miércoles, julio 08, 2015

El pipí de Águeda








Lo recuerdo como si me hubiera sucedido ayer pero fue hace más de 20 años. Yo iba paseando por Príncipe de Vergara hacia El Retiro. A veces, llegaba hasta allí y luego trotaba por el enorme parque a grandes zancadas. Y notaba como se congelaban las nalgas bajo mi ligera malla deportiva en el frío atardecer madrileño.

No serían más de las seis de la tarde. Junto a mi pasó una señora vestida de negro de cabeza a pies. Una de estas gordas enlutadas que suelen asociarse a la raza calé pero yo no sabría decir si esta mujer era gitana o paya o mediopensionista. Podría haber salido de un huevo de matriuskas. Lo mismo daba. Sólo sé que iba unos pasos por delante, puesto que yo andaba demasiado distraída con los escaparates de las tiendas de alimentación madrileñas. Esas tiendas donde yo jamás compraría nada pero que me encantaba mirar con un placer inusual.

En determinado momento casi consigo alcanzarla pero preferí concederle cierta distancia. Como si en el fondo de mi supiera que iba a presenciar algo extraordinario. Sin grandes aspavientos, aquel bulto negro flexionó ligeramente las piernas (es un suponer, una ironía dramática porque, como pueden imaginar, aquella falda tipo mesa de camilla me ocultaba todo). Veo como la falda roza el suelo, como se detiene brevemente y vuelve a estirar las piernas después para proseguir con su camino. Entre ellas deja un charquito de pis que vino a humedecer las aceras de aquella calle tan principal. No eres nada, Príncipe de Vergara, cualquiera se te mea encima, pensé para mis adentros.

Me quedé estupefacta, sin saber qué decir. Sólo me invadía una sensación de sorda violencia. Adelanté a la señora y la miré, me devolvió la mirada, tan  pancha. Yo por mi parte comencé a dar las zancadas cada vez más grandes. A pesar del pasmo, mi mente no dejaba de hacerse preguntas:  ¿Llevaba bragas? ¿O quizá  el refajo escondía un sofisticado sistema de autolimpieza? ¿Tendría familia? ¿mear en plena vía sin esconderse de nadie era una costumbre ancestral? ¿Por eso lo de las faldas negras?

La foto de Águeda Bañón, actual directora de Comunicación del Ayuntamiento de Barcelona y compañera de fatigas políticas de Ada Colau, no me parece nada del otro jueves. Yo ya estoy curada de espanto, además todo tiene su explicación: esas fotos pertenecen a un blog que la propia Águeda gestionaba y que defendía el porno feminista (2003-2007), también conocido como el postporno.
Águeda es de origen murciano y esa foto parece estar tomada horas antes o después de uno de los grandes desfiles que acaecen en nuestra ciudad en primavera. Son días donde no sólo se mea en la calle, sino que unos señores ataviados con brillos y cubata en mano tocan tetas y culos, con la excusa de regalarte un pito.


Que conste que la foto no me gusta, aunque hay que reconocerle el mérito de no dejar indiferente a nadie y parece más que estudiada. Se nota que Águeda hizo Bellas Artes. Que conste que la escatología en la vía pública a los ojos de todo el mundo, me desagrada. Todo, salvo los besos y los abrazos; Las pestucias no me van. El orinar en la calle me parece una falta de respeto hacia todos los demás. Me da igual de donde proceda el agüita amarilla pero, vale, esta foto es antigua, procede de ese blog reivindicativo donde Águeda se apodaba Miss Bragas.  Todos tenemos un pasado. Todos hemos querido ser rompedores pero creo que uno puede romperlo todo, incluso romperse la cabeza sin hacer marranerías como esta.

jueves, julio 02, 2015

#Lovewins







Esta semana el mundo gay es noticia porque por fin se ha legalizado el matrimonio de dos contrayentes del mismo sexo en Estados Unidos. El logo de la Casa Blanca se pintó de arcoíris y Obama proclamó un tuit que fue retuiteado en más de 400 mil ocasiones y en el que explicaba: “Hoy es un gran día en pos de la igualdad. Parejas de gays y lesbianas podrán contraer matrimonio, ni más, ni menos que cualquier otra”. Desde el despacho oval surgió el hastagh #Lovewins (El amor gana). Hillary Clinton también pintó el logo que la identifica, H, con muchos colorines y escribió únicamente la palabra “proud” (orgullo) con todas las connotaciones que se puedan imaginar: orgullo gay y orgullosa de mi país y de ser demócrata, I suppose.
Cientos de video montajes, fotografías, actores famosos y otras celebritys en USA y en todo el mundo celebraban este #LOVEWINS.

