jueves, noviembre 01, 2012

Alocados y hambrientos hasta la tumba



Cuando Steve Jobs dijo aquello de “permaneced alocados y hambrientos” se refería a nosotros. A los hijos del Baby Boom. Él no lo sabía pero, aquel día que inauguró el curso en la Universidad de Stanford, tuvo una visión. Se le apareció, sin percatarse, este país en crisis. Y nos contempló, entre asombrado y deleitado, a todos nosotros, alocados y hambrientos hasta el final de nuestras vidas. 

 Steve que estás en los cielos, podías habernos deseado otra cosa ¿No? “Permaneced millonetis y sexualmente satisfechos”, por ejemplo. Habría sido un detalle por tu parte. Al permanecer alocada y hambrienta no me puedo permitir el Iphone5 ni el Ipad mini. Aunque a ti que más te dará. Estarás en tu cielo tecnológico, aséptico, blanco, lleno de manzanitas mordidas, de Evas cachondas y Adanes apolíneos.


 “Lo siento por tu chica, la vida es frágil” Dicen que le contestó a un anónimo de los cientos de miles de e-mails que leía y respondía a pesar de ser un genio en la cumbre. La chica acababa de morir de cáncer. Así que, sin quererlo, también fue premonitorio consigo mismo con esta sencilla y contundente frase. Seguro que usted ha pensado y verbalizado eso mismo: “la vida es frágil”. Y por eso hemos de permanecer incandescentes, llenos de luz, de esa energía adolescente de la sorpresa y el entusiasmo. Porque la vida es hoy. Lo sé, una perogrullada; pero ¡cuántas veces lo olvidamos! 

 En vísperas de “los muertos”, me siento como Pe (Raimunda) en “Volver”. Acudo, alocada y hambrienta, con mi madre, a limpiar la tumba del Marchena, mi padre. Regreso siempre al infausto recuerdo de aquella tarde en que le dijimos adiós para siempre. Al principio odiaba todo este ritual de cubos de agua, lejía y claveles pero he ido entrando en la serenidad que proporciona la costumbre. En el orden de las cosas, en la sinfonía de los actos: con sus silencios, sus blancas y negras. Con sus fugas. Y veo mucho amor en las mujeres que van con ropa humilde a fregotear el mármol. Mandiles y trapos. Sacar brillo para retar a la muerte. Un paso natural en el equilibrio precario, en ese alambre sobre el que paseamos tan inconscientemente. 

A veces, me siento poseída por esas palabras de Jobs, y al llegar a este punto del año, ya no me indigno porque muchas veces adoramos a los muertos y maltratamos a los vivos. No repito chistes sobre epitafios, ni pienso en los gusanos que me comerán, que harán polvo de este cuerpo mortal. Pienso, inevitablemente, en el regalo del presente y en provocar la felicidad a cada paso. En otras palabras, a permanecer alocada y hambrienta, a pelear con uñas y dientes por los que quiero y por lo que quiero. Porque Jobs tuvo la visión, sin él saberlo, de una generación despojada de futuro pero llena de un hoy intenso, orgulloso, valiente, tenaz. Un hoy fabricado con el perfume de los sueños.

(escena de la película “Volver” de Pedro Almodóvar. Raimunda su hermana y su hija limpian la tumba de su madre)