sábado, junio 18, 2016

Hombres lujuriosos pero fieles

               


Muchos de los hombres que leáis este artículo estaréis de acuerdo conmigo. Lo que quiere el varón en su fuero interno es multiplicar el sexo fugaz hasta el infinito con el mayor número de mujeres posible (en palabras del profesor  Marcos Sanz).

Esto es políticamente incorrecto. Sabéis que si vais por el mundo con esa filosofía no lograréis retener a esa mujer que os gusta. Porque, creedme, llegará un momento que digáis: ya está, tú eres con quien quiero estar. A ella no le valdrá que la pongáis en un pedestal y os vayáis a cazar otras gatitas por la noche. Y hacer valer esta postura es una conquista de la mujer en el siglo XX.

 El encuentro está muy bien pero esta nueva mujer, lujuriosa, sexualmente activa y exigente también es rebelde. Es una mujer con capacidad de impugnar. La mujer ha dicho, de acuerdo, a nosotras también nos gusta el sexo, nos encanta la pareja lujuriosa. Pero nos gusta el amor. 

La mujer (en términos generales) siempre tendrá en su objetivo una relación del tipo que sea, más estable, menos estable. El hombre vive obsesionado con el encuentro. Nos hallamos con la idea masculina del sexo y  la idea femenina del amor, dando como resultado un amor sexualizado y una sexualidad amorosa (Marcos Sanz, again). El gran desafío del hombre del siglo XX y XXI es conciliar sus deseos con la conquista social de las mujeres. 

Nosotras hemos logrado implantar  esa nueva manera de entender la lujuria y que el hombre se olvide de la teoría de la acumulación para centrarse en la relación En estos tiempos donde nada es para siempre, donde se imponen las citas de un día (con o sin sexo) virtuales (con o sin sexo), no sé ustede,s pero yo abogo no tanto por la relación de hierro -- Esa que encadena, ata y te maldice --sino por los encuentros profundos y auténticos. La duración me preocupa menos.

  El amor no es duración, la lujuria amorosa puede ser tan profunda que traspase la barrera del tiempo. Hay encuentros tan memorables que merece la pena estar en este mundo por el hecho de haberlos vivido. ¿Y qué es un encuentro profundo? Bajo mi humilde opinión, debe existir auténtico diálogo. Diálogo de los cuerpos y también del otro.

 Es lo que yo digo siempre: todo lo que merece la pena en esta vida se resume en una palabra: comunicación. El sexo, la gastronomía, la literatura, la danza, la música, la moda. Las ventajas de aunar sexo y amor son evidentes sobre todo para las mujeres y el modo en cómo funciona nuestro deseo en términos muy  generales. Las fantasías son otra cosa y las particularidades y las peculiaridades, otra.  

  La desventaja es que el sexo ahora, con este planteamiento, sostiene la pareja.  No todas las parejas aprueban siempre esta asignatura y si la cosa no funciona todo toma un tinte dramático. Pero el drama no sirve para nada, salvo para que Anna Karenina se tire bajo las ruedas de un tren y todos lloremos acongojados.  

  El hombre puede elegir vivir siempre del sexo furtivo cumpliendo esa Teoría de la Acumulación (Eva Illauz) A la mujer que le funcione, pues también y si nuestra pareja lujuriosa ya no lo es tanto, no lloremos por las esquinas. Siempre hay soluciones. El cuerpo es una fuente increíble de placer y placeres.

 Todos tenemos derecho a ello pero que la búsqueda del placer nunca sea un camino angustioso y tortuoso. La palabra mágica es fluir. Como dice mi amiga Silvia Arenas, si fluye, bien. Y si no, pues a otra cosa y a practicar el hoponopono