sábado, junio 18, 2016

Legitimar la rareza

   

 Según ese sociólogo clarividente que es la alegría de la huerta y que responde al nombre Zygmunt Bauman, vivimos en un mundo líquido. Este mundo de hoy se caracteriza por la precariedad, por su volatilidad, por el cortoplacismo y porque, nos guste o no, hemos tenido que aprender a vivir y gestionar la incertidumbre ¿Cómo afecta eso a las relaciones amorosas? Pues analicen a su pareja, a las parejas vecinas (si es que aún se mantienen en pie).

 El mundo sólido parece que pasó a la historia. Ya nada es para siempre, ni blanco ni negro. Analicen y observen también qué parejas parecen vivir en un mundo sólido pero en el fondo pisan un lodazal apestoso desde hace décadas. No es tan difícil. De acuerdo. Hay excepciones, luego iremos a ellas La conclusión de Bauman es que el Eros sigue ahí vivito y coleando: "lo encontrarás en todas partes pero nunca demasiado tiempo en el mismo sitio" Hemos pasado del modelo familiar, al nomadismo amoroso.

Y esas mismas características que menciona Bauman de su mundo líquido son extrapolables al sexo y al amor, por muy romántico que sea. A mi Bauman me parece un cenizo de tres pares de narices. Cierto, no le falta razón, pero si el problema de las parejas tradicionales ( fracasadas) es que la vida sólida es incompatible con un sexo rico, lujurioso, erótico, apasionado y repleto de deseos al rojo vivo, no hay porque hundirse en la miseria.

 La solución existe. En este mundo nómada, "el domicilio permanente del buen sexo es la pareja lujuriosa" (Sanz) ¿Qué significa eso? ¿Que para que nuestra relación funcione tenemos que hacer un viaje cada quince días? Es posible. Cada cual ha de tener su método. Básicamente lo ideal sería importar lo bueno del mundo líquido: la experimentación, el afán por innovar; no dar nada por sentado y pensar que el sexo lo escribimos día a día, con las diferentes parejas sexuales que encontramos por el camino.

Esto nos garantizará— quizá no el amor y el enamoramiento eternos— relaciones satisfactorias durante largos periodo de tiempo. Como seres sexuados, conformamos nuestra sexualidad, nuestras filias, nuestras fobias, nuestras peculiaridades, conforme vivimos. Esas experiencias con sexo, erotismo y amor que escriben nuestra biografía.

 Estarán de acuerdo conmigo que inscribiremos en nuestra biografía sólo esos momentos ricos, intensos y bonitos dignos de ser mencionados. Esos y no otros son los que merecen la pena estar en nuestro haber. Por tanto, ¿Qué esperan esas parejas que se conforman con un polvo marital una vez a la semana si llega? Pues, bajo mi punto de vista, a lo máximo que pueden aspirar es a convertirse en unos maravillosos compañeros de piso. Nada más.  El ardor, el erotismo, la pasión, finalmente, lo encontrarán en otra parte: en otra pareja, en una fantasía, en triste porno.

 Me quedo con las maravillosas letras del poeta René Char que nos invitaba a legitimar nuestra rareza. La perversión ya no está en la cama de la prostitución, sino en tu dormitorio de Ikea, en tu mesilla de noche. Si los amantes (casados, o no, oficiales, o no) se comprometen a salir del territorio conocido archivado y sistemático, llegarán a la serendipia.

Al hallazgo valioso que se produce de manera casual. Hay que ser valientes, hay que ser perversos . Hay que hacer que merezca la pena y darle la vuelta a los convencionalismos. Hay que buscar  —sin buscar— la emoción. Entrenar cuerpo, cabeza y corazón para hallar serendipias cada cierto tiempo, recordarlas y sonreír con tu pareja de un modo cómplice y travieso. Legitima tu perversión y disfruta de ella.

Hombres lujuriosos pero fieles

               


Muchos de los hombres que leáis este artículo estaréis de acuerdo conmigo. Lo que quiere el varón en su fuero interno es multiplicar el sexo fugaz hasta el infinito con el mayor número de mujeres posible (en palabras del profesor  Marcos Sanz).

Esto es políticamente incorrecto. Sabéis que si vais por el mundo con esa filosofía no lograréis retener a esa mujer que os gusta. Porque, creedme, llegará un momento que digáis: ya está, tú eres con quien quiero estar. A ella no le valdrá que la pongáis en un pedestal y os vayáis a cazar otras gatitas por la noche. Y hacer valer esta postura es una conquista de la mujer en el siglo XX.

 El encuentro está muy bien pero esta nueva mujer, lujuriosa, sexualmente activa y exigente también es rebelde. Es una mujer con capacidad de impugnar. La mujer ha dicho, de acuerdo, a nosotras también nos gusta el sexo, nos encanta la pareja lujuriosa. Pero nos gusta el amor. 

La mujer (en términos generales) siempre tendrá en su objetivo una relación del tipo que sea, más estable, menos estable. El hombre vive obsesionado con el encuentro. Nos hallamos con la idea masculina del sexo y  la idea femenina del amor, dando como resultado un amor sexualizado y una sexualidad amorosa (Marcos Sanz, again). El gran desafío del hombre del siglo XX y XXI es conciliar sus deseos con la conquista social de las mujeres. 

Nosotras hemos logrado implantar  esa nueva manera de entender la lujuria y que el hombre se olvide de la teoría de la acumulación para centrarse en la relación En estos tiempos donde nada es para siempre, donde se imponen las citas de un día (con o sin sexo) virtuales (con o sin sexo), no sé ustede,s pero yo abogo no tanto por la relación de hierro -- Esa que encadena, ata y te maldice --sino por los encuentros profundos y auténticos. La duración me preocupa menos.

  El amor no es duración, la lujuria amorosa puede ser tan profunda que traspase la barrera del tiempo. Hay encuentros tan memorables que merece la pena estar en este mundo por el hecho de haberlos vivido. ¿Y qué es un encuentro profundo? Bajo mi humilde opinión, debe existir auténtico diálogo. Diálogo de los cuerpos y también del otro.

 Es lo que yo digo siempre: todo lo que merece la pena en esta vida se resume en una palabra: comunicación. El sexo, la gastronomía, la literatura, la danza, la música, la moda. Las ventajas de aunar sexo y amor son evidentes sobre todo para las mujeres y el modo en cómo funciona nuestro deseo en términos muy  generales. Las fantasías son otra cosa y las particularidades y las peculiaridades, otra.  

  La desventaja es que el sexo ahora, con este planteamiento, sostiene la pareja.  No todas las parejas aprueban siempre esta asignatura y si la cosa no funciona todo toma un tinte dramático. Pero el drama no sirve para nada, salvo para que Anna Karenina se tire bajo las ruedas de un tren y todos lloremos acongojados.  

  El hombre puede elegir vivir siempre del sexo furtivo cumpliendo esa Teoría de la Acumulación (Eva Illauz) A la mujer que le funcione, pues también y si nuestra pareja lujuriosa ya no lo es tanto, no lloremos por las esquinas. Siempre hay soluciones. El cuerpo es una fuente increíble de placer y placeres.

 Todos tenemos derecho a ello pero que la búsqueda del placer nunca sea un camino angustioso y tortuoso. La palabra mágica es fluir. Como dice mi amiga Silvia Arenas, si fluye, bien. Y si no, pues a otra cosa y a practicar el hoponopono

Respeto e identidad sexual

   


 Esta semana hemos conocido una gran noticia: la Sanidad Regional financiará a partir de ahora el pago de sexo a los transexuales. La Verdad sacó en portada un tema que preocupa a muchos afectados y con el que la sociedad demuestra, una vez más, estar escasamente sensibilizada. En la información publicada en la web encontramos los típicos comentarios de si es realmente necesario una operación de este tipo y que en la Sanidad Pública hay otras necesidades perentorias.


 Leemos opiniones de personas que ven más importante que sufragar los empastes en lugar de algo tan básico como puede ser el cambio de sexo para alguien que se está completamente desubicado con unos pechos que no siente como suyos o un pene que le sobra porque es mujer de la cabeza a los pies. Siguen existiendo las lamentables confusiones: transexual no es travesti. No lo es por hobby. Si uno nace sintiéndose mujer aunque los genitales masculinos contradigan esta cuestión sagrada de identidad, no puede hacer otra cosa.

 A la costosa operación y dolorosos post operatorios se añade que el transexual renuncia al placer en pos de vivir acorde con su identidad. Probablemente muchas personas desconocen este particular. En esta columna hemos tratado en alguna ocasión el tema y hace pocas semanas lo asocié a la difícil época de la pubertad. Aunque el transexual lo tiene complicado siempre mientras la sociedad siga patologizando el sexo en general (más que de sexo o sexuación se habla de prevención de enfermedades, como si fuera la bicha malévola).

 Hace poco tuve una discusión con un compañero en una tertulia de televisión. Y vuelvo a encontrarme que incluso los propios gais carecen de la empatía necesaria para comprender este asunto que aún hoy podemos definir como problema. Yo no soy transexual pero he sido adolescente.

Puedo entender la horrible vergüenza que se pasa a determinadas edades donde aún careces de la personalidad y el valor propios para reafirmarte en ser lo que eres y como eres, aún a riesgo de ser impopular. Vamos con el tema, por ejemplo, de los aseos públicos. Si yo fuera adolescente y transexual me gustaría entrar a un aseo donde nadie me mirase raro porque soy chica por fuera y me siento chico por dentro y voy al de los chicos.

Cambiar la mentalidad en algo así es imposible de un día para otro, por eso yo propongo la opción de aseos especiales para que cada cual los  use con libertad. Este chico hizo un comentario muy desafortunado. Entonces ¿Qué? ¿Los vas a comparar a los minusválidos? ¿Cómo si fueran bichos raros? Vaya por delante que odio las palabras minusválido y discapacitado. Deberían desaparecer del diccionario asociadas a personas que van en sillas de ruedas por accidente o por nacimiento.

 En este caso, acabaremos patologizando al mundo entero siempre y cuando no se ajuste al estereotipo marcado por esta sociedad que, por ejemplo, se empeña en meter a todas las mujeres en una talla única. Todos tenemos derecho al respeto de los demás, da igual nuestro color de piel, nuestra opción sexual o de identidad sexual, nuestra talla, los pájaros que tengamos en la cabeza, lo incoherentes que seamos o los aciertos y errores de nuestra vida. El respeto se mama y se aprende. Y también se gana, por supuesto.

