viernes, junio 12, 2015

Círculos concéntricos del amor

La vida es un enorme círculo concéntrico. Algunos hombres también. Están metidos dentro de su huevo, rodeados a su vez por varias capas concéntricas de ego, vanidad o de miedos y vacío. Realmente, últimamente me planteo qué necesidad tenemos de complicarnos con sujetos semejantes y por qué de pronto nos vemos abocadas a este tipo de hombre no-cazador, pasivo que espera que le caiga la breva. Al final, hasta se les pone cara de ídem.

Una amiga de un amigo lo tiene claro. Pasa de complicaciones sentimentales y decide, cada poco tiempo, descargarse un tío de internet. Nada de adopta un tío, ni historias semejantes. Te contacto, quedamos, copulamos y con las mismas tú pa tu casa y yo para la mía. Para las que hemos crecido con el maletín de la Señorita Pepis, esto nos parece de una frialdad pasmosa pero, realmente, es que lo único que apetece en ocasiones, dado el percal que circula por las “españas”.

Cuando leo y escucho a mi amigo el genetista, Marcos Egea, hablar de la propagación por esperma, siento que los machos de nuestra especie han caído en picado. Unos mataos es lo que son. Los mamíferos luchan por su hembra porque es ella siempre la que elige, dado el coste físico, emocional y económico que supone quedar embarazada tras un coito. ¿Qué valora la hembra mamífera por encima de todo? Que su macho pueda ingresar suficientes calorías para la manada. Visto así podemos parecer unas interesadas pero pensad que todo tiene un origen remoto impreso en nuestros genes. Esto marca nuestro destino mucho más de lo que podemos imaginar.

El hombre despliega su atractivo de diferentes modos. Si tiene pasta, comprará un porche. Si no, tuneará su coche. Si es guapo, sabrá arreglarse con los complementos adecuados que nos ofrezcan información de su estatus, incluso de su ocupación e ingresos presentes y futuros. De acuerdo, en este punto puede haber mucha engañifa, sobre todo desde que China fabrica imitaciontes tan potentes de pelucos, corbatas y joyas de marca, pero esto es lo que hay.
¿Veis por el mundo a hombres locos por encandilarnos con su apostura y afeites? Yo lo que veo casi siempre son tipos tan pagados de sí mismos que dan risa. ¿Qué quieren conseguir? Un polvo rápido y sin compromisos. La verdad, es que como hembra cazadora que soy, me seducen lo mismo que la calva de Montoro y su sonrisilla siniestra.

El otro modo que tiene el hombre de luchar por su hembra es acorralarla y aislarla. Este es el comportamiento típico de los lobos. Para eso hacen falta tenerlos bien cuadrados porque hoy la mujer no se deja acorralar ni por un vestidor de Armani. Tengo debilidad por los hombres-lobo, no lo puedo negar. Porque aunque nos pueden parecer el típico ejemplar de macho posesivo, celoso y anticuado yo también soy posesiva, celosa y anticuada. Vamos, que a mi macho no lo comparto con nadie y todo esto del poliamor me parece una patochada soportable en un mundo de canutos y buenrrollismo que me es completamente ajeno.

Decía que el lobo me gusta porque, normalmente, el lobo es listo y acorrala a su hembra de un modo sutil. Vamos, que cuando te quieres dar cuenta estás pillada hasta las trancas y da igual que se marche de noche a cazar gamusinos…tú ya no te escapas. El lobo va despacio, también en movimientos de círculos concéntricos; de menos a más; te va a acostumbrando a una serie de lindezas, muy poco a poco:  un cumplido con el desayuno; un beso a media tarde; una sorpresa en forma de canción, un regalo que no te esperas o un polvo de hora y media que te deja extenuada durante días. No way, hermanas. Este lobo te conquista sí o sí. De acuerdo, cuando despiertas de tu tontería amorosa te darás cuenta que es el más egoísta de su especie. No sólo porque te quiera sólo para él, sino porque una vez en su tela de araña, te costará mucho hacer cualquier movimiento sin que gruña o se enfade. Ojo con los lobos. Eso sí, cuidará de ti como ninguno.

La vida se abre paso, amigas, y, en ocasiones, hasta los mataos resucitan porque reverdece en ellos el puro instinto. Nuestras decisiones y elecciones las condicionan la madre naturaleza, la cultura, la educación, los miedos, el pasado ¿Realmente somos libres? El universo conspira para que nos procreemos, recordad esta letanía siempre, aunque estemos a punto de llegar al climaterio. Hay hembras arrebatadoras que  cuentan con una nube de moscones alrededor y es en esos momentos cuando el instinto aletargado de algunos hombres resucita. Y surgen los celos del lobo; la territorialidad y, hasta los políticamente correctos, esos meapilas que van proclamando defender tu privacidad —también la suya, claro—  de pronto, te sueltan chascarrillos acerca del tío que te ha tirado inmisericordemente los trastos delante de su cara (porque no es políticamente correcto romperle las piernas, que es en lo que realidad le apetece al macho aspirante a cornudo).

Pero no sólo eso. Hay otro factor determinante en nuestra elección de pareja: el olfato. Sí, queridas, da igual el patchulí con que se bautize cada día nuestro candidato, como sus feromonas no sean compatibles con las tuyas no hay nada que hacer. Tu olfato te dice, incluso, sus características físicas. Diferentes estudios han demostrado que los hombres que huelen mejor (frascos de colonia aparte) suelen tener un físico más equilibrado y simétrico y que esto, en definitiva y como hembras que buscamos perpetuar y mejorar la especie, buscamos. Ya, ya, alguna levantará la ceja escéptica y pensará que aquello de la belleza está en el interior. Tu mente lo puede creer pero tu instinto sabe que si hay que mejorar no podemos echar colorante alimentario al puchero de nuestra futurible progenie. Hay que echarle azafrán de pelo, que decía mi madre. Pero de los pelos hablaremos en otro artículo.

Al contrario sucede igual. Ya sabéis, el universo conspira para que nos reproduzcamos. Así que, si tenéis la suerte de encontrar algún macho valiente que viva fuera de su cascarón pomposo de egos y miedos, lanzadle una chinita. Igual que esas piedrecitas que caen en el agua creando ondas, generando vida y vibración a su alrededor. Os aseguro que los que están despiertos y alerta notarán ese círculo de vida y ardor que desprendéis porque, ya sabéis, formáis parte del diabólico plan del universo para perpetuarnos.

La vida son círculos concéntricos. Podemos descargarnos un tío de internet, cuya trayectoria vital lo empujará al séptimo círculo de nuestra existencia (por decir un número lejano) o, quizá, con un poco de ayuda de la madre naturaleza volvamos a sentirnos mujeres completas, deseadas, apetecibles y encontrar a ese compañero que rompe su círculo, para quedarse dentro de la onda concéntrica y perfecta del amor correspondido, entregado. Ese, que aunque parezca increíble, existe.  Y que incluso puede durar para siempre.