domingo, enero 25, 2015

Bares, besos y estrategias






¡Vivo sin vivir en mi desde que me he enterado de que el coletas ha cortado con la novia!. ¡La ideología ha podido con la pasión y la química!. Las imputaciones se han cargado de un plumazo a esta parejita tan mona que nos hacía creer en el amor. No importa que tú seas de Izquierda Unida y yo Pablo Iglesias: Podemos.

Pues no, no han podido.

En realidad, esta es una artimaña de columnista para que se enganchen al artículo. Los amoríos entre políticos me interesan lo mismo que la vida sexual de las ostras. Ahora, a lo que iba. Un amigo me contaba con tristeza estos días que la gente ya no se besa en los bares.
-¿Y eso?
-Porque es prácticamente imposible agenciarse un ligue de una noche.

¿La palabra ligue me parece tan antigua como a vosotros? El hecho es que no me lo dijo tal que así, quizá la antigua sea yo, pero sí que dio algunas claves de cómo está el mercado. Coincide en lo que comentan todas las mujeres: la cosa está fatal.

 Las señoras que vuelven a la vida social-amorosa — quizá después de un divorcio o de una relación larga— se encuentran completamente desubicadas, desmotivadas, incluso aburridas pero, chicas, os contaré por qué. Salvo casos excepcionales, un hombre de los de hoy se piensa muy mucho como entrarle a una mujer. Se lo piensa tanto y tanto que ya ni le entra.

Esto lo sospechaba porque en diez días que estuve en Los Ángeles ligué tanto como en diez años paseando por las calles españolas (ligar es un decir, hay hombres que te piropean, que se interesan por ti, que te quieren invitar a salir una noche, así sin más, si más conocimientos). La cosa aquí carece de toda naturalidad. Antes de dar un paso se monta una estrategia previa que puede durar meses. Pero, señores. Señores de cuarenta largos y cincuenta: ¡Hay que espabilar! ¿Cúando darán el paso? ¿Cuándo no les quede otra que recurrir al Cialis para mantener una erección?

Mi amigo me seguía narrando algo inconcebible y es que las conversaciones de muchos adultos machos se parecen bastantes a las de algunas hembras adolescentes:
—Acho, le ha dado al “me gusta” en mi Facebook ¿Tú crees que querrá decir algo?. O: “el otro día me tropecé con ella por la calle y me dijo: a ver si nos vemos; ¿Tú crees que lo dijo por decir o en realidad quiere verme de verdad?”

Total, que se pasan las semanas en conversaciones bizantinas, diálogos de besugos e interpretaciones de signos.

La vida es más sencilla que todo eso. No tengáis  miedo a entrarle a una moza guapa pero tampoco os paséis de babosos. Si la tía te dice que no, no le busques dobles significados. Si le echas cojones y le acaricias el pelo y ella te suelta :”¡No toques! ¿Para qué tocas?” Es que no hay ni asomo, ni intención y lo mismo, si te pasas, te casca una colleja.

No me apena que el coletas corte con su novia pero sí que la gente no se bese en los bares.  

Me encantaba aquella canción de Gabinete Caligari: No hay como el sabor del amor en un bar.

viernes, enero 23, 2015

Camino


Habrá palabras, caras,
cuerpos.
Habrá hechos y
situaciones
Pero si tú eres
mi casa
¿Por qué irme
 lejos?

Dices, no importa,
siempre que vuelvas
a mi.

Ya me siento tú.
Tú te sientes yo.

Y juntos hacemos
este camino de fuego,
de juegos, de vida,
de amor.

jueves, enero 22, 2015

El ciclo de Liderazgo Femenino que se celebra en Mazarrón acoge hoy una mesa redonda sobre los modelos locales y globales de empresas dirigidas por mujeres





·       La presidenta de Hostemur, Soledad Díaz y las empresarias Pilar Verdú y Laura Fuertes debatirán sobre la escasez de puestos directivos femeninos en  nuestro país y aportarán su visión personal del Liderazgo Femenino

·       El acto se celebra esta tarde a las 20.00h en la Casa de la Cultura de Mazarrón


El ciclo sobre Liderazgo Femenino que se está celebrando desde el pasado mes de octubre en Mazarrón acoge hoy jueves 22 de enero la mesa redonda titulada “Modelos locales de gestión con visión global, dirigidos por mujeres”. La cita es en la Casa de la Cultura de la villa costera a las 20.00 horas

En esta mesa participarán Soledad Díaz, presidenta de Hostemur, Laura Fuertes, empresaria de Profusa, Yolanda Muñoz Gómez, directora general de Ordenación del Territorio de la Comunidad Autónoma de Murcia y Pilar Verdú, empresaria de Mazarrón. La mesa estará moderada por la periodista y coordinadora del ciclo Lola Gracia.

