viernes, marzo 25, 2011

Taylor, Elizabeth



Una de las  pocas películas que me dejó noqueada durante varios días fue "La gata sobre el tejado de zinc (caliente)". Recuerdo que era primavera y puede sentir en mi piel el deseo de Maggie la gata por ese hombre acomplejado que parecía odiarla. Hombres ¿Quién los entiende? A muchos hombres les pasa como a Brick. Qué no tienen claro de qué pie cojean y le hacen la vida imposible a sus mujeres, o a las mujeres en general. Y hasta aquí puedo leer.
Me encantó conocer detalles muy particulares de Elizabeth (nada de Liz, odiaba que la llamasen así). Por ejemplo, que su padre tenía una tienda de antigüedades en el Beverly Hills Hotel. Detalle que conocí de primera mano, gracias a Wendy Smith, la maravillosa relaciones públicas del hotel. Ha pasado casi un año de aquello. Hay fotos de una jovencísima Taylor con su padre, en una imagen natural de la estrella.
Su fidelidad a sus amigos siempre me ha parecido admirable. En el Chateu Marmont, Elizabeth cuidó de Montgomery Clift como si fuera su madre, tras aquel aparatoso accidente. Estaba enamorada pero, como no pudo ser, se conformó con ser su confidente y enfermera, su madre. También fue generosa y extraordinaria con Michael Jackson. Y, por supuesto, aparte de bellísima como pocas, una actriz competente y muy grande en ocasiones. Al interpretar a Maggie, la gata;  como la niña mimada de "Gigante"; sexual y poderosa en "Cleopatra". Verla junto a Burton es una lección de amor. De ese amor que duele y que sufrieron y disfrutaron en sus carnes. Elizabeth siempre recriminó a la Academia que Richard, su amado, no obtuviese nunca el Óscar.
Elizabeth creyó en el amor casi hasta el final ¡Cuánto marido, por Dios Santo y bendito! Estuvo internada en 70 ocasiones. Siempre tuvo una mala salud de hierro. Incluso, cuando pensó que no salía con vida, se leyó sus obituarios en la cama del hospital. Tan tranquilamente. Una estrella. Digna y buena gente hasta el final.
Elizabeth gata y Cleopatra, descansa en paz.