viernes, septiembre 09, 2016

Pastelico de carne

 

 Reconoció el sonido de su moto y se apresuró a mirarse rauda en el espejo. Rápidas maniobras de corrector para borrar ojeras y despertar tras su inmersión en el trabajo. Un toque de rimmel, el rápido colorete de unos pellizcos. Un gloss de piruleta . Los hambrientos ojos de siempre.

 Ya las dos y media. Cómo pasa el tiempo. Aunque, a veces, cuando ella espera ,se enseñorea  demasiado con el  reloj y odia la teoría de la relatividad. Eres una impaciente, niña. La atmósfera está compuesto por una mezcla de aroma a café, ambientador de oficina y suave música de jazz. La luz del flexo se funde en esa amalgama: jazz, ambientador y café. En ocasiones se siente sumergida en una extraña gelatina y tiene que salir a la calle. A beberse el aire.

 Suena el timbre. Siempre abre sin preguntar, deja también entornada la puerta.  Suenan sus pasos en la escalera. Él también va raudo, con prisas, con ansias, con ganas. Mira, he traído la comida No era la primera vez.
Como buen macho cazador llega al nido a veces con dulces: las ricas milhojas, los pepitos de chocolate, desterrados para siempre de su dieta, el sushi, el vino. Unas latas de cerveza del chino. ¿Tienes hambre? Yo estoy muerto y me voy corriendo a un curso. Romper el cordel que ata el manjar es un rito. Abre el papel y lo despliega. Un olor crujiente a hojaldre se cuela entre ambos. Parte un trozo: toma, come. A él le gusta verla comer. Ella toma con sus manos el pastel: No me cabe en boca.  El pastel, me refiero. Ella se relame, chupa su dedo. Lo pasea lento y con lascivia por los labios del amado y enciende su deseo: Ya me vas a dejar sin comer otra vez. Qué pena te da.
 Anda, toma. Y coge otro trozo para él: asoma un poco la carne del pastel de carne y lo mete en su boca con delicadeza. Él se relame, chupa su dedo, lo pasea húmedo, suculento por sus labios. Y enciende el deseo de su amada: Ya me vas a dejar sin comer otra vez.