lunes, junio 22, 2020

Hambrientos





Cuántas veces una amiga conoce un chico un fin de semana y a las pocas horas ya se ha montado toda una vida con él.  Como uno puede imaginar, cuando pasan los días y el chico no llama o le responde con evasivas o, simplemente, demuestra con sus hechos que lo que quiere sólo es un rollo temporal y nada más, mi amiga se derrumba, llora desconsolada en el sofá y se dice que jamás volverá a confiar en otro hombre. Hasta que vuelve a picar. Es un círculo sin fin. ¿Por qué? Porque esta amiga o cualquier amigo en una situación similar –esto también le ocurre a los varones— siempre actúa del mismo modo: se deja llevar como hoja al viento y no, la cosa no va así.

Queridas y queridos, en el amor, como a la hora de pedir un menú, hemos de saber lo que queremos, incluso con todo lujo de detalles y, por supuesto, darnos la importancia que nos merecemos. Si te respetas un mínimo, no colocarás a esa persona que acabas de conocer en la cima de tu existencia. Básicamente porque no se lo ha ganado y porque casi nunca es recíproco. Los hambrientos de amor construyen un universo alrededor de un desconocido, fabrican un castillo de cartón piedra —muy espectacular, eso sí– que, indefectiblemente, se derrumba.

Sorprende y hasta puede causar cierto humor lo similares que son las situaciones y las cábalas que pueden fabricarse los pretendientes cuando la otra persona no reacciona como nosotros soñábamos. No me llama: ¿le habrá pasado algo? ¿Tendré cobertura? ¿Me habré quedado sin datos? Pobre, la vida le ha tratado muy mal y es desconfiado, tendremos que darle tiempo y espacio para que descubra que yo soy lo que ha esperado toda la vida. Cierto, es de risa, si no fuera porque luego esa persona sufre y encadena una con otra este tipo de situaciones. Y se preguntan ¿Qué le pasará a esa otra persona? ¿Qué querrá de la vida? Y están dispuestas y dispuestos a inmolarse por alguien que no ha apostado ni un chavo por ellos. Y lo peor: ellos y ellas no se hacen jamás esas preguntas importantes. Yo, como amiga que soy, a veces incluso con cierta crueldad les hago este interrogatorio…pero deja de pensar en qué querrá, qué pensará, en qué andará la otra persona ¿Qué es lo que quieres tú? ¿De verdad este es tu ideal de relación? ¿Qué esperas de la vida? ¿Qué esperas de ti mismo y de ti misma? ¿Encadenarte a personas a las que no le interesas lo más mínimo, que a lo sumo te verán como una mascota graciosa?

Al amor no se puede llegar con hambre, igual que no puedes ir al súper con el estómago vacío porque comprarás cosas que no necesitas y que incluso perjudican tu salud. Al amor tienes que llegar lleno, lleno de ti, de amor propio y pleno conocimiento de qué te hace feliz.


Imágenes de  Linda Bouderbala c

lunes, junio 15, 2020

Señorita Escarlata




Con lo que era yo del HBO, con su Sexo en Nueva York, con los Soprano y deciden eliminar de su catálogo Lo que el viento se llevó tras varias quejas que acusaban al film de racista. Vamos a ver, si ahí la que ponía siempre los puntos sobre las íes era “mami”, que reñía a la sita Escarlata cuando le fruncía el corpiño. Yo acusaría a la película, quizá, de promover la anorexia porque la niña no quería comer y la primera que le dice que no coma es su madre: es de mal tono que una señorita se atiborre en una fiesta.

Lo que el viento se llevó también puede ser acusada de machista. ¿Qué me dicen da la escena de las escaleras? Ese Clark Gable dominante y tan seguro de sí mismo se lleva a la niña escaleras arriba con cara de “si quieres, como si no” ¿Y lo que nos pone un hombre así en determinados momentos? Dentro de un contexto, claro, no me malinterpretéis porque lo otro es violación.

En fin, queridas y queridos, que los gerifaltes de las grandes cadenas y de esta sociedad han decidido que somos tontos del todo y que nos falta criterio para discernir la realidad de la ficción. Y si el esclavismo era una realidad durante la gran guerra americana ¿Qué problema hay? Margaret Mitchell lo describe perfectamente en su novela, al igual que la dantesca escena de la estación de tren de Atlanta y de esos soldados moribundos, o sin brazos, o sin piernas.

Si nos ponemos así, deberíamos eliminar del catálogo HBO American Phsyco porque promueve el asesinato femenino o, quizá, El lobo de Wall Street porque todas las mujeres que salen en esa película se venden por dinero. Todas. Por supuesto, Sexo en Nueva York debería ir fuera porque no hay ninguna afroamericana entre sus protagonistas, ni en Friends, ni en Los Soprano ¿Qué pasa, que no hay italoamericanos de color? Seguro que sí.

La estupidez humana es infinita y nos quieren convertir en infinitos lerdos, aborregados, incapaces de seleccionar con criterio propio.

Odio la corrección política, coarta la libertad de expresión y, lo peor, instala una feroz autocensura en todos y cada uno de nosotros.

Cultura y educación nos ahorrarían muchos disgustos. La corrección se aprende observando los buenos modales ajenos, viajando y leyendo mucho, amando y cohabitando otras culturas, sumergirse en ellas y ser capaz de comerte una paella o un bocadillo cajún sin ningún problema.

La diversidad es el auténtico tesoro. El premio gordo. Amar lo diferente nos engrandece, hace que nuestra vida sea más divertida; entiendes y hasta quizá adoptes los dialectos y los vocablos de otras culturas, incluso sus costumbres.

Lo que el viento se llevó es un clásico maravilloso. Más larga que un día sin pan, eso sí. Es como El Padrino o Ben hur, pertenecen a ese ramillete de películas para pasar la tarde y sumergirte en otro mundo. Y que nadie se engañe, que la Señorita Escarlata todavía cohabita con nosotros. Ayuso, podría serlo ¿O no?.

lunes, junio 08, 2020

El placer de las mujeres


 

En los años 80 la uróloga y cirujana Helen O’Connell descubrió que lo que se puede apreciar a simple vista del clítoris es una minucia, a penas la punta del iceberg, como lo podría ser el glande del pene masculino. La pepitilla forma parte de una estructura hundida profundamente bajo la piel con varios componentes que encajan entre la vulva y el monte de venus que, a su vez, envuelve la uretra y la vagina. Ahí es nada. El clítoris, ese gran desconocido.

La famosa Anatomía de Grey, el manual que utilizan los cirujanos, apenas lo describe, tuvo que llegar Helen y descubrir esta macro estructura que se esconde en el vientre femenino. Al parecer, Grey no estaba demasiado interesado en la sexualidad femenina como no lo ha estado el resto de la medicina tradicional. La historia ha negado el clítoris, ese órgano cuya única función es generar placer en los cuerpos gloriosos de las mujeres felices. El propio Masters fue expulsado de la Universidad de San Luis por proclamar que las mujeres son superiores al hombre sexualmente hablando. Podemos tener orgasmos más largos y más seguidos. Es más: a la hora de disfrutar, no necesitamos a los hombres para nada. El escándalo que se formó fue considerable. Imaginaos lo que podía suponer en los años 50 mostrar el interior del conducto vaginal de la mujer en plena excitación a pantalla completa en una sala abarrotada de hombres.