Este conjunto de mesas redondas y conferencias quiere analizar la nueva realidad y los nuevos sistemas de organización acordes con los postulados del liderazgo femenino, cada vez menos jerárquicos, más horizontales y con la posibilidad de encontrar puntos de vista divergentes de un modo natural y positivo para el conjunto de la organización. Este nuevo tipo “sociedad” se extiende no sólo al ámbito laboral, sino también político, comercial, artístico y familiar. Los entornos son más amigables y las relaciones personales y profesionales se basan en la empatía, en lugar de en la competición.

Sin embargo, el liderazgo femenino no es algo nuevo en la historia de las civilizaciones;  Juana de Arco, Cleopatra,  Agustina de Aragón, Rosa Luxemburgo, Eva Perón, Golda Meir, Margaret Thatcher, Megawati Sukarnoputri, han ejercido el liderazgo bajo estas premisas, si bien, en un entorno mucho más hostil que el actual.

En la mesa redonda, también se tratarán las palpables diferencias de salarios de los directivos y directivas de nuestro país y el retroceso que han sufrido los puestos ejecutivos femeninos en nuestro país desde el comienzo de la crisis. De hecho, según los datos de la Encuesta de Población Activa del último trimestre de 2014, en España apenas hay poco más de 240 altas directivas y en la Región de Murcia 3,4

Las participantes
Soledad Díaz

Involucrada en el mundo empresarial desde muy joven, puesto que su padre fue un gran y pionero empresario en varias actividades. Es presidenta de Hostemur (Federación de Hostelería y Turismo de la Región de Murcia), Vicepresidenta de CROEM (Confederación Regional de Organizaciones Empresariales de Murcia); es miembro ejecutivo de CEHAT la Confederación Española de Hoteles y alojamientos turísticos ymiembro del Consejo Asesor de Turismo de CEOE y directoral del Hotel Bahia en Puerto Mazarrón


 Pilar Verdú

Experta en imagen personal, Técnico especialista en peluquería (I.E.S. Infante Juan Manuel) y experta universitaria en Imagen y marketing personal (Universidad Miguel Hernández) y cuenta con conocimientos de coaching y Programación Neurolingüística. Tiene su propio salón de peluquería en Mazarrón.

Laura Fuertes
Actualmente y desde hace un tiempo desempeña responsabilidades de dirección y coordinación en Profusa (Promotora Inmobiliaria del Grupo Fuertes).También realiza tareas de gobierno como miembro del Consejo de Administración de Grupo Empresarial Fuertes y es miembro de otra serie de Comités a nivel del Grupo : Comités mensuales de las Empresas del Grupo, G-6. Licenciada en Administración y Dirección de Empresas (ADE) y MBA


domingo, enero 18, 2015

El plasta de Grey







Lo confieso. He estado a punto de hacer como ese niño de Salou. Fingir mi propio secuestro para no tener que escribir el PuntoG de esta semana porque, queridos, no tengo más bemoles que hablar del irritante estreno del pesado de Grey.
¿Cómo no hacerlo? Si está todo el mundo ya salivando: casi 50.000 entradas vendidas a un mes de su estreno, el musical batiendo récords de asistencia. Como diría la gran Sarita Montiel: ¿Pero qué invento es este?

La industria del Hollywood funciona. Poner a Dakota Johnson de protagonista femenina es un acierto. Ella no es famosa pero sus padres sí, y mucho. Hija de Melanie y Don; ambos con una juventud tortuosa en la que no faltaron el sexo y las drogas ¿Qué importa que a Jamie Dornan no le conocieran ni en su casa a la hora de cenar? a partir de ahora será el protagonista de incontables masturbaciones.

