sábado, julio 27, 2013

La vida cambia en un instante




A veces parece que existe un dios caníbal que cada cierto tiempo requiere su dosis de alimento. Se suceden tsunamis, terremotos, atentados o accidentes absurdos como el del pasado miércoles en Santiago de Compostela.
 78 vidas han sido segadas por un error humano. 78. Ya la cifra de 30 me parecía escandalosa, durante las primeras horas del accidente. Personas con sus trabajos, sus metas, ilusiones, decepciones, preocupaciones, amores. Personas con hijos. Más de 78 familias que recordarán este verano de 2013 como el de los peores de sus vidas.

¿En qué estarían pensando cuando el tren comenzó a zozobrar? ¿Sufrieron antes de morir o la asfixia por el humo los narcotizó de un modo beatífico? Hierros ardiendo, cristales por los aires y gritos. Casi mejor ni imaginarlo.

¿ Y las palabras, las imágenes que cruzarán por la mente del maquinista cada minuto desde que ocurrió el siniestro?. Vivirá de por vida abrumado por ese fallo humano.

Es maravilloso descubrir como la solidaridad ante la catástrofe es inmensa en nuestro país. Las antiguas dos Españas quedarán sustituidas por estas otras dos: Por un lado la de los corruptos, chorizos e ineptos y, por otro la España entregada, solidaria, unida.  Es lo único positivo que podemos extraer de este desastre sin paliativos.

Las familias, los supervivientes tienen un largo camino que recorrer. El camino estéril del dolor y de la ausencia.
Yo sí tengo palabras porque no me toca esto de cerca pero me impacta como a todos, porque la víspera del siniestro era festividad grande en Galicia: día de Santiago. Y quizá por eso el tren iba hasta los topes. Uno nunca está preparado para asimilar tanto dolor de golpe. Incluso aunque no le toque de cerca.

¿Qué decir a tanta gente que ha perdido lo más preciado? Que España está con Galicia y que toda nuestra solidaridad y nuestro apoyo está con ellos. No sirve de mucho. No les devolverá a sus seres queridos, pero poco más podemos hacer. El lunes a las 19,00 tendrá lugar un funeral para despedir a tantas personas, que pueden ser como ustedes y como yo: que van de vacaciones, que acuden cada fin de semana a visitar a un familiar. Como lo eran el centenar fallecido en el vuelo de Spainair. ¿Lo recuerdan? Año 2008


Mejor no pensar en las consecuencias ni en las nulas compensaciones que suelen tener los familiares tras este tipo de siniestros. Miremos por donde lo miremos, todos querríamos evitar algo semejante en nuestras vidas pero todos caminamos, inconscientemente, sobre un alambre. Todos los días.

Una vez más, el dios caníbal ha obtenido su ofrenda y los habitantes de este mundo deberíamos aprender la lección. La vida es un suspiro y como escribiera Stephen King, cambia en un instante.


La imagen es de La Voz de Galicia