miércoles, mayo 20, 2015

Fofisanos y colestericidas



Hugh, el guapisano por excelencia




Ben Affleck relajado, tripita feliz



Leo, cada día más cerca del Titanic


No hay nada peor en este mundo que tener un novio que esté más  bueno que tú. Que se mire más al espejo que tú, que se pase la piedra pómez más veces al día que tú, que se depile más que tú. Un horror.

Cada día soy más fan del ejemplar “osito”, que siempre está dispuesto a protegerte en su regazo porque el vigoréxico es incapaz de abandonar un entrenamiento por una sesión de amor sin gasto calórico.

A ver, que lo que ansiamos es que nos mimen, nos quieran, estén pendientes—lo justo, sin agobiar— pero circula por el mundo un ejemplar de tío pagado de sí mismo, con complejo de príncipe azul, que siempre está en el papel pero que en el fondo no sale de él, ni de su eterno cortejo, ni de su perenne inmadurez, creyéndose el más sensible de los hombres sobre el planeta. Y no lo es. Nada le importa más que su legado amoroso de palabras vacías, huecas y mantenerse bello para saberse siempre objeto de deseo.

Por eso, no me parece tan mal la moda de los fofisanos. Vamos, el manolazo de toda la vida, con su poquito de panzita, que de vez en cuando hace algo de deporte pero que no se priva de una cerveza o una pizza y que, por supuesto, no te mira mal si osas comerte un trozo de queso parmesano.

Pero imaginad esos agonías que estudian las calorías de todo, que cada comida que hacen es casi un manifiesto de intenciones y que desconocen la palabra juego en sus vidas. Todo es competición. No saben dejarse llevar. Obsesos del control propio y ajeno.
A nadie le amarga la visión un tío guapo pero ¿Y todo lo que conlleva detrás? Los hay humildes pero los hay también chulos que se contonean como cabareteras cuando se saben observados. ¡Ay, bendito! A veces dan ganas de regalarles un litro de aceite corporal.  

La bloguera Mackenzie Pearson, con algo más de 200 seguidores en Twitter, no sabía en el lío en el que se metía cuando le dio por acuñar el término Dad Bod a ejemplares como Leo di Caprio, que solían ser esbeltos pero ya no.

 La traducción que más ha triunfado  en nuestro país —según la herramienta Topsy, que te permite analizar las menciones en Twitter— es la de fofisano. Cierto, es un espanto pero ¿Con qué nos quedamos? ¿gordibueno? ¿loquifofi? ¿flaquigordo? ¿ o lorzalamero como he leído por ahí? ¿Y qué pasa con nosotras? ¿Por qué la barriga de ellos nos hacer sentir mejores? No estoy de acuerdo con la estudiante de la Universidad de Clemson (Carolina del Sur). Hay tíos muy buenos que consiguen hacerte creer que eres la reina de la noche. Esa sensación de protección, de ir pisando sobre seguro es algo que está en la mente más que en el cuerpo. No hay abdominal que sustituya la paz, el remanso, la plenitud de ese milagro que se llama amor y que tan pocas veces encontramos en la vida.


El físico no es lo fundamental, lo cual no significa veda libre para descuidarse y acabar hecho un gordo seboso mientras que nosotras vivimos pendientes del gimnasio y las cremas reafirmantes. Mi chico se tiene que cuidar. Punto uno y final. Prefiero al saniguapo sin complejos, sin prejuicios ni amarguras y, por supuesto, que me adore. Y si está algo fofo pues qué se le va hacer. La ley de la gravedad es inexorable pero huyamos de los pavigordos, de los colesterocidios y de la obsolecencia autoprogramada

domingo, mayo 10, 2015

En funciones








Lleva Susana Díaz como presidenta en funciones desde el pasado 23 de marzo. Total, ná .Ese concepto me perturba. “En funciones”. Es un sí pero no. Un no pero sí. En esta vida podemos pasarnos décadas  con el cartelito “en funciones” porque lo preferimos al de “defunciones”.

El olor a muerto nos espanta pero ¿Cuántas parejas llevan décadas “en funciones”? Sé que es una pregunta que puede tocar un poco las narices y sé también que hay relaciones perennes de amor, respeto, lealtad e incluso deseo.