Estos días, muchos reflexionan sobre el lobby gay en el mundo y en España y en todo aquel que es influyente y que nunca escondió su esencia sexual pero, lejos de todo eso, yo quisiera reflexionar acerca de ese “Love wins”. El amor gana. ¿No es hermoso? ¿No es maravilloso? Cuántas historias conocemos, heteros o no,  que se ven truncadas por la distancia, por una situación personal complicada, por la edad, incluso por la comodidad y el miedo.
En esta sociedad pantallizada, incrédula, escéptica. E incluso en nuestra España abotargada por la crisis donde lo más fundamental, a veces, nos ha sido arrebatado, sigo creyendo que el amor siempre gana. Y no me junto con personas que opinen de forma contraria. Las huyo.

Ya lo cantaban los Beatles: All you need is love. El amor es la respuesta a todas las carencias. Incluso a las económicas. Pero el mejor amor de todos tiene que empezar por uno mismo. Creerse valioso aunque las circunstancias te demuestren una realidad amarga. Y es que, en ocasiones, nos sentimos muy valorados, incluso queridos, pero no recompensados. Y es que sigue sin haber pasta en esta España madrastra. Pero no importa. No hay que rendirse.
El amor es la medicina que cura todos los males. Por eso no hay que olvidar nuestra dosis diaria de risas con los amigos, de besos y abrazos de los más cercanos, de guiñarnos un ojo frente al espejo. Que nos guste nuestro reflejo. Incluso con nuestras ojeras y alguna pata de gallo. Con nuestro cuerpo imperfecto y columpiarnos sin miedo en esos rasgos que nos devuelven a nuestro interior más genuino: a la esperanza de cuando éramos unos críos; al afán por crecer y aprender y a la confianza de quien tiene toda una vida por delante.

Qué importa cuántas ilusiones perdimos por el camino. Hay que fabricarse unas nuevas. Siempre hay retos y metas que alcanzar. Por supuesto, no debemos conformarnos con ganar menos por trabajar el doble. El quererse uno mismo también implica respeto hacia uno mismo y no dar por eternas situaciones coyunturales, pero hemos de estar orgullosos de mantenernos en pie, activos y en marcha en medio de esta tormenta que parece no acabar nunca.

Yo quiero que el amor gane siempre. El amor a los demás que se traduzca en profunda consideración hacia los otros y hacia nosotros mismos y, por supuesto, no esperar menos de aquellos que están arriba, aquellos que deben predicar con el ejemplo y que han dejado en algunos casos tanto que desear. El amor también es eso: no perderse en este laberinto de injusticias y saber que, al final, también nosotros ganaremos.

                             

lunes, junio 22, 2015

Vargas Llosa y el amor





Desde que Varguitas se ha enamorado de la Preysler no pienso en otra cosa. Esta pareja me sorbe el seso. He de confesar aquí y ahora que durante muchos años amaba platónicamente a Mario. Le conocí en una rueda de prensa con 23 años y cuando le conté que acababa de volver de Puerto Rico, de la Universidad de Río Piedras, emergió de su envaramiento habitual y sonrió con esa boca llena de dientes blancos. Me pareció que no había visto un hombre más elegante en toda mi vida. Luego prosiguió una alegre charleta sobre su estancia como profesor allí y ambos rememoramos el bello Campus que parecía un jardín tropical, el canto del coquí, el aroma de las frutas exóticas que flotaba en el aire húmedo, pegajoso y sensual de Puerto Rico. Ese aire que es casi melaza, casi fluido corporal procedente de las mieles del sexo.

