida en suspenso, en stand by, en calma aparente pero que puede crecer y florecer por dentro.

No desperdicies estos días, aliméntalos, sácales provecho. Contaminate de otro modo y ama siempre. A veces el amor implica la distancia.


lunes, marzo 09, 2020

Volver al origen




La única constante de la vida es el cambio. Sin poderlo remediar, los años pasan, los negocios abren y cierran, nos salen canas, arrugas, los jóvenes empujan por abrirse paso, por sembrar de futuro lo que ellos consideran el pasado y que nosotros alimentamos como nuestro presente.
Todo cambia, sí. Aunque a veces nos resistamos y amemos los valores del pasado: el respeto, la lealtad, la honestidad, la sana competencia, nada de tirarle arena en los ojos al otro sino, desde la admiración, querer ser como él, quizá superarle, pero sin perder un gramo del aprecio, del reconocimiento. Ser como el mejor de tus admirados ejemplos para sumarte y sumarle, no para restar.

Estos valores te impiden anclarte en la crítica gratuita. Jamás ascenderás pisando la cabeza de nadie, ni insultando o menospreciando el trabajo de un colega. Pero estos valores, me temo, pertenecen a esta misma generación. Mi generación. La que trabajaba 18 horas al día por una noticia sin importar si te pagaban o no. A la que le brillaban los ojos cuando encontraba un filón informativo.

Siempre admiré a mis mayores. Lo sigo haciendo. Entiendo que la edad no resta valor al ser humano. Alguien que merece la pena aprende de las experiencias y se hace más grande. En la era del éxito rápido, del selfie y de los resultados a golpe de clic, los más jóvenes se pierden la satisfacción de pelear de verdad por encontrar la veta de oro. Por transformar de algún modo, —modestamente, desde una columna, un reportaje u otro trabajo— un pedacito de la sociedad.

Yo invito a los más jóvenes a volver al origen. A que dejen de perseguir likes en las redes sociales, a que salgan de los parques temáticos y se atrevan a mezclarse con los que son diferentes a ellos. Sobre todo, diferentes en cultura, edad y clase social. A que eviten los atajos. Llegarán a la meta veloces, pero ¿a costa de qué?

Yo siempre lo tuve muy claro. Todo cambia, sin duda, pero hay valores a los que uno debe aferrarse en estos tiempos de palabras pantanosas; tiempos de “tengo estos principios…Si no le gustan, tengo otros”.

Las variaciones son hermosas, como las variaciones Goldberg de las obras de Bach, más la esencia, la bondad que permanece intrínseca en los humanos y en las cosas no debiera cambiar; El respeto a los compromisos, a la palabra dada; el respeto a tus colegas de profesión, a tus mentores y maestros; el respeto a los que amas, incluso a los que odias.

Siento que nos estamos perdiendo y que sólo encuentro los valores genuinos de ese permanecer en lo esencial, a pesar del cambio, en los clásicos del cine. Y eso sí que no me gusta. Que cambie todo, claro que sí. El cambio es la vida, la renovación, pero volvamos al origen. Al bueno, bello y verdadero. Huyamos de los personajes fatuos, de los latiguillos verbales. Huyamos de lo aparentemente fácil. Huyamos de la mentira.

lunes, marzo 02, 2020

La fórmula matemática del sexo





¿Se puede medir el sexo? ¿Tenemos que incorporar nuestras relaciones al ritmo frenético de los números? No, de verdad que no, pero ¿Por qué lo hacemos?

Estamos más interesados en el número de relaciones sexuales que tenemos a lo largo de una semana que en la calidad. No en balde, de las primeras preguntas que se realizan a un terapeuta pasan por la cantidad idónea para una pareja “normal”.  Otras cuestiones muy frecuentes son las siguientes ¿cuánto me tiene que medir el pene? o ¿Por qué llego al orgasmo más rápido si me masturbo que cuando estoy con una pareja? ¿Cuánto debe durar una relación sexual?

Las mujeres, por norma general, tienen la presión de llegar pronto al orgasmo y los hombres, justo al contrario. Total, que, en vez de estar disfrutando de uno de los mayores regalos de la naturaleza, no pasamos todo el tiempo con el minutero mental, centrados en los segundos, con la cabeza llena de pensamientos.

Nosotras con el “vamos, vamos” y ellos con el “para, para”.  Además, está la romántica y estrafalaria idea de intentar coordinarse para llegar los dos al mismo tiempo. Así que nada, no estamos en lo que estamos. En absoluto
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Sería divertido ver qué ocurre en las cabezas de los amantes. Lo contradictorio del asunto es que el orgasmo es un momento de máximo egoísmo a la búsqueda del placer y también un momento de máximo abandono y de máxima entrega al otro. A ver cómo integramos esto en los contadores y en las mentes medidoras de algunos y algunas.

Centímetros, minutos, tiempo, frecuencia, velocidad e incluso la masa acaparan la mente de muchas personas cuando piensan el sexo y ese es el error. El sexo no se ha de pensar, sino que se ha de sentir. No hay fórmulas matemáticas que garanticen el orgasmo. Es más, el orgasmo no debería ser la meta de ninguna relación sexual. Si llega estupendo, pero si no, disfrutemos del momento.

Porque, además, en esta sociedad competitiva todos los penes tienen que estar erectos, todas las vaginas lubricadas y el acto sexual debe responder a un patrón heteronormativo de perfecciones varias, cuerpos prietos, tamaños ideales y de personas hermosas y jóvenes.