Freud también contribuyó lo suyo al establecer una jerarquía entre el orgasmo vaginal y clitoridiano y considerar al segundo inmaduro o de inferior calidad. Sobre todo, porque ese orgasmo lo puede conseguir la mujer con la masturbación, sin la necesidad de ser penetrada.

La ciencia se ha encargado de demostrar que todos los orgasmos empiezan por el clítoris y si no, no hay orgasmo. Lo mismo pasa con el famoso punto G. Un pene erecto que se dirija como un cohete a dicho lugar no conseguirá nada, quizá irritación en las paredes vaginales si intenta llegar ahí sin excitación previa. El efecto del placer es indirecto, explica Helen, ya que todo el suelo pélvico y cualquier cosa que ocurre en la abertura de la vagina influyen en la respuesta orgásmica.

Conocer algo más del placer de las mujeres es positivo para todos, imagino que también para los hombres heteros. No os sintáis amenazados, queridos, no somos tan complicadas, simplemente, no estamos locas, sabemos lo que queremos y lo que no, también.

 

lunes, junio 01, 2020

Mascarillas al suelo




Lo de ir tan protegidos contra el coronavirus es una buena metáfora ¿De qué? Aún no sabría decirlo, francamente, pero la mascarilla está a la altura de la boca, quizá para no decir demasiadas inconveniencias. Y también te tapa la nariz quizá para no aspirar el olor a rancio de determinados pensamientos que se extienden como una peligrosa mancha de aceite por nuestro país.

Mi hermano odia el hecho de llevar mascarilla. Dice que es un burka y quizá en parte no le falte razón. Es también un modo de uniformarnos. De borrarnos la sonrisa de la cara y de arrebatarnos un poquito esa personalidad que se nos escapa por la comisura de los labios.

Los líderes salen a la palestra, sin embargo, sin mascarilla y algunos hacen alarde de un ego gigantesco porque sí, porque pueden. Porque tú llevas mascarilla y ellos no, eso los legitima a abandonar el respeto en ocasiones y la cortesía parlamentaria casi siempre.

Estoy harta de tanta crispación sin mascarilla. Mientras nosotros miramos el horizonte con preocupación, ellos siembran palabras y acusaciones y se dicen en voz alta proclamas peligrosas. Y ya sabéis lo poderosa que es la palabra. Nombrar es crear aquello que se nombra. Así que ojo, con lo que decimos. Los cabalistas dicen que las palabras crean ángeles y crean demonios. No son inofensivas.

Los ciudadanos quieren soluciones y no palabras, menos aun las que se han escuchado estas semanas por parte de los políticos. Por respeto a los muertos y a los vivos. Porque llevar mascarillas no nos convierte en estúpidos, si acaso, en precavidos.

Ojalá el virus se aparte durante el estío y podamos lucir boca y sonrisa, podamos besar en el centro comercial y en una plaza concurrida. Ojalá los políticos aprendan a distinguir el brutal y peligroso ego de la sana autoestima. Ojalá las mascarillas acaben en el cajón del olvido y no en el suelo, ya vemos demasiadas convertidas en basura. Ojalá esto pase rápido y se convierta en una pesadilla tonta que contar a nuestros nietos, pero, mientras tanto, un poco de por favor, señores políticos, si es que alguno me lee.

De momento, me siento feliz, con una felicidad aprendida. Y los abrazos y los besos y las risas del reencuentro son más risas. Tenemos la gran suerte de estar vivos, aunque muchos se hayan quedado por el camino.

Las mascarillas metafóricas sí que deberían ir al suelo para que hablemos con libertad y con cabeza, claro, y que el olfato nos lleve a las ricas viandas, aunque habrá momentos en los que nos toque oler ese desastre que es el Mar Menor.

Ahora que se ha aprobado el ingreso mínimo vital, muchos vivirán con algo menos de miedo y desconsuelo. Espero que todos esos que hablan de paguita queden al descubierto, sin mascarilla, para que no olvidemos sus caras, esas caras que siempre han dado la espalda al más necesitado o lo han acusado de vago y maleante.

Mascarillas al suelo y arriba los corazones.

lunes, mayo 25, 2020

La desconfiada España




Según los psicólogos existen tres tipos de celos: los celos reactivos, que son los más normales y se producen como consecuencia de un elemento externo evidente; los celos posesivos o territoriales, en los que creemos que la pareja nos pertenece y limitamos su libertad individual y, los peores, que son los celos ansiosos. Esos que carecen de motivo fundado, que siempre están ahí, y que los impulsa la baja autoestima o una pésima relación con el género opuesto por, quizá experiencias anteriores, incluso la infancia.

Resulta que estos, los peores, son los más comunes, lo cual me preocupa. No podemos ir por la vida desconfiando siempre del otro, a menos que queramos mantener cierta cordura y equilibrio mental. Me pregunto si España es un país de celosos ansiosos y siempre andamos temiéndonos lo peor. Es más, lo traslado fuera del ámbito de la pareja. ¿Cómo queremos llegar lejos como país desconfiando siempre del otro?

¿Es España un país de pillos, bribones y pícaros? Quizá sea el mito, o no. ¿Pero es lo que realmente nos conviene como sociedad?

¿Seremos siempre ese país dividido que dice una cosa a la cara y otra a la espalda? ¿Qué hace del trilerismo virtud, en lugar de exponer a las claras nuestros mensajes e intenciones?

He pensado mucho en esta sociedad hipócrita, como lo suelen ser todas las sociedades de la vieja Europa, en las que lo que no se permite es, precisamente, ir de frente, con tu verdad por delante. Demasiada claridad genera, tachán, la palabra mágica: desconfianza.

Los usual es que uno diga una cosa, aunque en el fondo quiera decir otra. Lo usual es que sienta celos, no quizá ya tanto de la pareja que la tiene muy vista, pero sí del compañero de trabajo, del colega que asciende, del vecino que tiene un coche más grande o del amigo nuevo que se integra en un grupo y que, de pronto, acapara toda la atención.

Si nos va bien entonces pensamos en todo lo que nos hicieron pasar para llegar a esto y guardamos secretas rencillas con toda esa gente con la que compartimos incluso los días. De verdad, qué tristeza.

Entiendo que la historia y la cultura nos marcan, pero ¿por qué aferrarnos a nuestro apartado más negro e insolidario? Estamos a tiempo de rescatar el espíritu y la convivencia generada en los años de la transición. A tiempo de mirar al otro con respeto y no con odio y de erradicar la desconfianza generalizada. De lo contrario, seguiremos siendo una sociedad de inmaduros incapaz de trazar y cumplir metas porque siempre estará vigilando el camino de los demás, en lugar del propio.

