lunes, octubre 08, 2018

Colegialas



Que te gusten las falditas de colegiala es un argumento muy endeble a la hora de apoyar la educación concertada. Es lo que ha hecho un concejal de Ciudadanos en Alcañiz (Teruel). Ha sucedido esta semana en un debate sobre la libertad de elección educativa. En concreto el señor ha dado la siguiente explicación: “cuando tenía 15 años y mi mujer trece o catorce, ella iba con el uniforme de faldita gris de las Anas y nunca me ha excitado más que en aquella época, fíjese si me gustan los uniformes de las monjas”.

Se llama Joaquín Galindo. No lo olviden porque la estulticia tiene nombres y apellidos siempre. Al igual que la corrupción y las vaginas parlantes tan en mente de Villarejo.

Que a un hombre le gusten las falditas de colegiala no tiene nada de malo, salvo que  le meta mano a una menor. Que tenga recuerdos fantásticos de su época adolescente es maravilloso, pero ¿Qué pensará la pobre esposa? ¿Ahora ya no te pongo, cariño?

Pobre mujer, en boca de todo el mundo. Que si le tocaba el culo cuando eran unos jóvenes granujientos y que si ella se dejaba ¿Pero a quién le importará la vida sexual de Joaquín Galindo ni sus fantasías más marranas? A mi no, os lo aseguro pero que puede tenerlas, por supuesto. Que puede hablar de ellas en una conversación distendida con sus amigos de cavernas – digo de tabernas— pero ¿sacarlas a colación en un pleno municipal?

Cabezas pensantes de los partidos políticos: un poquito más de ojo a la hora de hacer el casting, por favor.

Pero volvamos al rollito colegiala. No descubro la pólvora si expongo que es una fantasía recurrente de muchos hombres, como la de la enfermera y sus inyecciones. Esas cosas tan estereotipadas como los tacones de aguja paseando por el torso de algún cincuentón aburrido entrado en carnes y sudoroso. Perdonad, pero mi mente lo ha creado así. Además, tiene un flequillito de esos con los que intenta tapar su cabeza calva como bola de billar.

Hombres del mundo: ¿La imaginación sólo les da para eso? ¿Nunca superaremos la Lolita creada por el maravilloso y talentoso Nabokov? Tiene gracia, por cierto, que su apellido comience por “nabo”. Los khabalistas tienen toda la razón: las palabras nos definen, incluso antes de nacer. Esto es lo que es lo que le ocurrió a Vladimir con este apellido que presagió su gran éxito literario. Una obra brillante sin parangón.

La concejal del PAR, Berta Zapater, dijo el pasado miércoles sentirse muy ofendida. No Berta, no. Aquí la agraviada es su santa, el dudable buen gusto del resto del país y la lógica aplastante que se le debe presuponer a los que manejan los asuntos públicos.
El rollo colegiala me da mal rollo. La repetición de estereotipos sexuales me provoca el bostezo y me alerta ante lo que ha difundido el porno, el pseudo porno y la industria de las carnes exhibidas en todo tipo de soportes.

Nada tengo en contra de esto salvo por la imagen cada día más denigrante y felpudiana de la mujer. Y desde aquí os lo digo: otro porno es posible. Y, por ende, otro sexo y, por ende, esa sexualidad natural magnífica, hermosa, resplandeciente donde los protagonistas del acto son los contrayentes, no los clichés ni las fantasías recurrentes y repetidas “forever and ever” por la industria audiovisual.

Hombres y mujeres del mundo: Abrid la mente. Vuestro sexo es vuestro. Hacedlo diferente, único, creativo y esplendoroso. El rollo porno me baja la libido. Aunque lo mismo ni os importa. Por suerte, esto es una columna de opinión y no un pleno municipal.