Ya opiné sobre el libro. Creo, de hecho, que fui de las primeras periodistas de España en hacerlo cuando salió el volumen I de ese pastiche donde ella se muerde el labio inferior, bufa, mira hacia el techo y habla con su diosa interior unas 150 veces en unas 500 páginas de letra muy gorda. El hecho es que “50 sombras…” es lo mismo que aquellas noveluchas tipo “Jazmín” que se vendían en los kioskos, sólo que le meten un poco de fustas, un poco de azotes y la archi conocida habitación roja. Que es un “trabajo” pésimamente escrito por E.L James, una guionista de televisión —primera sorprendida del exitazo de su hijo de papel— y que engancha con la promesa de cuatro escenas de sexo que no son nada del otro mundo (que viene, que viene ¿Pero qué viene?).

Queridas y queridos si queréis leer sexo y poneros berracos del todo os recomiendo a Anais Nin y sobre todo al que fuera su amante Henry Miller. Lo que no entiendo es el cambio de chip ¿Por qué las mujeres compraban libritos tipo Arlequín casi a escondidas? ¿Por qué sus autoras siempre firmaban con seudónimos? Es que hasta la sección aquella de la revista Pronto que recreaba historias presumiblemente reales me ponía más cachonda que el tochazo del Grey. ¿No os da vergüenza sucumbir tan descaradamente a las leyes del marketing? Nos la han colado bien colada. Antes te ponías roja y ahora amoquinas la pasta hasta con orgullo cuando te llevas un Grey ante la mirada cómplice de la cajera del súper.

Burguesas aburridas de vuestros maridos. No os compréis un libro, compraos un vibrador. Y si queréis sexo salvaje y subversivo, ahí tenéis a Henry, a Anaís. Hermosos en su perversidad. A mi no me ofenden las escenas de sumisión del tochazo. Me ofende la etiqueta de “porno para mamás” ¿Pero qué diablos es eso? Y me hace reflexionar-cabrear  (buscad mi artículo titulado: Amante y madre) Si vuestros maridos dejan de contemplaros como mujeres deseables por ser madres, una buena tunda de collejas para que espabilen; un amante que os complazca pero ¿Un libro pseudo-erótico? ¿Un Pretty woman con esposas? ¿Una película? Y cuando salgáis del cine ¿Qué?

En cualquier caso, la vida siempre es mucho más divertida y sadomaso que la ficción. Una amiga me contaba que encontró en el maletero de una sacro-santa madre de tres niños un juego de fustas y trajes de cuero. Mujeres del mundo, entiendo que convertirnos en Amas-dominantes tipo Grey no es fácil. Sobre todo por una cuestión de tiempo y dinero pero, qué coño, si os va la marcha, caña al mono y menos libros, caperucitas.



domingo, enero 11, 2015

Mentiras por compasión




La última película de Woody Allen, Magia a la luz de la luna, nos devuelve la fe en el amor y en la ternura y nos plantea una idea básica. Si una mentira es capaz de hacernos felices ¿Por qué negárnosla? La pizpireta Emma Stone da vida a una supuesta médium, figura muy de moda en los felices 20 donde el contacto con el más allá era un acto social, casi como jugar al bridge.

Sin spoilear demasiado, añadiré que esa pregunta que queda en el aire me invita a la reflexión. ¿Las mentiras son necesarias para soportar la vida? Mi querido amigo Juan Carlos Calderón estaba convencido de ello y me encantó cuando la protagonista de la peli repite con precisión casi milimétrica aquello que él tanto decía. Hay mentiras imprescindibles para levantarse cada mañana.

Hay mentiras que funcionan, como  afirmar aquello de que el tiempo pone a cada uno en su sitio —casi siempre es así, pero no siempre—; O que cuando alguien muere no se va del todo. Por eso compramos sin dudar los amores eternos, las recetas para la felicidad, las películas con Happy End y la consabida leyenda: “Cuando una puerta se cierra siempre se abre una ventana”. Normalmente cuando una puerta se cierra, se cierra y punto y en muchas ocasiones es una putada pero ¿Qué necesidad hay de ser tan jodidamente sincero ante una persona que acaba de perder lo más preciado de su vida? Claro que sí, la mentira es compasiva.

Hay mentiras preventivas, beneficiosas, necesarias.  Para mi amiga Ana María Tomás, la mentira es, incluso, una norma básica de cortesía: “¿Tú crees que he engordado es navidades? –No, para nada, estás estupenda como siempre”. Yo, sin embargo, me aparto del auto engaño y desprecio el engaño ajeno. Cuando me descubro víctima de una mentirijilla, por pequeña que sea, mi autoestima queda a la altura de una boñiga de vaca. Prefiero pesarme y aterrorizarme con 700 gramos de más en la báscula, probarme ese vestido que se aprieta dolorosamente en las nalgas, a ir todo el día en mallas pensando que soy como Audrey Hepburn. 

