jueves, diciembre 27, 2012

¿Quién soy yo? (Los miserables)


Cuando estaba embarazada de mi hijo (de baja por amenaza de parto) tuve tiempo sobrado para disfrutar de una lectura imprescindible: "Los miserables" de Victor Hugo. Es un autor que me fascina. De cada página extraía frases. De hecho, "Tanto amor" estuvo a punto de titularse "Cariátide en vacaciones". Una expresión que utiliza Hugo para referirse a la Cosette niña, una vez rescatada de las garras de los Thérnardiers. 
Ver en el cine "Los miserables" ha sido una grata experiencia. Es un espectáculo visual único. La partitura de Claude-Michel Schönberg y el libreto en la versión inglesa escrito por Herbert Kretzmer son de sobra conocidos para los que amamos el musical. El más popular de los solos es el impresinante "On my own" que interpreta el personaje de Eponine (enamorada hasta las trancas de Marius, quien a su vez,está loco de amor por Cosette. Una especia de "Incondicional" que nos conmueve por su heroísmo, su nobleza, tan alejada de sus progenitores).
He de decir que hace muchos años vi el musical en Madrid y estaba tan lejos del escenario que si apenas me llegaba un rumor de su grandeza. El cine nos regala esa suerte de primeros planos, con unos actores soberbios. Del primero al último. Anne Hathaway nos sorprende por su fuerza y su desgarro; Russell Crowe es ese águila al acecho, obsesionado con Valjean y, qué quieren que les diga, Jackman me ha enamorado. Cierto que no es la mejor voz de la película; cierto que de recitar a cantar hay una diferencia, y pocos la perdonan, pero, no podría imaginar a otro convicto más arrepentido y recto que él. Nuestros políticos deberían quedarse con la esencia de ese Valjean. Hombres de honor  que apenas recuerda nuestra memoria reciente. A los Thérnadiers los encuentro algo esperpénticos (quizá era la intención, pero chocan con el resto de los personajes, tan ajustados a su papel según la visión de Hugo).

Los críticos atacan al director Hooper y puede que tengan razón. Con semejante obra maestra de la  literatura y de la música era difícil fallar pero la "grandeur" de algunas escenas, el frío de París, los colores de la sangre, el pálpito de la revolución, la tristeza de una insurgencia que fracasa, a mi, personalmente, me conmueven. La película respira emoción, como la obra musical de Schönberg.
 Eso sí, no pueden pasar por esta vida sin leer "Los miserables" porque tanto la obra musical, como el film son apenas los retratos, capítulos, un fogonazo fugaz de una novela que soy incapaz de calificar. Sólo les diré que cuando aparecieron ante mi los personajes de Gavroche, Fantine, Eponine, Cosette, Jean Valjean, los Therdardiérs, estaban vivos en mi memoria, como si los hubiese leído ayer. Hugo tiene algo predicador, nos ofrece lecciones de moralidad y ética impagables (con las cuales podemos estar o no de acuerdo), pero, ante todo, Victor Hugo es pura emoción. Sólo los que intentamos "escribir" sabemos lo difícil que es emocionar desde la palabra. 
Y esa pregunta, esa interrogación casi postrera que se hace Jean Valjean ¿Quién soy yo en realidad? es clave para entender la universalidad de esta obra. Todos, el algún momento de nuestra vida, nos vemos tan alejados de nuestra imagen primigenia, huimos de un pasado, nos sentimos  tan aturdidos ante los vericuetos por los que nos lleva la vida, que nos preguntamos en voz alta aquello de "Quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos". Hoy más que nunca hay que leer a Victor Hugo.