sábado, septiembre 08, 2018

Aretha

Hay canciones que muestran el interior, tu interior y el de tantas otras mujeres cuando escuchas las letras que interpretó Aretha.
 Por ejemplo, You make me feel like a natural woman de Carole King. Ese es el auténtico romanticismo. Sin cursilerías. Cuando encuentras a un partenaire con el que puedes ser tú. Con el que no hay disimular y pobre de ti si lo haces, porque sabe -- casi en tu misma sincronía temporal-- lo que piensas. Ese que es como una segunda piel cuando acompaña tus días.
Qué decir de Respect, compuesta por Otis Reding, en la que el cantante le pedía a su chica que le tuviera la cena dispuesta en casa cada noche a su llegada porque para eso él traía el dinero. Aretha le dio dos o tres vueltas y la convirtió en un himno feminista. Dámelo, cantaba el coro de fondo añadido por ella: “sock it to me”. Un matiz apenas perceptible pero ese Respect descarado y magnífico en boca de Franklin ponía de manifiesto todo lo contrario al sentido de Otis: “esa chica me ha robado la canción”, comentaba Redding más cabreado que un mono por las esquinas.
La diferencia entre los cantantes y los grandes intérpretes es esa: un tema ya nunca volvía a ser el mismo cuando la voz de Aretha, su espíritu y energía se adueñaban de él.
Think es como la secuela del Respect. Esta vez con las palabras adecuadas: “piénsalo bien antes de hacer lo que me estás intentando hacer”. Letras con un indudable sentido sexual y picarón.
I say a Little prayer del grandioso Burt Bacharach podría ser casi una ñoñería si no fuera por la garra de esta imponente mujer de Detroit. Y una vez más se obra la magia. Y estás frente a un espejo, enamorada como una tonta, cantando I Little prayer. Y te lo crees. Te crees en verdad que vas a rezar por ese petardo de novio que tienes.
La otra Aretha imprescindible es la de los espirituales. Los arcángeles ya la han visto revoloteando por ahí cantando aquello de Sweet Lord.

Escarabajos

Los yoguis no paran de embarullarnos con lo de soltar y fluir. Como si fuera tan fácil. Yo estoy en el camino no sin grandes dosis de sufrimiento. He aprendido a soltar a fuerza de sentirme amarrada.

El plasta de turno que no para de escribirte aunque nunca le contestes. El escritor que se autopublica y te persigue para que leas su libro; aquella vecina lejana a la que ayudas un día y pasa el resto de las tardes a visitarte a la hora de la siesta, sin avisar, por supuesto o teleoperadores muy simpáticos que también te llaman a eso de las cuatro.
Este verano me ha perseguido también el calor, la falta de sueño que se te pega a los párpados como un pesado insoportable y las imágenes de todos esos petardos de Facebook que presumen de vacaciones mientras tú ni las olerás.
Lo mismo soy yo que tengo manía persecutoria.
Odio este verano. Y me regodeo en ello porque me persigue como los pretéritos amantes inconsistentes que te confiesan su amor y luego se desvanecen. Menos mal que una ya no se cree nada.
Y me persigue la palabra desvanecer, que es la que utilizan en el 112 cuando avisan de que un abuelo ha fallecido en las aguas el Mar Menor, o el mar mayor, como dice mi madre.

Desvanecerse es bueno. Y desaparecerse y cambiar de piel. Con un poco de suerte, los perseguidores se confunden y se esfuman. Si hay un perseguidor que odio entre todos, es el perseguidor pelotero. Escarabajos del embaucamiento. No me trago ni un piropo. Los que dan coba siempre buscan algo a cambio.
En este verano horrible de políticos horribles, de odios al diferente, del proteccionismo salvaje de las sociedades mediocres, me persigue el hedor del miedo porque la xenofobia es manía persecutoria en estado puro. Porque en este mundo o cabemos todos o sobramos todos. Y, mientras tanto, el ártico se derrite y nacen islas de plástico de nombre indeterminado.


Suelo ser positiva pero este verano de escarabajos está siendo demasiado.  Salvo por lo de fluir y soltar.

