domingo, febrero 07, 2010

Sofía inmortal.


Se levantó tan sola como solía. Intentó pensar positivamente: "Todo esto no me afecta. Todo lo que me rodea es una ilusión. Una mentira. Todo es mentira. Lo bueno, lo malo. No existe. Sólo existe la eternidad, la mente. el alma. Y es lo único inmutable y fundamental".
Sofía vivía para las emociones. Su música, sus grandes sueños, sus interpretaciones grandiosas. Pero le habían dicho que nada de eso era bueno. Que tenía aprender a volar sobre ellas. Sobre las dicultades, sobre la intransigencia, sobre las negativas, sobre la envidia, sobre su vida en llamas o sobre su existencia de pacífico remanso. Porque todo eso eran sus horas. En ocasiones, capaz de todo y, en ocasiones, indefensa como un bebé en medio de una carretera. Muerta por dentro. Con deseos auténticos de morir. Cerrar su boca, sus ojos. Su mente. Cerrar su vida. Engancharle un candado a los segundos y que todo se parase para siempre a su alrededor y dentro de ella. Ya no era tristeza. Había sobrevolado por ella. Había aprendido a sonreir en la tormenta. A animar a los que quizá también se encontraban mal. Pero, algunas veces, se sentía vacía e impotente. Incapaz siquiera de abrir los ojos. Ya no era rabia. No. Era un dejarse arrastrar por el sinsentido pero sin manifestarse. Incapaz de devolver amor por amor. Sólo eran gestos. Abrazos, regalos, objetos que llegasen donde ella no. Sólo era la pura incapacidad de creer en nada más por un segundo más. "Pónganle una lacra a mi boca, corten mis dedos, cierren mis ojos, paren mi corazón. No quiero seguir". El alma de Sofía escapó de su cuerpo. No había miedo. No tenía ansias, ni deseos. No tenía nada. Sólo su mente surcaba los paisajes que siempre soñó en visitar, o en revisitar: el bosque de El Yunque, Nueva York, los prados verdes de Suiza, el parque de la Magdalena...el pecho de sus amados y amantes de ella. Los del pasado. Los que no compartieron su vida con Sofía...sólo anhelos, sólo sueños. Los que la amaron de veras. Y se coló en las vísceras y poros de cada uno de ellos. Y su mente, ajena por completo al dolor, vivió sus vidas. Compartió sus rutinas y ellos sentían algo. Sí...porque el alma de Sofía, que ya no se llamaba Sofía, los sentía sonreir y los sentía desear el fin, ponerle un lacre a sus vidas para existir sólo en el alma inmortal de Sofía. Que ya no era Sofía. Que no era nada y que era todo. Impeturbable e inmutable. La mente, el yo, el Dios, el Buda. Lo que fuera...que vagaba y reinaba en el cuerpo de sus amantes amados.
Raquel & Liya for Lanvin FW0809.
Photography: Steven Meisel

2 comentarios:

txe dijo...

muy metafísica le veo... y la foto muy ochentera :)

El buzon de mi casa dijo...

Lola eres todo cariño, me agrada saber que eres así, al menos imaginarlo.

Un beso