Y el sexo, y sobre todo el sexo con amor, no responde a ningún canon, no obedece a ninguna regla. En esta relación de pareja hay entrega y hay consenso, no debieran existir presiones, ni prisas, ni miedos. En esa relación, mirarse a los ojos, tocarse, abrazarse, amarse no tienen que conllevar incluso necesariamente una penetración.

Nos obsesionamos con las formas, los tamaños, los números y las fórmulas mágicas y nos olvidamos de lo fundamental: el sentido lúdico, la entrega inesperada, las palabras hermosas, el deseo en la mirada y el sentirse afortunado de compartir con el otro desde la más leve caricia al más intenso de los orgasmos, porque todo forma parte de esa química espectacular de algunas parejas y para que la que no existen brebajes, ni pociones ni fórmulas secretas, salvo la del disfrute porque sí.


lunes, febrero 24, 2020

Micromachismos: mujer tenías que ser




No hay machismo pequeño porque uno sobre otro, amontonados en el transcurso de los días, años y décadas transforman la vida de algunas personas de una forma cruel.
El machismo es como el mal. Pretenden hacernos creer que no existe y de ese modo  su mancha se extiende de un modo silencioso pero inexorable.

Lo llamamos micromachismos porque no matan, pero marcan una diferencia. Los cambiadores de bebés siempre son en el aseo de señoras, como si los señores no pudiesen portar un bebé y asear a sus hijos.


Hay coches que sosiegan su marcha en una calle oscura cuando pasan cerca de una mujer y bajan la ventanilla y dicen algo a la mujer que acelera el paso, con un repeluzno gris y frío sobre su nuca. Actitudes que se denominan violencia suave, como que alguien a quien no conoces de nada y con quien no deseas establecer ningún tipo de intimidad, se permita el lujo de invadir tu espacio del modo que sea. O que nos veamos obligadas a saludar con un beso cuando somos presentadas, como si dar la mano fuera algo que sólo se da entre caballeros.


Hay refranes y dichos deleznables que, quizá nos hacen gracia pero que nos tratan sin compasión: detrás de un gran hombre hay una gran mujer; Mujer al volante, peligro constante; De la mujer, el tiempo y la mar, poco hay que fiar. Y si no, la más cruel de todas: a la mujer búscala delgada y limpia, que gorda y guarra ella se volverá.

El término micromachismo fue acuñado en 1991 por el psicoterapeuta Luis Bonino Méndez, para dar nombre a prácticas que otras y otros especialistas llaman «pequeñas tiranías», «terrorismo íntimo» o «violencia blanda», menos populares que el primero.

Estas micro crueldades se cuelan en la RAE cuando designan al sexo débil como el conjunto de las mujeres; cuando se excluye de la historia a grandes artistas. O esas consortes con una influencia innegable en la obra de sus maridos que jamás recibirán un Oscar o un Nobel. Me refiero a la esposa de Hithcock, Alma Reville, o la inefable compañera de Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí.

Poca gente sabe que Hedy Lamarr, aparte de ser bellísima inventó el Bluetooth, o que Stephanie Kwolek inventó el chaleco anti balas, o que Mary Anderson, hizo lo propio con el limpiaparabrisas.

Son ejemplos pequeños pero contundentes, como el hecho de que, en las calles del municipio de Murcia, apenas aparezcan nombres de mujeres y cuando lo hacen son miembros de la realeza, monjas o personajes de ficción como Dulcinea o Artemisa.

Mujer tenías que ser, sí, y por suerte. Hemos nacido en el mejor de los tiempos posibles donde el amo no te violará de noche por aquello del derecho de pernada. Mujer con derechos, pero viviendo en un país que aún tolera, incluso con simpatía, ese machismo que nos condena a ser objetos o a ser, directamente, invisibles.

La imagen es de Intermon-Oxfam

domingo, febrero 16, 2020

J.LO en la cima del mundo




Donatella Versace le entalla el vestido y comenta: tienes mejor cuerpo que hace años. Esto es una locura. Jennifer López ni se inmuta. Quizá para sus adentros habrá pensado: cuatro horas de gimnasia al día y vivir a dieta de proteínas tienen su recompensa.

El otro día en la Super Bowl creo que hombres y mujeres nos pasmamos ante el poderío de la puertorriqueña. Qué pelazo, qué cuerpazo, qué caderas y, diantres, qué fuerza para mantener un plano inclinado en una barra vertical. Si antes todas queríamos ser Madonna, creo que ahora todos y todas queremos ser J.LO.

El poder latino, sí, pero el poder de una mujer con 50 años que se ha batido el cobre en las calles de Brooklyn, en los conservatorios cutres de Nueva York y que no ha perdido ni un ápice de entusiasmo por el futuro. Sí, señoras y señores, a las que venimos de abajo se nos nota. Jennifer no se rinde. Confesaba días después de su actuación en la Super Bowl que sintió cierto pánico al aceptar el encargo, pero se dijo a sí misma: soy una gran bailarina, una gran cantante, una gran actriz, claro que lo puedo hacer.