 El colectivo transexual se lo ha ganado con creces. Hace algo más de 50 años a los gais se les dejó de considerar enfermos mentales. Ya va siendo hora de acabar con eso de que los transexuales de nuestro país tengan que decir que están mal de la mollera para acceder a su operación de cambio de sexo.

Muera el amor

       

Os acordáis de la famosa canción de Rocío Jurado? Parece que alguien me la ha metido en vena por vía subliminal. De un tiempo a esta parte todos los tíos me parecen sosos, aburridos, feos o muy feos. Llega la hora de la cita y comienzan los bostezos, la pereza monumental, las pocas ganas de arreglarse para nadie. Total ¿Para qué? El amor que nos venden en el cine, ese donde los dos llegan juntos al orgasmo, se da unas pocas veces.

No digo que no exista. Incluso yo he vivido en carne propia eso de conseguir ese goce brutal del uno con el otro al unísono. Una temporada me dio por bautizarlo como "follación sincronizada". Pero ya está. Se acabó. Porque después de todo eso lo que viene siempre son sinsabores, decepciones, promesas rotas o relaciones que se mantienen por un interés crematístico.

 Como dice una compañera del máster es que los orgasmos tienen mucho tirón. A las mujeres nos dan un orgasmo y nos ponemos el mundo por montera. Y qué verdad es ¿Pero qué pasa con los hombres? Pues que en general sois unos mataos. Y el orgasmo os gusta, pero la comodidad os fascina. Algunos raros son capaces de romper su rutina por un amor verdadero pero si falla, pues ponen fin a la vida amorosa. El otro día conocí a un príncipe encantador que me confesó ser un Don Juan. Hay que llegar a unos elevados niveles de desencanto para auto colocarse esa etiqueta.

 Me he tropezado con un video que os recomiendo. Apenas dura tres minutos y se titula "True romance". Y sentí envidia de mi misma algún tiempo atrás. Los protagonistas se besan en todos los sitios inimaginables: en medio de una manifestación, entre cables, por supuesto en el coche, en las estanterías de un supermercado, en la cornisa de un edificio. Son besos reales: con mucha lengua, con saliva, con barbas, con sudor.

Ese es el amor explícito, salvaje y maravilloso que cualquiera añora, no la comedia barata de Hollywood que ya nadie se cree. Cuando uno ha vivido ese amor y sale mal resulta que le pasa como al príncipe encantador, como a mi. Que ya nos hemos blindado. Que simulamos divertirnos pero en el fondo nos sabemos de memoria el guión de esa película.

De hecho, la hemos protagonizado varias veces . ¿Quién es el valiente que se atreve ahora a ir a pecho descubierto con un corazón palpitante al aire? Un video como el de "True romance "puede motivar. Quizá exista alguna terapia de cincel, pico y pala para desbloquear esa coraza. Miraré algún tutorial de Youtube que uno encuentra de todo. Es posible que encuentre el valor necesario para desterrar toda mi educación judeo cristiana y me convierta en ágama.

Los ágamos rechazan el amor, se rigen por la razón como máxima autoridad decisoria, reintegran las relaciones al ámbito de la ética. Su prédica también incluye el rechazo al concepto de género y al concepto natural de belleza (para ellos es un concepto construible). La agamia sustituye la sexualidad por erotismo, los celos por indignación (que me da la risa) y la familia por agrupación libre No sé si, con tantos pájaros cinematográficos y musicales en mi cabeza, podré desprogramar todo el romanticismo que me han inculcado y que tanto me gusta y me inspira.

 Queridos lectores del punto G: Ante los desengaños y sinsabores ¿Serían capaces de elegir algo como la agamia? ¿Serían capaces de vivir a base de folla amigos? Ojalá pudiera, de verdad. Mi vida sería más fácil. Pero, como cantaban los Panchos, lo dudo. Rocío Jurado tiene la culpa.

En cierto punto

 

 El otro día se me acercó una señora muy sigilosa para preguntarme dónde estaba el punto G. Podía haberle contestado como hablaban los surrealistas. Le podría haber dicho: en cierto punto. Y no le mentiría ¿Verdad? Hablar de sexo ante amas de casa que sobrepasan la cincuentena es algo muy rico . Se aprende. Para explicar donde se halla cualquier elemento de la geografía humana, un dibujo es lo gráfico, lo fácil, lo evidente pero, ante la imposibilidad de tener uno a mano —con un lenguaje de manos entre flamenco, simiesco y grotesco— traté de poner fin a su duda. El ser humano se mueve con especial soltura por entre lo desconocido y lo misterioso.

Quizá lo que no salta a simple vista nos emociona e intriga más que otros atributos tan o más sexuales que el tan famoso y pregonado Punto G ¿Pero yo me lo puedo palpar? Pues depende del dibujo de sus entrañas. De lo largos que sean sus dedos... Depende. Todo es en cierto punto. Como la noté algo angustiada por sus relaciones sexuales con el marido de toda la vida intenté tranquilizarla: esto no es el salto de pértiga, lo importante, amiga, es pasarlo bien ¿Ha probado a pedir que la bese en el cuello? Quizá eso la excite más que el saber que su esposo anda perdido entre sus grutas buscando tesoros. ¿Será suficientemente hábil para encontrarlos? ¿La herramienta será la adecuada? El kamasutra explicaba cómo no todos los hombres son compatibles con todas la mujeres.

Hay órganos sexuales que encajan como un puzle y otros que no hay forma, vaya. Todo es ortopédico y más complicado que una pirueta de El circo del sol. Pero más allá de los genitales buceemos precisamente ahí, en ese cierto punto, esa complicidad que se tiene o no se tiene, que se tuvo o se perdió, y que es la base de la diversión y el juego entre las sábanas. 

Si convertimos hacer el amor ,o follar en una gymkana, estamos perdidos. -Pero es que yo con el clítoris voy muy bien -Pues mejor para usted, si eso le satisface, fantástico. -Claro que lo otro no lo he probado Como ya discurríamos en esas intimidades, en confianza le comenté que el orgasmo "con clítoris" como decía ella es estupendo pero, personalmente prefiero gozar por cuantos más sitios mejor. La sonrisa de picardía era indescriptible: "lo del clítoris está bien, amiga, pero lo otro es el premio gordo. No sólo eso, que si se relaja puede encadenar un orgasmo con otro. Vamos, que es mi experiencia, pero sin obsesiones ¿vale?" No sé cómo le irá a esta señora y su marido. El caso es que me encantó esa frescura a la hora de comentar esas intimidades. Las mujeres de cierta edad son la antítesis de la mojigatería. 

Los que consideran que nuestra Región es retrógrada, que se asomen por algunas asociaciones de amas de casa. Quizá les pregunten algo que no sabrán siquiera responder. Mi sueño es ser como la Streisand en los "Padres de ella" y enseñar a todo el mundo a disfrutar de su sexualidad con alegría, sin complejos y sin miedos. Y si son parejas mucho mejor. Y si sobrepasan la cincuentena, mejor aún. Igual que un mapa de Murcia no huele a Murcia; es un dibujo sobre un papel; una abstracción que jamás podrá recoger las emociones de una tierra, sus playas o sus cielos increíbles; que alguien sepa exactamente donde se encuentra ubicado el punto G es sólo fundamental en la sexualidad y sexuación de una persona... hasta cierto punto  



lunes, mayo 09, 2016

¿Qué es la pubertad?

     


 La pubertad es una tormenta. Es un libro de Anais Nin, pongamos Pájaros de fuego. Es una taquicardia. Él aparece al doblar una esquina. Te regala unas zapatillas de deporte. Te da un beso tierno pero te lleva 14 años y te ve como una hermanita pequeña. Maldita sea. La pubertad son esos pechos que no quieres que crezcan porque detestas ser mayor. Es la primera experiencia sexual en grupo. Los primeros genitales que te tropiezas. Los tuyos, los de otros. Un vello incómodo. Un olor que te sobrepasa, la fealdad, la belleza.

El estirón que te transforma y ya no eres una niña nunca más. Y ahora quieres otras cosas. Y sueñas con ellos bajo mil posibilidades y formas. Aventureros que recalan en una isla recóndita, hombres con traje y corbata cuyo atractivo te desborda. Y tu corazón palpita. Toda la sangre de tu cuerpo se concentra en tu sexo y en tus sienes y casi te avergüenza descubrir esas sensaciones.

 Y te agarras a las escenas de La gata sobre el tejado de Zinc (caliente) y eres ella, Elizabeth Taylor, cuyo deseo traspasa la pantalla y lo sientes como tuyo. Y ya por siempre te gustarán esos hombres. Algo duros por fuera. Muy frágiles por dentro. Quizá incluso ambiguos y, casi siempre, con los ojos claros.

 Ahora que contemplo la pubertad y pre adolescencia de mi hijo comprendo cuán diferentes somos pero los dos tenemos algo en común. Común a todos los adolescentes. El niño deja de ser niño, se encierra en su cuarto, necesita esa soledad para crecer. Necesita sus cosas, sus amigos, su individualidad. Se está conformando como individuo. Comienza a aparecer los primeros caracteres sexuales. Se avergüenza de ellos en un principio.

Se acostumbra e ellos después. Imagino la adolescencia y pre pubertad en esos  —aún niños— que nacieron hombres y se sienten mujeres y viceversa. Los caracteres sexuales que les imprimen sus genes están en franca disonancia con lo que tienen en su interior. Actualmente hay tratamientos hormonales para frenar esos caracteres sexuales y que la cirugía posterior (si es que se atreven, quieren y pueden someterse a ella) no sea tan agresiva. Pero entramos en el terreno resbaladizo del menor. Y, por desgracia, los hay que se empeñan en mezclar la moralidad con algo que nada tiene que ver.

