lunes, noviembre 14, 2011

María Dueñas, reina tsunami


María en su casa de Cartagena. La foto es de AR


María es sobria, elegante. Vende un millón de libros en España con su primera novela y ni se despeina. Ella es así. Prefiere pasar desapercibida, prefiere su casa, sus amigos de siempre. Su orden. Es meticulosa, su vida baila en un pentagrama exacto, preciso, muy, muy bonito. Lo tiene todo bajo control y así es. Después se escapa, se escapa siempre y me pregunto desde cuando María se aficionó a la ficción y a dejar de ser ella para transformarse en otros muchos personajes.
A la María racional y protectora es imposible no quererla. Esa amiga que coge las llaves de tu coche y te lleva a su casa a dormir para que no te mates porque estás que te caes. Esa amiga que busca un hueco para las citas que ella considera importantes, las cercanas, las auténticas. Esa María, madraza por encima de todo.
A María no le gustan las tonterías. Lo sé. Ya se ha acostumbrado a escuchar tantas loas que por un oído le entran y por otro le salen, salvo cuando sabe, y ella lo sabe, que alguien le confiesa su admiración con sinceridad.
María hace café a sus amigas de urbanización. Café y tostadas. Esa María es la que quiero tanto. Me enternece verla con su maleta de acá para allá. Me hace feliz verla recibir premios, todos merecidos, porque no hay una coma mal puesta en "El tiempo entre costuras". María que escucha, que es prudente, afectuosa con los que quiere, que es sabia y que, sin despeinarse, sabe siempre estar en su sitio. María para mi es una reina, y no porque haya vendido un millón de libros y porque su novela está ya en los escaparates de Manhattan, sino porque siempre fue así y el gran éxito no la ha cambiado. 
Estoy segura que cuando salga su segundo trabajo, volverá a triunfar. Sin despeinarse, sin aspavientos. No los necesita aunque bajo esa calma ¿Quien sabe lo que se esconde? Ya sabes lo que pensaba Hichtcock de las frías rubias. Tú eres morena y cálida, elegante y sobria en la superficie. Un tsunami con tacto de seda, me digo. María, mira que eres misteriosa. Cualquier día de estos, te convierto en personaje.