Pero, a lo que iba, por fin el autor peruano vence su complejo de Edipo y decide emparejarse con un ejemplar femenino que en nada tiene que ver con su familia y ADN
Está a punto de cumplir 80 años. La Preysler cuenta con 64, aunque no me atrevería a jurarlo. Ella está maravillosa, como siempre, y Varguitas ya no es lo que era. Pero tras ese envoltorio apergaminado late el fuego de las calles de Lima. Además, ya sabéis, que los caballeros siempre las prefieren más jóvenes y Preysler sigue siendo elegante y bella. Con sus cuidados y algo de photoshop llegará a los 80 mucho mejor que “el escribidor”.
Qué pena que haya desperdiciado media existencia empeñado en suplantar al padre, en lugar de ser un macho hecho y derecho del barrio de Miraflores. Imagino que Varguitas habrá tenido sus escarceos entre su primera esposa, su tía Julia (Que le inspiró la deliciosa novela “La tía Julia y el escribidor” y su segunda, su prima, Patricia. Entre sus esposas, Varguitas tuvo un affaire con la hermana de Patricia, Wanda, mientras seguía casado con la tía de ambas. Un lío.

Mi teoría es que Mario sólo estuvo casado con sus musas. Un matrimonio que ha durado toda una vida, alrededor de 50 años (La ciudad y los perros se publicó por primera vez en el año 1963). Ahora, traspasada la senectud y a punto de tocar la barrera de lo matusalénico, Vargas comienza su existencia real. Con todos los galardones del mundo en su haber, incluido su ambicionado Nobel, el autor de “Historias de la niña mala” lo mismo ha decidido colgar su oficio de escribidor y disfrutar de un amor maduro, pausado pero seguro que lleno de ímpetus y ardores.

Varguitas me decepcionó mucho el día que le pegó ese monumental corte a Julia Otero. Ella que tanto le admiraba y leía, cometió el error de alabarle en público, de decirle que tenía unos bonitos ojos. Un caballero le habría agradecido el cumplido pero el autor de “Pantaleón y las visitadoras” le tiró un estufío de agárrate y no te menees. Nunca le he preguntado a Julia, pero, vamos, me lo hace a mi y soy capaz de soltarle una colleja sideral.

Realmente, Varguitas se ha pasado la existencia encerrado en ese capullo endogámico, muerto de miedo y rodeado de una muralla de palabras e historias. Los escritores suelen hacerlo, están incapacitados para la vida real. En esta ocasión, mi idolatrado escritor nos da una lección imprescindible de valentía. Casi le he perdonado el desaire que le hizo a Julia Otero.


Eso sí, olvídense sus lectores de nuevas genialidades. Hoy, este titán de vocabularios y tramas, se va de vacaciones. Viva el amor.

lunes, junio 15, 2015

Perturbadoramente sexys























¡Qué le vamos a hacer! Es lo que tenemos las mujeres. Que somos perturbadoramente sexys y lo estropeamos todo. Es lo que ha dicho recientemente el premio Nobel de medicina Tim Hunt. Los niños con los niños y las niñas con las niñas, vino a concluir. Porque ellas se enamoran de nosotros. Nosotros de ellas y encima, si les haces una crítica van y lloran, con lo cual tienes que contenerte.
La Royal Society británica ha puesto el grito en el cielo pero las mujeres científicas de todo el mundo se han tomado el despropósito de Tim Hunt a chota y han creado una campaña en la redes sociales titulada de este modo “Perturbadoramente sexys”, con el hastagh #distractinglysexy.

Muchas ya han enviado su irónica protesta. Anne Hilborn desde África confesó: "Me sentía tan perturbadoramente sexy recogiendo una mierda de guepardo que casi me olvidé de lo que estaba haciendo y dejé que se cayera un poco al suelo"

Una colega más cercana a Tim Hunt, Lucie  Beauchamp, aparece con rostro de extenuación :"aún sigo #distractinglysexy después de un día lleno de cultivo celular. Ni siquiera he llorado esta vez, ¡estoy muy orgullosa!".

