lunes, septiembre 15, 2014

Sobredosis de realidad





Hace años se lo dije a un amigo que decidió un día, de golpe y porrazo, dejar los chupitos de whisky. De pronto, el sol no le parecía tan brillante, su calle no era tan cool, yo no era tan guapa. Le vino la realidad como una enorme montaña de piedra, insalvable, inabarcable y sufría lo indecible por haberse mentido a sí mismo tanto tiempo gracias a los chupitos de whisky. "Tú lo que tienes es sobredosis de realidad", le dije. "A pesar de todo, cuando dejes el alcohol del todo comprobarás que la vida sigue siendo maravillosa".

De igual modo, recién aterrizados de las vacaciones, con este calor infernal, con los madrugones y el fardo de obligaciones diarias, de pronto, los días nos parecen una sucesión insufrible de pesadas horas. Ha cambiado la perspectiva desde la cual contemplamos el paisaje. Igual que cantaba Edith Piaf, ver la vida de color de rosa depende sobre todo de nosotros pero, qué duda cabe que el entorno ayuda.

El verano es crucial para las parejas. O las une, o las separa definitivamente. No hay como pasar un montón de horas con tu partenaire, compartir experiencias, situaciones —agradables, desagradables, inoportunas— para saber si la persona que tienes a tu lado merece tu confianza, tu amor, tu interés o tu lástima, tu desidia y tu "hasta aquí hemos llegado".

Sucede que, en ocasiones, uno vive un verano espectacular, redescubre a quien tiene a su lado. O, simplemente, baja la guardia, se relaja y se atreve a conocer de verdad a otra persona. Porque esto es así. Durante la vigilia, o sea, durante el curso normal, salvo excepciones, mantenemos las barreras levantadas. El sentido común es el capitán de nuestro cuerpo; las obligaciones, unos coroneles de hierro que nos impiden sentir. Que atenazan los deseos. Y el deseo, tan menospreciado en ocasiones, también tiene derecho a opinar sobre nuestra vida.

Me imagino al deseo y al instinto peleando contra el sentido del deber y la responsabilidad. A la locura contra la cordura. Y, sí señor, a veces hay que pegar un golpe de timón y hacerle caso a nuestro afán "vividor"; al niño que ansía nuevas experiencias y quitarnos las viseras que quizá nos colocaron en la infancia, arrebatándonos todo el campo de visión. 

El verano es un tiempo de gracia, perfecto  para liberar al enfant terrible que llevamos dentro, así que, querido lector, quizá te ocurra como a mi, que regresar a la áspera ciudad de calores, prisas, atascos y ruido haya roto en parte tu sueño, el sueño que creías cumplido (quizá una autoliberación, quizá un buen amor o incluso un súper amor) y despiertes abotargado, desubicado, perdido.

Te diré como le decía a mi amigo, el que abandonó los chupitos de whisky. No sufras, avanza en tu día a día, lleva sobre tus espaldas con una sonrisa el maldito síndrome post vacacional y abandona las dudas. Si sentiste libertad, pasión por vivir y amor cerca del mar, en la montaña, en el extranjero o haciendo el Camino de Santiago, qué se yo, no fue una alucinación ni una ilusión. Te atreviste a quitarte esas anteojeras que llevamos como los burros para no distraer nuestra atención. 

Hoy tienes sobredosis de realidad pero si te atreves a vivir sin las barreras que la rutina nos impone, todo te resultará igual que hace unas semanas (que parecen años, quizá por lo lejano que resulta ya todo). Tú serás cool, tu calle te encantará, tú mismo creerás de nuevo en la posibilidad de una "isla", esa donde eres el rey, esa que has habitado siempre y que, en definitiva, te pertenece.

Imagen de Herb Ritts



sábado, septiembre 13, 2014

Los recuerdos en Territorio G



Aquí va el TerritorioG de esta semana por si te lo has perdido. Esta semana ha ido sobre recuerdos, con José Hernández, jefe de Psiquiatría de La Arrixaca. Muy interesante.¿Cómo creamos los recuerdos? ¿Por qué recordamos unas cosas y otras no? ¿Cómo funciona nuestra forma de almacenar los recuerdos?

