domingo, junio 10, 2018

Malditos solitarios (el orgasmo perfecto)








Una coach mexicana muy graciosa dice que los hombres son como los autobuses. Cada cinco minutos pasa uno. Yo añadiría: de todos ellos, el 70% prefieren tener placer solitario, o sea, masturbarse, en lugar de apostar por una relación verdadera.

Hay casos más dramáticos, todos reales. Chavales entre 20 y 30 años que optan por pagar una prostituta un fin de semana al mes en lugar de tener novia.

La soledad se está convirtiendo en un vicio. Si nos dan a elegir entre aventurarse y quedarte como estás, la gran mayoría opta de cabeza por el status quo, lo cual significa, o bien encadenar relaciones insustanciales de sexo sin implicación emocional, o refugiarse en fantasías animadas. Algunas proceden de tus recuerdos o de la recreación de tus recreos favoritos. Otras son meros artículos de consumo, véase, porno.

Entre el camino del amor o el camino del miedo elegimos por el camino del miedo.  Y hablo de los hombres porque, por regla general, son más miedosos que nosotras. Pero de esto no se libra nadie.

La masturbación como forma de autoconocimiento y gratificación personal me parece un instrumento maravilloso. Como sustituto de las relaciones personales, sin embargo, es un horror. Y mucho me temo que vamos de cabeza a sociedades donde la jornada laboral termina en soledad, frente a una pantalla y, a veces, un salpicar de fluidos en lugares domésticos. Quizá la pantalla de un teclado o de un Android.

Siento mostrar estas imágenes duras, feas, antipáticas pero es que esa realidad lo es. Ya nos veo como los japoneses comprando bragas usadas en las estaciones de metro para consumir tranquilamente en casa, a saber de qué forma.

Las redes de tráfico de imágenes eróticas, explicitamente sexuales y de pedofilia inundaron hace tiempo nuestros móviles.  Según la prensa de esta semana, la Policía Nacional ha desmantelado una red de distribución de pornografía infantil a través de un grupo de la aplicación de mensajería WhatsApp del que formaban parte trescientos usuarios; siete de ellos han sido detenidos. De estos detenidos, atención, seis eran menores de edad. Espeluznante.

La masturbación es sana, no es un delito. Además, te evitas contagiarte energías raras de los otros por no hablar de determinadas infecciones, pero la masturbación como forma de vida es un disparate. Y no me refiero al caso extremo del tráfico ilegal de distribución, venta y consumo de pornografía de cualquier tipo.

La masturbación está bien para que los adolescentes descubran su cuerpo; La masturbación es un remedio para las temporadas esas de sequía donde nadie te embelesa, donde optas por la soledad para recomponerte por un tiempo. La masturbación es perfecta para esas personas a las que les duele todo el cuerpo y practicar sexo se les antoja poco menos que algo acrobático pero la masturbación como sucedáneo eterno de las relaciones sexuales completas— piel con piel— con alguien que amamos, nos gusta o nos despierta un deseo de fuegos artificiales, es de una tristeza sin límites.

¿A qué le tenemos tanto miedo? La época de cazar mamuts ya pasó. Los otros no son el problema. Los otros son, básicamente, como nosotros. No son el enemigo.

Sin el otro se acabó la interacción, la comunicación, el contacto, el diálogo, la transferencia de ideas y sentimientos. Sin el otro, no hay referencias, pero es que no hay ni risas, ni calor, ni orgasmo perfecto, que no es el sincronizado, no. El orgasmo perfecto es la satisfacción de ver gozar al otro, tanto o más de lo que gozas tú. Sin eso, la vida no tiene puta gracia.




domingo, mayo 27, 2018

Esos matrimonios felices









Pues sí, existen. Conozco algunos y esta semana me he topado con ejemplos claros. He mirado a los interfectos a la cara (a veces era ella sin él, a veces él sin ella) y yo, divorciada y con relaciones fracasada a mis espaldas, era la que les recordaba lo afortunados  que eran.