Quienes ven a esta newyorrican como un ejemplar con un físico puro del hetero pratiarcado es que carecen de horizontes. Es la niña pobre que ha triunfado. Es la mujer que ha sido madre, ha superado todas las barreras de la edad y nadie osa a bajarla de un escenario porque lo domina como pocas. Es la inspiración para cientos de miles migrantes latinas de todo el mundo, no sólo americanas, y es mi inspiración cada vez que me falla la voluntad y me quiero zampar un donut de chocolate. Nada de eso, Lola, mira a “yilou”. Es más, me voy a poner una foto de ella en la nevera, a ver si adelgazo unas libras y me sacudo la pereza para hacer pesas, porque, creedme, no hay nada más pesado en este mundo y aburrido que las rutinas de pesas.

El mundo es de los valientes y vaya que sí, ella lo ha sido siempre. Seguro que al principio sabía que el cine le venía grande, quizá incluso el mundo de la canción, pero ahí la tenéis. Con miedo, bate sus propios límites, desafía a la gravedad y el mundo se queda boquiabierto al verla sonreír ante el chute que produce que te contemplen y vibren junto a ti 110 millones de espectadores (más los 60 millones de visitantes que tuvo la actuación horas después en Youtube).

Como afirmaba también días después: “nada de sexy, nada de porno, Shakira y yo somos madres, esto es una celebración del poder de la mujer, del poder latino y estamos muy orgullosas de nuestra actuación”.

Ante infantes separados de sus madres en la frontera con Mexico, Jennifer López, responde con un inmaculado ejército de niñas que cantan Let’s get loud y luce orgullosa en el escenario la gigantesca bandera del hermoso y amado Puerto Rico.

lunes, febrero 10, 2020

El demonio y sus patrones




La novela negra nos recuerda que el mal existe y que es mejor que no lo olvidemos. Todos somos víctimas de víctimas y escarbar en la historia para hallar la raíz primigenia de la oscuridad nos sumerge en leyendas y religiones vetustas que nos acercan a la ciencia ficción pero ni tan ciencia, ni tan ficción. Palpitan en nuestro subconsciente colectivo de un modo innegable.

Hay mujeres y hombres que desconocen el significado pleno de la palabra amor porque para ellos los afectos que mamaron en casa venían acompañados de gritos, golpes, correas al aire, palabras mal sonantes y miedo, mucho miedo. Por tanto, cuando encuentran un amor real, o bien les aburre, o no les interesa. Para ellos todo lo que carezca de ese chute de incertidumbre y peligro se puede parecer a una amistad, pero nunca al amor.

El amor en casa se teñía de violencia, de oscuridades inexplicables, de secretos en el peor de los casos y de hastío y pasividad en el mejor. Vivir esta clase de infancia crea unas orfandades difíciles de sanar. Lo peor es que uno sale de casa, evoluciona, pero encontrará en el camino ese chute, ese esquema relacional que te hacía sufrir pero que te es tan familiar y vas y te enamoras ¿de qué? De lo que conoces. Y el peligro te pone, sabes que te hará daño, pero te es tan familiar. Sabes que te dolerá, pero es que ya estás acostumbrada al dolor y te enganchas aunque esos vínculos malsanos te destruyen casi por completo.

Así que sí, queridas y queridos, el mal existe y a veces ha estado viviendo en las paredes de nuestro hogar. Ese mal se hereda en la mayoría de los casos. 

Existen los hijos de Caín, los sociópatas y los psicópatas pero, en la mayoría de los casos, ese mal procede de una depresión sin diagnosticar, o esquizofrenia o de una terrible adicción. Es un mal que se padece desde dentro y que ataca a quienes tiene más cerca. El que lo ejerce es consciente a veces y a veces no, pero el sufrimiento que conlleva por ambas partes, agresor y agredido es innegable.
La buena noticia es que el mal se puede extirpar de raíz, una vez que se toma conciencia de él, que somos los dueños de nuestro destino, capitanes de nuestra alma y en nosotros reside la decisión de seguir enganchándonos a ese patrón terrible que nos aterrorizaba en la infancia y nos incomoda en la adultez o romper esos círculos del horror.

Se pueden sanar las relaciones, se puede salir y aunque tu infancia fuera un infierno la mayoría del tiempo, tu vida actual merece gozar del amor verdadero. El que te cuida y protege, el que te mantiene a salvo.  El único digno en verdad de llamarse amor. Lo otro: el chute del miedo, la incertidumbre, la adrenalina, los estallidos de ira y las montañas rusas emocionales están en las antípodas de las relaciones hermosas.

domingo, febrero 02, 2020

Amigos, amantes y parejas






Mi amor también es mi mejor amigo. La persona con la que comparto casi todo. Y una de mis 250 canciones favoritas dice algo así como que podemos ser los mejores amigos y también los mejores amantes. Honestamente no creo que haya otra forma.

¿Los grandes amores surgen de la amistad? No, a veces surgen de una atracción magnética, irresistible que lleva a los amantes a la cama y la amistad llega después. ¿Puedes ser el amigo/a de tu amante? Sí ¿Pueden esas relaciones convertirse en algo serio? También, pero, sin duda, hay que romper algunas paredes porque a veces los mayores pudores no se dan al vernos sin ropa. Cuesta más desnudar el alma y mostrar tus vulnerabilidades que un pecho, por poner un ejemplo.

A la eterna pregunta de si hombre y mujer pueden ser amigos sin que medie atracción física entre ellos, la respuesta es: por supuesto. De hecho, según la experta Linda Sapadin, la actualidad promueve muchas y variadas formas de interacción entre hombre y mujer. Antiguamente, no. Ya sabéis: las mujeres en casa, los hombres, en el trabajo, por tanto, la única manera que tenían de encontrarse ambos sexos era en las relaciones románticas.

