viernes, septiembre 09, 2016

Asexualismos




"El amor es una especie de milicia: ¡apartaos los que seáis flojos! Estas enseñas no deben ser defendidas por gentes pusilánimes". Ovidio escribió esta frase hace más de 2.000 años. Por desgracia, gran parte del mundo está lleno de flojos. Se parapetan entre las obligaciones, el trabajo, la tradición o el estatus y prefieren lo anodino a entrar en la batalla de las almas que se aman, se desean, se adoran y comparten.

 Me parecen más valientes los que se denominan a sí mismos  asexuales que aquellos que se pasan la vida saltando de relación en relación y escapando al mínimo atisbo de intimidad real y de compromiso. Como dice Krishnamurti: podrás huir, pero siempre tendrás que regresar a ti mismo. ¿Por qué da tanto miedo hablar de amor? ¿Por qué tantos seres humanos buscan el calor del otro pero "nada de enamorarse"? Ovidio ya lo dijo: flojera. Este romano listo se tiraría de sus rizos patricios si un día lo abandonamos a su suerte en alguno de los lugares de alterne del mundo. Mucha mirada, mucha exhibición y mucha tontería. El colmo de la superficialidad y ¡¡de la pereza!!

  Los asexuales,  al menos tienen la valentía de decir: aquí estoy y por más que me metáis los anuncios de condones y me habléis de las bondades de lo bueno que es hacer el amor tengo la osadía de ir contracorriente. Los asexuales españoles se han constituido en grupo para reivindicar sus derechos. Que se les tenga en cuenta como opción. Pues vale. Son el 1%  de la población mundial y pueden vivir sin deseo sexual. Aquel sexólogo cachondo, llamado Kinsey los denómino "X", incógnita.

 Yo encuentro varias contradicciones: por un lado, la palabra asexual está mal utilizada. Salvo error, omisión o anormalidad personal, cuando alguien me atrae, desde luego, en lo primero que me fijo NO son en sus genitales, en su sexo. Eso es nombrar el todo por la parte. Por otro lado, la atracción entre los seres humanos es inevitable. Puede que lo primero que te atraiga sea su cabeza, su forma de ser, su físico, su voz, su piel. Amigos asexuales, eso es erotismo del bueno. Que luego no se consume el acto no os libra de pertenecer a este género que suda, caga, mea, se masturba y genera fluidos más o menos repugnantes cada cierto tiempo.

  Lo de los derechos es algo que tampoco entiendo. No os gusta el sexo ¿Qué problema hay? ¿Quién os va atacar por eso? Es más, estáis integrando un número cada vez más numeroso en la población mundial: el de las personas que no follan. Que harán otras cosas, que fantasearán, que tendrán cibersexo pero que no se comen una rosca. Ovidio también decía: "Mil maneras hay de amar".

 Os respeto, queridos asexuales pero si amo, tengo que morder. Es como admirar una manzana jugosa que pende de un árbol y prefieres dejarla así, como la rosa de Juan Ramón Jiménez , un señor raro de cojones (con perdón) que sufría priapismo y que tenía a una genia como era Zenobia Camprubí de secretaria y criada y a la que, presumo, tocaba en contadas ocasiones. Odio visceralmente a Juan Ramón Jiménez. Si te gusta la rosa, tócala, disfruta de ella mientras está ahí, hermosa para ti. Si la dejas, se marchitará igual y la rosa que es espectacular,  seductora, indecente, exhibicionista, ansía ser tocada. Por una vez, cerraré el Punto G de esta temporada con una frase mía: "Tu abismo y el mío son el mismo. Una ambrosía al alcance de los valientes". Feliz Verano