Al premio Nobel de Medicina  le ocurre como a muchos genios. Son muy listos para unas cosas y escandalosamente torpes para otras. Ahora se lamenta Tim ¡¡Cómo se me ocurrió decir semejante cosa delante todos los periodistas científicos del mundo!!(que a la sazón estaban reunidos en Seúl). Muy bonito. Ahora la culpa de tu estulticia es nuestra. Tú sigue sumando puntos que a tus 72 años no te readmiten en ningún laboratorio y, lo que es peor, en ninguna cama de mujeres con dos dedos de frente. A las que tengan un postgrado, mejor ni te acerques, tu ego masculino puede acabar seriamente dañado y el que acabará llorando serás tú.

Lo mejor de todo esto es que el microbiólogo Steve Diggle ha creado un cartel para alertar a todos aquellos que osen trabajar en laboratorios: “Caution: mixed gender lab. No falling in love or crying permitted”. O sea: "Peligro: laboratorio mixto. No está permitido enamorarse o llorar". Este cartel cuelga en la mismísima Universidad de Oxford.

Yo de Tim, una vez dimitido y jubilado, me iría con el equipo de actores porno que pretenden rodar una peli en el espacio, titulada Sexploracion. Para lograrlo se han marcado un plazo de dos meses y recaudar en ese tiempo los 3.4 millones de dólares que cuesta financiar el invento. El crowfonding ya está en marcha y los “accionistas” podrán conseguir el traje espacial y la ropa interior de uno de sus protagonistas, por el módico precio de 150.000 dólares. Por supuesto, material extra, visionado inmediato de las primeras grabaciones y making-offs de todo tipo se contemplan para complacer a los “socios” de esta producción interestelar que pretende mostrar a la humanidad descreída como fuciona el coito cuando se está penetrando en la atmósfera.

Tim, ya te veo, libre, a tus anchas, flotando en el éter y con la posibilidad de enamorarte de los protas Eva Lovia o Johny Sins. Lo mismo hasta te incluyen en el casting para que puedas llorar a gusto y resarcirte de todos estos años de contención sexual y emotiva a la que te ha condenado la vida en el laboratorio.
El Nobel tenía un precio. En este caso, tu estupidez pero, quién sabe, lo mismo hallas un prometedor futuro como pornostar. Corre, Tim, corre. Prometo verte con tu escafandra espacial y tus prácticas eróticas entre asteroides y polvo espacial.

Seguro que estás perturbadoramente sexy.

viernes, junio 12, 2015

Círculos concéntricos del amor

La vida es un enorme círculo concéntrico. Algunos hombres también. Están metidos dentro de su huevo, rodeados a su vez por varias capas concéntricas de ego, vanidad o de miedos y vacío. Realmente, últimamente me planteo qué necesidad tenemos de complicarnos con sujetos semejantes y por qué de pronto nos vemos abocadas a este tipo de hombre no-cazador, pasivo que espera que le caiga la breva. Al final, hasta se les pone cara de ídem.

Una amiga de un amigo lo tiene claro. Pasa de complicaciones sentimentales y decide, cada poco tiempo, descargarse un tío de internet. Nada de adopta un tío, ni historias semejantes. Te contacto, quedamos, copulamos y con las mismas tú pa tu casa y yo para la mía. Para las que hemos crecido con el maletín de la Señorita Pepis, esto nos parece de una frialdad pasmosa pero, realmente, es que lo único que apetece en ocasiones, dado el percal que circula por las “españas”.

Cuando leo y escucho a mi amigo el genetista, Marcos Egea, hablar de la propagación por esperma, siento que los machos de nuestra especie han caído en picado. Unos mataos es lo que son. Los mamíferos luchan por su hembra porque es ella siempre la que elige, dado el coste físico, emocional y económico que supone quedar embarazada tras un coito. ¿Qué valora la hembra mamífera por encima de todo? Que su macho pueda ingresar suficientes calorías para la manada. Visto así podemos parecer unas interesadas pero pensad que todo tiene un origen remoto impreso en nuestros genes. Esto marca nuestro destino mucho más de lo que podemos imaginar.