El Estado confianza en sus ciudadanos. Los ciudadanos confianza en el Estado ¿No sería genial? Es evidente que estamos muy lejos de eso y no voy a lanzar culpas ni recriminaciones. Tampoco abogo por una ingenuidad lapidaria y blandita de “todo va a salir bien”. Abogo por el sentido común, no perder el horizonte, la meta y ejercer la confianza deliberada cuando sea menester.

  

domingo, mayo 10, 2020

¿Aceptas el reto?







La humanidad se divide en dos clases de personas. Las que ante un reto se ponen las pilas, evolucionan, crecen y mejoran y las que se instalan en el no. Buscan mil y una excusas y luego culpan a los demás de su lamentable situación.
En el amor y en la pareja ocurre lo mismo. Si una relación fracasa todos los que integran esa relación son responsables.

Cuando llegan los divorcios siempre ocurre igual. Las familias, amigos y convivientes con la pareja deciden que hay uno bueno y uno malo. Así de estúpidos somos. Tras un análisis superficial, se dejarán llevar por cómo está cada uno de los contrayentes y concluyen que el que está peor es “el bueno”; El que se encuentra bien, reconfortado, incluso encuentra otra pareja es “el malo” “ ¿Cómo se atreve? Terminar una relación y comenzar con otra; está claro que es un jeta y bla, bla, bla”.

Nadie conoce las interioridades de una pareja. Nadie desde afuera puede ni sospechar lo duro que resulta una ruptura; Claudicar y reconocer que lo tuyo con esa persona no funciona. Habéis comprado una casa a medias, tenéis hijos en común, incluso una buena convivencia, pero no hay manera. Tú quieres que funcione, pero no, no funciona. No hay una varita mágica cuando le explicas al otro lo que necesitas y el otro sistemáticamente sale por los cerros de Úbeda o pasa de tus requerimientos.

El amor no es un juego de perdedores como cantaba Amy Winehouse. En absoluto. El amor de verdad es un juego de ganadores que aceptan los retos, que cada día se enfrentan juntos como un equipo a lo que la vida les pone por delante. No siempre cosas agradables, como bien pueden sospechar. En el amor ganador no hay decisiones unilaterales y todo se habla: desde el menú de la semana hasta las destrezas para satisfacer a tu pareja en la cama y viceversa. En el amor son necesarios los retos. Lanzarlos y aceptarlos. Cuántas relaciones fracasan porque uno de los dos se resiste a salir de su zona de confort. Y luego encima tira balones fuera, llora por las esquinas, monserga a los amigos y familiares para que todo el mundo sepa lo malo que es el otro: una manipulación burda para hacer elegir a esas personas entre tú y tu pareja. Es despreciable.

He visto muchos ejemplos en los que alegremente las personas opinan: “no me esperaba otra cosa de fulanita, se la veía venir”. A todo esto, la fulanita lleva sin hacer el amor con su marido seis años. “Zutanito siempre ha sido así, no va a cambiar”. A todo esto, Zutanito ha sido irreprochablemente fiel, al menos 20 años de matrimonio y lo ha intentado todo por salvar la institución y la familia.

Lánzale retos a tu pareja. Si no te sigue, evidentemente, no es de tu talla. La cosa se irá a la porra y encima, después de todo, tú serás el mal@ de cara a la galería.

domingo, mayo 03, 2020

Sin sexo, no hay paraíso





La pareja es la columna vertebral de la sociedad y no la familia como se suele afirmar. ¿Por qué? Muy sencillo, si falla la pareja, la familia se dispersa ¿Y por qué fallan las parejas? Muchas de ellas comienzan a no entenderse en la cama. O no evolucionan al mismo tiempo. El sexo es el pegamento de la pareja. El sexo es, quizá, el 30% de una relación. Si el sexo falla, fallan las parejas y la familia se convierte en otra cosa. Sé que puedo sonar muy categórica y estoy segura que hay parejas y familias que se sienten unidas por otros pegamentos: el estatus social y económico, determinados valores religiosos o quizá el sentirse tan cómodos que pueden pasarse una existencia sin extrañar la intimidad y el erotismo.

Por tanto, no entro a juzgar las decisiones de cada cual en mantenerse al lado de alguien, pero sí es cierto que el sexo es el factor fundamental de atracción al principio de las relaciones y, quizá no lo sea tanto pasado cierto tiempo, pero este no debería desaparecer. Y si desaparece, llega el momento de preguntarse por qué.

La pareja la componen dos elementos y ambos deben estar de acuerdo en este aspecto, como en otros para mantener su unión. Si uno empieza encontrar aburrido lo de siempre no debe callárselo. Si uno empieza a experimentar cualquier tipo de disfunción al hacer el amor con su partenaire: erecciones poco frecuentes o no duraderas, disminución de la libido, sequedad vaginal o cualquier otro problema físico que repercuta en el sexo, igual. Díselo, no te cortes. No te dé vergüenza.

¿Qué suele ocurrir? Que a veces por satisfacer al otro mantenemos relaciones sin apetecernos un ápice, o padecemos penetraciones dolorosas si no hemos lubricado lo suficiente. O el hombre siente una presión extrema por conseguir y mantener una erección. De tal forma, que algo que debe ser divertido y lúdico se convierte en un tostón o una pesadilla. Hacer el amor sin ganas o con quién ya no te gusta o no estás confortable es como picar piedra.

Y así, vamos silenciando el malestar hasta que este se convierte en una montaña infranqueable. ¿Qué necesidad hay de esto? ¿Por qué sentir vergüenza o corte de comunicarnos estas cosas? ¿Por qué buscamos otro interlocutor del mismo sexo para desahogarnos?
Nuestra pareja debiera ser nuestro confidente, amigo, cómplice y darnos todo el apoyo y la comprensión con cualquier inconveniente que pueda surgir.

Las terapias de pareja están llenas de casos así. Una pareja muy famosa como la del doctor Masters y Virginia Johnson trataron a muchos de ellos, fueron los pioneros en la investigación de la respuesta sexual humana y fueron pareja. No fueron felices para siempre pero sí al menos 45 años de sus vidas.
Saber entenderse es saber comunicarse. Y si uno carece de herramientas o ha perdido la confianza con la persona con quien comparte su vida es el momento de buscar soluciones y reconectar. Hablar y escuchar. Algo tan simple.


domingo, abril 26, 2020

Ni las mujeres son de Venus, ni los hombres de Marte






Mark Gungor sostiene que el cerebro del hombre es como una sucesión de cajones y el de la mujer como un loft donde todo se mezcla. Casi me convence las tres primeras veces que escuché su video y leí sus teorías, aunque su caja de la nada creo que es la peor excusa del hombre para que le dejemos en paz. ¿Qué piensas? En nada dicen ellos. Pero, en realidad, sólo quieren estar tranquilos y no saben cómo decírtelo sin herirte. Este fundamento y eso de que el hombre no sabe hacer más de dos cosas a la vez son paparruchas porque sí que pueden, igual que nosotras. Si no ¿A cuento de qué hay tantos directores de orquesta?

