domingo, junio 01, 2014

Sexo imaginario






Mi amiga Valèrie Tasso sostiene que siempre que hablemos de sexo, pensemos, escribamos de sexo es como si estuviéramos haciendo sexo. Algunos de mis seguidores de Facebook difieren de esa opinión. Yo les invito a conocer a Henry Miller o Anais Nin. Recuerdo con pavor mi primera excitación instantánea, en plena calle, mientras leía uno de los cuentos del libro "Pájaros de fuego". Casi como un Síndrome de Stendhal, tuve que pararme, sentarme y tomar aire. El corazón latía a mil por hora y sentí una turbación brutal, casi violenta. Apenas tenía 14 años pero la curiosidad y el destino me llevaron aquel día a perderme entre aquellas páginas. Así que, mi primera relación sexual fue con un libro. Creo tanto en el poder de las palabras y de la mente que, sin duda, aparte de la química y los flechazos, los considero columnas fundamentales de la seducción.

El ejemplo más claro lo tenemos en Cyrano de Bergérac: "No necesitáis ojos para oír mi corazón".  Si alguien te seduce con palabras, cuidado, puedes caer para siempre en sus redes. A veces sucede a la inversa. El enamorado se eleva y palabras mágicas, nunca antes dichas ni pensadas, salen de su boca.
Con palabras o sin ellas, todos, absolutamente todos hemos fantaseado en alguna ocasión con cierta persona que nos atraía. A veces, la realidad supera con creces la ficción. Felicidades. Lo más común es que suceda al contrario. Barbra Streisand le dice a Pierce Brosnan en "El amor tiene dos caras": "te confieso que siempre has sido el hombre de mis sueños --y añade-- Eras mejor en mis sueños".

Al igual que los viajes que planeamos y que nunca haremos. Al igual que esa cita que quedó pendiente por un infortunio del destino (Sueno melodramática, qué se le va a hacer) El sexo soñado, también es sexo vivido. Incluso sentido. Exactamente igual que nos sucede con la literatura. Las lágrimas derramadas leyendo Los Miserables tienen para mi tanto valor como las que provoca una emoción real, qué se yo, un reencuentro anhelado por mucho tiempo (esos abrazos que vemos en los aeropuertos de Love Actually). Si nos adentramos en la música, podemos perdernos en un  bosque de emociones inabarcable ¿Por qué habrían de tener menos valor esa sensaciones que las que nos pueden sobrevenir un día cualquiera andando por la calle de nuestra ciudad?

Eusebio Poncela en Martín Hache habla de follarse a las mentes: "Me atrae un cuerpo cuando hay una mente que vale la pena admirar, conocer, poseer, dominar". Y cuántas veces hemos escuchado esa frase de que el principal órgano sexual es el cerebro. Yo digo que no, que no lo es, pero sin duda, influye poderosamente en los mecanismos de seducción y los grandes seductores suelen tener una cabeza bien amueblada. Algunos, incluso, toda una cosmogonia particular, un mundo interior tan rico como una galaxia infinita. Para los curiosos, estos son los ejemplares más atractivos del universo. Porque son inabarcables, porque no sólo nos completan, si no que nos llenan, nos revolucionan.  Les puede acompañar un físico imponente o uno normalito pero su fuego interior les hará transformarse, evolucionar, mejorar. En definitiva, una persona inteligente acabará definiendo su exterior desde dentro. Conozco ejemplos asombrosos.

El sexo imaginario puede ser rico, completo, orgásmico, mágico pero, sobre todo, el sexo imaginario es el primer paso para que el sexo real funcione. Primero hay que soñarlo. Es de necios desdeñar los sueños porque son los cimientos de la vida y porque una relación sin fantasía es como hacer una tabla de Pilates.