domingo, octubre 23, 2011

Nativel Preciado "Nadie pudo con ellos"


Nativel Preciado gran amiga, gran periodista

Nativel acaba de publicar un libro que he de recomendarles. Se titula "Nadie pudo con ellos", no lo hago por simpatía, ya saben que las Gracia somos brutalmente sinceras y, a fuerza de perder amigos, he aprendido a morderme la lengua (las verdades brutales, me parece, no le gustan a nadie) pero en este caso no pueden quedar en el silencio las sensaciones, imágenes, los olores que percibí con el nuevo libro de Nativel Preciado, que todos los políticos deberían leer. Los cachorros de la política mucho más porque no hay nada peor que un cachorro adoctrinado sin capacidad de discernimiento, autocrítica o juicio propio.
Hay imágenes entrañables en "Nadie pudo con ellos" como la de Josefina Samper levantándose a las tres de la mañana para preparar una olla de comida para los presos de Franco en Carabanchel. Entre esos presos, por supuesto, estaba su marido, el insobornable y valeroso Marcelino Camacho. Se le han hecho tantos homenajes a políticos de la transición, a "personajes" que lo merecían mucho menos que él y que, bajo mi punto de vista,  ingenuo y desconocedor de la absoluta verdad de aquellos años, no contaron con su valor, su capacidad de sacrificio y su humildad que ya era hora ¿verdad Nativel?. Mientras otros se marchaban al exilio él se quedó y luchó por los derechos de los trabajadores y de los españoles oprimidos.

Nativel ha hecho justicia con este libro, consigue lo que muy pocos grandes literatos logran: escuchamos las voces de los protagonistas, sin dejar de escuchar su voz propia, prístina, diáfana. Recuerdo que me contó lo que dijo un día Iñaki Gabilondo de su estilo: escribe sobre el cristal (más o menos, escribo de memoria). No podría definirlo mejor.

Tengo la teoría de que los escritores narran según la cara que tienen. Lo sé, es una idea alocada, quizá absurda. Pero no, la experiencia me lo demuestra una y otra vez. Nativel es así, como este libro. Tiene la humildad necesaria para eliminar con limpieza de cirujano todos los efectos especiales posibles que cabrían en un relato como este: no hay nostalgia, no hay sentimentalismo, no hay metáforas baratas. Hay una realidad que palpita. Hay dolor, hay repulsa contra las injusticias cometidas y hay una gran generosidad hacia sus lectores.

Pero no se engañen, detrás de la generosidad y bondad de Nativel, se esconde una gran, gran seductora. A su manera, con su suavidad indiscutible, se encuentra una periodista de raza, una escritora de raza que te agarra por la solapas en cuanto te descuidas y te "obliga" a leerte sus libros de tirón. A mi me ha pasado con todos y cada uno de ellos. Recuerdo esa sobrecogedora experiencia la primera vez que cayó en mis manos "El egoísta", finalista del premio Planeta.

Nativel consigue que parezca sencillo escribir como ella lo hace. Y no lo es. En absoluto. Consigue lo que sólo logran los virtuosos: tocan, bailan pintan como si respirasen. Ella escribe como si respirase, sin esfuerzo (aparentemente) con una brutal naturalidad.
Nativel ha conseguido el objetivo marcado en su prólogo: "Hagamos memoria, a ser posible, sin manipulaciones interesadas o recuerdos alterados por el paso del tiempo". Lo ha conseguido.