El sentirse hombre o mujer es algo irrenunciable para cada ser humano. La pubertad marca ese momento en el que ya puedes concebir, ya tienes capacidad reproductora. Aunque angustiosa y estresante en algunos momentos, también es una etapa de la vida de descubrimiento. Sería maravilloso poder mantener esa capacidad de sorpresa para siempre. Pero por favor, dejemos de concentrarnos en la reproducción. Dejemos de decirles a nuestros hijos: "Ahora ya eres un hombre" "Ahora ya eres una mujer". Y antes que eran ¿extraterrestres? También eran hombres y mujeres.

Nacemos sexuados y permanecemos sexuados a lo largo de toda nuestra vida. Los niños tienen su propia sexualidad, igual que los adultos, igual que los ancianos. Y si eres madre o padre de un niño adolescente, por favor, déjale su espacio, su privacidad. Imagina por un momento su mundo lleno de interrogantes ¿me debo poner sujetador? ¿Me afeito ya? ¿Con qué clase de cuchilla? ¿Este desodorante será suficiente?

 La pubertad debiera ser florecimiento y felicidad y no ansiedad y tortura. Enseñemos a nuestros hijos a quererse tal como son y tal como se sienten. A enfrentarse a la vida y a quienes quieren condenarles a ser lo que no son. La pubertad es libertad. Brindemos por ello.   Imágenes de  Isabella Connelley y Bethan Mooney

Ese no era el gallo




Esta semana me contaron una bonita historia con final feliz. Él casado, ella casada pero no entre ambos. Se conocen, se enamoran. Ambos tienen dos hijos de sus respectivos matrimonios. Inician una relación. La relación prospera en la clandestinidad un tiempo pero se percatan de lo importante que es su amor. Hace más de 30 años decidieron romper su estabilidad familiar e iniciar un camino juntos. Hoy, después de 30 años, permanecen juntos. Los comienzos fueron duros, sobre todo en la España de hace tres décadas y, en muchas ocasiones, en el hogar que compartían se juntaban los vástagos de él y de ella en plan "míos, nuestros, vuestros". Esta historia contada al calor de un vino, con la serenidad de los años transcurridos, me hizo sentir quizá un poco de envidia porque hacer algo así  hoy es casi inconcebible. El amor de ahora no mueve montañas. Es un amor conformista, lineal, cómodo. Casi comida de rancho. Hay muchas historias alrededor nuestro pero apenas encontramos este tipo de relación heroica, hermosa, valiente. Nos quejamos de la proverbial cobardía masculina. Detestamos generalizar pero sólo hay que observar el panorama: cada día hay más mujeres solas que, hartas de esperar un tipo de relación algo más comprometida e involucrada, dicen adiós, e incluso renuncian para siempre a la posibilidad de una pareja. Mi amiga Patricia Díaz tiene un dicho cuando el hombre falla: ese no es el gallo. Pero ni gallo, ni polluelo ni calimero. De un tiempo a esta parte no escucho ni una historia con final feliz y, me vais a perdonar, pero soy una romántica. Me gusta que el amor triunfe, que sea más fuerte la convicción de que hay que comerse la vida a "bocaos", como dice Rosa Montero, que el terror al cambio. En estos momentos, tirar sólo hacia adelante cuesta más que quizá hace 10 años. La vida está muy cara, el trabajo es escaso y los sueldos no crecen al ritmo de los salarios y eso, no nos engañemos, mantiene unidas a muchas parejas. Pues les digo una cosa: no se está nada mal sólo. Incluso se está mejor. En esta semana plagada de eventos literarios, me quedo con algunas historias contadas al calor de una copa de vino, con la frase"Ni pena ni miedo", del poeta chileno Raúl Zurita, que fue excavada en la zona desértica de Antofagasta y que mide medio kilómetro de ancho y tres kilómetros de largo. Rosa se ha tatuado esta palabra justo debajo de su nunca. También hay pájaros de tinta preciosos que surcan sus brazos, para recordarle su propia fuerza y resurgimiento tras una tremenda operación de espalda. Castigar el cuerpo porque él te castiga, dice. Ordenarle: aquí mando yo. Me quedo también con la cara de ese otro amigo que enterró a su esposa hace cosa de un mes que siente alivio por ella, por todos. Porque cuando amas a alguien detestas verle sufrir. A veces olvidamos por qué permanecemos al lado de alguien o por qué decidimos que ya no más. Pero, tranquilos, que la vida siempre está ahí para recordarte tantos ejemplos que sobreviven a la desidia, al miedo, al auto sabotaje. Y que lo del final feliz es siempre algo subjetivo. Quizá ese hombre que amabas, que se involucró contigo y con el que hubieras caminado un buen trecho de tu vida, no era el gallo. Te lo inventaste. Quizá te habrías aburrido de él al cabo de un año y quizá, en el fondo él llevaba razón, cuando insistía en magnificar su insignificancia. Hoy es insignificante después de todo. Ese no era el gallo.

500 variedades del Kiki

 

  El marido de una amiga mía le regala zapatos. Pero no un par, sino varios de golpe. También lencería fina. A ver si aprendéis los demás. Un modo de cuidar a la pareja es éste. Participar juntos en un juego. Él juega a comprarle zapatos y ropita como si fuera su muñeca y ella accede encantada a entrar en ese mundo. Y se divierten juntos. Que conste, que yo también accedería.

 A lo que voy es que en el entorno de la pareja y las relaciones afectivas, amorosas y eróticas, lo lúdico es muy importante. Y nadie es sospechoso de ser raro porque le guste vestir a su chica. Incluso si le gusta ponerla de chico con sus propios calzoncillos y camisas. Otra pareja que conocí tenían un hábito muy gracioso.

En cada encuentro amoroso (vivían en ciudades diferentes y alejadas) él se quedaba las bragas de ella. A cambio, él —un personaje conocido— le tocaba ir a unos famosos grandes almacenes a comprarle ropa interior nueva...y retransmitirselo. En muchas ocasiones. Un objeto, un fetiche como los zapatos, forma parte del ese ritual del cortejo y la seducción. Y así debiera ser una vez y otra. Las parejas mueren por falta de alimento, por falta de atención y de tiempo.

Si una vez hubo amor, deseo, sexo y pasión, todo eso puede regresar, salvo que uno de los dos, o los dos al mismo tiempo, hayan cambiado tanto que ya ni se reconozcan. A veces, es el mejor camino. La vida es hermosa y nunca se puede hablar de fracaso. Es una experiencia más. Mucho más positivo crear nuevos recuerdos continuamente con otras personas que vivir estancado en calendarios amarillos y fechas que se retrotraen a décadas atrás ¿Para qué? La vida es rica. Y las parejas que juegan son las más saludables.

 No he visto Kiki, la última película de Paco León, pero sé que analiza la excitación que provocan determinadas conductas ajenas. Las fantasías con el sexo violento, por ejemplo, son muy comunes ¿Estamos mal de la cabeza por ello? Ni hablar. A otros les encanta el sexo sucio y otros se excitan con ver a alguien dormido. Ni raro, ni normal, sino todo lo contrario.

 Hace mucho tiempo que la Asociación de Psiquiatría Americana reconoce que no hay nada de enfermo en estas y otras querencias. Sólo se puede considerar patológico en el caso de que esa excitación y deseo cause malestar en la persona que lo siente y que las conductas involucren a otros sin su consentimiento, o que no estén en condiciones para poder oponerse a las mismas. Los hay a los que les excita mirarse en un espejo (ipsofobia); desnudarse en la consulta de un médico (latrunodia) o ver a una chica inflar un globo y luego explotarlo (balloning). 
La filia más peligrosa y que ha ocasionado más de una muerte es la hipoxifilia (impedir la respiración propia si es masturbación, o de la pareja).Lo más nuevo son aquellos que se excitan tocando las partes íntimas de un robot (robofilia) pero el catálogo conocido hasta el momento supera las 500 variedades

 Y eso sin comentar las cientos de miles de fantasías que nos ponen. Es sorprendente encontrar en el libro "El jardín secreto" de Nancy Friday, la cantidad de mujeres que se excitan al pensar en sexo con otras mujeres, incluso con animales. Y la fantasía es efectiva, es decir, funciona, porque precisamente se queda en este terreno de lo no realizado e irrealizable. Las mías van por otros derroteros y están más elaboradas. Pero es lo que tiene ser escritora y crecer viendo Poldark o Retorno a Brideshead. Ni raro, ni normal, sino todo lo contrario.   Imagen: diseño de Alma Bloom

Tinder bueno

       

 Veamos. Esta semana he estado probando una red social de ligoteo que se llama Tinder. La cosa es un poco como un mercao de carne. La aplicación te busca chicos compatibles contigo y te los va presentando uno tras otro, como una sucesión de diapositivas: este sí, este no...en plan Chimo Bayo. Hay varias cosas que he deducido tras este divertido e intenso trabajo de campo. Tinder es para ligar, ligar. O sea, nada de hacer amigos, nada de hablar en plan tranqui.

Cuando hay interés, las propuestas son de lo más variopintas. Desde los que te invitan a probar una experiencia swinger,  a los que te dicen de subir a las antenas en bicicleta. "Sudar, jadear, pedirme que pare hacerlo todo con ropa puesta", decía él. Tenía gracia el joío. Como juego y primera toma de contacto no está mal.  

A esto hemos llegao. Ya pasó el tiempo de los boy scouts, de las alegres pandillitas juveniles y de las verbenas de pueblo. Como decía el otro día el humorista Kalderas: el tinder es la verbena de pueblo de hoy. Qué verdad más grande. Los defensores del mundo antiguo insisten en que lo importante es verse y tocarse. Y también descubrir al otro y sus habilidades sociales en vivo en directo.

Yo estoy de acuerdo. Quedarte en el terreno de lo puramente virtual es mortalmente bostezante y la prueba del algodón siempre van a ser los olores, las caricias, las risas, el ingenio y el encanto del cara a cara y del cuerpo a cuerpo.  Pero a herramienta práctica para contactar no le ganan todos los paseos que los mozos y mozas del pueblo se den por el Tontódromo de cada lugar. Además, qué pereza. Súbete en los tacones, ponte toa guapa y luego, aguanta a los cuatro moscones pesaos toda la noche.

