domingo, enero 15, 2017

Papawins

     


  Si polvo somos y en polvo nos convertiremos ¿Qué problema hay con acelerar un poquito el proceso? . Qué queréis que os diga, que el Papa Francisco se haya descolgado esta semana con el tema de las cenizas y los enterramientos me ha dejado algo patitiesa. Como es tan mediático, se ha dicho: ahora que vienen los muertos, voy a robarle un poquito de protagonismo a Hillary y Trump, que los feligreses se acuerden de sus antepasados. Lo ha conseguido. La estrategia para que hablemos del ayer y no del hoy es perfecta: a partir de ahora, nada de incineraciones. Eso es de infieles y, por supuesto, nada de llevarte las cenizas de la tía Pepita a tu casa, o de esparcirlas por el mar, o, peor aún, repartirlas entre los parientes.

 El argumento que da la iglesia de que un día habrá de venir la resurrección de los muertos puede que satisfaga a mentalidades simples pero nosotros, mortales del siglo XXI que ya hemos visto de todo, no tragamos. Quedarte en tu cajica hasta la llegada del juicio final no te garantiza una reconstrucción completa de tu cuerpo. Ah, ¿Que no es eso lo que insinúa la iglesia? Pues es lo que parece. Hija mía, quédate aquí, que como el día del Apocalipsis te pille disuelta en el océano atlántico (por poner un caso) marcharás a la vida eterna más desportillada que Michael Jackson en Thriller. Cierto, la tradición cristiana siempre ha sido fan del corpore in sepulto. Es lo suyo. Pero España se ha apuntado al carro de las cenizas con un entusiasmo febril y fabril. Es el país europeo con más hornos crematorios: 358,  aunque sólo el 35% decide prenderse fuego.

 Nada,  se nos ha juntado el afán de quitar enredos con los genes falleros. A las parcelas de los camposantos les salen telarañas y los carteles de “se vende” crían malvas. No obstante, quiero que miréis otra tradición. La de los vampiros. Esos seres del averno también han de dormir en sus ataúdes por la misma razón que los cristianos hemos de morar en el camposanto: por la cosa del resucitar. ¿No presumís que se esconda otra razón más práctica para que la iglesia nos llame a ser enterrados donde corresponde y que nuestros restos no estén de acá para allá como la falsa "monea"? Pues existe y es una razón de peso...económico. No podía ser de otro modo. De los 100.000 inmuebles que tiene la iglesia en nuestro país, muchos son cementerios. No sólo eso, gracias a una Ley de Aznar (que fue una especie de desamortización de Mendizábal pero a la inversa), la iglesia inscribió desde 2003, 4.500 nuevas propiedades sin pagar impuestos ni nada. Además de los cementerios, se incluyen otros lugares tan emblemáticos como la Mezquita de Córdoba.

  Papa Francisco ha conseguido que hablemos de él, es cierto. Pero tiene perdida la batalla de los difuntos. Por suerte, ha desaparecido el temor de Dios y la voluntad del finado está por encima de mandatos eclesiásticos. La gran mayoría de nosotros  obrará con los amados cadáveres según ellos nos hayan pedido en vida.

La mayor parte de nosotros, solicitaremos la incineración y que nos repartan, o nos vuelen como a un cometa, o nos esnifen como hizo Keith Richards con las cenizas de su padre. Del Holywins, lo mismo. Halloween es una fiesta patrimonio de la gente y como tenemos el libre albedrío, así obraremos. De todos modos, ya sabemos cómo es el buen cristiano practicante en nuestro país: hace lo que le da la gana y luego se confiesa.