El hombre despliega su atractivo de diferentes modos. Si tiene pasta, comprará un porche. Si no, tuneará su coche. Si es guapo, sabrá arreglarse con los complementos adecuados que nos ofrezcan información de su estatus, incluso de su ocupación e ingresos presentes y futuros. De acuerdo, en este punto puede haber mucha engañifa, sobre todo desde que China fabrica imitaciontes tan potentes de pelucos, corbatas y joyas de marca, pero esto es lo que hay.
¿Veis por el mundo a hombres locos por encandilarnos con su apostura y afeites? Yo lo que veo casi siempre son tipos tan pagados de sí mismos que dan risa. ¿Qué quieren conseguir? Un polvo rápido y sin compromisos. La verdad, es que como hembra cazadora que soy, me seducen lo mismo que la calva de Montoro y su sonrisilla siniestra.

El otro modo que tiene el hombre de luchar por su hembra es acorralarla y aislarla. Este es el comportamiento típico de los lobos. Para eso hacen falta tenerlos bien cuadrados porque hoy la mujer no se deja acorralar ni por un vestidor de Armani. Tengo debilidad por los hombres-lobo, no lo puedo negar. Porque aunque nos pueden parecer el típico ejemplar de macho posesivo, celoso y anticuado yo también soy posesiva, celosa y anticuada. Vamos, que a mi macho no lo comparto con nadie y todo esto del poliamor me parece una patochada soportable en un mundo de canutos y buenrrollismo que me es completamente ajeno.

Decía que el lobo me gusta porque, normalmente, el lobo es listo y acorrala a su hembra de un modo sutil. Vamos, que cuando te quieres dar cuenta estás pillada hasta las trancas y da igual que se marche de noche a cazar gamusinos…tú ya no te escapas. El lobo va despacio, también en movimientos de círculos concéntricos; de menos a más; te va a acostumbrando a una serie de lindezas, muy poco a poco:  un cumplido con el desayuno; un beso a media tarde; una sorpresa en forma de canción, un regalo que no te esperas o un polvo de hora y media que te deja extenuada durante días. No way, hermanas. Este lobo te conquista sí o sí. De acuerdo, cuando despiertas de tu tontería amorosa te darás cuenta que es el más egoísta de su especie. No sólo porque te quiera sólo para él, sino porque una vez en su tela de araña, te costará mucho hacer cualquier movimiento sin que gruña o se enfade. Ojo con los lobos. Eso sí, cuidará de ti como ninguno.

La vida se abre paso, amigas, y, en ocasiones, hasta los mataos resucitan porque reverdece en ellos el puro instinto. Nuestras decisiones y elecciones las condicionan la madre naturaleza, la cultura, la educación, los miedos, el pasado ¿Realmente somos libres? El universo conspira para que nos procreemos, recordad esta letanía siempre, aunque estemos a punto de llegar al climaterio. Hay hembras arrebatadoras que  cuentan con una nube de moscones alrededor y es en esos momentos cuando el instinto aletargado de algunos hombres resucita. Y surgen los celos del lobo; la territorialidad y, hasta los políticamente correctos, esos meapilas que van proclamando defender tu privacidad —también la suya, claro—  de pronto, te sueltan chascarrillos acerca del tío que te ha tirado inmisericordemente los trastos delante de su cara (porque no es políticamente correcto romperle las piernas, que es en lo que realidad le apetece al macho aspirante a cornudo).

Pero no sólo eso. Hay otro factor determinante en nuestra elección de pareja: el olfato. Sí, queridas, da igual el patchulí con que se bautize cada día nuestro candidato, como sus feromonas no sean compatibles con las tuyas no hay nada que hacer. Tu olfato te dice, incluso, sus características físicas. Diferentes estudios han demostrado que los hombres que huelen mejor (frascos de colonia aparte) suelen tener un físico más equilibrado y simétrico y que esto, en definitiva y como hembras que buscamos perpetuar y mejorar la especie, buscamos. Ya, ya, alguna levantará la ceja escéptica y pensará que aquello de la belleza está en el interior. Tu mente lo puede creer pero tu instinto sabe que si hay que mejorar no podemos echar colorante alimentario al puchero de nuestra futurible progenie. Hay que echarle azafrán de pelo, que decía mi madre. Pero de los pelos hablaremos en otro artículo.