Vamos, que no me pillan. Siempre he tenido muy claro que nunca encontraré a un gran amor cerca de la barra de un bar. En el gimnasio, puede; aprendiendo alguna disciplina, puede; dando una charla o recibiéndola, puede; en una entrevista de trabajo, puede pero...en un bar, de noche, pasadas las dos de la madrugada, lo único que me puedo encontrar  es la caca de algún perro, un chicle pegoteao, colillas, restos de Gin Tonic y camareros con camisetas ajustadas a lo Marlon Brando. Puaj. Tinder, además, ejercita la agudeza visual. No os podéis imaginar la rápido que puedo llegar a pasar las diapositivas.

En décimas de segundo decides si alguien "te interesa" o no. Este sí, este no, este no, este no, este ni de coña, este sí. Tus amigas: "pero dale a ese, ese es mono". ¿Esta aplicación supone la ley del mínimo esfuerzo? Es posible. No tienes que salir de casa ni adaptarte al horario y preferencias de nadie.

Yo creo que todo depende del after-tinder, igual que el after-love. Del flechazo se puede pasar a la ignorancia absoluta en cuestión de horas. Creo que es un buen remedio para matar esos minutos tontos de espera tan frecuentes en nuestro día a día.  También otro modo de ejercitar y re ejercitar eso de la autoimagen. Da gusto saber que todavía estás en el mercado. 

Así como recurrir al rollo epistolar, muchos siglos después de que Choderlós de la Clós escribiese Las Amistades Peligrosas. El peligro del Tinder es lo falsamente fácil que resulta todo. La comodidad máxima que puede suponer llamar al folleteo de dos semanas "relación" y también, claro, esos perfiles de mentira que sólo se abren para cotillear. Aunque de eso también hay mucho en la vida real

¿El tamaño importa?

   

 Los hombres se pasan la vida preocupados por sus genitales. O eso parece. Pero no crean, que a nosotras también nos importa la salud y la autoestima de aquella parte. También nos atañe, claro. No hay nada mejor que ese ejemplar masculino que te confiesa sentirse hombre de nuevo después de tantos años y que eso sea gracias a ti. A estar contigo. Es bonito ¿Verdad? El síntoma es que se levantan ellos de un contento por la mañana que no es normal. Que hasta  se sorprenden.

  Nosotras, aunque todo lo llevamos escondido, también podemos despertar con sensaciones parecidas. Pero, cierto, nada es tan evidente como aquello que los señores tienen entre las piernas. El caso es que hoy escribo sobre el pene porque tengo una buena noticia para todos aquellos acomplejados con su grosor y tamaño.

Existe una nueva operación que es muy parecida a los implantes mamarios de silicona. De hecho, el relleno es de este material y la operación es simple, sencilla. Apenas 45 minutos y te vas a tu casa con tu nuevo amiguito reestructurado y quizá engordado. La intervención tiene un coste de unos 12.000 euros y está haciendo furor en Los Ángeles.

 Imagino que en este caso no sólo prima la autoestima y la cuestión estética, sino también la profesional porque no olvidemos que allí está radicada una de las sedes más importantes de la industria del porno. No sé si el tamaño o  importa o no. Es una discusión que personalmente casi que me aburre pero los órganos genitales sí que tienen un sentido trascendental para muchos hombres. Da igual que los sexólogos nos cansemos de explicarles que el principal órgano sexual es el cerebro o incluso nuestros cuatro kilos de epidermis.

El pene manda en muchas relaciones humanas porque, como les decía al principio, si a ustedes les preocupa, alegra, excita o entristece,  a nosotras también nos concierne. Ahora vamos a casos más lamentables. El 12% de los combatientes americanos en Irak y Afganistán pierden sus órganos genitales. El asunto preocupa, tanto que el Hospital Universitario Johns Hopkins de Baltimore ha abierto una línea de trabajo con la idea de realizar 60 transplantes de pene.

 De hecho, el primer transplante finalizado con éxito fue en Sudáfrica, en 2014. El transplantado no sólo pudo reanudar sus relaciones sexuales con total normalidad, sino que este año ha sido padre y todo. Este reto médico de ayudar a los ex-combatientes seguro que tiene repercusiones en la población civil en breve . Todo es positivo, siempre que no lleguemos a la obsesión quirúrgica.

 Porque las obsesiones no son buenas.  Y si no que se lo pregunten a Ant Smith, poseedor confeso de un micro pene. Lo que antes le angustiaba, ahora casi que se la repanfinfla. Ha aprendido a vivir con su pene de 10 centímetros, a hablar de ello con su comunidad e incluso de organizar la primera gran fiesta del Pene Pequeño, donde otros compatriotas británicos se reunirán, presumiblemente, para hablar sin tapujos de su cuerpo.

  ¿Pero qué es realmente un pene pequeño?, el profesor de psiquiatría David Veale, afirma que tras mucho analizar ha llegado a la conclusión que la mayoría de los penes "normales", miden una media de 9.31 centímetros en estado de flaccidez Entiendo que da igual lo que yo escriba o lo que digamos las mujeres y otros hombres sobre los penes. A vosotros, machitos de España, os preocupará siempre la salud de vuestro colega pero, de verdad, por favor queridos, escapad de esa endogamia brutal de vosotros y vuestro cuerpo. Los cuerpos son importantes en función de quiénes los habitan y cómo los habitan.    

El termómetro de la felicidad

 

 Dice el experto Efigenio Amezúa que en sexología, los deseos tienen más valor que los deberes. En un mundo donde impera lo pragmático, donde todo es una competición, hablar y escribir sobre erotismo les puede parecer a muchos una absoluta pérdida de tiempo. Mi amiga Mirian López añade algo muy sabio;  de vez en cuando hay que perder el tiempo, conversar, estar con los amigos y la familia e incluso, perderse por horas bajo unas sábanas y practicar el ars amandi.

Con nosotros mismos  y también con los demás. Perder tiempo para ganar tiempo. Un sexólogo, como un psicólogo, no puede dar recetas. De hecho, nuestro profesor de máster asegura que hay que cumplir varias reglas de oro. Una de ellas es no responder preguntas. Esto contrasta enormemente con el gran éxito que tienen los consultorios en programas de radio y de televisión. La otra, no opinar sobre el caso que llevan entre manos y la tercera, no entrar en las emociones.

 El papel del sexólogo es poner en marcha la rueda para que circulen las ideas y las emociones ajenas, no las propias. Es un animador de conductas e interacciones, con objetivos modestos en todo caso. Esta columna es de opinión, efectivamente, siempre doy al final una parte de mi punto de vista. Es inevitable, es humano. Somos débiles y, acaso, tanto los lectores confesos de este Punto G como yo que lo escribo, tenemos un mismo fin común: encontrar algunas respuestas aunque para ello nos hacemos primero muchas preguntas.

 A todos, quizá nos mueve la curiosidad. El único elemento capaz de vencer el miedo y la culpabilidad. Un elemento poderoso por el que algunos somos capaces de levantarnos cada día. El erotismo es cultura y es cultural. No son técnicas para conseguir el orgasmo más rápido, ni más intenso, ni más placentero. Eso sí, una mente despierta, inquisitiva y curiosa nos convertirá en gozadores natos. ¿Hablar de ideas es compatible con hablar de sexo? Por supuesto, porque nuestro sexo es erótico y el erotismo es cultural. Algo te pone o te parece bello porque en tu acervo algo te dice que eso es sexy. Para unos serán los pies monstruosamente diminutos. Para otros, los pechos grandes.

 Entre la fisiología, que va a lo práctico: esto es, al coito con fines reproductivos y entre la moral que sólo nos habla de lo que debe ser, nos perdemos los partidarios de la erótica. Pero, créanme,  incluso en estos momentos, la cultura erótica es hoy más imprescindible que nunca. Por encima de los deberes, por encima de la fisiología. Como un norte que no debiéramos perder porque esto es lo que nos hace intrínsecamente humanos. Perder el tiempo para ganar tiempo. Sin objetivos ni metas inmediatas, si no , simplemente, darse al deleite de vivir y vivirse ¿Por qué existen las relaciones? ¿Para qué existen las relaciones? Si contestan de un modo juicioso y medido, malo. 

Probablemente, los cimientos de esa relación son frágiles y ya estarán repletos de grietas. El amar es un arte, como el vivir.  Y arte es esencialmente lo que no sirve para la satisfacción inmediata de las necesidades, sino para el goce y el placer de la sensibilidad. ¿Por qué se unieron un día a sus parejas? Creo que la respuesta les dará una clave diáfana del termómetro de su felicidad. Si hubo complicidad, emoción e incluso algo de locura, esa relación contiene bases sólidas y verdaderas. Si todo comenzó como un juego, aún es más verdadera. En caso de duda, pregunten al eros juguetón. A ese  que pierde el tiempo para ganar tiempo.  

Las parejas muertas

         


  "Te quiero, pero ya no estoy enamorada de ti". Imagino que esta frase les sonará. No gusta en escucharla en voz alta pero está ahí, como una pus que infecta muchas relaciones. De hecho, un señor que se llama Andrew Marshall se está haciendo de oro con un libro que titula precisamente de este modo.
 Es un dolor sordo que ya ni duele. Porque esas parejas que se gritan y discuten todavía están vivas pero aquellas que conducen en silencio, comen en silencio y practican ese coito y soso polvo marital

están muertas. Y como nos encanta ponerle etiquetas a todo, ahora se las denomina parejas zombie.
 En la gran película "Dos en la carretera" queda así de claro: - ¿Qué clase de personas son las que pasan horas sin tener nada que decirse? - Los matrimonios.

 Estas pareja zombie salen en grupo con otros amigos,  planean las vacaciones y acuden al mismo tiempo al lugar de veraneo. Incluso harán el Camino de Santiago juntos y dan por hecho que vivirán así, en esa medianía el resto de sus vidas porque es lo que toca. Y no, no discuten. No discuten normalmente porque, si uno no quiere, dos no se pelean.

 No discuten porque uno de los dos cargará con el fardo de la relación e intentará que el vacío aplastante que reina entre ellos se note lo menos posible: cenas románticas, escapadas sin los hijos y grandes fiestas y eventos para que el atronador silencio y la sosería reinante se note lo menos posible. Gastarán mucho dinero en afrontar lo inevitable. Porque jode mucho romper el status quo. 
Habrá muchas lágrimas en afrontar lo inevitable porque si una no está enamorada del hombre con el que duerme, seguro que ya se ha enamorado de otro, o de varios. Y con los señores sucede igual. Lo disfrazarán de aventura, de "error" pero hay una ley universal: cuando lo que tienes en casa no te llena, encontrarás siempre algo fuera de tu hogar. Esta frase: "te quiero pero no estoy enamorada de ti" es sencilla pero, aún así, hay mucha gente que no la entiende. Es tan fácil como comprender que hay muchos tipos de amor.