Sin embargo, he de admitir que yo miento, miento mucho. Me invento historias continuamente, saboteo la realidad cuando veo que se acerca peligrosamente a la felicidad porque, sí, lo confieso, pertenezco a ese grupo al que le aterra y desconfía de la perfección. Cuando la vida es dulce, casi empalagosa, me pongo en guardia, no me lo creo. Por tanto, prevengo el bienestar absoluto con mentiras negativas y así estar preparada ante una sangrante verdad dolorosa.

Así que entro en una contradicción flagrante: yo exijo sinceridad pero me echo mentiras de las malas y me invento personajes, historias que nada tienen que ver conmigo. Sí, la mentira es como un juego y quizá sea como ese personaje de Truman Capote, Holly Goligthtly. Es decir, francamente falsa.

Eso sí, en el día a día, tengo un cuerpo y una cara incapaces de mentir. Son de una honestidad brutal. A veces, creo que tengo un cerebro como el de Homer Simpson, quiero callarme algo y no lo consigo; pretendo disimular un disgusto y lo empero. Conocer todos los recovecos del lenguaje no verbal me resulta inútil cuando me duele el corazón, cuando la ira se te agarra a las tripas. Los seres emocionales somos así. Las alegrías y las tristezas las vivimos intensamente y el mundo afectivo manda, es una brújula que cambia nuestro destino, nuestra vida, nuestros hábitos. Los emocionalmente transparentes lo tenemos jodido. Sí, en algunos casos, la mentira es imposible.




domingo, enero 04, 2015

La extimidad







La palabra de moda es extimidad. Serge Tisseron asegura que es la exposición literal de los aspectos íntimos de la persona, pero, lejos del supuesto fin de las redes sociales, esta sobreexposición no se hace para compartir. De hecho, Twitter y FB se han convertido cada vez más en interminables monólogos. El individuo, dice Tisseron, usa a los otros para reafirmarse como si fueran un espejo porque tiene la imperiosa necesidad de crear un personaje diferente a sí mismo, una autoimagen más molona. Total, que la extimidad es otro postureo más, alejado de la autenticidad que parecen destilar estas poses.

Los prosélitos de la extimidad muestran la “verdad” desnuda. Algunos influencers, sobre todo del gremio más teen, se fotografían los abdominables casi con desesperación. Cualquiera puede verte el ombligo, las tetas, los pelos del pubis. En ocasiones, los extimios (¿) se esfuerzan y ofrecen al mundo fotografías cuidadas en primoroso blanco y negro. En otras, no; de tal forma que uno no sabe si se ha salido de Twitter para adentrarse en una psesudo página porno. Mostrar y mostrar cada día me parece más aburrido. Es más, lo chic es montar fiestas de cumpleaños donde las fotos estén prohibidas. Y que la gente pueda desmadrarse, reírse, abrazarse o achucharse sin cámaras indiscretas.

Lo confieso, a veces soy víctima de los selfies y no me importa, de cuando en cuando, enseñar una parte de mi pero ¿Mostrarlo todo para en realidad no mostrar nada y engañar al personal?  Me niego rotundamente

Entiendo que hay artistas que utilizan su propio cuerpo como una vía más de expresión. Precisamente esto es el anti-ego. Es abandonarse, es renunciar a una parte de tu intimidad en pos de una creación quizá superior, que te mejora, que pretende crear belleza, o disrupción, o protesta, utilizando tu materia mortal.

 Si la extimidad forma parte de un discurso más amplio que realmente tenga un sentido creativo y comunicacional, bravo. Es como rescatar lo mejor del Mapplethorpe descarado con arte y gracia. Pero hacerse fotos de sí mismo, una y otra vez las mismas fotos, los mismos planos, las mismas poses (abdominal, culos, tetas, abdominal, culos, tetas en un bucle interminable) aburre sobremanera. Los que no suben otra cosa que autofotos a sus muros de Facebook destilan un narcisismo patológico y demuestran estar aburridos consigo mismos y con la vida y nos quieren aburrir al resto. No hay afán creativo o artístico, quizá tan sólo soledad.

 La extimidad como una forma de llamar la atención me irrita tanto como el llanto de un bebé con gases.  Es casi un ruido insoportable.