El libro Las mujeres son de Venus y los hombres de Marte es un buen divertimento y positivo como reflexión acerca de los patrones de conducta aprehendidos y heredados nada más y nada menos. Las costumbres marcan un papel importantísimo en los hábitos masculinos, erradicarlos no es tarea fácil y a las muestras históricas me remito. Ha costado mucho eliminar ciertos privilegios y costumbres del varón sobre la mujer. Y sigue costando.

Aquí tenemos las semillas de lo que se denomina el dimorfismo sexual del cerebro. Es decir, si hombres y mujeres nos diferenciamos por nuestros genitales esa diferenciación no se queda sólo en la morfología. El cerebro del hombre y la mujer es diferente y, sí, efectivamente morfológicamente lo es, pero, básicamente, porque todos los cerebros son diferentes los unos de los otros.

Es lo que concluye un estudio realizado por los investigadores de la Universidad de Tel aviv, Zohar Berman y Daphna Joel, tras analizar 1.400 cerebros. Ellos aseguran que no hay pruebas desde el punto de vista de materias gris, blanca, conexiones neuronales o el grosor de la corteza cerebral de que los cerebros de hombres y mujeres sean significativamente diferentes. Ellos hablan de mosaico cerebral y circunscribirlo todo a dos tipos es de una simplificación inexacta, aunque resulte atractiva para elaborar ciertas teorías conductuales.

En el proceso de sexuación del hombre y la mujer intervienen muchos factores: tenemos un sexo cromosómico, otro genético/proteíco, otro gonadal, el fenotípico, el psíquico y social pero de ahí al dimorfismo sexual del cerebro hay un mar de interrogantes, incluso océanos de tiempo y pléyades de caracteres en millones de seres humanos. Qué sencillo es simplificar. Esto justificaría, por ejemplo, la supuesta agresividad masculina o su supuesto amor por la pornografía.

El neurobiólogo y profesor de la Universidad de Salamanca, José R. Alonso, explica que testículos fetales producen hormonas sexuales que modifican el cerebro y lo masculinizan. Pero, el mismo señala que hay tres factores biológicos clave para entender las diferencias sexuales cerebrales: las hormonas sexuales, los cromosomas sexuales y el sistema inmunitario.
En conclusión, nada es blanco ni negro. 

El ser humano es diverso. La metáfora del mosaico de los investigadores israelíes encaja a la perfección con nuestra complejidad y también nuestra belleza. Las simplificaciones justifican siempre lo injustificable, en la ciencia y fuera de ella.


lunes, abril 13, 2020

Amor, maltrato y confinamiento






¿Acaso alguien no llamaría a la policía en caso de malos tratos? Tu vecina grita ¿y tú no vas a hacer nada? Lo dudo mucho. Creo que, salvo excepciones, todos actuamos cuando un llanto desgarra la noche, oyes golpes al otro lado de las paredes o los insultos y vejaciones se escapan por las ventanas.
En caso de maltrato, llama. Pues claro ¿Quién no lo haría? De hecho, lo único positivo que saco en claro del confinamiento es que el sentimiento de comunidad cada día es más grande.


Todo suma. Las campañas contra el maltrato femenino me parecen positivas, pero no olvidemos que una mujer que vive en una relación de maltrato o que es víctima de las redes de prostitución está confinada siempre. Cada día. Cada hora. No son dueñas de su libertad.

Pedir a los vecinos que alerten a la policía del maltrato a una mujer es algo positivo, pero me falta la otra pata: la de la educación y la prevención. Entiendo que eso son planes a largo plazo y la política no se quita las gafas de cerca casi nunca. Las campañas están muy bien, pero estas se contradicen con medidas como el pin parental. Porque el primer paso para evitar el maltrato es la educación sexo-afectiva. Ni más, ni menos.

Si una mujer crece creyendo que el amor cuanto más difícil, mejor, caerá en estas relaciones tóxicas de dependencia. Y el fallo no está en hombres ni mujeres, salvo que nazcan con un perfil psicopático. Hay patrones errados que perpetuamos sin percatarnos porque todos somos víctimas del mito del amor romántico que la cultura nos inyecta en vena desde el medievo. El amor no es dolor, ni distancia, ni ausencia, ni, por supuesto, miedo.

Una chica me contó un día en confianza que sentía miedo de su marido. Está casada y, no sólo eso, tiene una hija. Le dije que el amor es la antítesis del miedo. No podía entender ese tipo de relación. Lo comprendí de inmediato cuando me contó que ese mismo miedo lo sentía por su padre, alguien con una esquizofrenia severa. Tenía el patrón interiorizado del miedo. Esos patrones aprendidos los repetimos casi sin remedio, si no ponemos freno a esta espiral del demonio.

La educación, aunque a más a largo plazo, son semillas de futuro y evitarán que mujeres y hombres caigan en relaciones enfermas de dependencia y agresión; de víctimas y victimarios.
El buen funcionamiento de la economía es importante pero aún más la creación de lazos afectivos saludables y positivos. 
El amor no son comedias románticas o novelones dramáticos, el amor conforma los cimientos de sociedades saludables con relaciones felices; sociedades que, a la postre, son fuertes en momentos como este para hacer frente a la adversidad y la incertidumbre.

Imagen de Sergio Sánchez Isasi , de su libro Amor tóxico

lunes, abril 06, 2020

La ternura ordena el caos







Decía Vargas Llosa que la literatura ordenaba el caos. Los escritores, con la varita mágica de las palabras tornan al villano en héroe, inventan finales felices, construyen universos a su antojo. Sin menoscabar el poder mágico de las letras, hoy, en estos momentos, en situaciones excepcionales, lo único que ordena el caos es la ternura.

Con otro mes de confinamiento por delante, la supervivencia económica de miles de familias amenazadas, el año prácticamente arruinado en muchos sectores, lo único que ordena el caos es la fe en el ser humano, la solidaridad entre nosotros, la esperanza de que unos meses malos contendrán este virus que no se llama coronavirus, que ya en realidad tiene otro apelativo: miedo.

Es el virus más contagioso y letal que existe porque ya lo decía Yoda. El miedo conduce al odio y el odio te lleva al lado oscuro sin remedio.
Al desconcierto de los primeros días, de estanterías vacías y papel higiénico agotado. Ante los discursos de tú lo estás haciendo mal, yo lo habría hecho mejor, le siguen proclamas incendiarias de tomar el país por la fuerza. Y así no.
Hoy más que nunca reivindico en esta columna mi tema favorito y este es el único, el que importa: el amor. Porque la vacuna es el amor. Ante la ausencia de un medicamento específico y de una estrategia satisfactoria que nos ahorre futuros dolores; ante el panorama desolador que nos deja este enemigo invisible, la única herramienta es el amor y la ternura.

Las iniciativas para tenernos ligeramente aletargados en medio de la tragedia de tantas familias me resultan pueriles. Ya me he cansado de las cancioncitas y los jueguecitos y los retitos.
A mi, lo único que me toca el alma en estos días son los ejemplos de solidaridad entre vecinos. Como todos esos que aplaudieron a Lola en el día de su cumpleaños. Como todos esos que aplaudimos todos los días a las ocho de la tarde.