Y que la amistad y el compañerismo también son clases de amor. ¿Es menos válido que el amor de pareja? No, pero no nos vale para mantener unidos a dos personas que alguna vez se amaron. Para otras cosas sí. Para poner lavadoras, hacer la lista de la compra o elaborar el menú semanal es muy útil. Igual que con un compañero de piso. Pero falta lo esencial De acuerdo, no podemos vivir permanentemente enamorados.
Biológicamente no hay cuerpo que lo resista ni cerebro capaz de sobrevivir a esa explosión de endorfinas. Pero si perdemos el encanto, la risa, el perfume de la lujuria y la complicidad de lo que une verdaderamente a las parejas, todo se habrá ido a la porra. El amor fraternal está muy bien pero el amor "de dos" (como dirían los Martes y 13) todavía tiene el color de la picardía, de las burradas que se hacen bajo las sábanas y de miradas que nos retrotraen a ese momento tan especial, tan íntimo que sonroja recordarlo rodeado de gente.
 La pareja amorosa tiene esa esencia del juego, de los placeres y de un algo sagrado que se esconde tras el fuego de la pasión y el sexo. Andrew G Marshall recomienda a las parejas zombies que discutan y despierten; que lleven un vida sexual a un nivel profundo de intimidad y que creen su propio lenguaje amoroso. Difícil pero no imposible.

Huevos, mariposas y capullos




 Todos los artículos tienen su historia. Es la intrahistoria de las columnas. Comencemos con una anécdota. Mi amigo Emilio me la regaló el otro día. Emilio contaba: "Mi abuela Pepa, con lengua viperina – y que se fue al otro mundo con 98 añicos — repetía mucho un dicho: "Crecen los años, mengua la vida; crecen las cejas, mengua la vista;  crecen las bolas, mengua la picha, pero cuando la picha mengua, crece la lengua y sigue la dicha". Las bolas tienen tantos nombres que podríamos aburrir. Realicemos un barrido somero: testículos, gónadas, huevos, cataplines, cojón, turma, criadilla.

 Sorprende la fascinación por el huevo. Esas delicadas bolsas recubiertas con una piel fina, pelos y que contienen el germen de las generaciones futuras. Ya saben ustedes que apretar mucho la casquería resulta perjudicial. Igual que el calor extremo. Las generaciones futuras cada vez menguan más por la calidad del semen e, imagino, por la calidad de vida que nos toca en este destino. Pero, a lo que voy. Lo importante de los testículos, o cojones, no es toda la palabrería, ni el dolor que sienten ellos al atentar contra singular parte.

No en balde, más de una nos hemos quedado con ganas de lanzar algo a semejante sitio, sabedoras de que puede equiparar en dolor a determinadas humillaciones. No en balde, yo que estoy aprendiendo lucha, he de confesar que hay una patada que nos enseñan y que va expresamente a la sagrada bolsita.
Lo importante, decía, es esa línea que divide los cataplines en dos, como un tatuaje, realizada con milimétrica precisión. "En esto veo, Melibea, la grandeza de Dios", que decía el tonto de Calixto. Ustedes, mirénselo un ratito. Fíjense qué proeza del diseño. Increíble. Pues bien, atentos. El ser humano se gesta en el vientre de la madre con dos estructuras. La estructura doble y la estructura única. Esa línea perfecta que ven los seres sexuados masculinos, es nuestra vulva vaginal en las mujeres. Esos labios son así, porque antes estuvieron unidos. Llega un momento de diferenciación. Los proto ovarios y proto testículos se transforman.

  Llegado determinado momento, o bien se reabsorbe el testículo, o bien, lo que se reabsorbe es el proto ovario. O bien se funde en una bolsa escrotal. O bien se mantiene la separación labial. Hasta ese punto los hombres son en el fondo mujeres y las mujeres somos, en nuestro inicio más primigenio, hombres.

 ¿Y la gente se extraña porque haya personas que en ese proceso tengan cuarto y mitad más de uno con el cuerpo de otro? El vello abundante es, normalmente, un rasgo masculino pero ¿Acaso no hay mujeres peludas y hombres lampiños? ¿Y qué pasa? La naturaleza es sabia pero igual que un día el gazpacho te sale pasado de vinagre o el bizcocho corto de azúcar, también puede equivocarse en las dosis hormonales. Y ya tenemos el lío. Pero créanme. Lío ninguno. Piensen que sus escrotos se hubiesen separado como alas de mariposa. Y, señoras piensen en sus vulvas cerradas, infladas, con una fina línea perfecta dividiéndolas simétricamente en dos.

 La naturaleza está repleta de ejemplos. Nuestros órganos sexuales repiten patrones creados en otras áreas: en la flora, en la fauna, en la botánica. No soy hombre ni mujer, sólo un ser humano Hoy, que esa palabra carece de sentido dado el trato que estamos dando a otros compañeros de especie, debería estar más vigente que nunca. El mundo debe dejar de mirarse el ombligo, o las gónadas, o la vulva. El mundo debería desplegarse como alas de mariposa porque todos somos uno y todo lo que hago vuelve a mi.  


Mujer actual española

Yo no quiero ser perfecta. Sólo quiero ser feliz. Este es mi mantra desde hace unos meses. No sé si ustedes creerán o no en el poder de la autoafirmación pero es que el universo está conspirando para ello. Y aparta de mi lo que no sirve. Y a quienes no me sirven. Cada día me digo lo afortunada que soy por tener amigos tan maravillosos y que la vida me empuje a dar los pasos que siempre temí. Y no pasa nada. Hay que salir de la famosa zona de confort.

 Por eso, me ha encantado leer el informe de la mujer actual española. Esta mujer, señores, se ha cansado de ser perfecta las 24 horas. Está harta de sentirse sobre expuesta en las redes sociales. Es una natural woman, como cantaba Aretha Franklin y no una irreal súper woman.

 Harta de esclavitudes absurdas, vive su vida anclada en estos cuatro pilares: aceptación, no imposición, egocentrismo y no culpabilidad. Estas son las conclusiones del estudios realizado por IPSOS, una empresa experta en estudio de investigación de mercados a nivel mundial. Esta realidad internacional también se comparte en España, como asegura la presidenta de IPSOS, Laura Morrisey. Mujeres que leéis este artículo, muy posiblemente asintáis con la cabeza ante tales afirmaciones.  La crisis nos ha transformado. Hemos tenido que reinventarnos.

Convertirnos en nuestro propio jefe y, en ocasiones, mostrar en Facebook o Twitter una vida idealizada, irreal. Es agotador hacer creer a los demás que somos felices a todas horas. Hoy apostamos por la verdad. Hay señoras que han decidido volcarse en el trabajo y otras, una gran mayoría, piensan que la vida es demasiado corta y tan sólo quieren vivir para trabajar. Y con la imagen sucede igual. Hemos pasado de abusar de los filtros de instangram  a evitar hacernos fotos a cada paso que damos. Es mi caso, al menos.  ¿No les sucede a ustedes? No están hartos de mostrarle al mundo cada pequeña cosa que hacen? En el trabajo, con los amigos, con los amores, con lo hijos
.
 Prefiero dosificarme ante el mundo. Me he cansado de tanta sobre exposición. La culpable no es otra que yo misma. Nosotras nos impusimos este reto absurdo de parecer geniales, encantadoras y vitales siempre y en todo momento. La verdad, verdadera es que cada cual tiene sus miserias. Vayamos con otro apartado importante: la belleza y los estereotipos que nos venden como buenos.

Os diré un nombre que se hizo viral hace meses. Se trata de Rachel Hollis. Esta californiana es como nuestro Arguiñano, sólo que en chica.  Rachel decidió subir una foto en bikini, posando durante sus vacaciones. Efectivamente, como pueden imaginar, Rachel, después de haber parido tres hijos luce un cuerpo normal y una tripita llena de estrías. ¿Y qué? Pues que no pasa nada. Que esta reivindicación de su cuerpo real encantó a todas las mujeres reales.

 De algo nos está sirviendo es esta maldita crisis que parece no terminar nunca. Ha sido una cura de humildad pero, sobre todo, está resultando una lección de vida gratis. Debido a tener más tiempo libre, he conocido a más seres humanos; he disfrutado de tomar el aperitivo con mis amigas, hasta la vida me ha puesto en el camino a auténticos gilipollas a los cuales he llegado a prestar una atención inusual por parte de mi otro yo, la otra Lola. La que pisaba fuerte ni les habría otorgado el beneficio de la duda. Ya no piso fuerte ni con garbo. Piso con serenidad y paz. Doy gracias por las lecciones aprendidas y ya no quiero ser perfecta,

miércoles, abril 20, 2016

Del sexting a la sextorsión



  El sexo como moneda de cambio no es algo nuevo. En la Edad Media ya existía el derecho de pernada. El señor feudal podía hacer uso de este abuso y acostarse con la mujer de su siervo en la noche de bodas. Repugnante. El sexo sin procreación estaba mal visto Sin embargo, esta norma injusta, perpetuada por la coerción que otorga el poder, se consentía. Bravo.

  La sextorsión es otra cosa. Es un chantaje. A veces, la moneda de cambio es sexo el silencio. En otras, dinero :"Me devuelves mis desnudos y mi paz y te daré lo que me pides/exiges". Ambas prácticas son terribles e injustas y, sí, no me duelen prendas en calificarlas como lo que son: delitos.

 Lo más triste de todo es que lo que para muchos comienza como un juego inocente se convierte en una auténtica pesadilla. Hace tiempo hablamos de los riesgos del sexting. Ya saben, esa moda de pasarse fotos en poses insinuantes o mostrando partes del cuerpo desnudas. Estas tonterías que incluso podemos hacer los adultos pero que llevan a cabo con  más frecuencia los adolescentes, quizá ignorantes de los riesgos que conlleva.

