domingo, febrero 03, 2013

El enemigo de las rubias



No dejo de preguntarme qué haría Alfred Hitchcock con Cospedal. Porque aunque todos sepamos que es peliteñida, siempre ha sido rubia. No me malinterpretéis, que no le deseo ningún mal a la secretaria del PP; pero, la verdad, es que la encuentro propia para un remake de "Los pájaros"; por lo de las gaviotas más que nada. A mí siempre me han dado terror. No sé cómo estuvieron para poner al bicho en el logo de un partido. Las gaviotas pican. Las gaviotas visitan los estercoleros. Las gaviotas te sacan un ojo y se quedan tan panchas.

Pero vuelvo a Hitchcock. Cuán importantes son las madres en nuestras vidas. En este caso, creó a un genio. También a un tipo asocial obsesionado con los crímenes, los estrangulamientos, los cuchillos, las esposas, las mordazas y los muertos que van y vienen. Riéte tú del hortera de Grey. 
Cierto: el cineasta era un gordito resentido con las guapas que le daban calabazas, que eran todas. Desde Joan Fontaine hasta Ingrid Bergman. Desde Grace a Tippy Hedren, a quien le llegó a exigir que estuviera sexualmente disponible (Tururú, le dijo la otra); pero una cosa le hemos de reconocer: nunca dejó de intentar conquistarlas. Inasequible al desaliento ideó fórmulas diversas para someter a sus primeras estrellas. Las hacía brillar primero; les bajaba los humos después. Ahora te coloco la primera en los títulos de crédito. Ahora te dejo encerrada toda la noche en el estudio y tu miedo resultará más creíble. De acuerdo; sus métodos eran deleznables, pero qué grande es "Marnie la ladrona", cómo nos fascina Kim Novak en "Vértigo". De Grace nada que añadir. Fue maravillosa antes y después de Hitchcock. Definitivamente, nunca fue de este mundo.

Alfred y su esposa, Alma, eran un tándem perfecto. Profesional, eso sí. Iban a misa los domingos, fueron padres de una niña, Patricia, e incluso compartían las tareas domésticas: "Mi esposa cocina todas las noches. Yo le ayudo a fregar los platos". Eran una clase de pareja que funcionaba pese a todo. Ella era guionista antes que él, entendía el negocio, la técnica. Juntos preparaban las escenas. Quizá incluso estemos ante otro ejemplo de genio no tan genio. Quizá sin Alma, Hitchcock no habría sido lo que fue.

Total, que detrás de los grandes creadores tenemos a dos tipos de mujeres: las que los aguantan e incluso los alumbran, y las musas que los inspiran. Ambos papeles son desagradecidos. Las consorte-soporte al menos comparten la fortuna de sus esposos. Las musas se quedan sin nada, salvo el brillo. Y ya se sabe que todo eso se lo come el inexorable paso del tiempo. Visto de este modo, la madre de Alfred fue su primera y gran musa. Una medusa que le obligaba, cada mañana, a responder preguntas poniendo al niño a los pies de su cama, un ritual que se prolongó hasta la edad adulta.

La pregunta que me hago es: ¿De verdad creéis que hay alguien normal en el mundo del arte? La respuesta es: no. Es imposible. Sólo los demonios alimentan la creatividad. Sólo la transgresión permite evolucionar. La otra cuestión es: ¿Cuántas parejas normales conocéis? Pero, ¿de verdad las conocéis? ¿Qué porcentaje de vuestra personalidad es completamente neutra y empática? Queridos, todos llevamos un asocial dentro. Todos tenemos esa pesadilla en la que caemos y caemos. Y para terminar con los descreídos, esta gran frase de Alfred: "Hay una excesiva complacencia en el mundo. La gente no es consciente de que la catástrofe nos rodea". Creo que se refería a nuestro país.