Personalmente, tengo muchos conocidos hombres y algunos amigos. La relación de amistad pura y dura siempre ha sido posible en la mayoría de los casos. En otros no tanto. Si hay atracción por una de las partes, todo se complica. Así que si hay atracción y hay o ha habido sexo en una época anterior de la relación, la amistad en algunos casos es casi imposible. Uno de los dos estará añorando esos otros momentos, la otra/o no, y se sentirá incómoda/o, e incluso molesta y ofendida. Los hombres, por norma general se ofenden menos si una mujer les demuestra su atracción.
Los mejores amigos se ríen el uno del otro, se cuentan todo e incluso, no es preciso mediar palabras entre ellos. Se conocen tan bien que se adivinan los miedos, los estados de ánimo y las inquietudes con una mirada.

Enamorarte de tu mejor amigo o amiga puede resultar un gran triunfo, el desenlace perfecto a años de camaradería y cariño o un desastre completo porque si fracasas lo pierdes todo: la amistad y el amor.

Ahora se llevan mucho las amistades con derechos, pero, francamente queridas, y hablo especialmente para vosotras, estas suelen acabar sólo regular y por supuesto, olvidaros del anillo y el compromiso si la cosa no va más allá de encuentros sexuales y raticos sueltos.

Amiga, si te has enamorado de tu mejor amigo, lo mejor es que se aclare la cuestión cuanto antes. Díselo y no pierdas el tiempo con maquinaciones y disgresiones mentales del tipo “me ha dicho esto ¿qué querrá decir? Porque te volverás loca. Además, tengo una buena noticia: los hombres son literales, déjate de adivinanzas.

A veces es mejor un no tajante que vivir de ilusiones durante décadas. La vida pasa rápido ¿Qué os voy a contar que no sepáis?



domingo, enero 26, 2020

A mi hijo no lo educas tú



¿No ha habido ya suficiente dolor y vergüenza? ¿En serio? ¿De verdad los padres creen que son los dueños del destino de sus hijos? ¿Aún estamos así?
Si hace 12 años a mi hijo le enseñaron que es la vulvita y el pene en un colegio concertado ¿Qué problema hay que sigan impartiendo esta enseñanza tan básica?

Oiga usted, señor amargado y faltón que arrasa como un elefante en una cacharrería, el derecho a la educación sexual no es algo de izquierdas ni del partido comunista, está previsto por la Organización Mundial de la Salud y por la UNESCO, entidades nada dogmáticas y que se basan simplemente en garantías fundamentales, en la igualdad de género y usan información basada en la evidencia, según podemos leer en sus dictámenes. Pero es que esta formación curricular ya estaba en la LOMCE de Wert ¿O no?

Como dice Jerónimo Tristante: señor faltón de ultraderecha, gane las elecciones en las urnas y cambie las leyes pero no violente la educación de nuestros hijos. Quizá es pedir demasiado para una formación cuya filosofía descansa en una violencia estructural y cultural. Y señor Celdrán, por favor, entiendo que ustedes ya no saben qué decir. López Miras se inventa que el Pin Parental estaba en el programa del PP y ahora usted añade que sean los profesores quiénes impartan esta educación. Sólo les faltaba a los profesores. Están demasiado ocupados repartiendo autorizaciones para que las firmemos los padres.

Hay sexólogos, terapeutas, matronas, médicos y miembros del colectivo LGTBI que les pueden dar a nuestros hijos una información más experta y de primera mano.
Como explica el sexólogo y terapeuta, Javier González Zapiaín: “Si vas a educar a tu hijo de tal manera que haga que el mío se tire por la ventana por hacerle bullying en el instituto al grito de maricón, o va a romperle la cara a mi hija cuando tenga una relación, o va a violarla cuando salga de una fiesta, perdona que te diga, pero no, a tu hijo, no lo educas tú”.

Vamos a ver, señor faltón de ultraderecha, que si su hijo ha nacido gay, da igual los vetos que imponga, no hay quien le ponga puertas al monte, por suerte. Que la violencia de género existe, no es un invento de las feministas. Negar la evidencia y la existencia de las cosas sólo las complica más y añade un dolor extra al que se siente diferente y es diferente.
Es que no se enteran ustedes de nada. Es que hay que celebrar la diferencia porque así es la raza humana: diversa y hermosa y terrible en su diversidad también.

Lo peor de todo es que habrá una masa de votantes de ultraderecha sin suficiente formación, pero las mentes pensantes y faltonas saben que imponiendo la violencia cultural —esto es, invisibilizar el maltrato, el mundo LGTBI y la esplendorosa sexualidad— generarán la violencia estructural necesaria para conseguir que estos patrones vetustos regresen a este mundo como una plaga que ya creíamos extinta.

domingo, enero 19, 2020

Collejas a troche y moche




El querido compañero e insigne periodista, Chimo García Cruz, es uno de los prologuistas de mi próximo libro que se va a titular PuntoG; una recopilación de artículos que han ido apareciendo desde el año 2009 en este periódico que leen ustedes. Y sí, siento comunicarles que aquí voy a seguir incordiando al personal todo el tiempo que me dejen. Late en mi un Winston Churchill, incapaz de estarse quieta, de parar la cabeza, aunque algunos prefieran que me largue. Pero no. Resistiré. Todo sea por la libertad de expresión, incluso por molestar, como dicen en el Caribe.
Chimo ha escrito algo tan precioso y verdadero que me puso al borde de las lágrimas. Los grandes periodistas son así, llegan al fondo de tu alma con tan sólo un vistazo. Desde aquí te lo digo, eres el único del periódico, salvo Manuel Madrid, que me ha escrito un whatsapp para felicitarme por un artículo mio y esto te honra y me honra.