 Sólo daré dos leyes incontestables: cualquier contenido relacionado con tu persona que se comparte con otra ya es libre. Dejas de tener cualquier clase de control sobre ello, ya sean secretos o fotos subidas de tono. La segunda ley es una muy conocida: que tu mano izquierda no sepa que hace la derecha y si te va tanto la marcha como para ir enviando imágenes de partes de tu cuerpo, mejor córtate la cabeza (metafóricamente hablando, que no salga tu cara, vamos). 

Evitarás riesgos innecesarios En la sextorsión también hay engaño. Muchos usuarios captan a sus víctimas a través de la red Tinder, haciéndose pasar por humanos cuando en realidad uno interactúa con una máquina o bot. Así que, mucho ojo con las amistades que nuestros hijos hacen vía on line.

Por supuesto, la suplantación de personalidad está a la orden del día, cualquier cosa es válida para conseguir esta mercancía valiosa intercambiable por sexo o por dinero. Hay hackers que entran en el ordenador,  encienden tu webcam y te graban sin que te percates. Por eso es aconsejable no sólo tenerla apagada si no colocada en lugares poco comprometidos. Los modos y formas de conseguir fotografías y desnudos varían aunque no cabe duda que casi siempre se juega con la inocencia y la buena fe de muchos usuarios.

 Acaban de conocerse dos nuevos casos de sextorsión en Cuenca pero este delito es antiguo. Como tal, y con esta denominación, se conoce en Estados Unidos desde 1950. Lo que ha cambiado es el modo de acceder al material sensible y lo peligrosamente fácil que es exponer nuestra imagen a los demás, gracias a las nuevas tecnologías. La pregunta que me hago es por qué algo tan trivial como es un cuerpo desnudo provoca tanta expectación y levanta tantas pasiones. Después de todo, cada cual tiene sus órganos genitales.
¿Qué es lo que excita al voyeur? ¿Saber que esas imágenes se han obtenido por medios ilícitos? ¿El robo y la agresión que supone conseguir sexo por esas vías menos habituales donde no priman seductores ni seducidos sino una relación de poder y opresión? Lo preocupante para mi es la impunidad con la que todavía muchas personas ejercen estos delitos, la cantidad de jóvenes y adolescentes que sufren por estos chantajes y la dificultad de acceder a los agresores, cuya identidad casi siempre permanece oculta o falseada.
 En este caso, una imagen no vale más que mil palabras. Vale por vejaciones y vale por abusos.

El porno y la tontuna

 


 Ver porno nos hace más tontos. Eso es lo que concluye un estudio de Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín. No entiendo por qué las personas humanas nos prestamos a estas majaderías ¿Acaso no sospechan dentro de dos años harán otro estudio que desmentirá el anterior? ¿Y qué íbamos hacer los periodistas para amenizarles el fin de semana? Ay, señor.

El porno, siempre tan controvertido.

 El experimento lo hicieron con  64 hombres de entre 21 y 45 años que veían pornografía al menos cuatro horas semanales ¿El resultado? cuanta más pornografía consumía un hombre, más se deterioraban las conexiones neuronales entre el cuerpo estriado de su cerebro y la corteza cerebral: zona encargada de la toma de decisiones, el comportamiento y la motivación. Imagino que en otros lares menos científicos, a ese fenómeno se le llama encoñamiento.

Lo que me disgusta —francamente queridos, desde este lar lo tengo que decir—es que prefiráis la ficción a la realidad. Y no me cansaré de repetirlo. El porno no es verdad. En ese sentido, es igual de nocivo que las comedias románticas; cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Sobre los estudios tengo mis reservas. Es absurdo generalizar porque el porno es diverso, como los seres vivos, los insectos y hasta las macetas. Cada quién es cada cual. Y si ver porno durante cuatro horas semanales nos reseca la materia gris, no digamos otras bazofias audiovisuales menos gratificantes.

 Los autores de este trabajo añaden que el porno altera la plasticidad neuronal. Para que me entiendan, nos da tanto gustirrín que engancha. Es un subidón de dopamina fácil, sencillo. A sólo un clic. Y nos gustan no sólo los subidones de dopamina, sino los subidones gratis: sin costes emocionales ni dinerarios.

 También remarcan que esto no es un causa-efecto. Así que, la industria del porno ya puede relajar los esfínteres que el 84% de los hombres del mundo occidental seguirán consumiendo este producto artificial y cada día menos elaborado. Yo, más que del porno, soy partidaria de la erótica. Me aburre ver tanto pene y tanta vagina. Los actores parecen de plástico, rociados con aceites y fluidos varios y, sobre todo, es que el porno es como un cocido pero sin confeccionar.

Su morcilla, sus garbanzos, su tocino, sus patatas, incluso sus callos pero todo ahí, puesto en la losa de la cocina a la falta de unas manos expertas que condimenten la materia prima.   Lo que sí es cierto es que las experiencias modifican la plasticidad de nuestro cerebro. Las experiencias nos condicionan. Las positivas, las negativas. Ya nada vuelve a ser como antes. Por eso, yo invertiría el orden del estudio. Señores científicos, averigüen qué vivencias alteran nuestro cerebro y nuestra percepción para que dejemos de hacer complicado lo simple. Dígannos qué hay que comer para no dejar nunca de soñar y para hacer realidad nuestros sueños sin aplastar los de los demás. ¿Existirá en el futuro un generador virtual de experiencias que nos ofrezca gratificación y recompensa en lugar de desdicha y castigo?

 El porno es una rama más de la insaciable, infatigable, omnivora y canibal industria del ocio. Nada más. Sinceramente, no creo que cuatro horas de porno a la semana nos conviertan en lerdos si no hay algo de lerditud en nuestro interior. Es un pasatiempo que sólo tiene un riesgo: aficionarse a vivir la sexualidad a través de otros. Como el que está enganchado a las series y desiste de salir de su casa a luchar por su vida. Es infinitamente más sencillo conseguir un orgasmo con un vibrador o con un rato de porno

  ¿Pero de verdad nos gusta siempre lo fácil? A mi, no.

La mitad de todo



"El pediría en caso de divorcio la mitad de todo dijo él. Medio sofá, medio televisor, media casa de campo, medio kilo de mantequilla, medio hijo".

Esta frase extraída de un relato de Tove Ditlevsen demuestra a las claras los sinsentidos que se producen tras una separación. Siempre impera el menos común de los sentidos, o sea, el sentido común. La persona que estaba a tu lado y presumías buena, saca las uñas; olvida todo lo que aportaste a su vida y, de pronto, palabras que desconocías del lenguaje jurídico se tornan comunes.

El abogado forma parte de tu vida y alguien insospechado, a veces tu propio hijo, te devuelve el afecto. Un amor inmenso que apenas intuías. Y lo que te parecía importante se convierte en una chorrada. Sabes que lo único trascendente en este momento es ese pedacito de tu carne y de tu sangre que te reclama como nunca lo había hecho. Y no te importa poner lavadoras, vivir con poco dinero y aprovechar cada minuto libre para ocuparte de que la nevera tenga comida, las camas estén hechas y el entorno sea el adecuado para todo cuanto se te viene encima.


Hasta dejan de importarte los años compartidos, las causas y los temores que te mantuvieron unida a alguien a quien ya no amabas ni te amaba. Porque es así, por duro que parezca verlo escrito.  Te das cuenta que viviste al lado de alguien al que le trae sin cuidado tu bienestar, tu futuro, tus desvelos y tus sueños más locos. Lo peor de todo, es que siempre todo le ha dado igual y tú te empeñabas en creer que no.

Es imposible partir la vida, igual que no hay medias naranjas. No puedes partir un hogar por la mitad pero lo que importa es que, ante un hecho así, algunos seres humanos se derrumban y otros salen fortalecidos, relucientes, brillantes.

El ir por tu cuenta te muestra quién eres realmente y de todo lo que eres capaz. Vuelves a convertirte en esa unidad poderosa que cumplió sus sueños, que viajó hasta el otro extremo del mundo y que jamás tuvo miedo a la soledad. Porque la soledad no existe, salvo en esas cuatro paredes donde hay habitantes ajenos a los cuales ya no puedes contarle lo que sientes, ni lo que te pasa, ni tus anhelos porque, sencillamente, ya no hablan tu idioma y no harán el mínimo esfuerzo por entenderte.

Las parejas deberían evitar esa ley: la del mínimo esfuerzo. Eso se carga todas las relaciones. Las de la amistad, las de trabajo, las de los jefes con sus subordinados, las de los líderes con sus seguidores...En ocasiones, uno hace un último intento pero llega a esa vía imposible de sortear; a ese callejón sin salida, a ese agotamiento vital.

Uno puede intentarlo una y otra vez pero las relaciones son cosa de dos.

Por desgracia, muchos hombres han sido educados en la creencia de que proveer de materia prima el hogar es su única función. Es un error. Porque la materia fundamental del hogar es el amor, la complicidad, la empatía y la emoción.

No hay ser humano que pueda tirar sólo de ese carro porque lo que verdaderamente nos da felicidad no es encontrar la ropa lavada o planchada y la comida hecha sino saber que tienes un aliado para la vida, que insistirá en compartir todo contigo, o lo máximo posible. Que aprenderá a ponerse en tu lugar.

Nuestro orden de las cosas

     

 La biología nos cuenta que nuestra madurez sexual, nuestro cénit, está entre los 25 y 30 años.  La sexología piensa otra cosa. Nuestra evolución como seres humanos no termina nunca y el sexo forma parte de esa evolución. Si preguntase a la mayoría de la gente estoy convencida de que muchos afirmarían que sus mejores experiencias  han llegado con los años. La inexperiencia no suma, resta. En todos los ámbitos y en el sexo no es diferente. Tenemos un estereotipo de pareja sexual muy cerrado. Responde al molde de familia Disney.

