viernes, agosto 19, 2011

Amante y madre

Lo dice el refrán: la mujer ha ser una puta en la cama y una señora en la calle. Lo de puta queda mal, muy mal en los escritos. Es una palabra contundente como un puñetazo pero las señoras tenemos, entre otras, la obligación de serlo cuando corresponde. Cantaba Chaka Khan aquello de I’m every woman. Y tanto. Las mujeres somos amantes, esposas, brujas, hadas, princesas, cenicientas y con la crisis ni te cuento. Pero esta reivindicación se centra en las sábanas y en la interesante tesis de Elisabeth Badinter y su libro “Le conflict. La femme et la mère”. Porque cuando las mujeres somos madres parece que ya no podemos ser otra cosa. Cuando yo digo en voz alta que odio los cumpleaños infantiles, las otras madres me miran con reprobación y censura y cuando digo en voz alta que las mujeres, una vez paridas, desaparecemos para algunos hombres, muchos no lo creen. Pero así es. Tan es así, que unos amigos muy golfos decían que no hacían el amor con las madres de sus hijos porque eso era cometer incesto.
Y aquí llega Badinter y nos dice que el instinto maternal es una construcción social, histórica y culturalmente determinada. Y lo demuestra y confirma tras realizar un análisis de la sociedad francesa de los siglos XVII al XX.  Y aquí, el  bebé, lejos de ser un regalo del cielo, se alía con el patriarcado para oprimir a la mujer aún más si cabe. Y, en líneas generales, es cierto. Esto queda muy mal decirlo en voz alta, como la palabra puta. Pero, a veces, hay que decirlo y lo cuenta muy bien Lola López Mondéjar en su libro “Mi amor desgraciado”. No sólo eso, sus lectoras se lo confirman. A veces, ser madre, es una putada y dejas de ser la puta de tu marido para convertirte única y exclusivamente en la madre de tu hijo.

Las mujeres queremos ser madres pero si para eso hemos de renunciar a todo, hasta la dicha de tener un sexo satisfactorio con nuestro maromo –y esto quiere decir, ese sexo prohibitivo, sucio, deshinbido y alegre— a lo mejor ya no nos interesa esto de la maternidad. Yo adoro ser madre. Adoraba darle teta a mi hijo, cuidarle y hoy, en un arrebato de egoísmo, adoro sentirme imprescindible para él. Pero los efectos colaterales que a mi vida trajo la maternidad, los detesto. Por no hablar de las fiestas de cumpleaños en los establecimientos de bolitas.

A Badinter no le extraña la caída en picado de la maternidad en los países desarrollados, aunque en Francia, la tasa reproductiva está por encima de la española, porque, a diferencia de nosotras, las francesas mantienen sus lazos sociales, su trabajo y su vida erótica, porque su cultura lo ha preservado desde siglos atrás. En la nuestra, todavía está por ver. Sería de puta madre, ser madre y ser puta, todo a un tiempo. Ser mujer y ser social y que dar teta no fuera un espectáculo de circo reducido a los ghetos de lo invisible.

Versión larga del artículo publicado en LV el 5/8/2011

4 comentarios:

Antonio Rentero dijo...

Brillante reflexión.

"Sería de puta madre, ser madre y ser puta, todo a un tiempo. Ser mujer y ser social y que dar teta no fuera un espectáculo de circo reducido a los ghetos de lo invisible"

Certero colofón.

Oscar Martín dijo...

Buena reflexión que comparto, la Liberación e igualdad de la mujer tambien pasa por quitarse o despojarse de prejucios y torman las riendas de su vida - sexualidad con libertad. Saludos

Pepe dijo...

Me gusta tu estilo.
Puedes visitar mi blog http://www.aprenderalgocadadia.com y si te parece bien podemos compartir enlaces. Saludos. Pepe Siles.
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LOLA GRACIA dijo...

Melómano, he borrado tu comentario por error...y gran error el mío...evidentemente me refería a Chaka Khan...No creas, que también soy muy melómana, hasta he trabajado de DJ pero, qué confusión más tonta...gracias, gracias...