Efectivamente, hay matrimonios felices. Incluso algunos de ellos llevan muchos, muchos años. Inma me cuenta que se tropieza a su pareja por la calle, a veces de casualidad, por el centro del pueblo.  Él la detiene y le pega un beso de impresión.  A veces, hay vecinos delante, incluso me da un poco de vergüenza, me dice. Pero no es vergüenza exactamente. Lo que le sucede a Inma, que vive en un municipio pequeño de Murcia donde todo el mundo se conoce, es que teme provocar a quienes no son tan afortunados como ellos. Llevan 20 años de matrimonio. Y cuando Inma me habla de su pareja admite sentirse querida como el primer día. Y sonríe. Y yo le digo ¡Pues qué hermosura!  ¿no?   Se le para el gesto. La sonrisa es serena y satisfecha.

Parece sencillo y lo es. También excepcional. En cuántas ocasiones nos sucede que en nuestra vida todo podría ser perfecto pero nunca encontramos esa pieza del puzzle. Y ahí andamos, desclasados, desnortados. Ni tristes ni todo lo contrario. Es imposible sentirse un bicho raro porque los matrimonios fracasados son la mayoría. Algunos incluso siguen juntos y leen esta columna. Otros, apuestan por el cambio aunque suponga soledad y desconcierto por un tiempo.

Miguel Ángel, extiende un gel mentolado por mi espalda y me habla de ella. Que ya no está. Que una enfermedad fea se la llevó pero siempre fueron felices. Hasta el último momento. Es osteópata. Esta escena nada tiene que ver con el erotismo. Casi somos familia. Lo conozco desde que era una niña. Dos años después de la muerte de su esposa todavía habla de ella con delectación. No pasaba un día que no la viese en ropa interior. Me gustaba ver lo que llevaba, me cuenta. No pasa un día que no la recuerde. A ella, a su gran corazón y su capacidad de amar. Fue la primera, la única. No sabemos si la última

Suertudo, tú, amigo. Cuántos pasarán por esta vida sin encontrar un alma tan afín. Una experiencia tan deliciosa y tan plena. Cuánta gente aguanta un día a día insoportable por el miedo, la hipoteca o los hijos.

Tomás es el más veterano de cuantos me he topado en estos días con matrimonios felices. Le falta muy poco para el 50 aniversario. Cuando le solté el consabido ¡Qué hermosura! Se quedó casi paralizado. Pues sí. Y mil veces sí, me corroboró. Sin palabras. Sólo con ese gesto tan especial. Repitiendo mis palabras. Qué hermosura en verdad.

Muchas religiones hablan de la reencarnación y quizá un matrimonio feliz es el premio a superar un aprendizaje. Es, quizá, el resultado de encontrar a la persona adecuada en el momento adecuado. El veterano me subraya. Sé que hay una cosa odiosa en mi y es que no puedo evitar dar consejos: los jóvenes de hoy tenéis demasiado presente lo que hace cada uno. Como un debe y un  haber. Y en un matrimonio eso no debería existir. La contabilidad sólo es buena para los negocios no para las relaciones largas, duraderas y felices.
Y quien los llama matrimonio, los llama parejas. Esas almas que son corazón y vida. Que gozan del sexo, ese pegamento tan importante del amor y que aceptan al otro a pesar de sus defectos.



domingo, mayo 13, 2018

El pan de la vergüenza






Los cabalistas dicen que rechazamos aquello que no nos cuesta trabajo porque en el fondo a todos nos encanta ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente. O con esfuerzo. Lo gratis no se valora. De hecho, es algo de lo que doy fe. Haces cientos de cosas sin coste por colaborar y ayudar y lo que encuentro, salgo excepciones maravillosas, es una falta de respeto tremenda. No sólo eso, cuando dices poner precio a tu trabajo entonces prepárate a ser aguijoneada por los que te llamaban en momentos de apuro y a los cuales tú hacías un favor.


Imagino que la señora que trabajaba en el 112 francés y que escuchó agonizar a una pobre mujer había tenido un mal día. Quizá su marido no la felicitó por los croissants o le escuchó tirarse un pedo atronador en el baño y pensó: mira en lo que quedó el amor. Quizá le apretaba la falda primaveral del año pasado o se la acabó el agua caliente cuando se enjuagaba el pelo en la ducha. Estoy intentando aplicar el sentido moral del que hablaba Rousseau y ponerme en la piel de esa mujer que fue incapaz de atender a unamoribunda,  máxime cuando ese era su trabajo.


