Tus ojos son mi casa y con eso creo que ya está todo dicho. Aunque en ocasiones no nos encontremos, aunque pasemos tantas horas al día lejos el uno del otro. Tan lejos. Pero siempre puedo regresar al espacio que me da cobijo. Al sereno caminar de nuestra vida que tú conviertes en sencilla. Porque el amor no es una epopeya, ni una rapsodia. Es una canción cristalina. Es el sonido puro y azul de tus ojos.
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3 comentarios:
Y poder taparte con las sábanas de sus párpados, verdad? :)
:-)
Leer una dedicatoria de este estilo le deja a uno sin palabras.
Qué bueno es tener ese lugar-persona que sirve de cobijo. Yo también tengo uno así. Ya somos dos de enhorabuena.
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