Me encanta el tándem conformado por el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel con su novio el arquitecto belga Gauthier Destenay. Se casan la semana que viene. Lo de ellos sería todo lo contrario de un amor “en funciones”. Todo es real y palpable. Es la coherencia total.

Después de analizar mucho los errores y defectos de nuestra sociedad occidental, creo que el más patente y terrible de todos es el de la incoherencia. Pensamos una cosa y hacemos la contraria. Deseamos algo y huimos despavoridos de aquello que nos eriza la piel y nos consterna, cuando lo más sensato es enfrentarse con nuestros fantasmas, demonios y anhelos frente a frente ¿Por qué sentir miedo de quiénes somos en verdad? Porque tenemos una programación alienante casi desde la cuna. Porque actuamos según se espera de nosotros y no según nuestros propio criterio. Lo más desconcertante es que ese criterio probablemente responda a una serie de esquemas y creencias que se han ido sedimentando en nuestro mapa genético familiar, generación tras generación, y se convierten en un lastre monstruoso que nos impide ser y estar de acuerdo a nuestra propia esencia.

Otra mochila fabulosa es el buenismo imperante. De cara a la galería ofrecemos un comportamiento estereotipado. Todos hemos de ser solidarios, enrollados, guays y sonrientes cuando la realidad es que podemos ser todo eso y por dentro guardamos a un Mr Hide de campeonato que puede convertirse en nuestra peor pesadilla.

Soy la primera fan de la cortesía, los modales, la educación, pedir las cosas con una sonrisa y mantener el tipo cuando los demás se derrumban pero he aprendido que puedo ser todo lo contrario: una ogra de muy mal genio con un repertorio de palabras hirientes y poderosas capaces de desmontar a cualquier adversario. Lo que ocurre es que he hecho una elección. Y yo elijo ser cortés y valiente y no una hija de puta que pega puñaladas traperas. Y, sobre todo, he aprendido a mostrar mi disconformidad sin alterar el color de mi cara.

Vivir con coherencia ofrece unas posibilidades inmensas de ser moderadamente feliz. Duermes en paz contigo por las noches. Comes chocolate sin remordimientos y remoloneas el fin de semana sabiendo que levantarte una hora antes para irte a correr no es la panacea y quizá las sábanas y el calor humano devuelvan a tu tez una lozanía que creías perdida. Vivir en paz con uno mismo es el mejor tratamiento de belleza. Sin embargo, resignarte a una existencia “en funciones” sólo te amargará el carácter y te convertirá en esclavo de los demás.

Un eslogan que aparece reiteradamente en los Whatsapps de mis grupos de amigos es el siguiente: “Tienes una sola vida, haz lo que te dé la gana y sé feliz”.


Podemos pasarnos los días pendientes de las opiniones ajenas o aplicar el cartesianismo estricto a nuestras horas. Decidir, elegir puede llevarnos un tiempo de soledad, de sopesar y de sacrificar la comodidad en pos de sentirnos libres, limpios, ligeros y sin tramposas mochilas que nos abotargan y amortajan en vida. 

domingo, mayo 03, 2015

El huevo y el sexo







Lo más trascendental que me ha pasado esta semana es que mi santo me contó que ahora con las claras se puede hacer de todo: yogur, natas, helados ¡Imagínate! Todo un mundo de sabores sin prohibiciones Así, me lo dijo él: “El huevo liofilizado transformará tu vida, tú que estás loca con el rollo de las calorías”. Osti, tú. Y yo tan preocupada por las flaccideces invernales. Porque eso sí, yo quiero ser una vieja de esas de anuncio. Flacas como un esparto, con el pelo blanco como la nieve y sonrisa Profident. Ya me veo como una súper-Abu montando en bici, en patines y riéndome de la muerte.

He de confesaros que lo que me dejó muy consternada es el invento del holandés Mark Sturkenboom . El muchacho ha creado un vibrador que conserva las cenizas del difunto, según él, para recuperar la memoria íntima de quien ya partió de este mundo. Lo de las cenizas me da un poco asquillo. Pero si reconocemos que el buen sexo es sucio, muy sucio ¿Para qué andarme con monsergas? Tuve un novio con el que siempre bromeaba con lo mismo: Hacer un molde de su aparato genital. Después nos veníamos arriba y llegábamos a la disecación o a meterlo en formol, como pasó con el de Rasputín. Pero ¿Qué queréis que os diga? Lo cierto y verdad es que no soy de reliquias. Fetichismo cero. Cuando algo se acaba, se acaba. Si tu amor se lo lleva la muerte, los miedos o el hartazgo, lo mejor es mirar hacia delante siempre.

