jueves, octubre 14, 2010

El niño que quería olvidar el pasado



Hacía tan sólo dos años el miski, muska, miska de Mickey Mouse le entusiasmaba. Pedía una y otra vez los mismos dibujos. Cuando se reencontró con su adorado Mickey ,dos años después, hizo ese gesto que ella aborrecía. Se levantó el abrigo por encima de sus hombros hasta taparse la cabeza. No era un ligero desagrado sino una aversión roja, descarada, inevitable. Ya no era un niño. O no tan niño, y ahora sólo le hacían gracia seres que venían del espacio, o personajes que se tiraban pedos, eructaban y se sacaban perdigones de la nariz. El regreso a Peter Pan no fue tan traumático. Pero ese pasado, el pasado del niño que perseguía a su sombra, que se enfrentaba a Garfio y que vivía en en la Isla de los niños Perdidos era muy anterior. Apenas dos años ¿Demasiada precocidad? Adoraba a Campanilla. Y no me extraña. Era bonita, era chispeante...y era mágica. Recuerdo, cuando casi todavía era un bebé,le enseñé una foto suya de los meses precedentes en la que aparecía durmiendo con un chupete. Se puso a llorar con rabia y desconsuelo, todo a la vez. En ese momento sospeché que mi niño padecía una rara melancolía de lactante. Y eso explicaba que el ver a Mickey le causase tal reacción. Quizá sintió, por unos segundos, la angustia del paso del tiempo. No era posible que le obligásemos a ver un espectáculo de algo que pertenecía a su pasado "lejano". Alicia in wonderland y su laberinto, ese extraño e intrigante lugar que tanto le atraía, nos regaló momentos gratos y el cansancio se esfumó en los segundos que anduvimos entre los setos, tras el gato risón y escapando de la reina de corazones (¡Que le coooorten la cabeeeza!) Pero su ídolo de la infancia. Ese ratón repelente con voz de pito y la silueta de orejas más famosa del orbe, ese miski, muska, Mickey Mouse nos dio el día. A pesar de intentar arreglarlo, las risas eran de compromiso. El peso de la melancolía por el paso del tiempo impregnó nuestro ánimo. Y ni la novia cadáver pudo remediarlo.