Al contrario sucede igual. Ya sabéis, el universo conspira para que nos reproduzcamos. Así que, si tenéis la suerte de encontrar algún macho valiente que viva fuera de su cascarón pomposo de egos y miedos, lanzadle una chinita. Igual que esas piedrecitas que caen en el agua creando ondas, generando vida y vibración a su alrededor. Os aseguro que los que están despiertos y alerta notarán ese círculo de vida y ardor que desprendéis porque, ya sabéis, formáis parte del diabólico plan del universo para perpetuarnos.

La vida son círculos concéntricos. Podemos descargarnos un tío de internet, cuya trayectoria vital lo empujará al séptimo círculo de nuestra existencia (por decir un número lejano) o, quizá, con un poco de ayuda de la madre naturaleza volvamos a sentirnos mujeres completas, deseadas, apetecibles y encontrar a ese compañero que rompe su círculo, para quedarse dentro de la onda concéntrica y perfecta del amor correspondido, entregado. Ese, que aunque parezca increíble, existe.  Y que incluso puede durar para siempre.

domingo, junio 07, 2015

Línea roja alojada en el recto





Según Forges, los políticos actualmente pactantes viven con una línea roja alojada en el recto. No me extraña.

Los humanos, veremos pactos inverosímiles, como el del PP con CIU, que han acordado esta semana una modificación de la Ley de Enjuiciamiento Criminal para que el ciudadano no pueda ver imágenes de políticos siendo detenidos. Es lo que se conoce como “Pena de Telediario”.
Y esto no ha hecho más que empezar.

-¿Pero esta columna no iba de amor y sexo?
-Es que Forges lo ha puesto muy difícil, señoría. Y lo del recto ¡Me ha dado tanto qué pensar!.

Hay una pobre chica de Reino Unido que vive igual, con la línea roja en susodicha parte porque aunque los mortales humanos ni lo sospechéis, en la BBC hacen ensayos internos de obituario.

Es decir, que te matan sin que te mueras, por si acaso te mueres. Esto lo perpetraron en pasadas fechas con la Reina de Inglaterra, que cuenta con 89 años la mujer. Y claro, esta chica, que se llaman Ahmen Khawaja, ensayó unos tuits que saltaron a la red  ¡Imagínese la que ha liado la pobre muchacha!. La BBC difundiendo un bulo sobre lo más sagrado de la Gran Bretaña. Así que Ahmen vive sin vivir en ella. No sabe si está dentro o está fuera. Y si su carrera periodística sobrevivirá ante tamaño descalabro. Los hay que por menos crían malvas profesionales. Igual que los políticos.

Nadie se libra de la línea roja alojada en el recto, señoría. Nos pasa a todos llegado determinado momento de la vida; cuando toca pagar a Hacienda, cuando coincides en una boda con el mismo traje que tu cuñada enemiga, cuando perdonas unos cuernos, cuando tu mejor amiga se liga a tu más querido ex, o cuando llega el momento de hacer concesiones.

Un sangrado de hemorroide, un dolor inhumano en ocasiones, sobre todo para aquellos que llevan 30 años en política y les toca batirse el cobre con los recién llegados que vienen —Oh, osadía— poniendo condiciones.

Lo dicho, presenciaréis cosas que inverosímiles. Nadie imaginaba que un día veríamos a Rodrigo Rato, ex ministro, ex vicepresidente, ex presidente del FMI, detenido como un vulgar chorizo. Todo te parece imposible hasta que te ocurre. Nuestros sueños más procaces y la peor de nuestras pesadillas.

Que en Rabat detengan a dos integrantes de FEMEN por darse un morreo con los pechos al aire no me parece extraño pero sí que la diseñadora Isabel Marant haya plagiado la camisa típica de los indios Thlahuitoltepec. Y la verdad es que se parecen. Marant la vende por unos 300 euros y los indios por mucho menos, claro. Pero es que hasta para plagiar hay que tener imaginación y humildad. ¿Qué te creías Marant? ¿Qué los habitantes de Thlauitolpetec Mixe no se iban a enterar? “La blusa extiende figuras ilusorias que refieren al equilibrio de la lengua ayuujk. Es un mapa, una forma de relacionarse con el mundo. Recrea lo cotidiano. Preside lo colectivo. Inaugura la comunidad. La Blusa es identidad”, afirma Erasmo Hernández presidente de la municipalidad de dicha población. Marant ha subestimado lo indígena y le han salido las proverbiales líneas rojas. Desde aquí se las veo, sí.

