viernes, marzo 07, 2014

30 Fantasías. Fantasía 1





Le esperaba desde hacía rato. Aburrida, se quitó toda la lencería con la que quería sorprenderle. Se encontraba como una princesa en aquella espaciosa suite. El sol de media tarde se colaba tras los visillos, rebotaba en los cristales, iluminaba su pelo. Era primavera y todo allí olía a éxtasis, a naturaleza audaz. Ella misma se sentía la hembra más fecunda del planeta. 

Sin ropa pero sin bajarse de los tacones, descorchó el vino blanco que se enfriaba, o se calentaba, desde hacía más de una hora. Se contempló en el espejo de la entrada: sus pechos de niña que tanto le gustaban a su antiguo amor. Su sexo aparecía entre sus piernas como por accidente "yo pasaba por aquí", camuflado, escondido,  a la espera de florecer por el deseo que tanto la impacientaba.

Se sirvió, sumergió los ojos en el líquido cristalino, precioso, alcohólico, algo canalla. Casi como una bruja con su bola de cristal, aparecieron ante sí los fantasmas del pasado. "El sexo es la única verdad", le decían. Todo lo demás nos lo inventamos. "El amor, si es amor de verdad, tardará en cuajar" (qué pesados). "Las emociones nos engañan" (siempre, siempre, querido Mr Scrooge) . El fantasma del pasado era voyeur y seguro que la miraba, excitado, desde su trono en el cielo. O en el infierno.  
Su sexto sentido la acercó hasta la puerta. La abrió y ahí estaba él. Algo sudoroso. También impaciente. "Pensaba que nunca descorrerías ese pestillo."

Le arrebató el vaso. Apuró su contenido, lo hizo estallar contra el parquet y la arrinconó con fuerza."Ahora, te voy a follar, querida".  Ella se agarró su cuello viril. Le mordió, le tiró del pelo. Estaba algo furiosa. En segundos se topó con la hebilla, la descorrió y encontró su miembro duro. "Ahora esto es mío, querido".  Había besos más allá del abismo, había el olor a sexo descontrolado. La sobria camisa blanca reposaba en el suelo y ella le empujó hacia la cama. Se encaramó en su pene, un juguete nuevo. Un alimento diferente. Y comenzó a alimentar a aquel coñito chiquitín y matón. Tan matón y tan mojado ¿Quién necesitaba lubricantes? Ella no. Aprisionaba aquel sexo tan dispuesto con el suyo. Inventaba espasmos. Él gemía. La miraba desde abajo. Tocaba sus pechos. Agarraba su culo y le marcaba el trote para acompasar su placer. Eran puro ritmo y sintonía. Era como lo habían soñado.

Ella paró un instante. Sabía que ningún hombre aguantaba ese ritmo mucho tiempo y quería vibrar. Oh, sí,vibrar mucho más. Se acercó a sus ojos joviales y divertidos. "En realidad yo te he follado a ti". La volteó. Subió sus piernas sobre los hombros y la embistió con ternura y con fiereza por tanto tiempo que casi perdió la cuenta. Se derramó sobre su vientre. Agotados, durmieron una breve siesta.