Diréis que este Punto G es algo endogámico. Lo es. Pero ya he escrito del pin parental, a mi modo, en otros artículos, y de esos otros asuntos que hoy nos sacuden la realidad. Como unas falsas violadas de Oregón y unos no violadores afganos.
Hoy me dejo esos temas que tanto me fascinan por otro asunto que me fascina por igual: los periodistas de raza, los maravillosos compañeros con los que he compartido travesías, viajes cortos y algún que otro transoceánico. Y permíteme, querido compañero, que escriba sobre ti. Aunque sea un poquito.
Esta profesión tan denostada no se paga con todo el oro del mundo porque además de dejarte los cuernos has de intentar ser buena persona y hasta donde llego, todos mis compañeros lo son. 
Algunos, simplemente, perdieron su ego por el camino y piensan en su trabajo como un modo de aportar a la sociedad algo tan necesario hoy día: información veraz. Y contrastan, e investigan y pelean por una noticia, porque los demás conozcan la verdad, aunque esa verdad suponga, como dice Chimo, dar collejas a troche y moche.

Todos los periodistas llevamos un Pepito Grillo dentro. Cierto, a veces somos un poco pesados, pero pensad que siempre somos más duros con nosotros mismos que con el resto, por raro que os pueda parecer. Que esta profesión tan hermosa a veces es un ejercicio de masoquismo poco saludable y que el lector no se entera ni de la cuarta parte de los acontecimientos e intrahistorias que rodean una noticia.

A veces, en el camino de intentar ser fieles a la realidad a toda costa, perdemos cosas. Familiares que nos ven poco, hijos que crecen sin tu presencia constante, la inestabilidad laboral y económica forever and ever o, incluso, un poquito de salud.

Una que está en otro camino, en el camino del exilio, admira hasta las lágrimas a personas como Chimo. Se queda muda ante su generosidad, su ilusión, su empuje.
Esta exiliada te las gracias, Chimo. Como se les dice a los grandes del flamenco: no te mueras nunca.


domingo, enero 12, 2020

El bistec y la hamburguesa






Hace años un entrevistador le preguntó a Paul Newman: “¿Nunca se le ha ocurrido engañar a su esposa?” Él contestó: “Teniendo un bistec en casa ¿Por qué voy buscar a una hamburguesa?”.
La relación perfecta de Paul Newman y Joanne Woodward comenzó cuando él estaba aún casado. Se conocieron, se enamoraron, pero ella prefirió esperar a que estuviera libre ¿El resultado? 50 años de feliz convivencia, con sus altibajos, como los de todas las parejas. Al final, la muerte los separó.

¿Fue un amor a primera vista?, sí. ¿Estaba Joanne impresionada por la belleza de Paul?, no. De hecho, al principio casi fue un obstáculo insalvable porque le parecía directamente un anuncio de pastelitos.
A raíz de esta historia, tan parecida a otras, me pregunto qué es lo que en verdad nos enamora del otro. Siempre hablamos de la huella invisible del olor. Eso genera una atracción magnética irresistible e ineludible, pero hay otras cosas.

En mi caso, me han enamorado pequeños detalles: una sonrisa, un gesto. Por ejemplo, el afán de protección de algunos hombres me enternece. Que alguien decida ayudarte a recoger un cable, cuando estás sola, tras ofrecer una conferencia, por ejemplo, te habla del buen corazón de esa persona, que podría estar de charleta con los demás y te acompaña en tu soledad para hacer esa tediosa y aburrida tarea de encerrar el portátil en tu maletín.

De hecho, con algún novio que otro me ha ocurrido como le pasaba a Joanne: tanta belleza te abruma. Incluso te puede llegar a disgustar que todas tus amigas vean a tu chico como el hombre ideal, como si tu fueras un estropajo, vaya. Sin embargo, la perfección es aburrida.

¿Cómo sabes que quien tienes a tu lado es la persona ideal para ti? Joanne lo decía: si el otro te hace reír siempre será una relación fresca y perfecta. Si sientes que el otro es tu amor y el otro te dice lo mismo, ahí está la clave. El punto de reciprocidad básico. Y las risas. La fórmula perfecta: amor incondicional y risas.

Hay historias de amor así, doy fe. Si lees esto y te ríes con tu pareja casi cada día, ten por seguro que podrás superar cualquier obstáculo que la vida os ponga por el camino. Porque, esto es así. El binomio amor incondicional y risas no garantiza una vida exenta de problemas, pero sí que constituye una gran armadura para hacer a la pareja indestructible.

