lunes, julio 15, 2013

Dos rombos para la evasión







Tengo la mente sucia. De niña vi muchas películas de dos rombos. Quizá se lo tenga que agradecer a mi madre, que le gustaba Gilda y otros films de contenido más perturbador. Ella planchaba, yo me escondía debajo de la mesa y jugábamos a que no estaba. Pero estaba. ¿Qué hubiera sido de mi vida sin aquellas películas tildadas  de peligrosas? Sería la misma, pero más aburrida.

Escribir "dos rombos" no es tan embriagante como ver sobre la pantalla esa forma geométrica. A  veces, el dibujo pintaba en rojo, la mayoría en blanco. Inquietantes, retadores. Un farolillo de la perdición. Los rombos que encadenados conforman el diseño perfecto, sexy, muy sugerente de las medias de rejilla. El colmo del erotismo. Apenas las uso porque me da como vergüenzilla ir con ellas puestas ¿Por qué? Por culpa de los dos rombos. Es como calzar el pecado en las piernas, como ir pidiendo guerra, ya me entendéis. Está demostrado: son una bomba de efecto demoledor. Tú sabes que las llevas, que llevas los rombos del vicio clavados en la piel que pasan directamente a tu sangre. Una osmosis de la transgresión. Ellos saben que las llevas. No, decididamente, mejor optar por el panti escueto y opaco de toda la vida.

En este mundo monótono y a veces gris necesitamos los rombos para jugar e inspirarnos. Para sumergirnos en el remolino del deseo, de lo prohibido.  Estoy convencida de que el rombo obra en algunas mentes como un potente afrodisíaco. Todo eso hemos de agradecérselo al Comité de Censura de TVE que en 1962 ideó esta fórmula para alertarnos de la maldad del contenido que veríamos a continuación...consiguiendo el efecto contrario. Es imposible resistirse al encanto de lo vedado.

"A la cama que han salido los dos rombos", decían los mayores de entonces. Pero tú dejabas la puerta abierta. Las sombras de los rayos catódicos se proyectaban en tu habitación y los diálogos llegaban nítidos a tus oídos. Imposible dormirse.  Los besos eran más sonoros en el cuarto oscuro porque se hacía el silencio en el salón y después ella exclamaba "Oh, Johny". Suspiros y jadeos y el rombo se hace grande en tu cuarto. Y ahí entraba en juego la imaginación. Era mucho mejor quedarme bajo la mesa, hacer como si no estuviera y ver la peli que fantasear con ella.

Me pregunto ¿En qué estarían pensando los censores para idear la fórmula del rombo? ¿No pecaban ellos por partida doble? ¿No veían muchas veces contubernios y corrupción donde sólo había un argumento a desarrollar?
¿Y en qué narices está pensando el Gobierno  --"con la que está cayendo"--  para querer retocar el tema de la clasificación de los contenidos audiovisuales por edades?¿No está ya clasificado? ¿No hay ya un cuadradito con número que especifica una edad aconsejable para ver determinado programa?.  Pues bien, esta semana el ejecutivo pidió al diputado socialista Federico Butolo una fecha para comenzar a trabajar en el proyecto que describen como : "Desarrollo del sistema de pictogramas o imágenes identificativos que acompañen a las obras audiovisuales y que permitan al público identificar a priori contenidos específicos de las obras audiovisuales".

A veces creo que en Génova son unos cachondos. De verdad. No hablemos de Bárcenas. Hablemos de lo que importa. Hablemos de los dos rombos. Nuestro país no aguanta más y los de arriba se agarran a la nostalgia para que olvidemos este desastre. Puedo tener la mente sucia, distraerme un segundo en la erótica de los paralepípedos, en la seducción de lo clandestino, pero es imposible la evasión de este "aquí y ahora" demoledor.