 Él y ella, jóvenes y guapos. Pero sabemos que hay parejas que parecen perfectas desde afuera y están podridas por dentro. ¡El ser humano es tan diverso! Hay ancianos que hacen el amor más a menudo que algunos adolescentes. El chico que ves en silla de ruedas también practica el sexo. Quizá sus métodos sean más originales que los del resto. Hombres y mujeres no se unen por una afinidad kármica o morfológica. Existen variables del deseo y del amor que no seremos capaces de sospechar.
Hay parejas de chicas con chicas, de chicos con chicos, de mujer lesbiana con otra mujer transexual que, mira por donde, se cambió de sexo pero no le gustan los hombres, sino que es feliz con su novia desde hace dos años y pico.
El universo es tan amplio, singular y diferenciado que es absurdo que nos sintamos bichos raros por tal o cual preferencia. Es una obviedad escribirles a todos ustedes algo fundamental: el verdadero amor comienza por uno mismo y el sexo saludable, también. Dejemos al cuerpo gozar en su fiesta particular. Es fácil y cómodo mirar hacia otro lado pero a la larga nos pesará. Engañarse a uno mismo es como un yogur: su fecha de caducidad es limitada. Y la realidad es esta: no existen príncipes ni princesas.
No hay familias perfectas, ni parejas perfectas. Lo correcto no está en ningún manual, cada cual lo lleva interiorizado en sus genes, en sus enseñanzas. La fidelidad es una imposición absurda. Sólo se puede ser fiel a uno mismo y al pacto que establezca con esa persona que decida compartir sus días. En el momento que ese pacto supone un estorbo para avanzar vitalmente; En el momento que ese pacto nos maniata y nos convierte en personas oscurecidas y enajenadas, ya no vale. Es inútil mantener a un muerto con vida.
 Del mismo modo, el cenit de nuestra edad sexual no lo marca la biología sino nuestras vivencias, nuestra biografía. Podemos parecer Barbie y Kent y tener menos química que una montaña de escombros.
 Igual que Cyrano de Bergerac explicaba que el amor no tiene porqués, encontrar una pareja que de luz a nuestras vidas no tiene que parecer perfecta, ni guapa, ni ha de encajar en nuestro modo de vida. Eso son una suma de cualidades que no responden a la verdadera naturaleza del ser humano ni a la receta de una presunta felicidad.
 Los moldes no valen para esto, ni las frases pomposas y bonitas.

 Igual que Ortega y Gasset afirmaba que Dios es la dimensión que damos a las cosas. A nosotros nos corresponde esa tarea de catalogar y colocar en una estantería o en otra lo que consideramos fundamental, maravilloso, residual, horroroso o superfluo.

 Ese instinto, esa vocecita interior, esa sabiduría innata que siempre nos acompaña y que en muchas ocasiones evitamos escuchar es la que debería guiar nuestro camino: no los covencionalismos, no las normas de nuestros padres, no el orden establecido, no los miedos y, por supuesto, nunca la comodidad.

jueves, marzo 31, 2016

Placeres prohibidos, límites y permisos

       

  Los placeres no definen lo correcto o lo incorrecto, los limpio o lo sucio. Los placeres son eros, puro deseo. No les corresponde a ellos analizar si esas ansias son positivas o negativas. Pero tranquilos, que para eso está la sociedad y papá Estado que se ocupará de poner límites donde sea necesario. Incluso donde no lo es.   Los límites del cuerpo.

Veamos, de entrada lo que ha sido tradicionalmente subversivo era el ano ¿Por qué? Fácil, porque va en franca contradicción con el orden reproductivo. Y este orden es que ha imperado por siglos y siglos. Pero eros es así, subversivo e irracional. Ellos decían que el ano era sucio y eros que ¡Adelante!

 Otro ejemplo: la sexualidad y los viejos era un binomio que estaba prohibido, censurado, denigrado. Pero, ups, llegó la Viagra y todo cambió. Ahora vemos segundas y terceras nupcias o relaciones de parejas que superan los 60 y muchos. El viejo orden reproductivo no ha sido capaz de frenar el deseo que aún pervive en cuerpos matusalénicos. Y es hermoso poder gozar hasta casi el último día de nuestras vidas. Precisamente esta relajación ha tenido como contrapartida el endurecimiento del control hacia el sexo entre personas de distinta edad.

 Pero antes, hablemos del sexo de los niños, otro tabú insondable. Freud los definió como perversos polimorfos. Terrible ¿verdad? Antes de él era aún peor:  no se contemplaba una sexualidad en los niños. No la había. Error. La sexualidad está presente en todos y cada uno de nuestros instantes vitales.
 Los adolescentes. Punto importante. En los años 60, el sociólogo Ira L. Reiss descubrió que los jóvenes de la época se saltaron las prohibiciones con un truco: legitimar el sexo con amor. Pero no cualquier clase de sexo, sino esa clase que no conllevaba riesgo de embarazos no deseados. Inventaron lo que se denomina petting. Caricias por encima de la ropa o por debajo, o incluso sin ropa pero sin llegar al contacto completo.

 Las madres americanas se quedaban tan tranquilas porque sabían que sus hijas y los novios se meterían mano sin contemplación en  el asiento de atrás del coche pero, punto uno: había amor y en caso de quedar embarazada la chica se casaría y, punto dos: era improbable que se quedara embarazada gracias al petting  

 A partir de ese momento se creó una perversión considerable que padecemos todavía en la actualidad, no sólo en Estados Unidos sino en otros muchos lugares. Las mujeres ofrecen sexo a cambio de amor y los hombres confiesan amar para obtener sexo. Las madres americanas se quedarían tan  panchas pero vaya la que ha liao el pollito.

Si una chica quiere sexo porque sí es una guarrilla. Si es el que chico el que lo busca, es un machote y no importa que en su búsqueda se llene la boca de mentiras: "te querré siempre" "No quiero que acabe nunca" o "Nos alquilaremos una casa muy grande porque eres muy apasionada y asustaríamos al vecindario".

 A lo que voy es que el ser humano intenta meter en una jaula normativa y vital al eros y eso es algo completamente absurdo. No hay quien ponga puertas a ese campo. Yo sólo añadiría dos palabras: consentimiento y madurez necesaria para asumir ese consentimiento. Podemos hablar de una edad concreta o de un estado mental. De lo prohibido pasamos a lo permitido y espero que en unos años el ser humano sea capaz de usar la cabeza para vivir en libertad, amar en libertad y hasta follar con libertad pero sin atacar el libre albedrío de otro ser humano y por supuesto, sin necesidad de mentiras.

miércoles, marzo 30, 2016

Barbudos, el debate con pelos

 


 ¿Pero qué os ha dado a todos llevar barbas? Se supone que el hipsterío anda medio extinguido entre los cafés a precio de marisco y las películas V.O en libanés. Pero no. Algo queda,  como un perfume de una moda que no se termina de marchar. Algo se nos ha pegado de esa ola: me paso el día viendo chicos con  barba. Por todos sitios: en el gimnasio, en los jardines, por la gran vía, en la tele, en mi Facebook ¡¡en mi casa!!.

A veces me siento sumida en una pesadilla peluda. Porque cuando digo barba, no me refiero a esas perillas a lo Juan Tenorio. No, no. Barbas tipo la ira de Zeús, o tipo mala folla de Poseidón. Barbas Marx y Papá Noel.   Lo cierto es que todo el tema de los pelos causa mucha controversia. Lo tengo comprobado. Los defensores de la barba suelen defender al mismo tiempo el vello púbico abundante. Lo que viene a ser un buen felpudo.

 Pareciera que los defensores de la barba hayan creado un club místico donde observan el mundo con otra mirada. Quizá la mirada de lo intemporal, del no tiempo, de los yoguis (ejemplares barbados casi todos ellos, un mudra tan importante como el de las manos o el cabello largo, en reivindicación de su parte femenina). Los barbudos —lo tengo comprobado— son tranquilos, quieren dejar su testimonio, su semilla en el mundo. También es verdad que les gusta poco afeitarse. Es incómodo y en invierno más. Algunos se hacen auténticas carnicerías por torpes y otros tienen rostros como el culito de un bebé. Y claro, así no se puede.

 Los que os dejáis barba pensando que se os tomará más en serio es posible que llevéis razón. Que el mundo en general cambie la percepción que tiene de vosotros. A mi no me la pegáis. Entre mis seguidores de Facebook he observado que las posturas pro y anti-barba se defienden con ahínco, incluso ferocidad. Yo no entro ahí. Tan limpio puede ser el que se afeita como el que  no lo haga a menudo.

De hecho, una barba bien cuidada también requiere de esfuerzos, cremas hidratantes especiales e incluso el preciado aceite de rosa mosqueta para que el pelo no se reseque. En cuanto a las preferencias de las féminas ¿Qué os puedo decir? Hay hombres guapísimos y la barba resalta sus ojos, incluso su nariz. 
A muchos les disimula una incipiente papada. Y, como siempre, el que es guapo, lo es de cualquier manera. Personalmente, me gustan los rostros sin trucos, descubiertos, limpios y sin pelos. Entiendo que es una opinión muy personal y que si apelamos a la naturalidad, natural, lo normal y lo intrínsecamente humano es que el vello y el pelo cubra nuestro cuerpo.

  En estos tiempos donde ni lo comemos ni lo que bebemos es natural, y si me apuran, casi ni lo que sentimos, ¿Qué sentido tiene dejarse una barba que os llegue hasta la mitad de los pectorales? Quisiera creer que el hombre barbudo reivindica los orígenes, incluso lo troglodita y lo animal que queda uno de vosotros.

  Por desgracia, creo que no deja de ser otra moda, en este caso, tremendamente cómoda. Entiendo que afeitarse todos los días es un rollo pero los pelos me estorban, me distraen, son un ruido prescindible en las miradas de esos  hombres que me gustan. Si a tu chico le gusta la barba, déjalo, criatura, ya se aburrirá. Y si opta por el mundo peludo para los restos, habrá que renegociar la relación. Siempre le podrás decir: este no es el chico del que me enamoré.

Bisexualidad e intersexualidad

 

     
Las chicas bisexuales se han puesto de moda en Hollywood. Las chicas, no los chicos. Nunca entenderé por qué al género masculino le pone tanto ver a dos tías besarse o montárselo. Algún día le pediré a alguno de mis amigos que, tranquilamente, me lo explique.

