lunes, agosto 17, 2015

Guiriland: Híper mercado





Aquí en Guiriland todos estamos al mismo nivel. Es como aquello de la muerte y de los ríos que van a dar al mar (que es el morir, decía Jorge Manrique), sólo que el mar muchas veces es la cola del gran híper mercado. Allí me he encontrado a actores de tele-serie; ex-alcaldes, ex-consejeros. Y mola. Ya no llevan traje chaqueta sino polo, bañador gayumbero y la cartera asomando del bolsillo trasero. Sólo le faltan las cadenas de oro para el kit manolazo completo. Sorprende la uniformidad también para el "sport". Son gente sin imaginación, me digo. Y ahí los tienes a todos: enfilaos, iguales a cualquier otro guiri del mundo exterior.

A veces, coincido con ex-presentadoras de televisión de grandes canales. Ahí siguen, en los títulos de crédito de los Informativos. Estupendas, paseando por la playa. Y me digo que me gustaría de verdad vivir en otro guiri-lugar donde no retiran a las comunicadoras de las pantallas una vez cumplen los 50. Al contrario, las grandes estrellas de las teles americanas tienen todas la menopausia. Y no pasa nada. Al contrario.

Me encantó ver bajarse de su Mercedes a un importante empresario-jubilado muy conocido. Camiseta fucsia de publicidad, pantalón de deporte gayumbero y, lo mejor de todo, calcetines blancos hasta la pantorrilla a juego con sus zapatillas de deporte. Mi escueto bikini y yo, nos sonreímos. Todo es posible en Guiriland. Hasta los autóctonos hacemos cosas raras, vestimos raro y llegamos a imitar ese gesto tan alemán de ponernos calcetines tobilleros por debajo de las cangrejeras o los zuecos de paseo. Tiene su lógica. Y los alemanes son muy lógicos. Uno se harta de ir todo el santo día con el pie mojado como un besugo y pisar el plástico barato de las chanclas de los chinos.


Hay noches que paseo por la gran avenida de Guiriland. Una especie de Sunset Boulevard atestado con vendedores de bolsos de imitación, restaurantes y, por supuesto, guiris de todas las nacionalidades. En ocasiones, portan objetos luminosos en la cabeza, tales como diademas refulgentes con estrellas y corazoncitos. Creo que esta noche bajaré a la gran avenida y me peinaré una trenza africana.