Lo que voy a escribir es muy políticamente incorrecto pero es lo que hay: ni todos somos escritores por tener un teclado a mano, ni somos modelos por usar instangram. Me importan un pepino la mayoría de las cosas que veo en el muro de Facebook: lo que comes, lo que cocinas, la gente con la que te juntas, salvo  si eres una persona a la que conozco en realidad que aprecio y quiero. Imagino que al resto del mundo le sucede igual. ¿El resultado? Pasamos horas repasando biografías que no nos interesan nada; dejamos de aprender y crecer y nos estancamos en la reproducción sistemática de vidas similares y momentos similares porque, no nos engañemos, el ser humano es odiosamente predecible. 

Viva el arte y la pasión. Vivan aquellos que aportan valor y ante tanta intoxicación cibernética volvamos a la esencia. Volvamos a los libros, al verdadero discurso que nos abre la mente no a esta película insulsa que nos empacha y abotarga.



domingo, diciembre 21, 2014

Amores otoñales




Un amigo muy gracioso decía siempre que nunca es tarde si la picha es buena. Lo sé, es una burrada, pero es otro modo de expresar algo que quizá suene más cursi: el amor no tiene edad.  Ambas sentencias son ciertas. Son verdaderas por más que nos parezcan trilladas frases hechas (y lo sean).

Algo está cambiando en la mentalidad española. Llama la atención un dato: se duplica el número de divorcios entre personas mayores de 65 años.  Según el informe “Las personas mayores en España” hecho público por el director general del Imserso, César Antón, con ocasión del Día Internacional de las Personas Mayores, el número de rupturas matrimoniales,  entre personas mayores de 65 años va aumentando y se ha duplicado en una década, al pasar de un 1,36 por ciento en 2001 al 3,17 por ciento en 2011.

Conozco algunos casos de cerca. ¿Por qué a partir de los 65 y no antes? Se me ocurren varios motivos. El principal: con el paso de los años se nos van cayendo los dogmas, los prejuicios y las auto programaciones. Tú llegas al mundo con una idea de la vida pero la realidad se va encargando de machacartela. Nada de lo que creías a pies juntillas se cumple. El amor no siempre es para siempre; Los hijos han abandonado el nido y aquellos que han permanecido junto a su pareja para evitar que el bastión familiar se desmoronase, sienten que ya no tienen esa obligación. La cosa es que, por lo que veo en mis mayores, con el paso de los años uno se libera de cargas y convencionalismos.

 España es un lugar atrapado en las normas sociales, inmovilista y tradicional, incluso en sectores que, a priori, nos puedan parecer muy  progresistas ¿Cuántos matrimonios permanecen unidos por la inercia social?. Quizá exista cariño, comprensión e incluso complicidad pero en muchos casos falla lo esencial.

Inmersos en la rutina diaria, en la comodidad y en el qué dirán, hombres y mujeres, viven atrapados en sus propias vidas. Sólo cuando sienten que se les escapa la existencia o cuando se encuentran en una situación límite, reaccionan

El ser humano envejece por fuera pero no siempre por dentro. Los hay que se levantan con achaques y arrugas en su cara pero sienten que aún tienen toda la vida por delante. Y en parte así es. ¿Cuántos recomienzan su historia a partir de una edad madura? ¿Y es menos válido su amor, su deleite porque este lo alberga un cuerpo cansado? ¿Cuántas parejas se unen después de agotar capítulos de otra etapa anterior? ¿Cuántos encuentran el verdadero amor lejos del mito adolescente y juvenil?

El amor maduro es más amor. Es más cierto. Contiene menos afeites y engaños. Se asienta en unas bases reales, sólidas. Si llegamos a este mundo sin saber nada del corazón ¿Cómo pretendemos acertar a la primera? Es imposible. Entiendo a la fallecida Duquesa de Alba cuando confiesa que encontró al amor de su vida en Jesús Aguirre, su segundo marido. Ella tenía 52 años.

Si los 40 son los nuevos 20, los 50 y los 60 son décadas de la existencia humana que ya no pertenecen a la decrepitud y al hastío, sino que, en muchos casos, y gracias a un mayor cuidado y calidad de vida, permiten desquitarse de tabúes y miedos. Una pareja de sesentones quizá no quede bien en un anuncio de Calvin Klein pero  qué importa. Las patas de gallo, las ojeras antiguas no harán fotos perfectas pero qué importa. La plenitud, la certeza eso es lo único que importa.