domingo, julio 29, 2012

Huéleme, huéleme mucho (eres mi odotipo)



Pocas cosas tienen tanto poder evocador como los olores. Recuerdo con claridad meridiana las colonias de algunos hombres que amé (poca cosa más me han dejado): Ck One, Fharenheit, Eau Savage, Paco Rabanne, Miracle, Antaeus... El olfato nos encadena a los seres humanos unos con otros desde la más tierna infancia. Hay amores cuyo olor nunca olvidaré, al igual que siempre retendremos en la memoria el aroma del pan recién hecho. Pero,  ¿a qué huelo?—me preguntaban. “Pues a ti, maromo”. Ni más, ni menos.


Los de personalidad adictiva volvemos una y otra vez como moscas a la miel a esa esencia que nos secuestra. Hasta que cambiamos una adicción por otra. O un hombre por otro; o llegamos a un punto de anestesia total. Algo terrible, sin duda.
Los perfumes, naturales o sofisticados, no son ninguna tontería: acompañan a las feromonas, son semillitas. Nuestro olor es nuestra estela. Por eso mismo, los magos del neuromarketing, sabiendo del inmenso poder evocador de una fragancia, impregnan las tiendas de lo que ellos llaman un odotipo particular. Hace años "El Corte Inglés" de Murcia olía a mantequilla de croissant. Ahora huele a caro. No es casualidad que la sección de cosmética siempre esté en la planta baja. ¿Y Zara? ¿Mango? ¿Ikea? ¿No han notado nada nuevo últimamente? ¿No regresan a sus estantes conociendo como conocen sus precios, sus tallas y  modelos y aunque no quieran siempre se llevan algo? ¿No les sucede igual que cuando caían una y otra vez en las redes de aquel romance inconveniente sabiendo como sabían que nada iba a cambiar?

Los genios del marketing son unos manipuladores, cierto. Olores, colores, ubicaciones, música (me pasaría la vida en Bimba y Lola). Pero nosotros somos quienes traspasamos el umbral de su tienda. Así es que ni amantes, ni Amancios Ortegas son culpables de nuestra debilidad. Es nuestra pituitaria caprichosa, nuestra humanidad más básica y atávica. En estas noches de largo y cálido verano, cántele a su amor aquello de “Huéleme mucho, como si fuera esta noche la última vez”.