Yo que amo los finales felices, amo a Paul y Joanne y su ejemplo; y la frase tan simple pero explícita del bistec y la hamburguesa.
Las fachadas se caen, pero si te ríes con tu amor, tu amor será eterno y nada ni nadie lo podrá derribar.
Las amenazas y los cambios son una constante en la vida, es cierto. Sin embargo, una pareja unida podrá con todo eso y más. Amor y risas, bistec frente a la hamburguesa. Yo no lo podría resumir mejor.


domingo, enero 05, 2020

Hombres buenos, hombres malos





No sé qué pasa por las cabezas de los hombres que agreden sexualmente a las mujeres. Ellas les dicen no y ellos avanzan inexorables en sus planes, cegados por su animalidad. Quizá ella le ha invitado a subir a casa. O quizá ella ha accedido a ir a su apartamento, pero decide que ya no quiere más.  Y ella dice que no. Sin embargo, él sigue magreándola, quitándole la ropa, empujándola contra la cama. Echa su aliento sobre ella, su cuerpo sobre ella y a pesar de los noes y las patadas al aire, entra en su cuerpo sin su consentimiento.
Pasa a menudo, demasiado a menudo. Pasa en grupos de hombres que encuentran en la violación una alternativa de ocio al fin de semana, como si estuvieran pasando pantallas de un macabro video juego.  Hay mujeres que llegan a urgencias vejadas y violentadas por jefes, compañeros de trabajo, familiares, incluso por su propia pareja y se mueren de vergüenza y la vergüenza las impide denunciar. Incluso se sienten culpables.
¿Qué está pasando? ¿Asistimos a una normalización del delito sexual? ¿Nos lo tomamos como un juego? ¿Intelectualizamos el hecho?
Falta lo de siempre. Falta educación sexual. Que eliminemos lo de manada de los titulares. Las manadas son algo positivo. Las manadas se protegen entre ellas, estos grupos de hombres son peores que los animales. Y falta educación a secas para comprender la rotundidad de un no.
Muchas cosas contribuyen a violentar el deseo y la intención de las mujeres. Los grupos de whatsapp de hombres donde se distribuyen fotografías de señoras desnudas en actitudes degradantes, por ejemplo.
Los deleznables videos porno donde el cuerpo de la mujer es tratado como una escupidera alimentan ese desprecio total hacia la mujer y su deseo. Lo peor de todo es que muchos de esos hombres tienen hijas. Lo peor de todo es que quizá ni son conscientes de lo que ocurre con sus mentes. No se dan cuenta que están cosificando a todo un género, reduciéndolo a la categoría de receptáculo de sus instintos con una total falta de respeto y consideración hacia nosotras.
Las polémicas generadas al respecto de esta violación múltiple acaecida en Murcia me disgustan porque detrás de esta violación no hay murcianos, sino hombres procedentes de países árabes. Como si en España y en Murcia ningún nativo haya violentado a una mujer.
Hay hombres buenos y hay hombres malos y su procedencia es lo de menos. Hay mujeres que sufren este tipo de violencia y también su procedencia es lo de menos. Esto no debería ocurrir porque violenta el derecho y la libertad de otro ser humano que, en este caso es una mujer, o muchas.
El ser humano es divino y es sagrado. El cuerpo de la mujer también, quizá incluso más, porque la mujer da vida. Los hombres buenos saben esto. Los hombres malos ¿Qué diablos pasará por la cabeza de los hombres malos?

viernes, diciembre 27, 2019

La gran pregunta ¿Qué es el amor?





Llegados a este punto del año y antes de que se vuelvan locos haciendo balances, una pregunta, una sola pregunta ¿Qué es para ustedes el amor? Esa es la cuestión poderosa que no nos hacemos porque estamos demasiado ocupados con muchas otras cosas en la vida y olvidamos un apartado esencial de todo ser humano. Porque amar y que te amen es lo que importa. El amor que entregas es el único legado digno de ser mencionado en las páginas de tu historia.

Los descreídos, los amantes del periodismo científico o político quizá opinen lo contrario, pero aquí está la minúscula ventana del “Punto G” para obligarles a parar un momento el carro. Para que piensen ¿De verdad sabemos amar? Y los otros ¿Nos aman, o nos poseen?
Podemos explicar qué no es el amor. El amor no son los celos y la posesividad. El amor no es que mi pareja adivine mis deseos ni que haga siempre que yo quiera. En absoluto.

El auténtico amor multiplica, no fusiona. Alrededor de los amantes surgen amigos, familia, nuevos amigos, más familia. Genera estructuras originales como un fractal raro de posibles dimensiones infinitas. El amor es acompañar al otro para que sea quien quiere ser, decía el otro día mi admirada Laura Wilkys; ayudarle a estar con quien quiera, aunque en esos planes yo no esté incluida y siempre desde la confianza. Si amas tienes un deseo inevitable de libertad para elegir estar con esa persona y la misma libertad de vuelta para que te elija. Hay que recontratar cada año, o cada mes, o cada día. Nada es permanente, nada está garantizado.

El amor no es dependencia, no es desdibujarte para ser como los demás quieren que tú seas. Si alguien te quiere, te respeta y te permite ser, explica Laura.
A veces los miedos boicotean nuestras relaciones: el miedo al abandono y el miedo a la invasión. Los miedos son inevitables, claro. Crecemos con ellos y nos condicionan. Los que tenemos miedo al abandono hemos de combatir con herramientas racionales la ansiedad de la separación con la que crecimos de niños por, quizá, un padre ausente. Los que tiene miedo a ser invadidos marcan distancias continuamente. Esa otra ansiedad les impide adentrarse de lleno en los otros, construyen un muro alrededor. Son fáciles de invadir y lo saben.

