domingo, marzo 01, 2015

Segundas oportunidades




“Amaneció y ella ya no era ella. Tras años apegada a su mochila, creía que su perfil se desdibujaría en el aire tras abandonar esa bolsa llena de la supuesta seguridad, de la supuesta suficiencia, de la supuesta felicidad. Pero soltó lastre y se sintió liberada.
Ya no estaba maldita. Ya no estaba obligada a recorrer el itinerario marcado por sus antepasados, por sus prejuicios, por toda aquella tribu que la crió con amor pero con unas leyes que la convirtieron en alguien que se contradecía con su esencia. Hoy era el primer día de su segunda vida.  Ella misma se dio la oportunidad de perdonarse los errores, de admitir que las cosas no siempre salen como uno quiere, que es humana, frágil, mortal y que sólo tiene una existencia”.

Todos tenemos derecho a cambiar. A superar las enseñanzas de la Biblia: “Que tu mano derecha no sepa lo que hace la izquierda “¿Pero qué estupidez es esta? ¿No será mejor llegar a un consenso con tus manos que recurrir al autoengaño?  

Estamos intoxicados por supuestos saberes que nos hieren de muerte, traspasados de padres a hijos con la mejor intención. Una herencia envenenada. En algunos casos, hay personas lastradas por deudas, inversiones equivocadas, por seguir la corriente de la burbuja. Maldita burbuja que los marginó al ghetto del todo black, a ser ciudadanos ectoplasmáticos que apenas pueden aparecer en papeles oficiales. También ellos creían que los bancos les aconsejaban con la mejor intención.

El Gobierno de España quiere dar una segunda oportunidad a los empresarios que se han visto castigados por la crisis fatal de la que no terminamos de salir. Se han percatado que señalar, acusar con el dedo,  engrosar listas negras y asfixiar económicamente al ciudadano los conduce a ninguna parte. Si no tienen dinero, cómo diablos van a pagar. Un poco de aire y, quizá, con un poco de suerte, podrán generar ingresos de nuevo y respirar tranquilos.

Si hasta los políticos se han dado cuenta de que es precisa una Ley de la segunda oportunidad ¿Por qué tanta gente se la niega?
Todos tenemos derecho a subsanar errores, incluso a empezar de cero. Todos tenemos derecho a cambiar de vida sin ser juzgados. Y si nos juzgan, a que nos importe un pimiento.

El derecho a elegir y decidir es sinónimo de libertad. Y las oportunidades no son otra cosa que la esperanza de mejorar. Si la justicia escasea tanto en este mundo, al menos concedámonos la justicia poética de reconciliarnos con los que se fueron sin decir adiós; con nuestra juventud y nuestra madurez, con nuestras ilusiones; con nuestra inseguridad y nuestras dudas. Reconciliémonos con nuestros deseos y concedámonos aquello que soñamos sin esperar a un mañana que nunca llegará.

A fin de cuentas, lo único importante en este mundo es cuidar a los que queremos y que nos cuiden. Pero nos dispersamos en tonterías  y olvidamos lo que en verdad nos ata a la vida.

Quizá debamos rescatar sólo lo bueno de las tradiciones de aldea: conjuros que sanan enfermedades y esa costumbre de interesarse por el vecino, por el amigo, por esa gran familia que se va conformando con el paso de la vida, de las horas, de los días. Por todos nosotros, los supervivientes de esta guerra económica que nos ha tuneado en profesionales 360 grados, dispuestos a todo con tal de ganar algo de dinero.

Si en el inconsciente todo acaba de pasar, volvamos atrás, expulsemos el veneno y cosamos la herida de nuevo, piel con piel. Amanezcamos nuevos, sanados y casi felices, como la protagonista de esta pequeña historia.


2 comentarios:

Belen Motilla dijo...

Me ha encantado

Belen Motilla dijo...

Una preciosa reflexión