Lo único que me toca el alma son los gestos de solidaridad gratuitos hacia personas que lo necesitan sin mediar la publicidad de por medio. Un amigo médico que te da un consejo, alguien que le hace la compra a tu madre; las videollamadas de la familia y los amigos. Los mensajes que insisten en lo único verdadero de esta crisis: no estamos solos y de esta saldremos, pero no con cancioncillas sino con la lección del amor bien aprendida.

La pandemia nos iguala, nos sumerge en la tormenta a todos sin distinción. Todos vamos a perder algo en este encierro, pero también ganaremos algo. Aprenderemos una lección y es esta: el amor ordena este caos, pero también lo contiene. Sólo el amor nos ayudará a construir esta nueva realidad que se vislumbra. No te agarres a nada, no te resistas. Cede gentilmente tus horas a estos días, aprende e ilumínate con la fuerza de la ternura y del amor, porque será lo único que nos salvará de este caos.

domingo, marzo 29, 2020

El derecho al sexo en los adultos mayores







Se cierra la fábrica y se abre el parque de diversiones. Así define la terapeuta Patricia Kelly el fin de la vida reproductiva de las mujeres. Desgraciadamente, la menopausia conlleva una serie de connotaciones negativas que impiden a muchas féminas aceptarse y amarse a sí mismas llegado este momento de la vida, cuando menopausia y menstruación debieran ser procesos naturales.

Si es importante aceptar nuestro cuerpo y sus características durante nuestra época fértil, igualmente hemos de hacerlo cuando se pone definitivamente fin a la etapa reproductiva. Un tanto similar sucede con los hombres. La viropausia se manifiesta con erecciones menos frecuentes y duraderas, con menos eyaculaciones por semana. El hecho de carecer del vigor de un joven de 20 años puede sumergir a algunos hombres en un estado de ansiedad o impotencia. Tampoco debiera ser así.

Vamos a eliminar algunos falsos conceptos asociados a la sexualidad y la vejez.
Socialmente sigue estando mal visto que dos viejos disfruten del sexo. Es algo cultural. Las parejas que nos muestra el cine son por norma general jóvenes, heteros, bellos y en edades reproductivas. Este concepto heteronormativo no se hereda por casualidad. Son los residuos del viejo orden, ese que está derrumbando ya sin remedio en estos días. El coronavirus lo acelera todo.

En ese viejo orden sólo se contemplaba el placer para los hombres, la cópula siempre iba en busca de la reproducción y la creación de familias. Si pasados los 60 el hombre seguía sintiendo deseo sexual se le designaba viejo verde. La mujer con ansias de ser acariciada y besada traspasada esa edad era una depravada.  Y no hablemos de las parejas con idéntico sexo.

Otro asunto importante: para algunos el sexo significa penetración y por suerte no es así, como ya he explicado en algún que otro artículo. El buen sexo no tiene porqué convertirse en un campeonato de orgasmos y embestidas. Hay otras demostraciones más sosegadas y también placenteras.

La realidad es que hoy más que nunca existen estupendas soluciones para que los adultos mayores puedan disfrutar de su sexualidad, incluso más que en su etapa reproductiva. Para los hombres, aparte del Cialis y el Viagra, existen los tratamientos con células madre. Las mujeres disponen en el mercado de lubricantes de las mil y una variedades, colores, texturas y temperaturas.

Los que tienen pareja y se encuentran en periodo de jubilación tienen más tiempo que antes para disfrutar y experimentar. No hay prisas, no hay presiones para que el hombre siempre esté dispuesto con la espada de Hyman en alto. Si el uno y el otro se conocen bien, se toleran y se aceptan, el erotismo es relajado y divertido, con muchas risas y ternura.

Para los que están solos hay otra palabra: el autoerotismo. Sí, vamos, la masturbación.
La artritis, diabetes u otros achaques propios de la edad, no son un problema en verdad. Y, por supuesto, uno tiene la vejez, la sexualidad y la relación de pareja que produce durante su vida.

El sexo en los adultos mayores también es una cuestión de derechos humanos: derecho al placer, derecho a acariciar, derecho a amar y ser amado.

martes, marzo 24, 2020

El amor y el sexo en los tiempos del coronavirus





Crisis también significa oportunidad y en estos momentos de incertidumbre total, de pesadilla y ciencia ficción, los afectos importan. Y mucho. Las parejas encerradas en casa, atrincheradas frente al enemigo invisible pueden salir reforzadas o hundirse sin remedio.

El coronavirus puede acelerar el proceso de destrucción o construcción de las parejas. Las dinámicas cambian. Los que conviven hace años, que apenas se veían de noche e intercambiaban apenas un murmullo de labores e intendencia, se verán las caras 24 horas. Los hogares con pocos metros cuadrados y muchas personas pueden sufrir fricciones, aunque yo los envidio un poquillo porque cuantos más seamos en un sitio, también más posibilidad de diversión.

Si la cosa va bien, las parejas saldrán fortalecidas. Si la cosa ya iba mal, ojo. Dicen los astrólogos que todo lo que está ocurriendo provocará un derrumbe de estructuras tradicionales. Como soy muy positiva, creo que el concepto de matrimonio y pareja cambiará. Nada de uniones por conveniencia y confort. Nada de hacer el amor una vez al mes, o cada tres meses o nunca. No. Las parejas en los tiempos del coronavirus lo harán todos los días. ¿Por qué? Porque en estos tiempos de confinamiento ¿Qué hay mejor para liberarse del estrés y la incertidumbre? El sexo, sobre todo el sexo bonito con la persona que amas y que te ama en la que confías al 100%. Y porque cuando todo esto haya pasado valoraremos lo importante, lo que quizá, en la normalidad nos pasaba por alto; salir a la naturaleza, besar y amar, tocar, reir; las cañas con los amigos, las confidencias con tus amigas, en algún caso la sonrisa de tu hijo. Arrebujarse con ellos para ver una película o cocinar. Cosas sencillas.


Llegan muchos consejos para no perder la salud física y mental en estos días de confinamiento y lo básico es lo de siempre: la comunicación, las demostraciones de amor, las palabras bonitas, mantener el contacto. Si puede ser físico, genial. Si no, hay otros muchos modos.

Para todas esas parejas que tienen la suerte de convivir, llevarse bien y que están en casa sin hijos, imaginen, las posibilidades son infinitas. Con algo más de tiempo libre, sin prisas y presiones, disponen de todo un universo a explorar. Pueden probar cada rincón de su hogar. Redescubrir sus cuerpos —no olviden que aparte de los genitales, tenemos cuatro kilos de piel— atreverse con esos juegos que siempre quedaban para después, los baños sensuales, los masajes, y para aquellos a los que el coronavirus les pilla separados tienen la opción del sexting (siempre con las precauciones pertinentes).