La herramienta infalible para ponerse de acuerdo en todos estos temas sentimentales que descuidamos —a veces, hasta que es demasiado tarde— es la comunicación. Así de simple.
Comunicar bien es básico para resolver conflictos y para evitarlos en todos los ámbitos de la vida.
Después de todo, no es tan raro que una periodista y comunicadora como yo escriba columnas sobre amor y erotismo ¿verdad? es lo más lógico del mundo.
Terminar el año con una buena charla o con esa otra comunicación sin palabras que son los besos y las caricias sería muy hermoso ¿No creen? Ese es mi deseo para el 2020 que amen y comuniquen de maravilla

domingo, diciembre 22, 2019

Madurescentes






Han vivido mucho, quizá sobrepasen los cincuenta. De pronto se dan cuenta de que su piel no es tan firme como hace siquiera ocho años, que las canas se han adueñado de buena parte de la cabeza, que las caminatas se hacen más pesadas y que, aunque gocen de buena salud, algunos pequeños estorbos son recurrentes.  Pero por dentro son eternos. Son los jóvenes de hace treinta años y aún saben que tienen una buena parte de vida por delante.

Los madurescentes han vivido lo suficiente para saber lo que ya no quieren. Tal vez han perdido demasiado tiempo con personas con las que no encajaban o han intentado desdibujarse para sentirse integrados en universos que finalmente los han rechazado como una pieza perdida de un puzle. O quizá, ellos mismos se han dado cuenta de que no se han integrado ni falta que les hace. Al contario, celebran su singularidad.
A veces, en esas edades maduras encuentran por fin al primer amor. A esa pareja que les comprende, con la que hablan el mismo idioma. Con la sabiduría de lo vivido, rehúsan perder el tiempo en discusiones banales, en laberintos sin salida, en peleas infructuosas. Se enfocan en lo positivo, en lo que les queda, en lo que disfrutan y no en lo que les falta. Si tienen un problema, son capaces de hablarlo con su pareja sin tabúes ni complejos.
Atentos, porque los madurescentes dominarán el mundo y en breve serán mayoría, si acaso no lo son ya. Atentos, porque la vida empieza a los cincuenta y la sexualidad se vuelve más rica y creativa. Las conversaciones más profundas y la gastronomía más variada y saludable.
A partir de ahora, ellos serán el público objetivo. Cierto, no los llamarán para las entrevistas de trabajo, los mirarán con cara rara si deciden comenzar unos estudios a esta edad o aprender una disciplina musical. Que miren, a ellos qué.
El madurescente posee el fuego en su interior, una infinita curiosidad por casi todo, una prisa por vivir todo lo que queda pendiente, un deseo por disfrutar de cada pequeño detalle que regala la existencia. Habrá días difíciles. Es posible que alguno de sus coetáneos los miren como bichos raros. Acaso sus hijos pueden pensar que mean fuera de tiesto, pero ellos no se saldrán de su camino porque les va la vida en ello. LA VIDA, así, en mayúsculas.
Los hay que se rindieron, que con determinados años se acogieron al patrón de sus ancestros y no se mueven un milímetro del molde establecido y los hay que deciden romperlo, salir de la famosa zona de confort, incluso superar obstáculos y padecer los inevitables momentos de pánico porque saben que, incluso esa incomodidad del principio, es sólo el primer paso de un nuevo tipo de cotidianidad.
Experimentar la intensidad y el placer son sus preceptos. Cuidar los afectos, el diálogo, el medioambiente y a quienes aman, prioridades incuestionables.
Los madurescentes están entre nosotros con ese brillo especial en la mirada, quizá usted sea uno de ellos.


La epidemia de la violencia de género





Lunes por la mañana, llevo a mi hijo al cole. Cinco titulares seguidos de violencia contra las mujeres claman en la radio. En España y fuera. ¿Es casual que las víctimas sean mujeres? No, no lo es, no es una cuestión de azar ¿Esta violencia es más repugnante que otras? No ¿Esta violencia es más estructural y endémica que otras? Sí, sin ninguna duda. Quizá algún experto antropólogo pueda encontrar explicación a este insufrible mal. Sea, como fuere, algo hemos de hacer para acabar con ella.

La política de la negación no soluciona nada. La estrategia de ese partido político tan amigo de las técnicas lingüísticas de Goebbels no cuela. La solución final es ser conscientes de lo que tenemos entre manos y de lo mucho, pero mucho, que queda aún por hacer.
Según la activista Begoña San José, la mayoría de las medidas de género no se han puesto en marcha: "De unas 150.000 denuncias que se ponen al año, solo 30.000 consiguen una sentencia condenatoria”.
No sólo eso, el concepto de violencia de género es la que se ejerce contra toda mujer, tenga o no pareja, pero los datos oficiales contemplan sólo a las asesinadas por su parejas o exparejas.