Hilo

Este verano se ha puesto de moda contar historias en twitter. Y avisan. ¡Eh, que abro hilo!.
Y en sucesiones de mini post te plantan un artículo de opinión, una historia de ficción, pronósticos políticos, justificaciones y aclaraciones al margen, como acotaciones de la vida real, o interesantes relatos de los gays de la historia.
Lo del hilo es antiguo como la vida. Las señoras de los pueblos se pasaban las tardes de domingo en sus sillas de enea, tejiendo jerséis y bufandas para los nietos o manteles de ganchillo con hilo perlé.  Y pegaban la hebra con lengua e hilos de colores. Desmadejaban historias de las comadres, viejos mitos de familia o entrañables cotilleos de queridas, novios abandonados a la puerta de la iglesia y mujeres que morían abruptamente tras el parto.
Esto del hilo deja de manifiesto que somos unos rolleros y que el desafío de los 120 caracteres estaba bien al principio pero cuando algo nos carcome por dentro  tenemos que soltarlo. Y ríete tú las limitaciones. El mundo ruge y las redes sociales se vuelven campos minados, alambradas de odio y desprecio pero también deliciosos rincones de esparcimiento.
Twitter es un enorme pulmón por donde circula el oxígeno y ocurrencias pero también flemas y tumores.
 Lo del hilo es un síntoma. Lo veo claro. Es la incontinencia, es la eliminación del límite, de la frontera, porque, en general, odiamos que nos marquen el territorio, nos pinten líneas rojas de “por aquí no se pasa” y — si bien durante un tiempo lo hemos disimulado bien– ahora todo es una inundación. Hay mareas humanas imparables y manadas de palabras que buscan refugio en su tribu. O un lugar donde pasar la noche.
Nos desbordamos. A veces la vida me parece como una bola de masa fermentada que ha campado a sus anchas por la encimera de la cocina. Y, la verdad, me asusta
Los límites son buenos, en especial si uno aprende a ponérselos a los demás. Poner límites te empodera. Y si te ven como una borde, qué le vamos a hacer. Sobre esto podríamos debatir. Abro hilo.

domingo, julio 15, 2018

Ansar






Podríamos decir aquello de cuando habla sube el pan. Pero no. Cuando habla parece que tuviera un mendrugo gigante dentro de la boca ¿Pero qué le pasa a este hombre?

El que fuera presidente del Gobierno es un Grinch molesto que sólo sale a la palestra para perorar sus discrepancias y recordarle al universo que él lo habría hecho mejor—pero mucho mejor— que nadie.
Aznar , con sus abdominales de entrenador personal, su bigote desteñido —ahora afeitado— es una versión gruñona de Ned Flanders que simula un extraño alzheimer pues parece no recordar nada de su etapa como presidente.  Salvo que lo hizo mejor  —pero mucho mejor—que nadie.

Ansar no está de acuerdo con el juicio de la Gürtel , ni todo lo contrario. Ansar quiere apostillar pero  siempre se queda  en "yo te señalo con el dedo pero no me adentro en detalles engorrosos porque así  me mojo lo justo".  Ansar ha olvidado que al frente de RTVE puso a un diputado de su partido.

No sé en qué momento Aznar perdió pie con la realidad. Imagino que cuando daba ruedas de prensa en español con acento texano, acompañando a George arbusto, algún tornillo ya se le había caído de las entretelas de su cerebelo… pero ahí siguió. Y su foto ha estado en los despachos de muchos dirigentes del Partido Popular años y años. Repito: años y años.

Ansar nunca fue santo de mi devoción, a qué negarlo. Pero es que últimamente lo siento como una caricatura de sí mismo.  Mucha labia, mucho tirar balones fuera y ese habla corrido que es un borra palabras como de quiero parlotear pero sin que se me escuche. El que quiera entender, que entienda. Ansar es el oráculo arcano de las sibilas.

No sé qué pensarán los militantes de carnet del PP. Así, desde fuera, Rajoy me cae muchísimo mejor.  Rajoy que ha renunciado a su sueldo vitalicio, que con humildad regresa a su puesto de registrador a Santa Pola. Rajoy que cuanto peor, mejor.  Rajoy, con todos sus defectos, es humano. Para Ansar no tengo más palabras.

lunes, julio 09, 2018

El paradigma de Jane





¿Qué es lo normal? El equilibrio entre lo que tienes y lo que quieres. En la actualidad vivimos una media de 34 años más que nuestros bisabuelos ¿Es esto normal?.  
Queen cantaba aquello de ¿Quién quiere vivir para siempre? y lo cierto es que hoy día lo normal es sobrepasar la barrera de los 70 en un estado físico más que aceptable.
Enfrentemos un hecho: la vida ya no es lo que era. Nuestros yayos son súper yayos. Mis cuarenta y tantos no son los de mi madre y hemos de prepararnos para un nuevo paradigma: la madurez y la vejez ya no son sinónimos de decrepitud.


Esta semana mis redes sociales se hacían eco de un magnífico discurso de Jane Fonda. Dice Fonda: si a partir de los 50 nos quedan más o menos 30 años de vida útil ¿Por qué la sociedad continúa encerrada en el arco imaginario de nacer, desarrollarse, llegar al cénit de tu vida y, a partir de ahí,  ya destinarnos a la decrepitud? ¿Por qué esta ola malvada pretende encerrar a los mayores en la estantería de la tercera edad para que no molesten ni se hagan demasiado de notar?


