domingo, mayo 18, 2014

El color de mi vida







Un hombre y una mujer desnudos. Ella recuesta la cabeza en su pecho. Pocas veces hizo algo similar con esa confianza. Con esa seguridad. Ella se siente feliz, aspira su olor. Se queda enganchada a los sentidos. Él mira al techo. Se abandona a cierta paz. La acaricia. La piel es suave. Le gustan sus pechos, le gusta su culo. Poco a poco la va descubriendo. Antes se derramó sobre ella casi con desesperación, casi con aullidos. Se escapa de sus ataduras volcándose sobre ella, que le dice que le quiere "Pero si no me conoces".  Claro que le conoce. La cama es el mejor sitio del mundo para conocerse a la velocidad de la luz. Porque lo de ellos va la velocidad de la luz. Él a veces duda. Ella se siente desbordada. Cada vez que están juntos es mejor que la anterior. Todo es hermoso, tan frágil. Los humanos lo somos. Gracias, le dice él. ¿Por qué? Pregunta ella. "Porque le das color a mi vida. Antes todo era en blanco y negro".

Ella siente que merecen ser felices. A ratos sufre por la fugacidad, porque es imposible estar juntos. No quiere atarle a su vida. Quiere hacerle libre. Como lo es ella en esencia. Él tiene demasiados vínculos. No quiere que esté con ella ni por agradecimiento, ni por curiosidad. Ya no. Quiere que la busque. Que sea él quien se atreva a quitarse la venda de los ojos y descubrir que el sagrado amor se ha instalado entre ambos. El sagrado amor. 
A veces tiene que jugar a esconderse para que él la encuentre.
A veces tiene que hacerle ver lo precioso que hay entre ellos. Que lo valore.
Porque no quiere que esté con ella por agradecimiento, por no defraudarla, por un simple afán de aventura. No quiere que esté con ella porque otros hombres la desean y sea él quien se la lleve a la cama.
Quiere que la busque porque sí. Porque, en su libertad, consciente de sus pasos, aunque asustado, la elige.
Decide elegirla.
"Eres preciosa". Le hace una foto desde atrás donde contempla la silueta de su pecho. Qué estampa, exclama. Pero la borra, claro.

Ella siente que la noche de luna llena fue especial. Que ninguno de los dos quería salir de ese paraíso fabricado a medias. Que le podría cuidar como se cuida lo más preciado. Que podría besarle todos los días ¡Tantas veces!
Que podrían hacer el amor todos los días ¡Tantas veces!  "no me iba a poner guapa ni nada". "Este ritmo no lo aguantamos todos los días, corazón". No, claro que no. Ese ritmo es lo que la desquicia. Del todo a la nada en pocas horas. De la nada al todo.
Él se maravilla de lo fácil, de lo natural que es el sexo con ella. De cada minuto hermoso que comparten.
Todo es tan frágil.
Todo puede ser o no ser.
Las promesas están fuera de lugar.
Él la acerca en su moto al coche. Cuando se despiden hay un beso.Un pájaro canta en ese mismo momento.
El pájaro de la mañana. Son casi las cinco. Y él se sonríe. "Si es que encima nos pasa esto". Ella bromea: "El universo conspira a nuestro favor".
Todo es complicado pero, al igual que en el Teatro, ella está segura que todo saldrá bien en el último momento ¿Pero cómo? Nadie lo sabe, es un misterio.
En el Teatro de sus vidas ocurrirá el milagro. Cree que ellos lo merecen. Merecen ser felices.Todo el mundo tiene derecho a ello. Es una crueldad arrebatar si quiera la posibilidad.
Nadie es dueño de nadie pero los seres humanos nos pertenecemos los unos a los otros. Ella le recuerda la frase de Truman Capote. Él no termina de quererse ni creerse merecedor de nada.
Entre las bromas y las burradas hay ternura. La ternura endulza el aire. La miel de sus vidas.