jueves, julio 04, 2013

7 de julio


Querido mío:
Estarías a punto de cumplir años. Pero no. El tiempo se te llevó. Obcecadamente. El tiempo es un ladrón que siempre nos faltó. A ti. A mi. A pesar de tantos años de diferencia entre nosotros compartimos momentos bellos. Y me sentí libre. Y tú también. No, claro que no te gustaba cumplir años. A partir de los 35 a ninguno nos gusta .Tu los llevaste muy bien. Te marchaste como tú querías. La decrepitud no te alcanzó. No del todo. Según el ángulo, la luz del momento, la sonrisa, incluso podrías ser un bello cadáver. Pero no te vi cadáver. No te vi en una caja de muerto. No me dio la gana.  A ti, que sentías la morbosa fascinación por los ataúdes y los funerales. Y los cementerios. No. Como tú decías siempre: saliste con los pies por delante. Alabando las tetas de alguna enfermera guapa, seguro. Pero yo no. No te vi. No quise. Imaginé que volvías a tener cincuentaypocos. Que estabas en L.A cuando una bacteria casi te desangra vivo. No te conocía, pero me contaste aquel episodio con tanta intensidad, con tantas risas,  que hasta le vi las tetas a tu enfermera. Ante tu procacidad se sonrió. "Vaya, pues menos mal que te estás muriendo". Algo así te dijo ¿Verdad? Y así te quería. Algo golfo. Y tierno como nadie. Odio pensar en ti porque duele mucho. Te echo de menos. Odio que no estés pero admiro tu marcha. Todavía entero, todavía con esas estrellitas que te brillaban en los ojos.

El otro día Teresa me envió esta foto. Estás a años luz del Calderón que conocí. Pero me encanta tu pose. La forma de colocar la mano. Me dio la risa. Naciste artista, desde luego. Es innegable que hay un halo especial en torno a ti. Cuando te quejabas, te recriminaba lo desagradecido que eras. Claro que has trabajado como un cabrón pero siempre fuiste un elegido. Sólo hay que mirarte. Y tuviste suerte. La vida te regaló mucho. Te quitó también. Te quitó a Juanin; Te robó algo de ingenuidad y, a veces (sólo a veces) la fe en las personas. Pero te dio...y tu diste mucho. Te entregaste entero. Ahí queda tu música. Tus insomnios, tu pasión, tu fuerza.

A veces te odio por llenar mi cabeza de sueños. Sueños que jamás se cumplirán. Pero siempre te adoro porque me obligaste a soñar. A no rendirme. A veces eras cruel conmigo. Y yo contigo. Cuando peleábamos era un campeonato de palabras hirientes. Ahí aprendí que puedo ser muy mala. Y no me gusta ser mala. Pero tengo el dardo envenenado para joder con una palabra certera, en un momento adecuado. Igual que tú.

Es terrible saber que no estás.  A veces pareciera que todo está superado, que una capa de conformidad y medianía lo sepulta todo. Pero es pensar en ti y añorarte de un modo salvaje. Y cabrearme con la vida. Contigo, con todo. Todo es una mierda. ¡Nos quedaron tantas cosas por hacer. Tantas historias que contar. Tantas canciones!.

Es verdad lo que tú decías. La vida no tiene lógica, ni sentido. Tú, que eras cartesiano por obligación. Porque el pentagrama te comprimía, no le encontrabas un sentido a la vida. Y es verdad. No lo tiene. No le busques respuestas. Sólo hay que vivir. Y ya está.

2 comentarios:

Mary Piñeiro dijo...

Lola me he emocionado mucho...No sé si esta historia es realidad o ficción, no sé...Pero he sacado enseñanzas de ella...Y me va a servir en la nueva etapa de mi vida que estoy a punto de empezar y va a ser dura.
Te sigo en tu andadura por Onda Cero Murcia y me gustas mucho. Gracias por ser como eres.

lola gracia dijo...

Gracias a ti por seguirme y por tener la sensibilidad para emocionarte con las apalabras
Lola