Lo de masturbarse con las cenizas de un difunto me parece una profanación. Los muertos que se queden tranquilos. Si quieren visitarnos ya se colarán ellos en algún sueño húmedo pero esa manipulación artificial de meterlos en un tubito para jugar a no sé qué cosas— sin su permiso—es como montárselo con una momia. Vamos, me parece un horror, salvo para aquellos perturbados amantes de la necrofilia.

Lo peor de la semana es saber que en Francia y otros países de la UE, los homosexuales tienen prohibido donar sangre. Como si las prácticas de riesgo tuvieran algo que ver con las tendencias sexuales. Qué absurdo tan grande. De acuerdo que la sangre, como las cenizas de un finado, son asuntos serios, pero es tan fácil como exigir una analítica completa a los donantes habituales cada cierto tiempo.

Ah, es cierto, casi lo olvidaba, hay otro asunto que no puedo dejar de mencionar en este punto G y es que Instangram ha censurado el emoticono de la berenjena por considerarlo erótico de más. Vamos, que esta red social se ha pronunciado en contra de los desnudos y en contra de cualquier cosa que se le asemeje. No sea que subamos la temperatura del personal y atentemos, aún más si cabe, contra el calentamiento global. Por lo visto, la comparación de la berenjena con  los genitales masculinos es odiosa…e inevitable. Por esta regla de tres tendrían que prohibir el plátano, los cohetes y, qué se yo, las mazorcas. 


Será que tengo la mente sucia, como el buen sexo, que debe ser muy sucio, y que no me explico  qué pintan las cenizas de un muerto en un dildo, qué culpa tienen las pobres berenjenas de nuestros pensamientos calenturientos y la sangre con la orientación sexual. Así, que, después de todo, como os decía, lo más trascendental de la semana y realmente importante para mi es la liofilización del huevo que me permitirá hacer la dieta del cucurucho y hartarme de nata montada sin culpabilidad. Y dejad de pensar cosas raras, o creeré que tenéis la mente sucia… Como yo.

domingo, abril 26, 2015

Me gusto yo



Hoy me sobran todos los anillos. Me sobra la vida entera. Todos los amores pasados y presentes. Hoy me quiero yo. Haré un egoartículo porque estoy harta de darme y de darme.  Leed mis labios: si vosotros no os amáis con delectación, nadie lo hará. Nadie.

He sacado a Maléfica a pasear. Me la repanfinfla el mundo entero. ¿Qué Lincoln era homosexual? Pues peor para él. Debió pasarlo fatal. Hoy sería la reina del baile. Y lo mismo digo de Whasington y todos los grandes políticos que el escritor Larry Kramer está sacando del armario en su libro “American People”. El día que dijeron que Wagner era un fetichista de los corsés y los lucía en su intimidad más íntima se me murieron todos los mitos de golpe. Es escuchar  “La cabalgata de las Valquirias” y me lo imagino tirándose de las trenzas, preso de encajes y ballenas, gritando como un poseso, mientras Mami de “Lo que el viento se llevó”, le grita: “es peóh que la señita escahlahta”. Es más, es que vienen a mi mente Lincoln, Nixon y Whasington danzando en corro, como si fueran ninfas de Rivendel. ¿Y qué si eran gays? Es una idiotez sacarlos del armario ahora, siglos después de que acabaran con sus ojos bajo un penique.

Estoy tan exaltada, tan feliz con mi vida,  conmigo misma, que no me valen de nada los recuerdos.  Son polvo,  naftalina. Ni siquiera polvo enamorado.  Es que si estuviera sola en una isla desierta hasta me sobrarían los cocos y  las palmeras.  Yo, desnuda, libre, en el mar, nadando, flotando, mejor que en el líquido amniótico de mi madre. 

