lunes, agosto 19, 2013

La verdad sobre el caso Harry Quebert




Como mucha gente este verano, me he leído La verdad sobre el caso Harry Quebert de un jovencísimo Joël Dicker. Es una novela notable. Te atrapa desde la primera página. Te sorprende con su final. Elabora una tupida trama de personajes y acciones y te hace reflexionar en algunos casos sobre la fatuidad del éxito editorial.
Dicker ha leído muchísimo y eso se nota. Uno encuentra ecos de la Lolita de Nabokov aunque sin su poesía y un argumento que nos recuerda a "A sangre fría" (un escritor que va a una población rural a investigar un asesinato) pero sin la maestría de Capote. Dicker demuestra un extraordinario conocimiento subsidiario de la realidad americana. Esto es, a través de los libros. Y, lo siento, pero no me basta.

Me quito el sombrero ante la perfecta ejecución y estructura de esta novela pero no me ha emocionado. No lo consigue jamás y el personaje de Nola me parece desde el principio una loca capaz de meter en líos a cualquier hombre con poco seso. Nada que ver con la turbadora Lolita. También encontramos muchos estereotipos de teleserie americana que le sirven a Dicker para construir con gran precisión los personajes de esta novela que termina siendo coral y ambiciosa.

El autor hace un ejercicio de autocrítica continuo y nos resulta extremadamente fácil ver en Marcus Goldman, el protagonista, a un trasunto de sí mismo: un joven escritor de éxito, atractivo, presionado por sus editores para un nuevo y urgente logro literario.

¿Es un buen Best-Seller? Le pega cien mil patadas a otros como las 50 sombras de Grey escritos con zafiedad y repetición de expresiones hasta la saciedad. ¿Lo guardaría en mi biblioteca? Contundentemente, no.

Aún así, yo misma que estoy inmersa en el proceso de construcción de una novela admito una vez más que es casi una hazaña tamaño éxito y calidad con tan sólo 27 años. Lo que no le perdono a Dicker es que se apropie de una cita de Truman Capote y no tenga la vergüenza de mencionarlo. O tenga la poca vergüenza de no hacerlo ¿Una consecuencia de pertenecer a la generación del corta-pega? Espero que no, que el tiempo nos revele a Dicker como un consumado maestro de la literatura.
Por cierto, la cita era la siguiente: "Todo fracaso es condimento que le da sabor al éxito".