domingo, marzo 24, 2013

El amor en los tiempos de Twitter




Todo es mentira. Todo, menos el amor que puede ser la gran mentira o la gran verdad. El tiempo se encargará de desvelar tales claves. Ortega y Gasset se debió enamorar muy fuerte en una época de su vida. Durante la otra vivió para desarrollar el perspectivismo y despotricar del amor con una gracia incomensurable, hasta proclamar que es un género literario y un estado de estupidez transitoria. Opino todo lo contrario. El amor es un estado de lucidez inusual del que desconfiamos porque seguir los instintos no es cool. No sólo eso, sino que cada vez es más complicado. Los hay que se enamoran en las redes sociales; son amores sin olor ni sabor. Son amores bidimensionales, tejidos con palabras, esa herramienta eficaz y poderosa que nos ancla a la vida, pero donde falta un componente esencial: el contacto directo. Luego vienen los "madresmías". Lógico.

El amor sin sentidos es un sinsentido. Todo un invento literario ¿Ves tú? ahí le doy completamente la razón a Ortega. Como hoy todos queremos ser escritores, Twitter y Facebook se llenan de frases lapidarias, de rapsodas fantásticos e incluso fantasmas absolutamente insoportables que persiguen un ideal. Esto es, una mentira ¿Por qué? Porque nos encanta la ficción. Pero eso no es el amor. Es un embuste.

 Recordemos nuestra época adolescente ¿De quién nos enamorábamos? En mi quinta todas estábamos loquitas por Patrick Swayze ¿Qué posibilidades existían de conocer al bueno de Patrick? Ninguna. Vamos, ni por una remota casualidad. Esto es así porque una parte nuestra, esa que vive intoxicada por el mito de amor romántico ( creación literaria de la lírica provenzal), persigue aquello de:"el amor cuanto más imposible, mejor".

 Intelectualizar el amor es muy peligroso y demasiado común en nuestros días. Llamadme huraña pero mientras no hay prueba del algodón, para mi es inútil. Pasaron mis tiempos de mojigata y las odas increíbles que provoca enamorarse del amor (otra trampa venenosa); Aquel tiempo en que regalaba a novios, posibles y enamorados el libro de “El arte de amar” de Erich Fromm. Lo reconozco, a veces era una forma elegante de quitármelos de encima, Puede que sí, que sea una huraña sin remedio.

 El viejo Ortega tenía razón en una cosa. Durante ese primer estadio de locura transitoria pueden ocurrir dos cosas. Que nos inventemos al otro (Lo decía Lacan: "amar es dar lo que se tiene a quien no es") o que lo veamos con una claridad diáfana. En ocasiones, entre el batiburrillo hormonal y la ceguera del deseo, hallamos la clarividencia. Cierto, es una chispa. Pasa volando. A veces nos negamos a verlo porque ya sabéis, nos encanta la ficción.  Pero, una vez más, el tiempo desmentirá o corrobará ese relámpago de certeza.

El gran amor, ese que perdura ¿Se construye sobre el sexo y los instintos?  Que cada uno se fabrique su realidad pero creo en la simpleza de la química primigenia y en lo visceral. Un amigo mío hablaba del "amor de piel". Se puede quedar sólo en eso, o se puede construir toda la belleza, toda la trascendencia posible a partir de ahí. El amor apasionado también establece vínculos perennes, mueve montañas y cambia la vida Porque el auténtico amor es destructivo y revolucionario. Las viejas reglas ya no sirven. Este es el gran milagro del amor. Una recreación de lo esencial. Un germen erótico que culmina en la transubstanciación de los enamorados. Juan Carlos Calderón no lo pudo explicar con mayor claridad y concisión en una de sus canciones:"Ya soy tú, de tanto tú".

3 comentarios:

Pedro Molina Moreno dijo...

Hola Lola, como siempre te explicascomo un libro abierto, pero discrepo en algunas cosillas, pero esoes lo bueno de ser humanos, no crees?

Pedro Molina Moreno dijo...

Hola Lola, como siempre te explicascomo un libro abierto, pero discrepo en algunas cosillas, pero esoes lo bueno de ser humanos, no crees?

lola gracia dijo...

Claro, si todos pensásemos igual esto sería muy, muy aburrido