viernes, febrero 18, 2011

Cosas raras III



Vista aérea del recinto de Rio Piedras


A mi me daba igual todo aquello porque cada día estaba en el paraíso. Ese campus que olía a melaza, a dulce. El coquí rompía el silencio de las aulas en plena clase. En ocasiones, eran cortinas de agua, la lluvia tropical, a partir del mes de marzo, la que añadía una banda sonora original a cada lección. Las risas y el vigor de los muchachos y muchachas de la UPI retumbaba en los grandes pasillos de aquellos regios edificios. Algunos de ladrillo rojo. Un campus realmente hermoso, donde vivieron José Ramón Jiménez, mi amado Varguitas, y en esos días gloriosos de cielos azules --de verde mar, de verdes campos, de selvas salvajes y juventud-- yo misma. Ahí estaba, viviendo una auténtica película.
Comenzaba la mañana nadando con mi amiga Lisa. Después, clases, trabajo en Radio Universidad, donde inventé una agenda cultural que mezclaba el sentido del humor, las bromas, música de todas las épocas y los efectos de sonido. Y todos trabajábamos en hacer un magno espacio diario. El técnico y Susana, una increíble fotógrafa y artista, que pronto se unió e hizo tanto suya como mía la agenda cultural. En el viejo San Juan me reconocían por la voz. Era la española de Radio Universidad
Y era hermoso lo que hacíamos. Todo ello.





Quiero romper la imagen que tienen ustedes de Puerto Rico. Una isla turística, sí, pero un auténtico hervidero de artistas, de pensamiento, de creación.  Cierto que la mayoría de ellos marchan a Estados Unidos, sobre todo a Nueva York. Pero Puerto Rico es la gallina que los incuba. Es un reducto absolutamente singular que mezcla la antigua cultura de los caballeros españoles, el caribe y los ritmos africanos de los esclavos que llegaron allá y todo lo procedente de los USA, que es mucho. Desde la mantequilla de cacahuete hasta la política, los dineros que les llegan por ser Estado Libre Asociado y su the way of life. Todo es fácil para quien quiere trabajar y prosperar. Las puertas se abren todo es posible, dentro de un orden, y se vive en una ingenuidad exquisita y perfecta.