Si uno escucha la grabación encuentra toneladas de cinismo y descreimiento en su voz. Hasta ahí nos ha arrastrado la posverdad. Ya nada es cierto ni tangible. Quizá odiaba su trabajo porque lo había conseguido sin esfuerzo y era un pan de la vergüenza. Quizá trataba así de espantosamente mal a todo el mundo. Mientras yo trato de encontrar una justificación a lo injustificable poniéndome en su piel, ella fue incapaz de empatizar con su interlocutora: "Si ha tenido fuerzas para llamar aquí, también podrá llamar al médico".


Imagino que la sociedad del bienestar es nuestro pan de la vergüenza. Tantas cosas se dan por hechas en nuestras vidas que no las valoramos. Es una cuestión de escalones: se empieza a no valorar el café con leche por las mañanas, el olor de la lluvia, el abrazo de un amor, las risas de tu hijo y terminas por despreciar la vida humana. La vida ajena.


La operadora del 112 francés es un exponente. La punta del iceberg de una Europa que contempla como mueren ahogados en sus aguas miles de seres humanos y que mira hacia otro lado. Que olvida a sus mayores, que no honra la memoria de todos cuanto hicieron algo por nosotros. Por todos nosotros. También aquellas que lucharon por los derechos de las mujeres.


Se empieza por menospreciar todo lo que parece gratis (y que nunca lo es, créanme, siempre alguien paga por ello) y acabamos violando en grupo a una chica drogada.  Y aparecen jueces que hacen disquisiciones absurdas sobre qué es violación y qué no lo es. Y opinión pública cavernícola y caníbal que apoyan esa visión:  la mujer que va sola al matadero merece que la maten, incluso si por el camino cambia de opinión.


Si esto es el inicio de una sociedad pos apocalíptica, si vamos a vivir en unos "Cuentos de la criada" donde la cosificación del ser humano es el pan de cada día, yo me bajo.
Quizá porque tuve días tristes y noche oscura del alma valoro los días alegres. Esos que anotaba en mi diario de niña. Así no olvidaba que también me sucedían cosas buenas.

Quizá por eso tengo un instinto para encontrar lo bello en las pequeñas cosas. Por eso mi pan de cada día no es mi pan de la vergüenza.

domingo, abril 29, 2018

Lugares de encuentro, conexión y excepción









El Whasapp  escupe chistes. Todo el día. A través del móvil llegan memes, videos, gifs, audios. Lo único que me gustan son los enlaces a determinadas canciones. De entre el maremágnum que cada cual recibe en su dispositivo ¿con qué se queda? A veces, con una frase en el momento oportuno. El que está al otro lado sabe que la necesitas.  Y ahí, de 500 contactos de Whasapp nos quedamos con tu grupito de cinco o seis amigos y dos o tres personas especiales. Eso es todo.


Decía Truman Capote que los amigos caben en los dedos de una mano y le sobraban dedos. Luego está ese otro maremágnum, el de los conocidos. Cierto que habrá mucha gente que te estime, que piense en ti como una persona valiosa pero sólo dos tres personas en toda tu vida  te verán como uno entre un millón. Y son esos que te conocen con todas tus virtudes y también con todos tus defectos. Y aún así, se quedan a tu lado. Son esas almas que te dan un lugar de excepción, que comparten contigo lo que con nadie más compartiría.

Y ahí surgen las diferencias entre las amistades y los amigos. Los ingleses hablan de "relations" esa red extensa que te pone nombre y cara y hasta concepto. Por eso relatives tiene la misma raíz. De entre todos tus parientes ¿A quiénes consideras amigos? ¿No es cierto que la mayoría de ellos son amistades/relations? ¿A quién dejarías a cargo de tu hijo en un momento determinado?

