viernes, octubre 13, 2006

SENTIR

La música es quizá el mejor invento de los humanos. No hay mal que no se cure con una buena dosis de piano jazz, con un bajo descarado e insolente y si no, démosle una oportunidad al bandonéon. Las música nos hace mejores. Más sinvergüenzas, que es lo mismo que decir más nosotros. Más sensuales y disparatados; más niños. Nos despierta el sistema límbico sin necesidad de estímulos artificiales pero, eso sí, hay que saber sentirla. Estar dispuesto; abierto a recibir un golpe de batería entre ceja y ceja. Dejarnos abatir por un sólo de saxo y abandonarnos sin miedo al deleite del placer y del sufrimiento. Las notas contienen esos llamados “menores” que nos invitan a la lágrima fácil, pero también se puede llorar de gusto.El que no sepa de estas valentías está muerto. No hay medias tintas. O sientes, o no. Eres un puto vegetal, alimentado con teleseries, mensajes vacíos de la publicidad, cifras, recetas de cocina, horarios imposibles, dietas para adelgazar, datos “importantísimos” para nuestra vida cotidiana y llega un momento en que el cerebro, y el corazón, se convierten en un erial. No hay lugar para la emoción. Muera la emoción (decía nuestra grandiosa Jurado “Muera el amor”) ¿Para qué? Nos hace sentir vulnerables, frágiles, incluso tristes ¡Con lo pasado de moda que está eso de la melancolía! ¡No, no! ¡Por nada del mundo nos hemos de dejar llevar por la emoción, que es una puñetera!. Que nos traiciona cuando uno menos se lo espera. Es mejor vivir bajo la coraza de la racionalidad, de la frialdad de la estadísticas y que otros, los sensibles —esos cursis que además se creen por encima del bien y el mal— apechuguen con los lloros, con las injusticias, con esa utopía de que el hombre es esencialmente bueno. Y un huevo. El hombre es malo, malísimo. Por eso, mejor no sentir. De esa forma no hay dolor. Pero de esa forma tampoco hay nada; vacío, hastío, cotidianidad que pesa como un fardo de plomo.Desde aquí, queridos y queridas, reivindico la posibilidad de sentir, incluso, el dolor, dejarlo que nos aguijonee como si fuera un anzuelo intoxicado de arsénico (“Arsénico por compasión”). Para que nuestro muerto resucite. Sólo doliendo se puede vivir, sólo sufriendo se puede ser feliz sin que nuestra alegría sea una copia barata de un anuncio de seguros, detergentes o coches familiares; Sólo el dolor nos hace libres para reír a nuestras anchas y sólo la música desata los cordones de la vigilia para llevarnos de la mano a la emoción en estado puro. Por eso, cuando el sensible es feliz, es envidiado por el resto de los mortales. No por su dicha, sino porque, simple y llanamente, está vivo.Hoy reivindico la emoción y el sentimiento, que no la sensiblería —de eso tenemos todos los días más de siete tazas en los mal llamados programas del corazón— y para sentir, la música. La reina de las artes.

10 comentarios:

DrGonzo dijo...

Esta vez me has cautivado con tu oda, Lola :)

Agustin dijo...

Y para mi "Morrisey" inyectado cada 8 horas........ La siento, porque cada "Nota" en mi sangre fluye ............



Saludos para ti...



Agustin

almayer dijo...

lola, me gusto este post mucho, tanto como la música.
¿has escuchado nouvelle vague?

;)

Walter dijo...

me encantó el post! alguna vez había leído algo sobre la música, y si mal no recuerdo creo q fue el mismísimo nietzsche el q decía q la música expresa, más que cualquier otro arte, la realidad de la voluntad de poder, ella es, aun trágica y melancólica, el estimulante de la vida. y creo q eso es lo q tratás de transmitir en esta entrada.

"Dios ha muerto. La vida es pues la única realidad. Y Nietzsche llama amor fati, afirmación, esta aprobación de la vida y de la realidad en todos sus aspectos, trágicos, fisiológicos, sensibles, afectivos, este «Fasagen» «decir-sí» al mundo y a la vida, que las problemáticas metafísicas clásicas llamaban «Teodicea». En este sentido, se podría atrever a decir que, para Nietzsche, la música es la justificación del mundo y de la vida, el «principio de razón suficiente», mejor aún, para hablar como Leibnitz, el «principio de lo mejor». Pero cuál música, y en qué sentido la música define la vida, ¿expresa, según Nietzsche, el fondo y la perfección de la vida? Las preferencias y las intolerancias de Nietzsche en materia de música (géneros, estilos, compositores, técnicas armónicas y de contrapunteo) van a la par con su psicología, su cultura y su historia personal"

MentesSueltas dijo...

Comparto tus notas, perdón tus letras, a mí la música me ayuda mucho, me acompaña, es una ceremonia privada que me transporta.

Dejo un abrazo.

MentesSueltas

CinQue dijo...

A mi en lo peronal me gusta la música para alocarme, pongo algo de funk, metal, ska o simplemente café tacvba y listo, quedo bien prendido.

Muaaaa.

LOLA GRACIA dijo...

Gracias, Doctor Gonzo.
Sabes? Envié este entre otros artículos este verano a varios periódicos pero a ninguno le interesó. Sin embargo, yo creo que está escrito con los hígadillos y que por eso mucha gente se siente identificada

Edge dijo...

Siempre he dicho...

Prefiero quedar ciego que sordo.

Es que sin música no podría vivir.

Y ahora que estoy sacando "Big my Secret" de Michael Nyman en piano soy feliz.

SalU2
T.

Anónimo dijo...

Me ha gustado mucho lo que dices en el post.

La musica necesita del silencio para tener sentido. Para tener un espacio y una identidad propia.

Del mismo modo, si nuestra mente esta coontinuamente bombardeada por mensajes publicitarios, por el eco constante preocupaciones y manias, estamos incapacitados para sentir.

Para sentir dolor, alegria, para escuchar que es lo que verdaderamente queremos y somos necesitamos espacio en nuestras cabezas. Un poco de calma para poder sentirnos, aunque lo que descubramos nos sorprenda, aunque nos de miedo que duela.

Porque el mundo es facil y dificil, a veces duele, pero eso es vivir. Y ademas, puedes tener una sorpresa muy positiva.

Felicidades por el post. Esta pero que muy bien.

LOLA GRACIA dijo...

Muchas gracias Assblesh. Lo que tú escribes es muy bonito: "el mundo es facil y dificil, a veces duele, pero eso es vivir". Precioso.