domingo, septiembre 06, 2015

Transexuales






Somos unos analfabetos emocionales. Nos enseñan a leer, a escribir, la tabla de multiplicar pero nadie habló de gestionar la ira, los celos, el deseo, la tristeza, incluso la alegría y el entusiasmo. Por tanto, si carecemos de educación en aspectos básicos y vitales de nuestra existencia, imaginen el desconocimiento atroz para tratar con una persona que nace con un sexo y se siente de otro.
Imaginen a ese niño de 10 años que no sabe si acudir al lavabo de hombres o de mujeres. Que preferiría vestir una falda, en lugar del pantalón. O a esa niña que se siente extraña en su piel y que prefiere callar ante la incomprensión de sus progenitores o el ámbito social que la rodea. Y sobrepasa la complicada barrera de la pubertad con unos pechos que no quiere, que no siente como propios y que, probablemente, le acompañarán gran parte de su vida, si no toda.
La Administración está tomando conciencia de esta realidad manifiesta y contundente pero le ha costado su tiempo y todavía en muchos lugares se cuestiona si alguien que es mujer, pero tiene pene de hombre, puede someterse a la operación de cambio de sexo, con coste a la Seguridad Social. Nadie se plantearía algo similar en el caso de una apendicitis, por poner un burdo ejemplo.
Las infinitas complicaciones vitales de los transexuales sólo las conocen con detalle quienes las sufren de cerca. Algunos podemos vislumbrar esta realidad, gracias a charlas como la que escuché este verano del doctor Guillermo González Antón en la Universidad de Oviedo. Podemos sensibilizarnos con detalles escalofriantes de las operaciones a las que se someten y podemos concluir que, efectivamente, nadie haría algo semejante por capricho.
Los costes actuales de dichas intervenciones rondan los 40.000 euros. Son operaciones difíciles, de recuperación lenta y dolorosa.  A menudo, con infecciones y complicaciones que les impiden llevar una vida corriente y moliente. Por supuesto, el transexual se tiene que olvidar del placer en esa zona, tal y como lo conocemos los hombres y mujeres que nacemos con un sexo que se ajusta a lo que nos sentimos por dentro.
Por tanto, insinuar que la operación de cambio de sexo es algo así como un capricho; que está emparentado con la estética, es errar por completo. Nadie se mete en un quirófano por experimentar.
Sinceramente, más atroz que todo el proceso al que se deben someter los transexuales para lograr que la Sanidad Pública les realice la operación (como el alegar motivos psicológicos, e inclusive enfermedad mental) considero que pueden ser esos años de crianza para los propios niños y sus padres.
Si no sabemos gestionar el estrés ¿Cómo pretendemos comprender lo que supone nacer con una disforia? (término que quizá tampoco les guste a los afectados. A mi me parece igual de espantoso que la palabra "discapacitado").
Sería ideal que pronto los baños de los colegios públicos también contemplasen esta diferenciación, esta peculiaridad. Y sería casi un sueño que las palabras dejasen de condenar a los individuos por nacer de una determinada manera, adquirir una enfermedad crónica o quedar en una silla de ruedas por el motivo que fuere.
Quizá sea pedir demasiado a una sociedad que cada día nos uniforma más, que aísla lo diferente y lo subversivo, en lugar de observarlo desde un punto de vista objetivo y aceptarlo sin juzgar. ¿Por qué lo diferente ha de ser sinónimo de malo? ¿Por qué hay tanto miedo a lo distinto?
Amigo que tachas, pones etiquetas y juzgas. Algún día ese mismo castigo caerá sobre ti y te tropezarás con el muro de la incomprensión ajena. Por nadie pase.