Para escuchar el podcast, pincha aquí


jueves, septiembre 11, 2014

Bricolaje




Entre tornillos, brocas y sudores, me cuentas el menú del día. Martillo, sonrisas. Escoba, escalera, agua. Secretos de bricolaje, llaves maestras y besos. Botín se ha muerto. Como para no enterarse. Me corté el pelo. Es bonito ese cuadro. El agua es insuficiente, el calor horrible. Creo que el chico de la Coca-Cola se ha colado en mi casa para hacerme los arreglos. Te veo subido en la escalera, espalda mojada de mi cuarto. Demasiado bonito para ser verdad, pienso a veces.

El tiempo de mirar a los ojos, de mirar adentro se transforma en partículas de arena que se deslizan
-- capciosas, descreídas, locas-- en la espiral fugaz de la vida. 
Y así pasa otro día.

domingo, septiembre 07, 2014

La india: el país que odia a las mujeres





La India, la cuna del Yoga y de tantos gurús que predican acerca de la paz de espíritu y el desapego, es noticia estos días por su crueldad hacia con las mujeres. Las mujeres que son menos que nada, que sin una dote no van a ningún sitio y que, una vez enviudadas, son invitadas a quemarse en la pira funeraria con su marido (la llamada ceremonia del Sati) o a llevar una vida errante, vistiendo harapos, cubiertas de ceniza, desarraigadas, homeless, despojadas de todo.

El porqué saltan estas noticias a la palestra precisamente ahora es algo que deberíamos plantearnos. En la lotería de los contenidos que nos ofrecen los informativos entran muchas variables. Hay toda una realidad que, finalmente, los medios nos presentan fragmentada, pormenorizada. Durante el 2014 todo este horror y muerte que padecen las mujeres indias ha dado la cara pero no es algo nuevo.

Acabamos de conocer el dato de que un promedio de 92 mujeres al día fueron violadas el pasado 2013: un informe de la Oficina Nacional de Registro de Crímenes (ONRC), indica que los ataques sexuales se dispararon más del 10 % en un año: en 2012 se registraron casi 25.000 casos de violación, mientras que en 2013 aumentaron a 33.707.

Las cifras causan escalofríos e invitan a la reflexión.

Los analistas afirman que la India cambia a pasos agigantados. Palabras que creíamos descatalogadas de nuestro diccionario occidental como "éxodo rural" son allí el día a día. Chabolas conviven con rascacielos. Hay mujeres que beben mojitos en los bares mientras otras siguen sometidas a un régimen de esclavitud. El contraste del desarrollo de país emergente de con el terrible sistema de castas han creado este combinado de barbarie y horror.
Otra complicación es la desproporción de género. Según los datos del censo, hay 37 millones de hombres más que de mujeres. El sector demográfico que más sufre las violaciones es el de las jóvenes de entre 17-35 años.

Hay estados  donde la crueldad es mayor que en otros. Es el caso de Uttar Pradesh. El pasado mes de junio cuatro mujeres fueron encontradas ahorcadas colgando de los árboles en el lapso de dos semanas. Khalid Chaudhary, encargado de la ONG Action Aid, afirmaba "la violación y el asesinato de mujeres son muy comunes porque es uno de los más poblados con menos gobernabilidad".  Un 67% de las mujeres de este Estado se ha enfrentado en más de una ocasión a algún tipo de violencia sexual.

En este país de 200 millones de habitantes hay jóvenes agredidas cuando vuelven a su casa en bus, asesinadas y sodomizadas con barras de acero; otras son obligadas a lamer escupitajos por defender a su propia familia y aparecen salvajemente agredidas junto a las vías de un tren. Hay continuos casos de infanticios y feticidios contra el sexo femenino, matrimonios amañados de niñas con ancianos y una violencia que va en aumento, sobre todo contra las de las castas inferiores como las "dalit"

Nacer con una vulva entre las piernas es una maldición. Una condena. Sólo te salvará un buena dote para comprar algo de dignidad. Que nunca será completa.

