jueves, noviembre 08, 2012

Tesoros



 Cuando uno menos lo espera, ocurre el milagro. En la Murcia del paro galopante descubren un tesoro escondido en la calle Jabonerías: 423 monedas andalusíes de oro y plata. El pasado, convertido en una metáfora fosforescente, nos rescata del pesimismo. Imagino esa orza oculta en el dormitorio de una pareja que destinaría la fortuna a dote de su hija. Los dinares y alhajas quedaron ocultos por la tierra, por el agua. Sobre la riqueza antigua se edificó otra vivienda donde habitaría otro matrimonio, quizá también con joven casadera. 

Así se escribe la vida. En el fondo, nada cambia. 

Sam Kashner debió pensar igual cuando leyó el manuscrito “Yates y cosas”. Seis páginas inéditas de Truman Capote que emergieron de la sección de Manuscritos y Libros Raros dela Biblioteca Pública de Nueva York. El mismo espíritu ácido de “Plegarias atendidas” subyace en el relato que pronto veremos en la red gracias a la relación de Kashner con Vanity Fair. Asistiremos a la reedición del ajuste de cuentas que hizo el hacendoso hijo de Nueva Orleans con los VIP de su época. Tras conseguir el tesoro que tanto persiguió en vida, el éxito con mayúsculas de “A sangre fría”, Truman se derrumbó como un castillo de naipes. El buen chico sureño quería a Dick y Perry, aquellos infelices a los que vio morir. Ellos fueron el sacrificio humano que sellaría seis años de duro trabajo. 

El resto lo sabemos: se sepultó a sí mismo bajo las drogas, el alcohol y aquellos insustanciales pijos que lo adoptaron como mascota. Quizá pasó el resto de su existencia sonado, prometiendo un libro que jamás envió a sus editores, pero un escritor siempre es un escritor. Aún oculto, el tesoro de las palabras ha sobrevivido en ocho cajas de documentos que Capote dejó a su albacea, el editor Joseph M. Fox.   


Yo misma soñé que tenía en mi casa una habitación que nunca visitaba: una estancia sofisticada y cálida. Un “espacio propio” a orillas dela Riviera francesa. Ese es mi tesoro bajo la ciénaga de horas que no comprendo, atrapado en la prisa de los días que nos llevan a ninguna parte. Al menos sé que existe, aunque oculto en algún tramo recóndito de mi fase REM

   

 Nuestro acomplejado y maltrecho país cuenta con la marca España que tantas satisfacciones nos dio en el pasado. España es mucho más que gente rebuscando en los contenedores, políticos corruptos y empresarios que no dudan en sacrificar vidas ajenas para ganar dinero. ¿Qué es la marca? Carlos Espinosa de los Monteros lo explicaba hace unas horas: “La quintaesencia de lo intangible” ¿Cuál es nuestro tesoro? ¿Acaso no está en nuestras manos escarbar como sabuesos del propio destino y hallar eso que nos hace únicos? No rendirse es la consigna. 
Porque así se escribe la vida. En el fondo, nada cambia. Y el sol volverá a brillar.