Capaz de amar a todo el mundo y de olvidar todos los momentos gratos porque los que vendrán serán mejores. Qué me importan las palabras bonitas, las ternuras, las canciones, los besos mientras suena un “Strangers in the nigth”. Qué me importa la vida de nadie.
Las ideas bullen en mi cabeza, las sonrisas de una vida de júbilo y esplendorosa rodean mi casa, mi aura, mi alma, mis sueños. Los más alocados, los más alejados. Se acabó el conformismo, se acabó cargar con las mochilas de los demás. Detesto mi pasado de rescatadora de hombres débiles, neuróticos o tristes. A la mierda. Me rescato yo, me quiero yo. Voy a llegar lejos yo. Yo sola, sin la ayuda de nadie, sin el lastre de los momentos hermosos y las emociones que me inundaban el corazón, me cortaban la respiración, me subían a las nubes pero luego me estrellaban sin misericordia contra el infierno. No quiero más heridas. No más sangre. No “Te quieros”. No más ilusiones.

Leedme los labios: lo único que importan son las realidades. Dejad a los falsos gurús. Vosotros sois Dios mismo. Vuestro destino está en vuestras manos. Abandonad los fardos del pasado y del sentimentalismo. Ya lo dijo Jesús: “Ama al prójimo como a ti mismo”. Ni más, ni menos. Tenemos una vida, apartad de ella a los endebles, a los dudosos , a los que no apuestan por nada pero tampoco se quitan de en medio. Manotazo y a otra cosa, mariposa.

Leedme en los labios: no importa nada pasar a la historia, no importa nada el futuro porque no existe. Lo único que importa es el hoy, el ahora y vuestra capacidad innata de ser felices. De recuperar la ingenuidad, la inocencia,  la sonrisa pura y cristalina.

Hoy me sobran los anillos y me sobran las pulseras y me sobran los besos que se quedaron durmiendo en mi cuerpo. Hoy no quiero nada. Sólo me quiero a mi.

lunes, abril 20, 2015

Los motivos de Hillary







Circula un chiste sobre la ex primera dama: “cualquiera que se hubiese casado con ella habría sido presidente de los Estados Unidos”. Algunos hablaban de Hillary como Lady Macbeth por su papel de indiscutible de liderazgo  cuando su marido fue tanto gobernador de Arkansas como cuando ocupó el despacho oval. El 42 presidente de USA, en realidad, tenía dos cabezas. De hecho, al presentar su candidatura como jefe de Estado, ambos se ofrecían como dos al precio de uno. Votantes y también detractores se referían a ellos como Billary.

Hillary Clinton, ex secretaria de Estado de Obama, ex primera dama, ex senadora por el Estado de Nueva York y ex abogada de éxito indiscutible quiere ser presidenta.
Sería la primera mujer que consiguiese tal hito, no en balde, ha sido pionera en cientos de asuntos tras un currículum realmente abrumador. Fue la primera mujer en presidir el Legal Services Corporation (1978), nombrada por Jimmy CarterLa primera socia del prestigioso bufete donde trabajó, Rose Law; La primera estudiante que pronunció el discurso de graduación en Wellesley en sus años más jóvenes e inició una huelga de hambre estudiantil tras la muerte Martin Luther King, al que conocía y admiraba.

 Fue la primera dama y la secretaria de Estado que más ha viajado de cuantas han ocupado ese cargo. Y, por supuesto, fue la primera vez que una partenaire del presidente tenía estudios de posgrado y cuyo sueldo siempre fue mayor que el de su marido hasta que éste llegó a la Casa Blanca.

Lleva en política toda su vida. Ya a los 13 años ayudó al escrutinio de unos votos procedentes del Sur de Chicago donde encontró pruebas de fraude electoral contra el candidato Richard Nixon. Hillary pasó de su educación metodista y conservadora a abanderar los derechos civiles y el empoderamiento de las mujeres. También ha sido pionera en la defensa de los derechos del niño, sentando jurisprudencia en los Estados Unidos, asegurando que los tribunales deberían considerarlos capaces, analizando caso por caso, y no de forma unilateral hasta los 18 años como era usual.

Como cualquier mujer fuerte, la opinión sobre ella es bipolar. La adoran, la odian. Su Plan de Asistencia Sanitaria Clinton fue fuertemente atacado por los republicanos. Un informe de más de 2.000 folios que posteriormente le ha venido muy bien a Obama.