La crueldad contra las mujeres choca con  nuestra visión romántica de la India, sin duda. Nos pone delante de las narices este mundo de dos velocidades donde algunos lo tienen todo y otros carecen de lo más elemental. Hay lugares donde se juega con la mujer como si fuera una pieza de caza.
A lo peor, no nos tenemos que ir tan lejos. A lo peor, podemos encontrar trozitos de esta "India" en algunos prostíbulos de carretera.



domingo, agosto 31, 2014

Pitita y yo



Dice Pitita que estamos en el Apocalipsis, con esa boca que tiene ella, con sus másters en levitación, con sus amistades peligrosas —Andy Wharhol— y con sus apariciones marianas. Soy fan de Pitita. Es muy auténtica y nada me gusta más en el mundo que la gente que va con la verdad por delante. Que se confiese casta me subyuga. A mi, sí, que escribo de erotismo, amor y sexo.

Pitita habla con Dios y yo también, qué pasa. Su Dios le pide castidad y el mío toma forma y cuerpo como una realidad luminosa y bellísima. Yo soy más de la idea del hinduísmo y encuentro que no hay forma más divina de consagrarse y hermanarse con "ello" que el sexo con amor. Porque cuando amamos somos dioses.

Lo mejor de todo es que ni su idea de Dios ni la mía están reñidas aunque vosotros, queridos lectores penséis que Pitita y yo estamos en las antípodas. Ni mucho menos. En la esencia de todo este entramado de vírgenes o diosas de siete brazos se esconde la bondad y, por supuesto, el deseo de trascender.

¿Qué es el sexo sino también una forma de perpetuarse? Porque el sexo con otra persona si se hace con fundamento y rico, rico, es un intercambio mutuo de saberes carnales, de complacencias e incluso de sino kármico. Mismamente se transforma ella con las apariciones marianas y sus solecitos que dan vueltas mientras el cura increpa a las iluminadas: "Toas p'adentro, pa la iglesia". Pero Pitita y yo sabemos que la verdad está ahí fuera y sin coñas me alineo en su misma senda espiritual. En su naturalidad y aceptación de sí misma. Su poca vergüenza para hablar de su afán trascendente, de su vivir célibe. Que también tiene derecho, por Vishnú.

Cuando con maldad los periodistas le preguntan si toma drogas ella responde con bondad que no. Y la creo. Porque yo creo en ti, Pitita. Que no sé si habrás visto a la virgen o a Santo Tomás pero sé que algo has visto y me encanta que te rías de ti misma y tus amigas pijas. Si llega el Apocalipsis que me pille haciendo el amor y a ti, levitando.





domingo, agosto 24, 2014

Objetualizar



Cuerpo perfecto según la revista Time en 1955


La perfección me aburre. Esos cuerpos bronceados, esculpidos, tableteados, sin un ápice de grasa son plástico puro. Esas chicas operadas de pies a cabeza, cuyas tetas llegan antes que ellas me dan cierta pena y aunque no quisiera yo fijarme tanto en los físicos cuando paseo por la playa no me queda otra. Es lo que hay, palpable, visible. Ineludible a veces. Porque ahí te los ves — curiosamente sobre todo a ellos — haciendo ostentación de bíceps, femorales, y cuádriceps. ¿Qué queréis que os diga? Me emocionan lo mismo que una almeja putrefacta.

Cierto, los seres humanos tendemos a objetualizar a otros humanos. Que si mira qué culo, que si qué hombros, qué pectorales. Los amantes incluso se regodean en la anatomía en plan Jack el destripador. Es decir, por partes. El enamoramiento consiste en eso, en la abstracción pura del uno con el otro, e incluso con ciertas partes del objeto de nuestro amor (otra vez la palabreja).

