miércoles, agosto 13, 2008

Síndrome conejillo de indias

Soy un conejillo metido en una rueda. Camino sin parar, me fatigo pero no llego a ninguna parte. Incluso hay quienes experimentan conmigo, juegan conmigo, prueban nuevas técnicas de marear (me) la perdiz. Y aquí sigo. Dando vueltas, viajando a ningún sitio. Malgastando la energía hacia ninguna parte. Porque cuando uno cree que ha llegado a finisterre, se encuentra de nuevo en el punto de partida. Hacia ningún lugar, condenado por la eternidad en este cículo vicioso de la vida. Soy un ser agotado. Pero no puedo bajar, una fuerza me impulsa a seguir en esta noria absurda. Si hay infierno, debe parecerse mucho a esto.

11 comentarios:

Replicante dijo...

¡¡¡ Jo!!! Espero que el texto no sea el reflejo de tu estado de animo,.

:/

brigate dijo...

uhmm... pobre conejillo de indias, algún día la naturaleza se nos volverá en contra, con tantas cosas que le hacemos.

:-D besos, salta de la noria y tomate una cervecita.

Antonio Rentero dijo...

Mucho mucho mucho animo!!!

No desesperes y ten fe, q no hay mal q cien años dure.

Camille Stein dijo...

noria absurda de una feria que no se termina... impelidos a dar vueltas sin descanso

pero confiemos en un respiro, en que podamos tomar el aire suficiente para abandonar el círculo, aunque sea momentáneamente

ánimo...

un beso

coco dijo...

Querida, cómo te entiendo. Tú al menos eres un conejo. Yo creo que no llego ni a rata de laboratorio.

El éxodo dijo...

Sí, eso somos. Sólo que, probablemente, no hay ningún científico supremo observándonos.

Abrazos.

Landahlauts dijo...

Rompe esa noria o acabará contigo.

Saludos.

María dijo...

- ¿Se siente solo alguna vez?

- No, nunca

-¿No? Y ¿por qué?

- Creo que una de las razones fundamentales es que suelo mirar al ser humano desde un ángulo positivo. Esa actitud crea, inmediatamente, una sensación de afinidad, una especie de conexión. Quizás se deba a que existe, por mi parte, menos recelo, menos temor a que si actúo de determinada manera quizás la persona me pierda el respeto o piense que soy un extraño. Como ese temor no existe, provoco una especie de apertura.

Para eso, primero hay que darse cuenta de la utilidad de la compasión. Es el factor clave. Una vez que se ha aceptado que la compasión no es algo infantil ni sentimental, una vez que has comprendido su valor más profundo, desarrollas inmediatamente el deseo de cultivarla.

Si te acercas a los demás en disposición compasiva, reducirás tus temores. Y, aunque el otro no se muestre afable o responda de una forma positiva, al menos te habrás aproximado con una actitud que no solo te proporciona libertad sino que te permite cambiar de enfoque cuando sea necesario.


MUCHO ÁNIMO¡¡

Beauséant dijo...

lo que suelen hacer los conejitos es llamar a su rueda destino, y al cabrón que la puso ahí Dios.. de esta forma todo es mucho más sencillo...

lokura dijo...

por que sera que muchos demasiadas veces nos hemos sentido asi... Un abrazo

lokura dijo...

por que sera que muchos demasiadas veces nos hemos sentido asi... Un abrazo