lunes, agosto 17, 2015

Guiriland: Mi guiri interior




Todos llevamos un guiri en nuestro interior. Tuve una profesora de inglés de ascendencia australiana que se vino a España y acabó lavando a mano con las señoras de Las Alpujarras. No lo soñó, me mandó una foto. Cuando se lo conté a mi amigo Juanillo de Granada, se encogió de hombros, bufó y afirmó con rotundidad: "Sólo a los guiris les pasan estas cosas".

 Pero dejemos ejemplos ajenos. La única vez en mi vida que estuve en Nueva York, allá por el año 93, no sólo visité las Torres Gemelas de noche y recorrí el Bronx sin bajarme del carro de mi novio puertorriqueño, sino que me tropecé a Sigourney Weaver una mañana muy fría, cerca de Columbia University y saludé al mismo Kofi Annan. Otro ejemplo, verano del 92, paso tres semanas en Londres y termino bailando en un escenario de Covent Garden. Juro que pasada la treintena nunca me han sucedido cosas parecidas, salvo las miradas lascivas de los parisinos y la aciaga noche que pasé en un albergue surfero, rodeado de tíos buenos ( y tías, por supuesto) hace unas semanas en Somo (Cantabria). Pero, a lo que iba, que todos, en algún momento de nuestra vida somos ese guiri que tan simpático nos cae.

Está científicamente comprobado que cuanto más no resistimos a cantar en el Karaoke, más difícil es que soltemos el micro una vez metidos en faena y también está comprobado que todos hacemos cosas de guiris varias veces en nuestra vida. ¿Quién no tiene una foto en la Torre Eiffiel? ¿En la de Pisa? ¿Quién no se ha dejado un ojo de la cara tomándose lo que sea en el Café de Flore, buscando las huellas de la bohemia parisina?. ¿Quién no ha escanciado sidra en Asturias?¿Quién no se ha bailado una Sevillana en la Feria de Abril? Da igual que parezca que tiras dardos, en lugar de escanciar. Da igual que parezcas un mandril asustado en lugar de bailar.


Aquí en Guiriland disfruto viendo a los muchachos haciendo running al atardecer. Se diría que les encanta sudar. También veo a veces a Pedro Cano haciendo cosas de guiri, como pasear en bermudas al borde del mar.