domingo, mayo 10, 2015

En funciones








Lleva Susana Díaz como presidenta en funciones desde el pasado 23 de marzo. Total, ná .Ese concepto me perturba. “En funciones”. Es un sí pero no. Un no pero sí. En esta vida podemos pasarnos décadas  con el cartelito “en funciones” porque lo preferimos al de “defunciones”.

El olor a muerto nos espanta pero ¿Cuántas parejas llevan décadas “en funciones”? Sé que es una pregunta que puede tocar un poco las narices y sé también que hay relaciones perennes de amor, respeto, lealtad e incluso deseo.

Me encanta el tándem conformado por el primer ministro de Luxemburgo, Xavier Bettel con su novio el arquitecto belga Gauthier Destenay. Se casan la semana que viene. Lo de ellos sería todo lo contrario de un amor “en funciones”. Todo es real y palpable. Es la coherencia total.

Después de analizar mucho los errores y defectos de nuestra sociedad occidental, creo que el más patente y terrible de todos es el de la incoherencia. Pensamos una cosa y hacemos la contraria. Deseamos algo y huimos despavoridos de aquello que nos eriza la piel y nos consterna, cuando lo más sensato es enfrentarse con nuestros fantasmas, demonios y anhelos frente a frente ¿Por qué sentir miedo de quiénes somos en verdad? Porque tenemos una programación alienante casi desde la cuna. Porque actuamos según se espera de nosotros y no según nuestros propio criterio. Lo más desconcertante es que ese criterio probablemente responda a una serie de esquemas y creencias que se han ido sedimentando en nuestro mapa genético familiar, generación tras generación, y se convierten en un lastre monstruoso que nos impide ser y estar de acuerdo a nuestra propia esencia.

Otra mochila fabulosa es el buenismo imperante. De cara a la galería ofrecemos un comportamiento estereotipado. Todos hemos de ser solidarios, enrollados, guays y sonrientes cuando la realidad es que podemos ser todo eso y por dentro guardamos a un Mr Hide de campeonato que puede convertirse en nuestra peor pesadilla.

Soy la primera fan de la cortesía, los modales, la educación, pedir las cosas con una sonrisa y mantener el tipo cuando los demás se derrumban pero he aprendido que puedo ser todo lo contrario: una ogra de muy mal genio con un repertorio de palabras hirientes y poderosas capaces de desmontar a cualquier adversario. Lo que ocurre es que he hecho una elección. Y yo elijo ser cortés y valiente y no una hija de puta que pega puñaladas traperas. Y, sobre todo, he aprendido a mostrar mi disconformidad sin alterar el color de mi cara.

Vivir con coherencia ofrece unas posibilidades inmensas de ser moderadamente feliz. Duermes en paz contigo por las noches. Comes chocolate sin remordimientos y remoloneas el fin de semana sabiendo que levantarte una hora antes para irte a correr no es la panacea y quizá las sábanas y el calor humano devuelvan a tu tez una lozanía que creías perdida. Vivir en paz con uno mismo es el mejor tratamiento de belleza. Sin embargo, resignarte a una existencia “en funciones” sólo te amargará el carácter y te convertirá en esclavo de los demás.

Un eslogan que aparece reiteradamente en los Whatsapps de mis grupos de amigos es el siguiente: “Tienes una sola vida, haz lo que te dé la gana y sé feliz”.


Podemos pasarnos los días pendientes de las opiniones ajenas o aplicar el cartesianismo estricto a nuestras horas. Decidir, elegir puede llevarnos un tiempo de soledad, de sopesar y de sacrificar la comodidad en pos de sentirnos libres, limpios, ligeros y sin tramposas mochilas que nos abotargan y amortajan en vida.