El caso es que tenemos infinidad de fotos con pseudo estrellas de la pantallas con sus partenaires mujeres. Me parece bien, siempre y cuando no se convierta en una moda o en una estrategia de marketing para acaparar miradas, flashes y atención. No sé ustedes pero yo me tomo la sexualidad bastante en serio. Tanto, que el otro día discutí con un amigo de toda la vida porque proclamaba que el sexo era cosa de 10 minutos; que era el 10% en una relación de pareja. No se lo cuenten pero este no me vuelve a ver el pelo. Siento ser así de radical y borde pero, a veces, basta escuchar estas sandeces de alguien a quien respetabas para no querer volver a saber nada más de él. La vida es muy corta para perderla con tontos, por mucho que hayan sido tus amigos del alma.

 A lo que voy, que me disperso. La bisexualidad no es algo nuevo en Hollywood. Marlene Dietrich y Garbo lo eran. De hecho, les recomiendo un libro que leí hace algunos años absolutamente divertido y genial, titulado "Safo va a Hollywood".

 Alguna vez les hablé en estos artículos de la era Pre-Code del cine, justo antes del Código Hays. Las mujeres de L.A vivían su sexualidad como les venía en gana. No hacía falta ostentar el lesbianismo. Era algo natural. De hecho, la mujer en los telefilmes de los 30 le ponía los cuernos a su marido, se gastaba todo su dinero en la ruleta rusa y éste la perdonaba. No sólo eso, también le llevaba el desayuno a la cama. Bien, todo eso se terminó. De hecho, analicen las pelis de hoy día. Salirse de madre —si eres mujer—  siempre se paga. Lo que yo quiero afirmar en este artículo es que la bisexualidad no puede ser un postureo. Si es auténtico y verdadero, perfecto, pero para hacerse la foto ya tuvimos bastante con el morreo de Madonna a Britney Spears en aquella gala de los MTV.

 Hay un concepto muy interesante que creó, nada menos que en 1928, Gregorio Marañón: me refiero a la intersexualidad. Fue una idea que desarrolló a lo largo de los años pero básicamente nos dice que la sexualidad del ser humano evoluciona desde que estamos en el vientre de nuestra madre hasta que morimos. Nuestras hormonas cambian, nuestros apetitos y preferencias. La biografía y los avatares nos predispondrán a unas relaciones y evitaremos otras. Nuestra sexualidad no es inamovible. Las mujeres tienen en su biología y comportamientos partes masculinas. Y los hombres nunca deberían renunciar a su lado femenino que existe en mayor o menor medida. "lo masculino y lo femenino —aseguraba Marañón— no son dos valores terminantemente opuestos, sino grados sucesivos del desarrollo de una función única: la sexualidad". Es aquello del ying  (femenino)y del yang (masculino).

Hay hombres muy ying y hay mujeres muy yang y nuestra química vital y existencial cambia continuamente. Aparte de todo eso, existe la orientación del deseo erótico. Algunos seres sexuados sentirán atracción a lo largo de toda su vida  sólo por el hombre, sólo por las mujeres o por ambos indistintamente. Grandes artistas han jugado con la ambigüedad o con una sexualidad diversa como parte de su proceso vital y creativo y no pasa nada. Lo de David Bowie nunca fue postureo.  

martes, marzo 01, 2016

8 minutos, 40 segundos

   



 Queridos, les tengo que hacer una queja. No sé cómo andará el mundo gay, pero en el universo hetero de la España del siglo XXI, los caballeros, por llamarles de algún modo, cada día tienen menos pundonor y a muchas se nos hace cuesta arriba denominarles de tal forma. No, no quiero generalizar, pero las señoras, amigas de 30 en adelante con las que me topo me vienen todas con la misma historia. Los hombres se esfuerzan poco. Cada vez menos. No sólo en la conquista ( y ahora me adentraré en ese tema, que es otro) sino en un simple encuentro de cama.

 A ver si se enteran de una vez. La mayoría de las mujeres no buscan en el amor verdadero cuando tienen un encuentro sexual pero, al menos, quieren sentirse deseadas, mimadas, cuidadas. Eso de follar y largarse es lo peor del mundo. Y perdonen la palabra pero es que a eso no se le puede tildar de algo tan cursi como hacer el amor.

No hay clase y si me apuras, ni educación. Vayamos a la conquista. El hombre es cazador por naturaleza y no le gusta sentirse presa ni preso. Cuando es ella la que toma la iniciativa finalmente acaba condenada no sólo por el propio (incluso después de haber compartido muchos momentos de cama, incluso de relaciones de varios años) si no por toda la sociedad. No nos engañemos. Está mal visto eso de la mujer lanzada, fogosa, con temperamento. 

A los señores les encanta soñar con ellas, verlas en las películas, desearlas con ardor en su soledad pero esta mujer asusta. Hace falta un hombre muy yang (o sea, muy masculino, muy tío para entendernos) para medirse con este estilo de doña poderosa y sin miedos. Mi explicación está clara y responde a una realidad que he manifestado en más de una ocasión en estos artículos. Nos estamos acostumbrando al sexo solitario. A las relaciones virtuales. Qué pereza, qué asco de tíos, por favor.

 Lo más divertido es que según un estudio de la web PornHub el hombre español tarda exactamente 8 minutos y 4 segundos en consumir porno. Ya saben a qué se dedican durante ese tiempo ¿no? Porque además, a diferencia de otros países, no sólo se gasta un minuto menos de media en este autoconsumo masturbatorio, sino que los señores (sólo un 20% de la mujeres consume porno) lo ven en sus casas, en sus PC, vamos.

 Si nos acostumbramos a relaciones sexuales de 8 minutos y 4 segundos, entiendo que todo lo demás para ustedes, ejemplares del sexo masculino, sea picar piedra: nada de dormir en cucharita, nada de palabras bonitas al oído, nada de cosquillas, de juegos con la piel, de comer y follar y dormir y volver a comer y follar y dormir. No, nada de eso. Es mucho trabajo. Entiendo y estoy segura de que esto no es así en todo el espectro masculino pero en otro sí lo es. Y alarmante. El sexo se ha convertido en un objeto de consumo. Si no media dinero de por medio, parece que tan poco luce. Es una pena.

El sexo es un vehículo para conocerse a uno  mismo y a los demás. Una vía de acercamiento. El sexo es rico, nos humaniza, nos hace grandes. Follar y largarse, no. Eso es basura. Pero, por lo visto, cada día nos gusta más la basura, nos aterran más los cambios, nos desequilibra el hecho de abrir nuestra vida a otra persona y preferimos mantener nuestro status quo de mierda a costa de lo que sea. Incluso a costa de nosotros mismos.

miércoles, febrero 24, 2016

Sexoficción

        

Bien, vale. Hemos llegado a ese punto en el que le damos a la pareja, al otro, a nuestro sexo, la importancia que le corresponde. Gozar porque sí es bueno. Fuera culpabilidades, fuera objetivos reproductores, fuera miedos. Entiendo que llegar ahí es complicado pero supongamos que lo hemos conseguido.


 Bien, ahora tenemos la segunda parte; la ciencia sexual y la neurología sexual intentan aportar y dar luz a las necesidades innatas del ser humano pero, a veces, nos obsesionamos tanto con lo bueno que es orgasmar y eyacular que se nos olvida lo fundamental. Y lo fundamental es gozar. Entender que el sexo no está sólo en los genitales. Ya sabéis, el sexo es la fiesta de la piel, de las palabras, del aire, de las fantasías, de los sueños, de los juegos, de los placeres conjugados: comer, oler, morder y arañar con todo y por todo. Multiplicarnos en toda nuestra sensualidad. 

 Mezclar el chocolate con los besos; la nata con las caricias y la miel... bueno, la miel mejor no que es demasiado pringosa. Da un poco de fatiga ¿verdad? ¿No podemos dejarnos llevar y ya está? Pues sí, claro que podemos. Es más, es aconsejable. Todo lo enumerado nos vale siempre que no nos estrese hasta el punto del colapso.

 Lo cierto y verdad es que esta sociedad nuestra tan competitiva nos obliga a ejercitar siempre el sexo más atlético, saludable, lujurioso y placentero del mundo. Y también el más original.

Me he quedado perpleja cuando he leído un texto científico donde se nos explica que las mujeres debemos orgasmar 12 veces por semana. De lo contrario, nuestro cuerpo envía señales al cerebro de que algo no va bien. ¡Por todos los dioses del Olimpo! Creo que no he orgasmado 12 veces por semana casi nunca. Vamos, es que contando y recontando, salimos a dos orgasmos diarios y los domingos descansamos. Vamos, que yo no tengo ninguna objeción. Es más, creo que lo podría cumplir fácilmente pero, seamos claros, esta sociedad nuestra tan competitiva también nos ocupa tantas horas al día en llegar a un mínimo satisfactorio laboral, educativo y deportivo que la mayoría de los humanos llegamos reventados al lecho.¿ Cuántos de ustedes piensan: "vaya, qué pereza, esta noche nos toca"? Ya lo decía mi amiga Carmen Posadas, algunas modalidades de sexo equivalen a picar piedra.

 La entiendo a la perfección. Hay otro peligro mayor. Es el que yo denomino "Sexoficción". El cine ha hecho mucho daño a las relaciones de pareja difundiendo falacias acerca del mito del amor romántico. Y, efectivamente, cuando nos enamoramos los besos son más besos pero nunca suenan violines y al que más y al que menos se le escapa un pedo en el momento más inoportuno. Peor aún es el porno.  Ay, el porno. Esos penes que en ocasiones parecen apéndices de un alien en vez de órganos delicados y sensibles.

Esos miembros cuya misión es taladrar oquedades y desparramar semen sin conmiseración. Esas películas absolutamente espantosas y que, por desgracia, suponen buena parte de la educación erótico-sentimental de muchos jóvenes, obsesionados por batir marcas, observarse viriles como Nacho Vidal y sentirse llenos en una nube de egocentrismo y narcisismo patológicos. Hermanos, antes de tomar el cilicio del 2016 y de los buenos propósitos, desde aquí os digo: fuera obligaciones. La cama, el lecho se hizo para el disfrute: para soñar y volar pero dejemos las cuentas atrás, los balances y los quema calorías para otros ámbitos. Eliminemos la palabra preliminar (¿Preliminar de qué?) y concedámonos ese momento cadencioso, armónico y rítmico para disfrutar de nuestro erotismo, como si todos nosotros fuésemos notas del bolero de Ravel.