¿Por qué aguantó Hillary la vergüenza de una infidelidad tan pública tras el escándalo Lewinsky? Porque quería ser presidenta de los Estados Unidos, porque tenía visión de futuro,  porque es una corredora de fondo y nunca se va a rendir. En su autobiografía aseguraba amar más a su país que a su marido.

Esta incansable guerrera está a punto de cumplir los 70 años. Dicen que pasará por el quirófano para lucir mejor, que ha perdido peso. Los hay quienes recuerdan su portada en Vogue y las declaraciones de amor a su esposo: “Nadie me conoce mejor, nadie me hace reír como él: Después de todos estos años,  él sigue siendo la persona más interesante y plenamente viva que yo he conocido”.  Sin embargo, le dio calabazas a Bill hasta en dos ocasiones antes de casarse con él.

Hillary tiene una aplastante sabiduría y conocimientos para ser la primera presidenta. También cuenta con el apoyo de las Cámaras de Comercio y la Asociación de Jubilados de América. Tiene a un fuerte oponente, Marco Rubio, senador por Florida y a sus espaldas el desgaste de Obama y dos mandatos consecutivos demócratas ….Pero todo es posible.

Los motivos de Hillary son los motivos de tantas mujeres que pelean en un mundo aún todavía de hombres. Su victoria también sería la nuestra.

lunes, abril 13, 2015

Polígamos sin complejos












El hombre es polígamo por naturaleza. Esta es la pasmosa afirmación que hace un amigo mío psiquiatra. Vamos, que todas somos cornudas en potencia. Yo disiento de él. Conozco a algunos pocos hombres buenos y fieles. Cierto, son los menos, pero los hay.
Del mismo modo, las mujeres no somos todas unas santas aunque, bien es verdad, que lo nuestro va de monogamias sucesivas y nos provoca cierta complicación emocional el tener que compartir el lecho con más de un hombre y, sobre todo, compartir la intimidad, el sexo, el abandonarse y mostrarnos vulnerables.

Hay dos eventos que esta semana me han hecho reflexionar acerca de la poligamia, tan natural en algunas culturas y religiones, y también para algunos hombres que no conciben la vida sin dos o tres mujeres en su vida sentimental. Incluso son capaces de amarlas a todas a un tiempo, aunque, eso sí, de distinto modo. Por un lado, porque las comparaciones son odiosas e inevitables. Por otro, porque la pasión amorosa y erótica  tiende a la exclusividad. No así, la afectividad, que podemos sembrar por el mundo entero sin grandes quebraderos de cabeza.

Las dos noticias son las siguientes. La primera, un chino se accidenta y acuden en tropel todas sus novias a visitarle. En total, 17. Fíjate tú. Lo que no me explico es cómo ha podido comunicarse con todas,  accidentado y todo. Porque para que vayan a visitarte a un hospital, incluso en la lejana China, son necesarias unas coordenadas básicas, como número de habitación, por ejemplo. Total, que  a una le hizo promesas de boda. Con otra tenía un hijo. Otra le estuvo ayudando económicamente. Este era un listo. Aparte de pasárselo bien, les sacaba las pelas. De hecho, pesan sobre él algunas acusaciones de fraude. Me imagino a mi abuela Micaela soltándome su frase lapidaria: ¿Los hombres? El mejor, colgado

La otra nos acerca a una terrible realidad. Irak ha presentado al Parlamento un proyecto de ley sobre la familia que pretende legalizar el matrimonio de las niñas, siguiendo los preceptos más estrictos de la Sharía. No sólo eso. Las niñas podrán divorciarse al cumplir la escandalosa edad de  9 años. Esta ley, también contempla la poligamia y regula el número de noches que el hombre puede pasar con cada una de sus esposas. O sea,  lo que en Occidente es una opción mal vista, el gobierno de Bagdad lo pretende regular con total naturalidad. Otra vez, las ideas religiosas de los  chiíes justifican la barbarie y ponen en el mismo saco a los musulmanes, haciendo una interpretación extremista y radical de El Corán.

Volviendo a nuestra civilización, es cierto que los genetistas y algunos científicos aseguran que la naturaleza del hombre es sembrar con su esperma al mayor número de hembras posibles; es lo que se denomina la “propagación por esperma”, mientras que, por el contrario, nosotras, sabedoras del trabajo que da y de las necesidades materiales que conlleva gestar y criar un ser humano, seleccionamos mucho a la hora de una posible “inseminación”

Digo yo que, llegados a determinada edad, a los humanos se nos tiene que pasar el ansia procreadora, incluso al más macho de los machos. Digo yo, que en la elección de pareja han de contar otros requisitos que nuestras caderas y nuestro potencial para amamantar.


