martes, mayo 28, 2013

Estar sin estar



Era muy fácil. Yo te contaba lo que veía mientras bajaba la cuesta y toda la vega de la huerta se desplegaba ante mis ojos. A lo lejos, las luces de la ciudad. No es L.A, claro que no, pero también tiene su encanto. Bajo mis pies una alberca, la sericícola. "Envíame una foto", me pedías. Entonces no existía el Whastapp y un mensaje multimedia me parecía un sacaperras. Tu sí, tu me enviabas una foto, de donde quiera que estuvieses. Así estábamos juntos, sin estarlo.

Y llegaban a mi móvil instantáneas de tus paseos por El Soto, o las caminatas hasta Panticosa. "No sé como me atrevo". Pero yo te metí ese veneno de levantar el culo y andar, andar y andar.
 La otra tarde bajaba de la Fuensanta. Me volvía a tropezar con otro de esos atardeceres. En el Ipod sonaba el "Tómame o déjame". Era como si estuvieras conmigo sin estar. Qué sincronía. Para que luego digan que la magia no existe.
Ahora sabes como estar sin estar. Con tu música. Al principio era horrible. Apenas podía escuchar unos acordes. Dolía demasiado.

Sonaba esa versión instrumental que dejaste grabada. Pienso que esos dedos que tocan el piano son los tuyos. Que aunque son maquetas, estás ahí. Le pediste a Arturo que me enviase los MP3 y, como si te fuera la vida en ello, terminaste de grabar todas las pistas. Llevabas años hablando de ese instrumental. No ha dado tiempo de pasar el boceto a limpio. Habrá que encontrar una cuerda de verdad para terminarlo del todo.

Estar sin estar era tu especialidad. Como si te hubieses pasado la vida preparando a todos los que te queríamos para esta marcha abrupta e imprevista. Y aquí estás.