lunes, septiembre 12, 2011

Quiero ser pija




Mujer, que no te coman la cabeza con todo ese rollo de tía independiente y emancipada. Son palabras muy bellas que esconden una dura realidad. Lo que tú eres es una pringada. Cuando un hombre te diga: “Eres aún más fuerte de lo que crees”, te eleva de la categoría. Pasas de “prima” a “mártir” sin purgatorio que valga. Yo lo que quiero es ser pija. Como esas ex con marido millonetis, vestidas de Tous de cabeza a los pies, que viven como reinas sin dar un palo al agua y que intoxican al marido con la mancha de la culpabilidad por pillarle en un quítame allá esos polvos. Cierto, no todas son así. Para ser como ellas hay que tener un talento innato en el desplume de maromos y en la manipulación psicológica para que él sienta que le debe la vida; que fue un niño malo y por ello pagará sus culpas forever and ever. Así, ella le llamará en su fin de semana libre para culquier fruslería: “tu hijo pequeño llora porque no estás aquí para hacer los deberes con él” “¿Me llevas al aeropuerto? No permitirás que la madre de tus hijos se siente  al lado de un subsahariano, ¿verdad mi amor?”. Sólo les falta la escoba, pardiez. Qué alejadas de otros prototipos gloriosos como Marlene Diectrich, que sí, sería algo fresca, pero hacía lo que daba la gana con su dinero. Así que, cuidadín: ser Elastic Girl no sirve para nada. Y ya hay muchos mártires dándole la brasa a San Pedro. Sin ir tan lejos, algunas mujeres debiéramos, al menos, tener el valor de dejar colgada a la familia unos días cada mes, y no por tener la regla. Y esto te lo digo a ti, mi querida Ana María Tomás, que deberías encerrarte a escribir esa novela pero ya mismo. Desde aquí te lo digo: te propongo un finde de cada cuatro sin famillia, sólo con nuestros cuadernos de notas y nuestro portátil. Al lado de esa pijas somos unas santas y si esto no lo hacemos por nosotras, nadie lo hará.