Piensen que es una suerte amanecer cada día en su cama y no en una cama de hospital. Piensen que esto es pasajero, que será una prueba, que servirá para destruir y construir una nueva realidad, esa realidad en la que el sistema sanitario universal es necesario. Piensen que cada día es un regalo…disfrútenlo y eliminen la queja de su camino.

domingo, marzo 15, 2020

No tocar, peligro de contagio





Tantas canciones hablan del amor, del contaminame, mézclate conmigo y nosotros estamos aprendiendo a lo contrario. A saludarnos con un guiño de ojos o, como hacía mi padre, con un movimiento de cabeza. La situación de alarma es un hecho y todo nos parece raro y difícil.

Han cerrado los colegios, cierran bares y restaurantes. Trabajaremos solos, aislados en casa, acompañados de nuestro gato y saldremos a la calle lo mínimo e imprescindible. Nos mezclaremos con nuestra sangre, con los más íntimos y cuando levanten las temperaturas toda esta pesadilla habrá terminado. O no. Las consecuencias económicas de 50 días de parón no tardarán en hacerse notar. O no. Quizá, esto nos obligue a recapacitar y darnos cuenta de que el teletrabajo es posible, incluso necesario y que nuestra política debiera ser la de simplificar. Eliminar para iluminar.

Nosotros que tan barrocos somos, que nos complicamos la vida gratuitamente, que de todo tenemos veinte variedades, que vivimos con tantas facilidades, que buscamos siempre rizar el rizo, a veces de puro aburrimiento, hemos tomar esa lógica Zen de menos es más, e intentar hacer nada, o cuanto menos, mejor. Lo sé, cuesta. Personalmente a mi me da cargo de conciencia el parar. Siempre he tenido un sentido de culpabilidad si no estoy alimentando mi mente, escribiendo, leyendo, pensando cada minuto de mi existencia. Por no hablar del ejercicio físico, algo casi religioso para mi y no sé cómo solventaré aún, puesto que han cerrado los gimnasios municipales, como debe de ser.

Criticamos la huida de los madrileños, pero es humano el miedo y también ciertas dosis de irresponsabilidad y escapismo. Por eso lo mejor en estos días es huir hacia adentro. Investigarse, analizarse, estudiarse, leer ese libro gordísimo para el que nunca tenías tiempo, ordenar la biblioteca aita de polvo y años de desdén, de “ya lo haré mañana” y confinarse para estar sólo con los imprescindibles, siempre y cuando no pongas en peligro su vida. 

El mundo está haciendo un reset imponente. Creo que es más que evidente que el universo nos devuelve lecciones para que no desperdiciemos más nuestra vida, ni nuestros recursos. Para que valoremos algo tan simple como la libertad de movimientos, el aire de las grandes ciudades, los bares y los amigos a los que en estos días echaremos de menos.

La alegría del movimiento la sustituiremos por la paz de la quietud porque necesitamos parar. Es una orden que llega de no sabemos qué lugar pero que nos invitará a ser más solidarios, a volver al hogar, a las ollas grandes, a las familias que se ayudan y al contacto que nos permita el maldito virus.
Los teatros y bibliotecas cerrados como símbolo de una vida en suspenso, en stand by, en calma aparente pero que puede crecer y florecer por dentro.

No desperdicies estos días, aliméntalos, sácales provecho. Contaminate de otro modo y ama siempre. A veces el amor implica la distancia.


lunes, marzo 09, 2020

Volver al origen




La única constante de la vida es el cambio. Sin poderlo remediar, los años pasan, los negocios abren y cierran, nos salen canas, arrugas, los jóvenes empujan por abrirse paso, por sembrar de futuro lo que ellos consideran el pasado y que nosotros alimentamos como nuestro presente.
Todo cambia, sí. Aunque a veces nos resistamos y amemos los valores del pasado: el respeto, la lealtad, la honestidad, la sana competencia, nada de tirarle arena en los ojos al otro sino, desde la admiración, querer ser como él, quizá superarle, pero sin perder un gramo del aprecio, del reconocimiento. Ser como el mejor de tus admirados ejemplos para sumarte y sumarle, no para restar.

Estos valores te impiden anclarte en la crítica gratuita. Jamás ascenderás pisando la cabeza de nadie, ni insultando o menospreciando el trabajo de un colega. Pero estos valores, me temo, pertenecen a esta misma generación. Mi generación. La que trabajaba 18 horas al día por una noticia sin importar si te pagaban o no. A la que le brillaban los ojos cuando encontraba un filón informativo.

Siempre admiré a mis mayores. Lo sigo haciendo. Entiendo que la edad no resta valor al ser humano. Alguien que merece la pena aprende de las experiencias y se hace más grande. En la era del éxito rápido, del selfie y de los resultados a golpe de clic, los más jóvenes se pierden la satisfacción de pelear de verdad por encontrar la veta de oro. Por transformar de algún modo, —modestamente, desde una columna, un reportaje u otro trabajo— un pedacito de la sociedad.

Yo invito a los más jóvenes a volver al origen. A que dejen de perseguir likes en las redes sociales, a que salgan de los parques temáticos y se atrevan a mezclarse con los que son diferentes a ellos. Sobre todo, diferentes en cultura, edad y clase social. A que eviten los atajos. Llegarán a la meta veloces, pero ¿a costa de qué?

Yo siempre lo tuve muy claro. Todo cambia, sin duda, pero hay valores a los que uno debe aferrarse en estos tiempos de palabras pantanosas; tiempos de “tengo estos principios…Si no le gustan, tengo otros”.

Las variaciones son hermosas, como las variaciones Goldberg de las obras de Bach, más la esencia, la bondad que permanece intrínseca en los humanos y en las cosas no debiera cambiar; El respeto a los compromisos, a la palabra dada; el respeto a tus colegas de profesión, a tus mentores y maestros; el respeto a los que amas, incluso a los que odias.

Siento que nos estamos perdiendo y que sólo encuentro los valores genuinos de ese permanecer en lo esencial, a pesar del cambio, en los clásicos del cine. Y eso sí que no me gusta. Que cambie todo, claro que sí. El cambio es la vida, la renovación, pero volvamos al origen. Al bueno, bello y verdadero. Huyamos de los personajes fatuos, de los latiguillos verbales. Huyamos de lo aparentemente fácil. Huyamos de la mentira.

lunes, marzo 02, 2020

La fórmula matemática del sexo





¿Se puede medir el sexo? ¿Tenemos que incorporar nuestras relaciones al ritmo frenético de los números? No, de verdad que no, pero ¿Por qué lo hacemos?

Estamos más interesados en el número de relaciones sexuales que tenemos a lo largo de una semana que en la calidad. No en balde, de las primeras preguntas que se realizan a un terapeuta pasan por la cantidad idónea para una pareja “normal”.  Otras cuestiones muy frecuentes son las siguientes ¿cuánto me tiene que medir el pene? o ¿Por qué llego al orgasmo más rápido si me masturbo que cuando estoy con una pareja? ¿Cuánto debe durar una relación sexual?