Hoy día todo es muy confuso. Conoces a alguien, te cae bien e inmediatamente la colocas en tu estantería mental de la gente que mola. Con esa persona has tenido un punto de encuentro. Los siguientes escalones son más complicados de subir. A veces, no queda más remedio que dejar a la vida que haga su trabajo. Por más que te empeñes o se empeñe el otro, del punto de encuentro no nace necesariamente un punto de conexión y mucho menos un lugar de excepción.

En esta sociedad de solitarios, las redes sociales confunden los roles continuamente . Existen cientos personas con la manita levantada, como si de una gran aula viviente se tratara, pidiendo ser elegidas. Y cualquier detalle es tomado como una invitación a invadir tu castillo. Uno puede ser muy cool pero gestionar este caos es complicado y no hay libros de instrucciones para ello.

Ante esto sólo diré que la vida es una sorpresa. Que es posible que alguien a quien conoces por las redes sociales se convierta en tu amigo del alma, con quien llegas a compartir mucho: sucesos importantes, victorias, el nacimiento de un hijo, un transplante vital, un nuevo amor, un premio literario…pero esto sucede en contadas ocasiones y para eso existen entre ambos, no sólo puntos de encuentro, si no muchas conexiones importantes e insospechadas, quizá milagrosas.

Otorgarle al otro tu lugar de excepción son palabras mayores. Ese otro ha de traspasar la barrera del tiempo, del mal humor, de los días grises incluso de los enfados circunstanciales. Estar tan cerca implica chocar y estallar en ocasiones. No todo es color de rosa.

Así que elige bien a quien das ese puesto en tu vida. Nadie es más que nadie pero tú eres único y maravilloso. No regales tu lugar de excepción. Hazte las preguntas poderosas. Por ejemplo, esa que nos da tanto miedo ¿Quién permanecerá a mi lado cuando mi vida sea un caos? ¿Quién me amará cuando ni yo mismo me ame?

domingo, abril 15, 2018

¿Existe el amor a primera vista?



En el proceloso mundo de las citas algún chico me habló del amor a primera vista y en cómo su idealización de ese instante mágico lo mantenía preso de relaciones insustanciales. Sale con chicas pero no ha vuelto a sentir lo que le ocurrió hace mil años en una discoteca de Torrevieja. Por tanto, todos sus encuentros carecen de importancia y, por supuesto, de futuro. Es probable que se muera y ya no sienta nada similar y como tiene la creencia de que si faltan las mariposas no es amor, saltará de relación en relación perdiendo el tiempo y, lo que es peor, haciéndoselo perder a los demás.


¿Existe el amor a primera vista?
Existe la atracción a primera vista, que luego eso se transforme en amor depende de muchos factores. Es innegable que ese momento mágico en el que que tus ojos, corazón y sexo conectan con otra persona de inmediato produce un subidón espectacular  y nos puede arrastrar a una adicción de sensaciones fuertes. Eso es un chute. No es amor. El chute se puede transformar en relación pero no siempre ocurre así.

El psicólogo Mario Guerra habla de varios aspectos de la persona: el halo, la personalidad, las creencias y los valores. A los guapos siempre les envuelve ese halo especial. Es más fácil que suframos eso del amor a primera vista con un bello/a, que con un feúcho/a.  Esto les ocurre sobre todo a los hombres que son más visuales que nosotras. Si el halo nos impacta pero personalidad, creencias y valores no están en consonancia con nosotros, ese subidón no fructificará en nada sólido. Se quedará en un gas bonito, en una nube de color rosa. Dejadme que me ponga cursi, ya que estamos hablando de flechazos.

Idealizamos el amor a primera vista porque confundimos intensidad con profundidad. Que de pronto alguien no te quite ojo y viceversa, que sin saber nada de esa persona sólo quieras acercarte a ella, olerla y conocer cada detalle de su vida es algo muy intenso. Imaginad que esto nos sucediese a diario, o una vez por semana. La cabeza se iría de madre y viviríamos presos de ese "sasasú" paranoíco. Por eso el amor a primera vista ocurre en tan contadas ocasiones y siempre te pilla con la guardia baja.

La intensidad es maravillosa pero qué duda cabe que uno se siente a gusto cuando ha establecido un vínculo sólido con la otra persona a fuerza de coincidencias y compatibilidades. De esa intensidad pasamos a la profundidad, una vez se calma la química y se da tiempo al tiempo.

