domingo, mayo 11, 2014

Bondage bondadoso






Ella estaba iracunda, quería vengarse, así que le prometió un encuentro inolvidable, le ató las muñecas al cabecero de la cama y así, tal y como su madre lo trajo al mundo, se largó. Se largó y lo dejó en su casa solo por unas horas. "¿No quería pensar? que piense, que piense". Mi amiga me lo contaba entre carcajadas malévolas. De pronto, la frené en seco: "¿Qué pasó después?". Después se convirtió en un gatito dulce y complaciente --me dijo-- y lo que comenzó como un: "te vas a enterar de lo que vale un peine", terminó, como se pueden imaginar, con una sesión de sexo salvaje, sudor y felicidad.

Desde ese momento, no faltan unas esposas en el kit de supervivencia de la pareja. También vale el cinturón del albornoz, por ejemplo, porque no se trata de hacerse daño. Todo lo contrario. Más daño hace la rutina.

Hace un par de meses salía a la luz un estudio de la Universidad de Nueva York, que revelaba que "las parejas que son estables tiene relaciones en mayor proporción que aquellos que no tienen compañía".  No me sorprende porque, en ocasiones, paso muchas horas en Twitter, donde abundan los solteros,  la disyuntiva más habitual es "O follas, o tuiteas". Total, que los solteros, lejos de saltar de cama en cama, se comen menos roscas que los casados. Y doy fe, porque tengo amigos singles de muy buen ver a los que te imaginas escapando de ventanas de damiselas, como si fueran Romeos y Casanovas, pero dicen que no, que qué va, que ya les gustaría.

La investigación le da la razón a mi soltero:  el 45,8% de las personas con pareja estable practican sexo entre 2 y 3 veces por semana, mientras que sólo el 8% de los solteros iguala esta cifra. Además sólo  el 1% de esos hombres comprometidos, y el 3% de las mujeres en el mismo estado, aseguraron no haber tenido un encuentro íntimo en el último año. El porcentaje de los singles que no se habían comido una rosca durante todo un año se elevaba al 23%, en el caso de los chicos, y al 32%, en el caso de ellas.

Quizás algún casado eleve la ceja ante estos datos. Nueva York no es España, pensarán. Y sí, quizá tengan razón. Porque aquí nos pueden los prejuicios y los miedos. Como decía una amiga: al final, el sexo es sólo sexo y tenemos todo el cuerpo, con sus cuatro kilos de piel para experimentar diferentes formas de gozar y disfrutar. El bondage como tal nos puede sonar un poco duro, pero ¿Quién sabe dónde se esconde el resorte que reactive la pasión de una pareja que ve pasar las días sin saborear la excitación y la lujuria?

Esto es más fácil de lo que parece. Si uno tiene confianza con su pareja, que para eso es su pareja desde hace muchos años, le puede decir con total tranquilidad: "Oye, cuqui, esta noche quiero que me encuentres el punto G, que ya va siendo hora". Y esto también vale para nosotras, especialmente para nosotras, porque ya sabemos dónde está el punto G de los hombres y los terribles prejuicios que tienen muchos heteros acerca de esa zona tan erógena y tan placentera. Y por eso --sepánlo caballeros-- no dejan de ser heteros, sólo más libres para experimentar y ser felices con su cuerpo.

La venganza de mi amiga se convirtió en una salvación dulce para ella y su pareja. La clave es perder los miedos, jugar y lanzarse al vacío del amor.

(NOTA DE LA AUTORA: PERSONALMENTE TODAS LAS IMÁGENES RELACIONADAS CON EL BONDAGE PURO Y DURO ME RESULTAN TREMENDAMENTE VIOLENTAS Y AGRESIVAS. POR SI NO QUEDA CLARO, EN ESTE ARTÍCULO PROPONGO QUEDARSE CON LA ESENCIA, CON LO DIVERTIDO. POR SUPUESTO, NO ME METO EN LAS PREFERENCIAS SEXUALES ERÓTICAS DE CADA UNO, PERO QUERÍA DEJAR ACLARADO ESTE PUNTO)