Otro asunto que clama al cielo es que los padres maltratadores tengan en algunos casos las custodias de sus hijos o un generoso régimen de visitas.
El impacto que supone para una niña o un niño presenciar y padecer episodios de maltrato durará toda su vida. Crecerá con una autoestima nula y será incapaz de enfrentarse a los desafíos de la vida. Pensará que todo lo malo que le ocurre se lo merece, incluso desarrollará terribles sentimientos de culpa. Pueden llegar a creer que esos hogares infernales son su responsabilidad. No hay terapia capaz de sanar estas situaciones salvo que la vida te desmienta una y otra vez que la violencia que has padecido en los primeros años de tu existencia nada tiene que ver con el entorno seguro que otorgan algunas familias.
Hay mujeres violadas en manada, hay niñas asesinadas por sus padres, también niños, por desgracia. Mujeres que pierden la vida en manos de esa persona que supuestamente las amaba. Hay juzgados que cuestionan e ignoran las alertas de madres, de vecinas, de familiares. Hay casos donde denuncias que te han violado y como tu accediste a irte de juerga con cuatro hombres “ya sabías lo que te podía pasar”.  Hay chicas que tienen miedo cuando vuelven solas a sus casas y también mujeres adultas hechas y derechas. Yo misma en más de una ocasión.
La violencia de género no es un invento de la izquierda ni de un puñado de feministas. Es una lacra terrible que acaba con la vida de muchas personas y marca de forma inexorable y casi irreversible a quienes la padecen o la viven de cerca.
Eliminar la palabra “violencia de género” no elimina el problema. Que un partido esgrima que lucha contra toda clase de violencia es de cajón. Dudo mucho que nadie tenga como mandato número uno de su programa dar rienda suelta a la agresividad de la sociedad. Esos argumentos de chicha y nabo no benefician a nadie. A sus creadores tampoco.
Ojalá no tuviera que escribir de esto, ojalá no tuviéramos que manifestarnos por cada mujer fallecida, ojalá que no existiese la violencia de género, pero es una realidad tozuda como los cuernos de un rinoceronte, no una conspiración ideológica de la izquierda.
Lennon imaginaba un mundo sin fronteras yo sueño con mundo sin mujeres muertas con violencia.

Mujeres sin límites




Esta semana Consuelo Mengual me preguntó por qué escribía de sexo y si el hecho de ser mujer me daba una visión distinta. Lo hizo en el contexto de una mesa redonda dentro del Seminario Internacional Mujer, Prensa y Comunicación, donde también estaban Concha Alcántara y Encarna Talavera. Gracias, Consuelo, porque me diste la idea para el artículo de esta semana.
El sexo, el buen sexo, empodera a la mujer, afirmé con rotundidad. Según Jodorowsky, el centro creativo y el centro de nuestra vida sexual reside en el mismo lugar: en el chakra raíz que se encuentra precisamente entre las piernas tanto de hombres como mujeres. Tradicionalmente, el hombre sí que peleaba y luchaba por su placer. Era algo que ni se planteaba. La mujer estaba condenada a otro acto más domesticado y doméstico. A dejarse poseer por el macho y, por supuesto, a procrear. No se concebía que la mujer practicase sexo sin este fin reproductor. Al menos esa era la teoría dominante. Quiero creer que algunas de nuestras abuelas disfrutasen de su cuerpo, a pesar de todos estos impedimentos mentales.
Una sexualidad libre y sin complejos cuida nuestra autoestima (también la de los hombres, por supuesto, que a todos nos gusta sentirnos deseados) y pone chispitas en los ojos. El sexo placentero nos distingue de los animales. El hombre piensa más tiempo en lo único porque el tamaño de su amígdala es mayor que el nuestro, sin embargo, los orgasmos de las mujeres duran más; seis segundos de media en el hombre, 12 segundos de media en las mujeres. Luego, algunas afortunadas pueden disfrutar de unos fuegos artificiales de medio minuto de forma ininterrumpida, ejem.
Creo que una mujer consciente de su sexualidad y su placer puede conquistar el mundo. Una vez eliminamos las barreras mentales de los prejuicios y los miedos, la mujer vivirá sin límites que la coarten salvo, de momento, el consabido techo de cristal.
Que no se me malinterprete. No digo yo aquí que el sexo sea la solución a todos nuestros males y tampoco que nos obsesionemos y nos pongamos ahora a cronometrar orgasmos como locas y locos. Tan negativo me parece la ausencia de placer como la búsqueda obsesiva del mismo, que ahora todo lo convertimos en una competición. Los paseos con sus cuenta-calorías y los encuentros sexuales con cuenta orgasmos, nos impiden recrearnos adecuadamente en el paisaje. Más dejarse llevar, menos estar pendiente de los resultados.
Y, por supuesto, nosotras carecemos de un botón ON que nos encienda de cero a cien en dos segundos. Ni falta que nos hace. El fin de la opresión no significa responder siempre con igual celeridad a las demandas de nuestro partenaire sino ser libres de vivir la sexualidad a nuestra manera, que suele ser algo más pausada y meditada que las increíbles casualidades y fogosidades servidas en bandeja por el cine y la ficción. Momentos que cualquiera puede recrear, por supuesto, que nada tengo que envidiar a las actrices de Hollywood, pero, digamos, que pasar del cero a cien, lleva un poquito más de tiempo de lo que dura una escena. A mi, y a todas.
Entiendo que algunos hombres se sientan desbordados desde la explosión de Me Too y la reivindicación de la mujer: su papel en el mundo, sus derechos, sus libertades, pero, queden tranquilos, que la libertad y la reafirmación conllevan manjares y ambrosías; las ponzoñas envenenadas proceden de la represión y el miedo.
El auténtico empoderamiento de la mujer no excluye al hombre, al contrario, lo integra. Hombres, os queremos en nuestras sábanas, pero también en nuestras vidas y luchas. Y así disfrutaremos juntos la victoria.