Existen hermosas relaciones que no pasan por el flechazo. Que se construyen a base de diálogo, encuentros y desencuentros. Y amas a la otra persona por lo que es, no por una idealización irreal. 
Por supuesto, debe reinar una atracción de base para encender el motor y los corazones.
El otro no te promete un orgasmo infinito como ocurre en el subconsciente cuando te atraviesa un flechazo. El otro se acerca despacio, te va conociendo y teje una tienda de campaña a tu alrededor. Y entonces llega ese momento también mágico. Ese instante en el que estás con él/ella tan natural como si estuvieras contigo mismo. Y no necesitas hacer piruetas, ni tan siquiera hablar.

Los fuegos artificiales se sustituyen por esa calma pletórica de mirar a tu partenaire a los ojos y encontrarse con su verdad y enamorarte de ella.  Y él de la tuya.
Ese es el camino contrario al flechazo, la carretera secundaria del amor que, a la postre, construye relaciones más reales y duraderas.


domingo, abril 01, 2018

Detrás del cristal




Hace unos días un ex novio me vio por la calle y en vez de pararme o saludarme, me envió un audio horas después. Que parecía una niña, que parecía hasta contenta, como "Alicia en el país de las maravillas". Esta tontería me hizo reflexionar.

Para mi amigo soy un caso perdido. Divorciada, 47 años, con una economía tambaleante; Sola en la vida haciendo frente a todos los desafíos. Pero hete aquí que estoy feliz en el vertedero de los "singles". Los hombres creen que no somos nada sin ellos y se equivocan. Yo también estaba errada. He pasado décadas con terror a la soledad. Y el camino del miedo siempre te conduce al descalabro o al hastío.

Quizá sea cierto, vivo detrás de un espejo, todo me llega insonorizado en mi burbuja de realización conmigo misma. Y en estos momentos la relación más importante que tengo es con Lola. Los compromisos que adquiero están en una lista de intenciones que no comparto con nadie y si, "parezco hasta contenta" es porque lo estoy. A veces, hasta yo misma me extraño.

¿Cuántos de nosotros vivimos tras el cristal?  Allí a veces hace frío, niebla, incluso te pierdes en el punto de fuga. Y tú misma te cansas de tu propio reflejo por más piruetas que realices. Ese yo repetido hasta el infinito te devuelve tus mil caras. Las hermosas, las terribles, el monstruo, la bella pero cumplir las metas que te marcas te otorga un plus de credibilidad contigo misma. Subes puntos, sube tu autoestima y esa que está frente al espejo te parece una tía increíble, que madruga y que se sonríe satisfecha a las siete de la mañana.  Y llega ese momento en el no estás dispuesta a renunciar a nada, ni hacer concesiones al otro lado del cristal, si éstas te violentan, si te afrentan, si entran en franca contradicción con tu lista de intenciones. A tu lado sólo sobrevive alguien con tu misma escala de valores y tu mismo entusiasmo por la vida. Una aguja en un pajar, sí.  Por eso a veces es mejor sola, Alicia.

En esta sociedad pantallizada, donde todos somos paseadores de móviles, cada cual está en su burbuja especial, tras su cristal y nos vemos reflejados en las miradas de los otros. Cuántos adolescentes viven obsesionados con los "like" en sus cuentas de instagram. Nos auto observamos y auto retratamos a cada rato.

Aprender a mirarse y retratarse las sombras y los escombros es bueno. Quedarse perpetuamente tras el cristal es malo o, como poco, aburrido. Como ver a alguien a quien dices querer por la calle y quedarte mirándola, de brazos cruzados y garganta muda.

Romper el techo de cristal es tarea de todos, no sólo de Alicia que traspasa espejos, que se cae en pozos, que come y bebe lo que no debe, que se junta con malas compañías y casi consigue que le corten la cabeza. Las relaciones tras el cristal son una estafa. Lo mismo ocurre con las personas que son pura intención y nunca acción. Obras son amores.