El establishment lo lleva claro:  señores y señoras estupendos de setenta y tantos le hacen al sistema un soberano corte de mangas.

A los defensores de la juventud a ultranza les doy dos noticias; la primera: la jubilación no es sinónimo de estulticia. La segunda: desperdiciar el conocimiento de los que han vivido más años que nosotros es tirar el oro, gallina incluida, a la basura.


Fonda añade que nos pasamos la vida —sobre todo la juventud y la madurez— intentando encajar, afanándonos en hacer y hacer para que el sistema nos acepte, buscando el éxito para que el clan nos respete y no nos expulse de su círculo dorado. ¿El resultado? De sujetos nos transformamos en objetos y en nuestro esfuerzo por agradar y encajar, los otros —el sistema, quienquiera que sea— nos utiliza. Lo peor de todo es que nos dejamos.

Jane, con 80 años,  ha llegado a esta conclusión porque al aterrizar en el tercer acto de su vida decidió analizar qué había hecho de positivo en los dos primeros actos. Porque esa es otra. Al igual que la edad no es sinónimo de idiocia, los años no imprimen conocimiento por obra del espíritu santo. A la sabiduría se llega después del análisis y la reflexión.

Ahora que están tan de moda los políticos jóvenes que apenas han hecho otra cosa en su vida que militar en las juventudes de sus respectivos partidos os pregunto: ¿De verdad de la buena confiáis en ellos? Porque yo no. Desde aquí lo digo. Si no hay un Borrell detrás,  Pedro Sánchez se me cae un poco del pedestal. Si no hay un mentor en condiciones o la apertura necesaria al pasado, un joven por sí mismo  poco puede aportar salvo el entusiasmo, que suele ser estúpido. Y os lo dice una entusiasta cerril que ha cometido errores imperdonables en su vida y sobre todo, en su juventud.

Fonda concluye que en lugar de un arco, el nuevo paradigma debiera dibujarse como una escalera. Y a medida que uno avanza en años, avanza en conocimiento, sabiduría, serenidad y felicidad.

Siempre he adorado escuchar a los mayores. He aprendido lo indecible de ellos, quizá me haya dado una perspectiva de la vida algo anciana, es posible, pero gracias a ellos dejé de vivir sin miedo hace mucho, mucho tiempo.

domingo, junio 24, 2018

Que se mueran los feos







Los reclutadores de los equipos de béisbol profesional tienen una máxima. Jamás fichan a un jugador si está casado con una mujer fea porque, según ellos, denota falta de seguridad en sí mismo.

Ni se imaginan la controversia que ha generado este axioma en las redes sociales, ante lo cual afirmo:  mucho defender a las feas, sobre todo los hombres, pero luego bien que se fijan en las guapas. Y luego, lo peor, la demonización de las guapas. Como si ser fea fuese garantía de un alto coeficiente intelectual o de una profundidad de alma impresionante. Y desde aquí lo digo igual me caigan chuzos de punta: hay guapas inteligentes y buenas personas y luego hay feas que son envidiosas, marujonas, chismosas y sin ninguna inquietud por mejorar ellas mismas ni su entorno.
Esto aplica también para nosotras. 

Escribo esto porque jamás he salido con hombres feos y cuando, en una de esas épocas de falta de seguridad, he optado por darle la oportunidad a un troll gracioso, ha resultado ser — no tonto, no— pero quizá el más cabrón de todos (y perdón por la palabrota).

Con esto quiero decir que cada cual salga con quien le apetezca y que para gustos los colores, por supuesto, pero que el físico es algo que se puede trabajar. Hay mujeres de belleza limitada que se sacan partido , que son seductoras, inteligentes, que se sienten  bellas y son percibidas como tales por todo el mundo, hasta por los seleccionadores de estrellas del béisbol.

Un ejemplo que siempre me ha encantado es el de Barbra Streisand. De acuerdo, nunca ha ido de sex-symbol pero podía ser sexy y hasta bella según los planos. Ahí la tenemos en perfecto estado de revista con 76 años y casada desde los 50 con un guaperas del cine que aún conserva su encanto.  Y, sí, es mayor que ella por dos años. Ella misma decía: "I'm unatractive but beautiful". La belleza reside en ese enorme poder personal y esa fe en sí misma a prueba de bombas, a prueba hasta de una industria del cine híper machista.