Señoría, como quiero mucho a mi recto, he decidido largarme unos días a una de las lunas de Plutón. Si alguien le pregunta por mi, que busque en Kerberos, Charon, Nix, Styx o Hydra. Pero mejor me dejan en paz hasta que dé comienzo la feliz gobernación.

Mi ano y yo se lo agradeceremos.


domingo, mayo 31, 2015

Bajo el arco iris







Lo confieso: esta semana me  ha costado escribir sobre el PuntoG. En realidad, me ha costado todo. El fango electoral me ha inundado las meninges.

Pero en el mundo pasan otras cosas aunque no lo creáis. Hay unas locas que se quedan en bolas en una discoteca madrileña por una botella de cava, por ejemplo. La  patética Leticia Sabater se ha restaurado el himen, en un enésimo intento de salir en los medios. Siempre tenemos los socorridos estudios, como ese de la Universidad de Brunel (Londres) que asegura que cuanto más feliz te muestres en tu perfil de Facebook, más infeliz eres. Que cuantas más relaciones muestres tener, la autoestima está más por los suelos.
Aunque lo mejor, sin duda, ha sido el anuncio de Philips que anima a todos los hombres a "podar su bosque" sin por ello poner en juego las joyas de la corona. Entre otras cosas — dicen los de la marca de electrodomésticos— porque parecerá más grande.

Si un extraterrestre bajase a la tierra, pongamos por caso, nuestro querido Gurb de Eduardo Mendoza, se haría los tentáculos un lío. ¿Qué tiene que ver el cuerpo de la mujer con el alcohol? ¿Qué importa la restauración de una membrana con la virginidad? ¿Y el bosque con el sexo masculino? ¿Y Facebook con la felicidad y la autoestima? Estamos como cabras, lo cual no es malo del todo.

Sin cierto grado de locura sería imposible aguantar a todo el politiquerío reinante. ¿Cómo es posible que algunos sean tan estrechos de miras y tengan esta visión cortoplazista del mundo?
Hoy, que ellos juegan a los cromos con nuestros votos, que algunos se aferran a la silla después de 20 años de mandato, que prefieren su ego al bien común—aquel por el que prometieron luchar— que hacen oídos sordos a las quejas de la ciudadanía y siguen sin entender el mensaje, sólo podemos sobrevivir a este ninguneo con ciertas dosis de escapismo y chulería.

Lo mismo nos sirve escuchar "Somewhere over the raimbow" o refugiarnos en una frase de Marilyn Monroe: "Los perros no me muerden. Sólo los seres humanos”. Aunque me gusta mucho más: "El amor no necesita ser perfecto, sólo verdadero".
Si encontramos algo de verdad en nuestros días, todo este galimatías habrá merecido la pena.
Y aunque esta rueda parezca no avanzar (mi prima me pregunta si de verdad en algún momento saldremos de la crisis porque ella no nota la más mínima mejoría); la vida sigue, no se detiene, el tiempo pasa y un buen día llegará el momento, ese momento que no esperamos nunca y en la pantalla veremos un clarísimo: Game over.

Así que, más nos vale disfrutar de todo lo que nos sirven en bandeja. De lo bueno, de lo malo. Aprender las lecciones y tomarnos los podados de genitales, las restauraciones de himen, los absurdos concursos, los perfectos perfiles de Facebook y los pactos políticos con ironía y distancia.

Al final, lo único que nos importa es amar y que nos amen. Al final, lo único que nos queda es algo intangible que son momentos de felicidad, recuerdos, las caricias y la cercanía de los que nos quieren a pesar de nuestros innumerables defectos. Y los que nos hacen sentir amados, a pesar de nuestra manifiesta imperfección.

Lo demás, son ríos de tinta (cada día menos tinta, por cierto),  ruido y árboles que nos impiden ver el bosque, el auténtico bosque. Nada que ver con la pelambrera masculina. Con ese camino hacia lo verdadero al que llegaremos por nosotros mismos, sin autoayudas, sin terapias y, por supuesto, sin temores.