Las mujeres, por norma general, tienen la presión de llegar pronto al orgasmo y los hombres, justo al contrario. Total, que, en vez de estar disfrutando de uno de los mayores regalos de la naturaleza, no pasamos todo el tiempo con el minutero mental, centrados en los segundos, con la cabeza llena de pensamientos.

Nosotras con el “vamos, vamos” y ellos con el “para, para”.  Además, está la romántica y estrafalaria idea de intentar coordinarse para llegar los dos al mismo tiempo. Así que nada, no estamos en lo que estamos. En absoluto
.
Sería divertido ver qué ocurre en las cabezas de los amantes. Lo contradictorio del asunto es que el orgasmo es un momento de máximo egoísmo a la búsqueda del placer y también un momento de máximo abandono y de máxima entrega al otro. A ver cómo integramos esto en los contadores y en las mentes medidoras de algunos y algunas.

Centímetros, minutos, tiempo, frecuencia, velocidad e incluso la masa acaparan la mente de muchas personas cuando piensan el sexo y ese es el error. El sexo no se ha de pensar, sino que se ha de sentir. No hay fórmulas matemáticas que garanticen el orgasmo. Es más, el orgasmo no debería ser la meta de ninguna relación sexual. Si llega estupendo, pero si no, disfrutemos del momento.

Porque, además, en esta sociedad competitiva todos los penes tienen que estar erectos, todas las vaginas lubricadas y el acto sexual debe responder a un patrón heteronormativo de perfecciones varias, cuerpos prietos, tamaños ideales y de personas hermosas y jóvenes.

Y el sexo, y sobre todo el sexo con amor, no responde a ningún canon, no obedece a ninguna regla. En esta relación de pareja hay entrega y hay consenso, no debieran existir presiones, ni prisas, ni miedos. En esa relación, mirarse a los ojos, tocarse, abrazarse, amarse no tienen que conllevar incluso necesariamente una penetración.

Nos obsesionamos con las formas, los tamaños, los números y las fórmulas mágicas y nos olvidamos de lo fundamental: el sentido lúdico, la entrega inesperada, las palabras hermosas, el deseo en la mirada y el sentirse afortunado de compartir con el otro desde la más leve caricia al más intenso de los orgasmos, porque todo forma parte de esa química espectacular de algunas parejas y para que la que no existen brebajes, ni pociones ni fórmulas secretas, salvo la del disfrute porque sí.


lunes, febrero 24, 2020

Micromachismos: mujer tenías que ser




No hay machismo pequeño porque uno sobre otro, amontonados en el transcurso de los días, años y décadas transforman la vida de algunas personas de una forma cruel.
El machismo es como el mal. Pretenden hacernos creer que no existe y de ese modo  su mancha se extiende de un modo silencioso pero inexorable.

Lo llamamos micromachismos porque no matan, pero marcan una diferencia. Los cambiadores de bebés siempre son en el aseo de señoras, como si los señores no pudiesen portar un bebé y asear a sus hijos.


Hay coches que sosiegan su marcha en una calle oscura cuando pasan cerca de una mujer y bajan la ventanilla y dicen algo a la mujer que acelera el paso, con un repeluzno gris y frío sobre su nuca. Actitudes que se denominan violencia suave, como que alguien a quien no conoces de nada y con quien no deseas establecer ningún tipo de intimidad, se permita el lujo de invadir tu espacio del modo que sea. O que nos veamos obligadas a saludar con un beso cuando somos presentadas, como si dar la mano fuera algo que sólo se da entre caballeros.


Hay refranes y dichos deleznables que, quizá nos hacen gracia pero que nos tratan sin compasión: detrás de un gran hombre hay una gran mujer; Mujer al volante, peligro constante; De la mujer, el tiempo y la mar, poco hay que fiar. Y si no, la más cruel de todas: a la mujer búscala delgada y limpia, que gorda y guarra ella se volverá.

El término micromachismo fue acuñado en 1991 por el psicoterapeuta Luis Bonino Méndez, para dar nombre a prácticas que otras y otros especialistas llaman «pequeñas tiranías», «terrorismo íntimo» o «violencia blanda», menos populares que el primero.

Estas micro crueldades se cuelan en la RAE cuando designan al sexo débil como el conjunto de las mujeres; cuando se excluye de la historia a grandes artistas. O esas consortes con una influencia innegable en la obra de sus maridos que jamás recibirán un Oscar o un Nobel. Me refiero a la esposa de Hithcock, Alma Reville, o la inefable compañera de Juan Ramón Jiménez, Zenobia Camprubí.

Poca gente sabe que Hedy Lamarr, aparte de ser bellísima inventó el Bluetooth, o que Stephanie Kwolek inventó el chaleco anti balas, o que Mary Anderson, hizo lo propio con el limpiaparabrisas.

Son ejemplos pequeños pero contundentes, como el hecho de que, en las calles del municipio de Murcia, apenas aparezcan nombres de mujeres y cuando lo hacen son miembros de la realeza, monjas o personajes de ficción como Dulcinea o Artemisa.

Mujer tenías que ser, sí, y por suerte. Hemos nacido en el mejor de los tiempos posibles donde el amo no te violará de noche por aquello del derecho de pernada. Mujer con derechos, pero viviendo en un país que aún tolera, incluso con simpatía, ese machismo que nos condena a ser objetos o a ser, directamente, invisibles.

La imagen es de Intermon-Oxfam

domingo, febrero 16, 2020

J.LO en la cima del mundo




Donatella Versace le entalla el vestido y comenta: tienes mejor cuerpo que hace años. Esto es una locura. Jennifer López ni se inmuta. Quizá para sus adentros habrá pensado: cuatro horas de gimnasia al día y vivir a dieta de proteínas tienen su recompensa.

El otro día en la Super Bowl creo que hombres y mujeres nos pasmamos ante el poderío de la puertorriqueña. Qué pelazo, qué cuerpazo, qué caderas y, diantres, qué fuerza para mantener un plano inclinado en una barra vertical. Si antes todas queríamos ser Madonna, creo que ahora todos y todas queremos ser J.LO.

El poder latino, sí, pero el poder de una mujer con 50 años que se ha batido el cobre en las calles de Brooklyn, en los conservatorios cutres de Nueva York y que no ha perdido ni un ápice de entusiasmo por el futuro. Sí, señoras y señores, a las que venimos de abajo se nos nota. Jennifer no se rinde. Confesaba días después de su actuación en la Super Bowl que sintió cierto pánico al aceptar el encargo, pero se dijo a sí misma: soy una gran bailarina, una gran cantante, una gran actriz, claro que lo puedo hacer.

Quienes ven a esta newyorrican como un ejemplar con un físico puro del hetero pratiarcado es que carecen de horizontes. Es la niña pobre que ha triunfado. Es la mujer que ha sido madre, ha superado todas las barreras de la edad y nadie osa a bajarla de un escenario porque lo domina como pocas. Es la inspiración para cientos de miles migrantes latinas de todo el mundo, no sólo americanas, y es mi inspiración cada vez que me falla la voluntad y me quiero zampar un donut de chocolate. Nada de eso, Lola, mira a “yilou”. Es más, me voy a poner una foto de ella en la nevera, a ver si adelgazo unas libras y me sacudo la pereza para hacer pesas, porque, creedme, no hay nada más pesado en este mundo y aburrido que las rutinas de pesas.