Mi ética es mi estética, decía Albert Camus. En realidad no sólo él. Grandes filósofos se han centrado en el valor de la estética como una manifestación física de algo profundo. Si yo no me cuido muestro escaso valor conmigo mismo ¿Cómo puedo pretender que me valoren los demás? ¿Incluso los seleccionadores de las estrellas del béisbol?

El axioma de los seleccionadores  tiene su punto de verdad por mucho que os moleste a los defensores del feísmo. Y esta verdad es que alguien que se respeta y se ama, se cuida, no se abandona y su físico puede ser más o menos espectacular pero su apariencia será impecable la mayor parte del tiempo. Esa impecabilidad nace de una inquietud por vivir.

El que permanece al lado de alguien que se ha abandonado, también hace mucho tiempo que tiró la toalla. Es incapaz de competir por nada. Y menos ligarse a una guapa porque se creerá incapaz de mantenerla enamorada y a su lado.

No tolero a las personas que se abandonan. Puedo ser hasta un punto cruel. La belleza es una actitud, dice Walter Riso. Huyo de los que van de víctimas o se acomodan. Siempre, siempre se puede mejorar. Hay que estar en el mercado todos los días. Y todos es todos.
Los feos y las feas son todos guapos en potencia pero, para eso, uno debe amarse, respetarse y sentirse único, una criatura fascinante como ninguna otra. Pues, ¡hala! ¡A espabilar!



domingo, junio 10, 2018

Malditos solitarios (el orgasmo perfecto)








Una coach mexicana muy graciosa dice que los hombres son como los autobuses. Cada cinco minutos pasa uno. Yo añadiría: de todos ellos, el 70% prefieren tener placer solitario, o sea, masturbarse, en lugar de apostar por una relación verdadera.

Hay casos más dramáticos, todos reales. Chavales entre 20 y 30 años que optan por pagar una prostituta un fin de semana al mes en lugar de tener novia.

La soledad se está convirtiendo en un vicio. Si nos dan a elegir entre aventurarse y quedarte como estás, la gran mayoría opta de cabeza por el status quo, lo cual significa, o bien encadenar relaciones insustanciales de sexo sin implicación emocional, o refugiarse en fantasías animadas. Algunas proceden de tus recuerdos o de la recreación de tus recreos favoritos. Otras son meros artículos de consumo, véase, porno.

Entre el camino del amor o el camino del miedo elegimos por el camino del miedo.  Y hablo de los hombres porque, por regla general, son más miedosos que nosotras. Pero de esto no se libra nadie.

La masturbación como forma de autoconocimiento y gratificación personal me parece un instrumento maravilloso. Como sustituto de las relaciones personales, sin embargo, es un horror. Y mucho me temo que vamos de cabeza a sociedades donde la jornada laboral termina en soledad, frente a una pantalla y, a veces, un salpicar de fluidos en lugares domésticos. Quizá la pantalla de un teclado o de un Android.

Siento mostrar estas imágenes duras, feas, antipáticas pero es que esa realidad lo es. Ya nos veo como los japoneses comprando bragas usadas en las estaciones de metro para consumir tranquilamente en casa, a saber de qué forma.

Las redes de tráfico de imágenes eróticas, explicitamente sexuales y de pedofilia inundaron hace tiempo nuestros móviles.  Según la prensa de esta semana, la Policía Nacional ha desmantelado una red de distribución de pornografía infantil a través de un grupo de la aplicación de mensajería WhatsApp del que formaban parte trescientos usuarios; siete de ellos han sido detenidos. De estos detenidos, atención, seis eran menores de edad. Espeluznante.

La masturbación es sana, no es un delito. Además, te evitas contagiarte energías raras de los otros por no hablar de determinadas infecciones, pero la masturbación como forma de vida es un disparate. Y no me refiero al caso extremo del tráfico ilegal de distribución, venta y consumo de pornografía de cualquier tipo.

La masturbación está bien para que los adolescentes descubran su cuerpo; La masturbación es un remedio para las temporadas esas de sequía donde nadie te embelesa, donde optas por la soledad para recomponerte por un tiempo. La masturbación es perfecta para esas personas a las que les duele todo el cuerpo y practicar sexo se les antoja poco menos que algo acrobático pero la masturbación como sucedáneo eterno de las relaciones sexuales completas— piel con piel— con alguien que amamos, nos gusta o nos despierta un deseo de fuegos artificiales, es de una tristeza sin límites.