En Ciudadano Kane vemos como el protagonista repite en su lecho de muerte: "rosebud, rosebud"; así denominaba el aparato genital de su novia. Incluso el amor podría tener mucho de cosificación en sus comienzos. Unos labios nos salvan la vida. O unos pechos, o un susurro en la oscuridad.

Objetualizar es casi inevitable y más en el mundo que vivimos plagado de imágenes, contaminado con lo audiovisual. Yo me confieso pecadora de objetualizar y de guardar en mi retina imágenes que me acompañarán toda la vida, al igual que atesoro palabras.
El mundo se divide entre los que observan y se saben observados. A veces jugamos uno u otro papel. Los más adorables son aquellos que destilan un encanto natural sin ser completamente conscientes de ello. Aquellos que derraman su gracia de forma espontánea. Los hay que te pueden noquear con una sonrisa, con una mirada y ellos, tan frescos, sin darse ni cuenta.4

Sí, a veces objetualizamos a seres humanos, qué atrevimiento, pero los más dignos de atención son los imperfectos, los que guardan armonía en una nariz algo torcida, en, quizá, una anatomía  que muestra un abdominal relajado, o el dibujo irregular y caprichoso de perfiles. Los defectos nos hacen entrañables, únicos y, en ocasiones, objetos de deseo.


Blanco





Tú y yo de blanco
El vino blanco
El lienzo 
en blanco
Y en el mundo, 
aquella noche
sólo existían dos personas
Tú y yo
en blanco,
al rojo,
de blanco.

miércoles, agosto 20, 2014

Urgencia perfecta


Acostada en su cama le deseaba. Un fuego en las entrañas se abría paso sin compasión. Vientre enloquecido. El sexo cobraba vida propia y ya no quería otro alimento que aquel pene poderoso y brillante. Aquellos besos de lenguas infinitas. De ternura infinita. Y no quería mojarse pero quizá era su propio pubis el que extrañaba la fuerza, su fuerza. Ni más fiero ni más manso. Las justa fuerza que se agarraba a sus caderas, que la hacía temblar, desesperarse, descabalgarse. Y regresar a aquel coche y sus estrecheces. Y al descampado y el ansia. Y las prisas y los visitantes inoportunos. Y se decía que todo estaba bien como estaba. A pesar de no ser una suite de cinco estrellas, estaban ellos. Sus pieles rozándose. Sus pieles sabias.

Su mano acariciando aquel mástil de pasión. La boca rodeando el glande, describiendo e intentando aprender el camino de su placer. Los diestros dedos masculinos que se colaban en la frondosa materia de sus cavidades. Los de ella que recorrían sus labios, que se adentraban en la boca.
Sus gestos de insoportable disfrute.
Y le miraba comer de su pecho. Y le miraba y todo era perfecto. Las estrecheces, hasta los miedos.

Y ahora, en esta cama blanca, le deseaba tanto que su ansia podía gritar.
Ojalá lo pueda oír –pensaba– Ojalá, como yo, lo pueda sentir ahora, palpitante, exigente, urgente entre sus piernas. Igual que yo lo siento entre las mías.
El deseo tenía su nombre, tenía su voz, tenía sus ojos y sus manos. Y podía ser en ese momento la esclava de su deseo. Sumisa y postrada ante sus ojos.
Lo mejor de todo es que él no la quería así. Ni sumisa ni postrada, sino libre y feliz.
Lo mejor de todo es que se liberaban cada vez que se amaban. Y con cada gota de ese potente filtro que eran sus fluidos en conjunción crearon un nuevo veneno. Y todo era posible. Todo era mágico en torno a ellos.
Podían amarse y desaparecer. Podían amarse y permanecer
Y el veneno perdió su componente negativo desde aquel momento.
Acostada en la cama fantaseaba con dos amantes, ellos dos, capaces de transformar y transformarse.
A pesar del infierno bajo el short. Del calor intrépido y descarado, se quedó quieta, esperando la llegada de la palma de sus manos, del dibujo de sus labios. De su propia urgencia, la de él, en torno a ella.

Y cerrar el círculo. Y cerrarse en el mundo perfecto que construían sus cuerpos.