lunes, julio 28, 2014

Alejandro Fernández. Tan bello, tan frío



Alejandro Fernández es tan impecable que le cuesta emocionar y emocionarse. Es un cantante elegante, comedido, perfeccionista. Sinceramente, eché de menos algo más de pasión en el escenario porque cuando uno va a un concierto de un artista mexicano espera eso: sol, alma, pureza. Y sí que había de todo eso, todo cuidado al máximo detalle. Los retroproyectores con imágenes de vaqueros y mariachis, el imponente escenario móvil, las pantallas gigantescas que nos devolvían a este hombre guapo, de aspecto extremadamente cuidado, con su barba de tres días y esa percha de impresión. Pero, a lo que iba, era como una fiesta de músicos donde se divirtiese él sólo. Sus dos pinganillos eran suficiente para él. Para mi no. Eso sí, todo irreprochable, de una perfección algo fría. Ah, y esa chaqueta gris del comienzo, lo peor del mundo: horrorosa, horrorosa.

Es inevitable comparar a Alejandro Fernández con Luis Miguel. Ambos son dos grandes artistas pero el segundo siempre mucho más. Y, personalmente, aunque no sienta mucha simpatía por ninguno de los dos, Luis Miguel siempre me ha emocionado en los conciertos. Traspasa la batería, está más vivo, se entrega. Alejandro es otro estilo. Desde luego, viste el charro mexicano como nadie. Es imposible tener más apostura en un escenario. Todo él era una estampa sobresaliente pero, volvemos a lo mismo, algo fría.

El show en sí, no decepciona. Las versiones de Nino Bravo, de Julio Iglesias y de Miguel Gallardo fueron de lo mejor de la noche. El sólo de trompeta del brillante Isidro Martínez Villanueva (Gracias a Marta Barbón Suárez por la aclaración) en “Abrázame” uno  de los mejores momentos del concierto. El pequeño acústico que se marcó con sus grandes éxitos, también y, por supuesto el imponente mariachi. Ellos pusieron la pasión, el ardor que le faltó al potrillo de México.

Se me ocurren varias cosas al hilo de este concierto y otros similares. No entiendo por qué hay que presenciar estos shows de pie. Este tipo de recitales de artistas que no dejan de ser cantantes melódicos es para verlos sentados. No entiendo por qué no estaban abiertos todos los aseos portátiles (imagino que porque había bastante menos gente de la esperada). Esa zona vip casi desierta que alejó al artista del público general me pareció un detalle feo. No me gustó nada. Así como algunas de las fans de AF, qué poca clase.

Me gustaría pensar que el artista no pasa por un buen momento porque es una pena que esa voz aterciopelada y perfecta, que esa puesta en escena y esa galanura se queden siempre detrás de las bambalinas.  A Alejandro Fernández lo he notado muy paradito, inflexible, extremadamente profesional. A ratos, un poco zombie ¿Qué es eso de no quitarse ese espanto de chaqueta durante medio concierto con el tremendo calor que hacía?
Como dice una amiga, lo perfecto es enemigo de lo bueno. Y este es un ejemplo clarísimo.
¿He dicho que el montaje del escenario era espectacular?