¿A qué le tenemos tanto miedo? La época de cazar mamuts ya pasó. Los otros no son el problema. Los otros son, básicamente, como nosotros. No son el enemigo.

Sin el otro se acabó la interacción, la comunicación, el contacto, el diálogo, la transferencia de ideas y sentimientos. Sin el otro, no hay referencias, pero es que no hay ni risas, ni calor, ni orgasmo perfecto, que no es el sincronizado, no. El orgasmo perfecto es la satisfacción de ver gozar al otro, tanto o más de lo que gozas tú. Sin eso, la vida no tiene puta gracia.




domingo, mayo 27, 2018

Esos matrimonios felices









Pues sí, existen. Conozco algunos y esta semana me he topado con ejemplos claros. He mirado a los interfectos a la cara (a veces era ella sin él, a veces él sin ella) y yo, divorciada y con relaciones fracasada a mis espaldas, era la que les recordaba lo afortunados  que eran.


Efectivamente, hay matrimonios felices. Incluso algunos de ellos llevan muchos, muchos años. Inma me cuenta que se tropieza a su pareja por la calle, a veces de casualidad, por el centro del pueblo.  Él la detiene y le pega un beso de impresión.  A veces, hay vecinos delante, incluso me da un poco de vergüenza, me dice. Pero no es vergüenza exactamente. Lo que le sucede a Inma, que vive en un municipio pequeño de Murcia donde todo el mundo se conoce, es que teme provocar a quienes no son tan afortunados como ellos. Llevan 20 años de matrimonio. Y cuando Inma me habla de su pareja admite sentirse querida como el primer día. Y sonríe. Y yo le digo ¡Pues qué hermosura!  ¿no?   Se le para el gesto. La sonrisa es serena y satisfecha.

Parece sencillo y lo es. También excepcional. En cuántas ocasiones nos sucede que en nuestra vida todo podría ser perfecto pero nunca encontramos esa pieza del puzzle. Y ahí andamos, desclasados, desnortados. Ni tristes ni todo lo contrario. Es imposible sentirse un bicho raro porque los matrimonios fracasados son la mayoría. Algunos incluso siguen juntos y leen esta columna. Otros, apuestan por el cambio aunque suponga soledad y desconcierto por un tiempo.

Miguel Ángel, extiende un gel mentolado por mi espalda y me habla de ella. Que ya no está. Que una enfermedad fea se la llevó pero siempre fueron felices. Hasta el último momento. Es osteópata. Esta escena nada tiene que ver con el erotismo. Casi somos familia. Lo conozco desde que era una niña. Dos años después de la muerte de su esposa todavía habla de ella con delectación. No pasaba un día que no la viese en ropa interior. Me gustaba ver lo que llevaba, me cuenta. No pasa un día que no la recuerde. A ella, a su gran corazón y su capacidad de amar. Fue la primera, la única. No sabemos si la última

Suertudo, tú, amigo. Cuántos pasarán por esta vida sin encontrar un alma tan afín. Una experiencia tan deliciosa y tan plena. Cuánta gente aguanta un día a día insoportable por el miedo, la hipoteca o los hijos.

Tomás es el más veterano de cuantos me he topado en estos días con matrimonios felices. Le falta muy poco para el 50 aniversario. Cuando le solté el consabido ¡Qué hermosura! Se quedó casi paralizado. Pues sí. Y mil veces sí, me corroboró. Sin palabras. Sólo con ese gesto tan especial. Repitiendo mis palabras. Qué hermosura en verdad.

Muchas religiones hablan de la reencarnación y quizá un matrimonio feliz es el premio a superar un aprendizaje. Es, quizá, el resultado de encontrar a la persona adecuada en el momento adecuado. El veterano me subraya. Sé que hay una cosa odiosa en mi y es que no puedo evitar dar consejos: los jóvenes de hoy tenéis demasiado presente lo que hace cada uno. Como un debe y un  haber. Y en un matrimonio eso no debería existir. La contabilidad sólo es buena para los negocios no para las relaciones largas, duraderas y felices.
Y quien los llama matrimonio, los llama parejas. Esas almas que son corazón y vida. Que gozan del sexo, ese pegamento tan importante del amor y que aceptan al otro a pesar de sus defectos.