domingo, mayo 04, 2014

Música y sexo divinos



Leonard Bernstein, uno de los genios del siglo XX












Veamos. Ahora llega el psicólogo Benjamin Charlton de la Universidad de Sussex en Brighton y  dice que nosotras, las mujeres, cuando estamos en nuestro punto más fértil del ciclo,  preferimos compositores de música compleja. Vamos, que en ese momento nos dan a elegir y nos tiramos como posesas a Bach, por poner un ejemplo. Nuestro instinto nos dice que podrían ser considerados parejas más capaces. La teoría de Benjamin funcionaría 100% con el compositor alemán. Por un lado, era un artista prolífico, componía una misa semanal. Por otro, tuvo quince hijos. 

Todo encaja, el chakra dos, el que denominan sagrado, el svadhisthana, el que rige la intimidad, la vida social, el amor de pareja, la creatividad, las emociones, el placer y el deseo le funcionaba a las mil maravillas. Sólo hay que escuchar alguna de sus cantatas para saber que Bach estaba conectado con lo divino y copulaba divinamente con su señora. Que fue afortunado en el amor, vaya.

Charlton acierta en que quizá los autores de música compleja sean igualmente inteligentes, clarividentes, tengan un poder especial para captar el alma de las cosas y conectar con los demás. Yo adoro a los músicos. Nos hacen sentir emociones, nos hacen volar. Escriben en un pentagrama gloria bendita pero nunca me emparejaría con un músico. Charlton no conoce a los músicos. Salvo excepciones, sus virtudes son maravillosas para el amor, para conseguir un mundo más bello pero también, en algunos casos, les inhabilitan para la vida en su sentido más práctico. Y no puede ser de otra forma. O eres brillante, un puto genio. O, como recomendaba mi abuela Micaela, eres un hombre honrado y trabajador. Los buenos músicos, me consta, trabajan mucho pero su sentido de la fidelidad es muy particular, como el patio de mi casa.

Dicen que la música son matemáticas: tiempos, silencios. Esquemas férreos, unos raíles que nos elevan al cielo. Pero los músicos, los músicos son otra historia. Por supuesto, a todos ellos, el chakra dos les funciona a las mil maravillas. ¿Recuerdan ese músico que llamaban Elvis, la pelvis? ¿Cómo acabó?

Yo no creo que la música sean matemáticas. La música es sexo y el sexo es divino. Por eso la música de Bach está más cerca de Miles Davis de lo que algunos piensan . Y creo también que vivir con el chakra dos activado las 24 horas del día genera enormes desequilibrios. La creatividad es un don y un castigo.

El fenómeno de las groupies, la cantidad de seguidoras que tienen los cantantes están más que justificados según la teoría de Charlton. Un macho músico podría ser, quizá, el mejor inseminador. Garantizará una perfecta cópula porque ya tenemos claro que el chakra dos vale tanto para componer como para crear la armonía perfecta que favorece el amor. Los músicos serán románticos, tendrán el ritmo en las venas, serán incluso muy fértiles ¿pero serán convenientes para perpetuar la especie?

Si la hembra busca un macho capaz de ingresar el mayor número de calorías posible en su manada sólo le valdría un músico súper ventas en este caso. Un figura. En este caso, sí se cumpliría punto por punto dicha tesis.

Los seres humanos llevan haciendo música desde hace al menos 40.000 años.  Como decía un amigo compositor cuando le entraban las depresiones, la música no sirve para nada: no cura enfermedades, no quita el hambre. Tenía razón pero yo no podría vivir sin música. Es la caricia, el abrazo cuando las caricias y los abrazos faltan. Es belleza que duele y enaltece. Y sí, lo repito: la música es sexo y el sexo es divino.