domingo, noviembre 20, 2011

Julia Otero, not for sale




Recuerdo la primera vez que alguien me habló de Julia Otero. Fueron mis hermanos. Yo estudiaba en Madrid, no veía la tele en absoluto y en uno de mis  "regreso al hogar", Pedro me insistió: "Tienes que ver esto". Era el 3x4. Julia nos embobó a todos con su pelo pincho, su rapidez, su desparpajo, su gracia. Después la vimos realizar entrevistas magistrales en La Luna. Y era tan joven. Tan joven y tan experta. Paul MacArtney, Pertegaz, Guerra, Paloma Picasso. Julia era y es una gran entrevistadora. Ha demostrado con creces que para ella entrevistar es respirar y transpirar. Era una televisión mimada al detalle. Luego vino la Ronda y después volvía a la radio en 1991. Y ahí la voz de Julia, su encanto, su tenacidad, su temple, su terquedad, su pluralismo, su generosidad, su frescura, su estilo tan moderno,  me atraparon para siempre. Era el tiempo de las sintonías de Kenny G, cuando casi nadie sabía quien era, sólo mi amigo Juanillo, y cuando La radio de Julia era por la noche. Después pasó a las tardes. Iba de mis clases de idiomas, a las de baile, a mis citas con amigos por Madrid con mis walkman y Julia, siempre Julia. Sus risas incontenibles con Académica Palanca, las broncas a los gabineteros porque  "aquello parecía un gallinero". Otra vez, su gran estilo, su altura comunicadora y su cercanía. Qué difícil llegar a ambos extremos.
Julia es muy grande, sólo ella ha conseguido más de medio millón de oyentes en la tarde y dos millones en la tele y, a un tiempo, es muy cercana. Al menos para mi siempre lo ha sido. Los seis meses que estuve en Puerto Rico apenas extrañé España, salvo por el programa de Julia (allí yo realizaba mi propio programita y en el viejo San Juan abría la boca y todos me decían "Ah, tu ereh la ehpañola de Radio Universidad"). Ya existía radio por Internet  pero no tenía computadora, sólo una vieja y eléctrica máquina de escribir que pesaba una tonelada.
Recuerdo aquel fatídico día que sus más de 500 mil oyentes nos quedamos huérfanos. Lo que le hicieron a Julia, a nosotros, fue una canallada. Todos sabemos de donde salió. Los nombres de Aznar y César Alierta se unieron para hacer esto tan vil, tan feo. Lo recuerdo como si fuera ayer. En la radio estaba aquel tipo que sólo habla de música.
Hubo una época de silencio. Ella siguió haciendo tele en Cataluña. Pude ver algunas "Columnas", pudimos leer algunas columnas, de las otras, en El País. Julia, aparte de su oralidad magnífica también escribe muy bien. Es casi perfecta en todo la muy puñetera, qué se le va hacer; llegó la época de Punto Radio, volvió
a la tele con "Las cerezas" y por fin regresó a Onda Cero.
El hecho de reecontrarme con ella por Twitter ha sido una de las pocas alegrías de este 2011, de grandes ilusiones, de preciosos momentos, pero tan duro, por dios. A veces nos escribimos. A veces nos hacemos guiños. Qué honor. Porque ella es honorable. Una mujer admirable, supertrabajadora. Siempre al pie del cañón, en la trinchera. Abierta a los comentarios de sus oyentes a quienes quiere y respeta. Diría incluso que tiene una historia de amor con ellos, con todos nosotros, que es recíproca. Que nadie me la critique porque puedo asestarle una descomunal colleja.  Tiene todo el derecho del mundo a ser parcial, a mostrar sus opiniones. Todos los comunicadores lo hacen de un modo u otro pero ella va de frente, es irremediablemente directa y eso todavía no lo digieren determinados sectores de esta nuestra sociedad democrática. Y menos en una mujer. Mujer tenías que ser, Julia Otero. Pero no una, sino muchas, como cantaba Chaka Khan en esa canción que tanto te gusta "I'm every woman".

La única pega que tengo contigo, Julia, es que te admiro tanto que me impones una barbaridad. Cuando alguna vez participé en tus programas (en aquello de las tribus) me sentía algo estúpida. Me pasa siempre cuando conozco a alguien que he admirado tanto y tan largo. Me cuesta romper la barrera del fan,en el fondo, una fan muy tímida aunque parezca que me como el mundo.
Algo habrá que hacer ¿verdad? Quizá, algún día, nos tomemos una caña en algún sitio o nos vayamos de fiesta, a bailar (nada de entregas de premios ni cosas por el estilo) una fiesta sin metas. Después de tanto correr, corredora de fondo como eres, algo de juerga no te vendría mal. Así, sin objetivos. No me da pudor el escribirlo y el decirlo: que te quiero mucho, Julia; que eres muy grande como comunicadora. Como persona, aún más y que tenía que escribir esto en mi blog.Te escucho.

1 comentario:

pau dijo...

Julia es muy buena, aparte de íntegra; no obstante, creo que divinizar a una persona no es bueno.