lunes, enero 07, 2013

Comme il faut


No pasa un día en que algo no me recuerde a ti. Es difícil porque hablábamos mucho por teléfono y yo siempre andaba de un lado a otro. Las calles, los olores, las palabras. Tu rebeldía. Al principio me costó entenderte. Muchas contradicciones. Sin embargo, ya no concibo la vida sin tus principios mezclados con los míos. Yo echaba lastre al globo y tú lo soltabas. Y existía el equilibrio. Hoy lo entiendo todo. El jeroglífico ha sido descifrado aunque todavía no entiendo muy bien el sentido de nuestra amistad. La finalidad, si es que la hubo. Me faltan las respuestas. Tu marcha inesperada. Inesperada por ti también. Y me encanta agarrarme a tus cosas de enfant terrible. Y me aburre todo lo que huela a orden establecido. Al comme il faut de las narices que nos ha amargado durante tantos años ¿De qué sirve? Con claridad meridiana observo que quienes se aferran a ese orden se matan a sí mismos...Y matan su empresa, su medio. Todo. Lo vemos a diario. Se empeñan en seguir las mismas pautas y hace tiempo que estas ya no valen. Es increíble que alguien como tú, con tu edad, con tu experiencia lo haya tenido siempre todo tan claro. Por supuesto, tu imagen burguesa era sólo eso: una imagen. Todos los que te conocimos sabemos bien que eras  lo contrario. Cuánta señora con perlas ha resultado decepcionada. Odiabas las perlas. Yo también. He acabado odiando todo lo que tú odiabas ("ya soy tú de tanto tú") y empecé a quererme porque me dijiste "amo todo lo tuyo". 
Hoy que no estás, ya no sé muy bien quien soy porque tenía muy claro lo que era para ti. Y era maravilloso. Aunque al final estábamos algo distanciados (ya no te cogía el teléfono como antes, ya no te visitaba y "ya no" muchas otras cosas) sabía que siempre podría contar contigo y tú conmigo. 
Me siento desenfocada. Yo era muchas piezas. Desordenadas, caóticas, extrañas. Tú las colocaste en el pentagrama de la vida. No era un orden comme il faut. Claro que no. Pero tenía sentido. No tolero que faltes. Me siento furiosa con la vida, con las coordenadas espacio-tiempo que nos unieron tan a destiempo. Imaginaba muchas veces que te conocía a los 18 años...Que me atrevía a pararte en aquella calle de Madrid, cercana a Ciudad Universitaria y que entablábamos amistad entonces. Cuando te contaba aquel encuentro me decías que no, que no eras tú, que tú por allí no ibas nunca. Diablos, claro que eras. Te habría reconocido entre un millón de caras. Pero me quedé como un pasmarote. 
A pesar de mi enfado, de apenas encontrar consuelo al vacío que has dejado, me digo que he tenido una gran suerte. Que te admiré primero y te quise después. No por tu obra, ni tu enorme talento, sino porque me cuidaste y fuiste un maestro generoso, siempre dispuesto a reñir y corregir, a enseñar y que alguna vez también te decía: "Hoy has estado brillante". Buscaba un padre y te encontré. Buscaba un guía y ahí estabas tú con tus argumentos descabellados pero lógicos dentro de la magia, de la locura que es la creación. Nunca será suficiente el tiempo que compartimos pero fue hermoso y duro, tierno e incluso cruel. Porque así es la vida. Y así son los grandes maestros.