lunes, enero 04, 2016

Deseantes y deseados

    Que no te vendan la moto. No existe un orden natural de las cosas. Es una falacia social. Cierto que pasamos nuestra existencia atrapados en esta red de planteamientos que algunos iluminados nos hacen creer y que nos arrastra porque tenemos la fea costumbre de no pararnos a pensar y dudar: eso tan saludable y tan perjudicial el mismo tiempo. En el viejo orden natural de las cosas, el sexo tenía como finalidad la reproducción. Ese era el sexo permitido. También se les dejaba a los señores echar una cana al aire con prostitutas. Nosotras, las mujeres no teníamos derecho a desear porque sí;  al placer porque sí y a darnos a la lujuria si es lo que nos apetecía. Mal, muy mal. Error. Esas mujeres, si tenían la desfachatez de dar la cara en aquellos tiempos, eran quemadas en hogueras, maldecidas, perseguidas. No hay nada como la libertad para aterrar a los carceleros y dueños del "orden natural de las cosas" En el orden imperante el hombre es el sujeto deseante y el rol de la mujer es el de ser deseada. Lo contrario no se contempla. Esto que diréis que os parece una antigualla sigue vigente como el primer día de su instauración. Sólo tenéis que echar un vistazo a la publicidad. Os aseguro que el trabajo que conlleva ser deseada las 24 horas del día es impagable. Ir de princesa es un coñazo y cuántas veces no nos apuntamos a más planes porque tienes que arreglarte, ponerte mona, acicalarte y perfumarte. Creedme:  como mujer es muy difícil, casi imposible, escapar a esa dictadura Menos mal, que en este río de borreguismo que seguimos como tontos, siempre hay personas despiertas que de pronto entienden el absurdo de las cosas. Una de esas personas se llama Lee Rainwater que en los años 60 escribió la interesante "Teoría de los subsexos femeninos". Lee pensó que había una tipología y secuencia muy clara desde el punto de vista histórico. En primer lugar: las mujeres rechazadoras. El orden natural de las cosas es lo que buscaba: mujeres que pensasen que el sexo era una marranería impropia de ellas, almas de dios, y que lo hacían sólo porque era el único modo de quedar embarazas y crear progenie que era lo que principalmente se esperaba de ellas. Después se pasó al papel de la mujer amante. El sexo se tolera como un mal menor para complacer al cerdo de su esposo que la quiere tocar en sitios impropios y fornicar y gozar de su cuerpo. Pero ellas, ay no, para ellas era un auténtico suplicio esto y sólo lo hacían por ellos y aguantaban que se fueran de putas por ellos y que tuvieran algún desliz por ellos. Por fin, llegamos a la mujer sexual. Una mujer que sabe lo que quiere en la cama, que lo pide. Que lejos de ser un felpudo demanda su propio placer y disfrute. El único problema que yo veo aquí es que aún vivimos en una sociedad donde se dan estos tres tipos de subsexos en la mujer y de hombres que responden al papel de la mujer rechazadora y en el fondo de su ser piensan como sus madres: "una mujer que disfruta del sexo ha de ser una guarra sin remedio". En este puzle hay piezas difíciles de encajar. Todas ellas coexisten de una manera sobrecogedora . Por eso, párate, piensa, estudia tus reacciones y comportamientos. Duda y deja de creerte que hay poderosos y débiles; amos y esclavos; vencedores y vencidos. Hoy todos somos seres deseantes y seres deseados. Y es maravilloso ¿O no?