Llevo días escuchando la palabra merecer. Nosotros no escogemos el objeto de nuestro amor pero sí podemos decidir en quien depositar la confianza y el afecto. El trabajo y el compromiso con nosotros mismos es lo único que en verdad nos hace merecedores. El premio es que sales de tu huevo, rompes el espejo y eres esa persona que siempre habías soñado ser y te enamoras de ti.

Que nadie se extrañe si te ven paseando por la calle con una sonrisa en la cara. Ese privilegio te lo has ganado.

lunes, marzo 19, 2018

Gritarte es un placer



El cuerpo exclama lo que lleva por dentro. Suspiros, risas nerviosas y ese grito. La explosión que se sucede durante y tras las fases de excitación y meseta. Esa explosión se denomina orgasmo, como probablemente sepan. Si en el transcurso de tan delicioso viaje se pierden, recuerden las siglas de Masters and Johnson: EMOR, o sea, Excitación, Meseta, Orgasmo y Resolución. Es como la palabra AMOR pero con “E”.


En la mayoría de ocasiones el aparato fonador ni se lo espera. Tú tampoco. Y cientos de rimas, cuentos y leyendas giran alrededor de ese instante, de ese calambre. Y uno se libera. Quizá no haya nada más auténtico y real que el grito surgido de las entrañas cuando llegamos al clímax. Aunque también hay soberbios fingidores.


¿Por qué gritamos al hacer el amor? Y me refiero a nosotras porque lo de ellos es casi un gruñido, la onda sonora del esfuerzo, el romper de la ola, un placer rizado que vibra en la boca. El volcán liberado tras la insoportable excitación. La dulce rendición y la segregación inmediata de prolactina, esa hormona que acompaña a nuestros dulces hombres en el periodo de resolución y los pone a roncar inmediatamente después.

Cuando el sexo es apasionado, intenso, lujurioso nos gusta más. A más deseo, más jadeos. Este binomio no falla y si la pareja te acompaña se sumará a tu canto erótico. Efectivamente, determinadas mujeres gritan y jadean para excitar al compañero. Es algo totalmente involuntario pero seguro que recuerdan algún momento glorioso con esa banda sonora de “Y yo más”. De esos duetos nadie da cuenta: existen en nuestra memoria, con suerte en nuestro presente y en el pabellón auditivo de alguien ajeno a tal festín (también casi siempre de un modo involuntario)


También las hay menos románticas que —conocedoras del subidón que provocan sus gemidos—se ajetrean y exclaman hasta con cierto escándalo para que ellos acaben de una puñetera vez. Ojo, también puede ser no premeditado, al menos conscientemente. Porque en la vida hay de todo: días de amor inmenso y días a las que una no le apetece picar más piedra. Porque hacer el amor con alguien que no te pone es exactamente eso. Un esfuerzo que te quieres quitar de encima cuanto antes. A veces, incluso de manera subconsciente “cómo voy a tratar yo mal a mi bizcochito, de eso ni hablar”. Pero lo tratas. Porque te aburre. Así que, cuatro alaridos, cariño, y estarás roncando en 3, 2, 1 ¡Ya!

¿Pero por qué en verdad gritamos las mujeres? Por genética. Un residuo de cuando éramos, digamos, menos evolucionados. Las noches de copulación eran exactamente eso, noches enteras dedicadas al noble arte de la inseminación fértil. El grito de la hembra era un llamado a los otros machos de la manada para que acudieran a inseminarla. Las mujeres de la prehistoria mantenían relaciones con cinco o más amantes en la misma noche. Así ha sido el 95% del tiempo de vida de la mujer sobre la faz de la tierra ¿Todo les cuadra ahora verdad, amigas? A nosotras nos cuesta arrancar, pero luego no podemos parar. O nos fastidia.Y a ahí los tienes a ellos, en otra galaxia a los cinco minutos de eyacular.

La madre naturaleza llama a la reproducción de la especie y en nuestro ADN eso es imborrable por eso ellos duermen tras la cópula y la mayoría de nosotras se desvela. Por eso algunos son silenciosos y la mayoría de nosotras, cuando nos sentimos en libertad, gritamos. Así complacemos a nuestro macho, sí, pero también llamamos a todos los demás.