El mundo es de los valientes y vaya que sí, ella lo ha sido siempre. Seguro que al principio sabía que el cine le venía grande, quizá incluso el mundo de la canción, pero ahí la tenéis. Con miedo, bate sus propios límites, desafía a la gravedad y el mundo se queda boquiabierto al verla sonreír ante el chute que produce que te contemplen y vibren junto a ti 110 millones de espectadores (más los 60 millones de visitantes que tuvo la actuación horas después en Youtube).

Como afirmaba también días después: “nada de sexy, nada de porno, Shakira y yo somos madres, esto es una celebración del poder de la mujer, del poder latino y estamos muy orgullosas de nuestra actuación”.

Ante infantes separados de sus madres en la frontera con Mexico, Jennifer López, responde con un inmaculado ejército de niñas que cantan Let’s get loud y luce orgullosa en el escenario la gigantesca bandera del hermoso y amado Puerto Rico.

lunes, febrero 10, 2020

El demonio y sus patrones




La novela negra nos recuerda que el mal existe y que es mejor que no lo olvidemos. Todos somos víctimas de víctimas y escarbar en la historia para hallar la raíz primigenia de la oscuridad nos sumerge en leyendas y religiones vetustas que nos acercan a la ciencia ficción pero ni tan ciencia, ni tan ficción. Palpitan en nuestro subconsciente colectivo de un modo innegable.

Hay mujeres y hombres que desconocen el significado pleno de la palabra amor porque para ellos los afectos que mamaron en casa venían acompañados de gritos, golpes, correas al aire, palabras mal sonantes y miedo, mucho miedo. Por tanto, cuando encuentran un amor real, o bien les aburre, o no les interesa. Para ellos todo lo que carezca de ese chute de incertidumbre y peligro se puede parecer a una amistad, pero nunca al amor.

El amor en casa se teñía de violencia, de oscuridades inexplicables, de secretos en el peor de los casos y de hastío y pasividad en el mejor. Vivir esta clase de infancia crea unas orfandades difíciles de sanar. Lo peor es que uno sale de casa, evoluciona, pero encontrará en el camino ese chute, ese esquema relacional que te hacía sufrir pero que te es tan familiar y vas y te enamoras ¿de qué? De lo que conoces. Y el peligro te pone, sabes que te hará daño, pero te es tan familiar. Sabes que te dolerá, pero es que ya estás acostumbrada al dolor y te enganchas aunque esos vínculos malsanos te destruyen casi por completo.

Así que sí, queridas y queridos, el mal existe y a veces ha estado viviendo en las paredes de nuestro hogar. Ese mal se hereda en la mayoría de los casos. 

Existen los hijos de Caín, los sociópatas y los psicópatas pero, en la mayoría de los casos, ese mal procede de una depresión sin diagnosticar, o esquizofrenia o de una terrible adicción. Es un mal que se padece desde dentro y que ataca a quienes tiene más cerca. El que lo ejerce es consciente a veces y a veces no, pero el sufrimiento que conlleva por ambas partes, agresor y agredido es innegable.
La buena noticia es que el mal se puede extirpar de raíz, una vez que se toma conciencia de él, que somos los dueños de nuestro destino, capitanes de nuestra alma y en nosotros reside la decisión de seguir enganchándonos a ese patrón terrible que nos aterrorizaba en la infancia y nos incomoda en la adultez o romper esos círculos del horror.

Se pueden sanar las relaciones, se puede salir y aunque tu infancia fuera un infierno la mayoría del tiempo, tu vida actual merece gozar del amor verdadero. El que te cuida y protege, el que te mantiene a salvo.  El único digno en verdad de llamarse amor. Lo otro: el chute del miedo, la incertidumbre, la adrenalina, los estallidos de ira y las montañas rusas emocionales están en las antípodas de las relaciones hermosas.

domingo, febrero 02, 2020

Amigos, amantes y parejas






Mi amor también es mi mejor amigo. La persona con la que comparto casi todo. Y una de mis 250 canciones favoritas dice algo así como que podemos ser los mejores amigos y también los mejores amantes. Honestamente no creo que haya otra forma.

¿Los grandes amores surgen de la amistad? No, a veces surgen de una atracción magnética, irresistible que lleva a los amantes a la cama y la amistad llega después. ¿Puedes ser el amigo/a de tu amante? Sí ¿Pueden esas relaciones convertirse en algo serio? También, pero, sin duda, hay que romper algunas paredes porque a veces los mayores pudores no se dan al vernos sin ropa. Cuesta más desnudar el alma y mostrar tus vulnerabilidades que un pecho, por poner un ejemplo.

A la eterna pregunta de si hombre y mujer pueden ser amigos sin que medie atracción física entre ellos, la respuesta es: por supuesto. De hecho, según la experta Linda Sapadin, la actualidad promueve muchas y variadas formas de interacción entre hombre y mujer. Antiguamente, no. Ya sabéis: las mujeres en casa, los hombres, en el trabajo, por tanto, la única manera que tenían de encontrarse ambos sexos era en las relaciones románticas.

Personalmente, tengo muchos conocidos hombres y algunos amigos. La relación de amistad pura y dura siempre ha sido posible en la mayoría de los casos. En otros no tanto. Si hay atracción por una de las partes, todo se complica. Así que si hay atracción y hay o ha habido sexo en una época anterior de la relación, la amistad en algunos casos es casi imposible. Uno de los dos estará añorando esos otros momentos, la otra/o no, y se sentirá incómoda/o, e incluso molesta y ofendida. Los hombres, por norma general se ofenden menos si una mujer les demuestra su atracción.
Los mejores amigos se ríen el uno del otro, se cuentan todo e incluso, no es preciso mediar palabras entre ellos. Se conocen tan bien que se adivinan los miedos, los estados de ánimo y las inquietudes con una mirada.

Enamorarte de tu mejor amigo o amiga puede resultar un gran triunfo, el desenlace perfecto a años de camaradería y cariño o un desastre completo porque si fracasas lo pierdes todo: la amistad y el amor.

Ahora se llevan mucho las amistades con derechos, pero, francamente queridas, y hablo especialmente para vosotras, estas suelen acabar sólo regular y por supuesto, olvidaros del anillo y el compromiso si la cosa no va más allá de encuentros sexuales y raticos sueltos.

Amiga, si te has enamorado de tu mejor amigo, lo mejor es que se aclare la cuestión cuanto antes. Díselo y no pierdas el tiempo con maquinaciones y disgresiones mentales del tipo “me ha dicho esto ¿qué querrá decir? Porque te volverás loca. Además, tengo una buena noticia: los hombres son literales, déjate de adivinanzas.

A veces es mejor un no tajante que vivir de ilusiones durante décadas. La vida pasa rápido ¿Qué os voy a contar que no sepáis?