Digo yo, que el amor, el auténtico amor, el amor de pareja, tiene otra finalidad más elevada que la de generar progenie. Y que llega un momento en la vida en el que, por fin, dejamos de ser víctimas de las hormonas.  La naturaleza es sabia, sí, pero muchas veces es un tostón horrible.

lunes, abril 06, 2015

Alegría de vivir



Siempre he creído que el sufrimiento es el más inútil de los sentimientos.

Detesto a las persona que se auto compadecen. Que llevan una existencia mediocre y que no hacen ni harán nada para sentirse llenos y vivos del todo, salvo lamentarse. Incluso, ante las increíbles oportunidades que ofrecen los días, se aferran a sus miedos, a su parálisis emocional, a su tacañería de miserias consigo mismos y con los demás.

El lamentarse  es tan estéril como el sufrimiento. Nos conduce a una repetición sistemática de patrones que nos perpetúan en un estancamiento vital, que nos lleva inevitablemente a la tristeza, al pesimismo crónico. Y me reitero. La zona de confort es muy peligrosa. Podemos llegar a los 60 años y darnos cuenta de que no hemos hecho nada arriesgado ni especial con nuestra vida. Que moriremos sin dejar legado , ni recuerdos increíblemente felices y alocados para nuestros amigos y generaciones venideras.

El sufrimiento, además, es algo inhumano. Por eso nos rebelamos ante los atentados, ante la muerte sin sentido, ante los finales abruptos de algo hermoso, ante las masacres que sesgan las risas, las horas, el porvenir de tanta gente.  La muerte de los 147 estudiantes de Kenia esta semana, los 150 fallecidos en el accidente provocado por el piloto Andreas Lubitz, las víctimas del  11 S, del 11 M…El horror del Holocausto. La humanidad involuciona con actos así, se repliega en sí misma, pierde la confianza, la esperanza y no habrá nada, ni indemnización millonaria, ni Ley de Memoria Histórica que subsane la carencia de esas personas que se fueron de un modo absurdo y sin sentido.

El ser humano está hecho para la alegría, para el movimiento, para evolucionar continuamente. Cada día ha de ser un nuevo aprendizaje, incluso en la monotonía extrema podemos hallar una clave para mejorar. El amor no conlleva, o no debería conllevar, dolor ni sacrificios enormes y, por supuesto, el amor nunca debe ser sinónimo de sufrimiento. El sufrimiento en esta vida para alcanzar la felicidad en la siguiente es una película que nos han vendido algunas religiones para hacernos conformistas, para mantenernos estancados, parados, muertos en vida.

Desde luego, no sé vosotros, pero yo me niego a pertenecer a esa legión que se pregunta algunas mañanas ¿Qué habría sido de mi vida si hubiese aprovechado una o dos oportunidades de ser feliz? Alguien me enseñó que hay que arriesgar para ganar, que el mundo es de los osados y os aseguro que las oportunidades hay que cogerlas al vuelo. No hay demasiadas a lo largo de toda una vida.  El trabajo, el amor, los amigos vienen en oleadas. Podemos pasar años y años en barbecho esperando que regresen los buenos momentos. La paz, la calma y la armonía son fantásticas pero también lo es la evolución, el crecimiento, la pasión, el desafío ante una nueva tarea, relación o historia. Todo eso está alejado a años luz del sufrimiento.

Uno elige ser feliz en cada momento, salvo esas causas que nos sobrevienen con impotencia —que también las hay sin buscarlas demasiado—.Uno puede pasar página o aferrarse a un pasado dichoso pero sin visos de futuro. Qué difícil pero qué necesario es vivir el momento presente. El aquí y ahora. Decía un sabio que conseguía mantener la serenidad conspirando con lo inevitable. Y a veces, lo inevitable nos disgusta. No lo entendemos, escapa de nuestro control y nos duele. Pero podemos elegir.  Cada día tenemos la opción de extirpar ese sentimiento estéril,  la tristeza,  y aferrarnos a la alegría de vivir.